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Viernes 29 Febrero 2008

Diversas circunstancias han propiciado que en pocos días haya visto la película japonesa “Hula girls”, la última del británico Ken Loach (“En un mundo libre…”) y “La leyenda del tiempo” de Isaki Lacuesta. Tres cintas de diverso tono y mentalidad, pero con puntos de conexión que reflejan nuestro mundo globalizado y el carácter transnacional que el cine está adquiriendo. La primera resonancia que me suscitó “Hula Girls” era el cine social de Loach, pero dejando la sensación de que su reconversión industrial se había descafeinado, de que el realismo y la cruda denuncia británicos habían dejado paso a la inocencia y sensibilidad nipona. Vemos que en el nordeste de Japón también se cierran minas de carbón y hay accidentes laborales, lo mismo que surge una jovencita que quiere hacer de “Billy Elliot. Quiero bailar” y desafiar las normas que la tradición marca. Sin embargo, los obstáculos familiares y sociales no pasan de ser una piedrecita en el camino, que la constancia y el tiempo diluirán, para terminar en un baile lleno de color, emoción y lágrimas —sin duda lo mejor de una cinta muy naif y previsible—. Nada que ver con la reivindicación, enfrentamiento y revuelta social que se respiraban en las cintas anglosajonas, sentimientos aquí sometidos y no mostrados, salvo con alguna bofetada, como exige su formación oriental en la abnegación y la discreción.

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Mentalidad japonesa, profundamente sensible pero de una sobriedad extrema en sus apariencias, con delicados rostros que parecen frágiles cerámicas o frías máscaras de teatro de marionetas. Una aparente paradoja que se explica por su multisecular tradición, y que sufrió una asombrosa transformación hacia la modernidad con la “invasión cultural” norteamericana tras la 2ª Guerra Mundial. Pero también los japoneses nos han invadido con su tecnología y sus turistas —provistos de una cámara de fotos—, y han llegado hasta los más diversos rincones del planeta. De ahí su afán por empaparse y abrirse a las culturas más dispares, una actitud que en las cintas referidas les lleva, por ejemplo, a importar el baile hawaiano “hula” o el flamenco de la isla de San Fernando. Esto es lo que le llamó la atención al catalán Isaki Lacuesta y lo que plasmó en “La leyenda del tiempo”, una película de registro documental que recoge dos historias, una de ellas centrada en Makiko, una joven enfermera japonesa que lo abandona todo para venir a la isla de Camarón y aprender directamente su cante. Detrás de este viaje se adivina, como en el de sus compatriotas que asisten a clases de baile flamenco, un deseo de expresar la riqueza de sentimientos que llevan dentro, de encontrar nuevos cauces para dar salida a un volcán de emociones, dormido pero no muerto. Ahora bien, ¿qué saldrá de esta simbiosis artística entre el formalismo ritual japonés y la improvisación-explosión vitalista de lo hawaiano o flamenco? Será interesante seguir su estela.

En la imagen: Fotograma de “Hula girls” - Copyright © 2006 CineQuanon, Happinet y SDP. Distribuida en España por Mediatres Estudio. Todos los derechos reservados.

Jueves 28 Febrero 2008

“27 vestidos” llega a nuestro país después de obtener un gran éxito en los Estados Unidos, si bien su tráiler no es que precisamente llame al entusiasmo (salvo por alguna que otra honrosa excepción, el género de la comedia ya no es lo que era, dominado por cintas juveniles y propuestas facilonas). A quien no le gusten este tipo de producciones, puede optar por ir a echarle un vistazo a una película de ciencia-ficción: “En el punto de mira”. No, no me he vuelto loco respecto al género del film, lo que sucede es que esas imágenes que hemos contemplado en los avances y en las que un buen número de españoles reciben como si de una estrella de cine se tratara al Presidente de los Estados Unidos… ¡son sencillamente surrealistas!

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Más pereza me da “Las hermanas Bolena”, sobre todo porque el cine histórico se está tomando no pocas licencias últimamente (creo que ya he tenido suficiente con “Elizabeth: La Edad de Oro”). Mientras tanto, llega a la cartelera otra película de vampiros (“Rise: Cazadora de sangre”), apenas unas semanas después del estreno de “30 días de oscuridad” (¡felicidades a los fans de este género!). Curiosamente, una de las protagonistas de este último largometraje, Melissa George, también aparece en el thriller “wΔz”. Como decía nuestra compañera Tònia en el blog de noticias, «no sabemos si [esta actriz] disfrutará pasando miedo (o, mejor dicho, haciéndoselo pasar al público) o es que a la pobre mujer únicamente le ofrecen papeles en producciones del género».

En la imagen: Melissa George en “wΔz” © 2007 Vértigo Films. Todos los derechos reservados. Katherine Heigl en “27 vestidos” © 2008 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

Escrito por Miguel A. Delgado el 28.02.08 a las 1:17
Archivado en: Estrenos

¡Madre mía, qué malas son las resacas! Después de tantas semanas de estreno de campanillas, toca el reflujo, que no en vano estamos en tierra de nadie, entre la temporada Oscar® y los estrenos semanasanteros. Así que no es de extrañar que todo sea un poco liviano, y que incluso los grandes estrenos de la semana lo sean, pero un poco menos: “Las hermanas Bolena”, por ejemplo, juega con el atractivo de ver juntas a Natalie Portman y Scarlett Johansson, dos jóvenes actrices que cautivan no sólo por sus interpretaciones. Claro que, para completar el arco de intereses visuales, van acompañadas de ese estupendo actor que es Eric Bana y con la marca británica de la casa en la reconstrucción de época. Todo ello hace un cóctel aparente que, sin embargo, no sé muy bien por qué no acaba de sonar bien del todo… en unos días informaremos.

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El otro estreno hollywoodiense es “En el punto de mira”, algo así como un “Rashomon” pero en torno a un atentado contra el presidente norteamericano en (¡nada menos que!) una Plaza Mayor de Salamanca de cartón-piedra digital. Desde luego, el reparto no tiene desperdicio; y veremos si con Pete Travis, director de “Omagh”, se repite la historia de Paul Greengrass y le sienta bien su trasplante a Estados Unidos. Del resto destaca “Buda explotó por vergüenza”, premio Especial del Jurado en el último Festival de San Sebastián, firmado por una joven con apellido ilustre: Hana Makhmalbaf. Y sí, también llega la inevitable pedrea de títulos de miedo que, la verdad, dan bastante pereza.

En la imagen: Ana Torrent en “Las hermanas Bolena” - Copyright © 2007 Universal Pictures International, Columbia Pictures, BBC Films, Relativity Media, Ruby Films y Scott Rudin Productions. Foto por Alex Bailey. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Miércoles 27 Febrero 2008

Aparte de la cintas que abordan directa o tangencialmente el suceso del 11-S, parece que el cine norteamericano vuelve a ser espejo e instrumento para la refundación de los Estados Unidos. Ya lo fue en sus primeros momentos, cuando el western narraba la génesis de una civilización que se abría paso hacia el oeste —la frontera—, para después hurgar en los bajos fondos de las ciudades y dar origen al cine de gánsters y negro. Eran tiempos de forja de un Estado de prosperidad y libertades, de gentes que se hacían a sí mismos y vendían optimismo e ideales al mundo entero. Pero el tiempo pasó, llegó Vietnam y la Guerra Fría, y más tarde la crisis del petróleo…, y el cine comenzó a reflejar también una pérdida de ilusión, y apareció cierto escepticismo y temor en la joven nación americana, aunque el peligro estaba aún lejos. Con el nuevo milenio algo pareció cambiar cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo, y su seguridad en sí mismos también se derrumbaba. Era preciso volver a andar el camino recorrido, empezar a mirar al exterior sin altivez y al interior sin ingenuidad: una vía de autocrítica que cuestionase sus orígenes, sus métodos, su filosofía política: Gus van Sant, Martin Scorsese y Ridley Scott firmaban, entre otras muchas, cintas como “Elephant”, “Gangs of New York” o “American gangster”, respectivamente.

Por eso, no extraña que ahora hayan concurrido en su carrera hacia los Oscar® varios títulos que respiran la misma necesidad de espacios abiertos como los del Monument Valley de John Ford, de una frontera móvil hacia la que huir y donde tomar aire o hacer fortuna, y de una violencia y ambición que respondan a pulsiones interiores de individuos inquietos y desorientados, cuando no paranoicos. Ahí están el psicópata asesino que encarna Javier Bardem en “No es país para viejos”, un individuo desarraigado e imprevisible; o el avaricioso sin escrúpulos que se alía con cualquiera con tal de lograr su sueño, y que le ha dado a Daniel Day-Lewis su estatuilla por “There will be blood (Pozos de ambición)”; o también el cobarde Robert Ford que mató por la espalda a su admirado Jesse James, para ocupar su puesto de gloria en la Historia; por no hablar del lujurioso juez y su vengativo y criminal barbero Sweeney Todd que Tim Burton acaba de llevar a la pantalla. Individuos sin moral ni raíces, con venganza y violencia en las venas, auténticos centauros del desierto que parten hacia California en busca de petróleo, hacia El Paso para recuperar una maleta llena de dólares, o que vuelven a su Londres natal para saciar su sed de sangre.

En esta nueva búsqueda de identidad, de contenido a una vida vacía o de una seguridad que no tienen, hay también “nuevos americanos” que deciden emigrar a tierras vírgenes. Es la opción del joven Christopher McCandless, que cogió sus maletas —mejor dicho, que quemó sus maletas— para cruzar la frontera de la civilización corrupta o hipócrita, y fundirse en la Naturaleza pura de Alaska. Un viaje a su propio interior o a ninguna parte, porque —como sus colegas de ficción— la muerte le sobrevino en la mayor de las soledades y desamparos: Chigurh o el propio sheriff Bell, Robert Ford, Sweeney Todd, Christopher, Daniel Plainview… individuos desclasados y al margen de la comunidad (tan nuclear en el cine de Ford) y del sistema…, en definitiva, fracasos del sueño americano.

En las imágenes: Arriba, momento del rodaje de “American gangster”; abajo, fotograma de “Hacia rutas salvajes” © 2007 Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Martes 26 Febrero 2008

Una vez más se repite la historia: los chicos que irrumpieron en el panorama cinematográfico con su mirada desinhibida, desacomplejada y fresca, con una mezcla de dominio, respeto y burla de todos los referentes de la Historia del Cine, han terminado obteniendo el reconocimiento institucional con el que, quizá, nunca soñaron cuando empezaron. Porque la lluvia de Oscars® derramada sobre los hermanos Coen (de hecho, hasta tres veces subieron al escenario para recoger otras tantas estatuillas) por su última y prodigiosa obra, “No es país para viejos”, viene a certificar lo que ya el estilo de la cinta anunciaba: los Coen son, en la actualidad, unos clásicos. Maravillosamente clásicos, es verdad, pero clásicos al fin y al cabo. La vanguardia ya no pasa por ellos.

Y no es extraño que sea por la película que seguramente más abdica de lo que hasta ahora habían sido las líneas maestras de su filmografía. Un título en el que no pretenden revertir el material original (la novela original de Cormac McCarthy), dándole nuevas lecturas o buscando huecos para la desmitificación postmoderna. No, aquí ellos se rinden a lo que las páginas sugieren, y ponen todo su inmenso talento (que no siempre parecen dispuestos a exhibir) para levantar una cinta en la que lo escrito cobra vida de una manera que en muy escasas ocasiones nos había sido concedido ver. En definitiva: negándose a sí mismos, han superado las desvaídas caricaturas que eran sus últimos filmes, y, paradójicamente, han levantado una de sus pocas y verdaderas obras maestras. No muchas veces unos galardones, a la hora de certificar la defunción de un estilo, habían alumbrado algo tan potente. Estos Oscars® están llamados a dejar huella.

En la imagen: De izquierda a derecha, Joel Coen, Javier Bardem, Josh Brolin, Kelly Macdonald y Ethan Coen en el 60º Festival de Cannes © 2007 Buena Vista International. Foto por MJ Kim. Todos los derechos reservados.

Viernes 22 Febrero 2008
Escrito por Julio Rodríguez Chico el 22.02.08 a las 17:00
Archivado en: Oscars

Es mucho lo que la industria del cine se juega con los Oscar®: ¡como para perderse una ceremonia! Por eso, los guionistas han vuelto al trabajo y todo está preparado para repartir las estatuillas el próximo 24 de febrero. Y quien suscribe, una vez que ha visto las películas nominadas —algunas con un estreno muy retrasado en nuestro país—, ya está en condiciones de matizar su opinión previa sobre varias de las candidaturas. Muy reñida se presenta esta fase final, sin ninguna favorita que pueda arrasar, por lo que quizá tengamos un sorteo de lotería, con premios muy repartidos. La disputa más igualada será en el capítulo de Mejor Película: “Expiación: Más allá de la pasión” es la más comercial y complaciente; “Juno”, la más fresca y que se ve con mayor gusto —así como la más positiva y menos dramática—; y “There will be blood (Pozos de ambición)”, la más californiana y ambiciosa, por lo que apuesto por esta última. Como Mejor Director, hay varios que han realizado una obra de “autor” con sello propio: Paul Thomas Anderson peca de megalomanía pero hace cine del bueno; los hermanos Coen (“No es país para viejos”) son muy suyos y no “casan” mucho con la Academia; y Julian Schnabel ofrece con “La escafandra y la mariposa” una obra de arte integral por la que se merece el máximo reconocimiento (sin embargo, pienso que no ganará él y sí alguno de los otros mencionados).

En cuanto a los actores, el duelo estelar será entre Daniel Day-Lewis y Tommy Lee Jones, y me decanto por la soberbia interpretación de este último en “En el valle de Elah”, aunque el británico hace también un papelón. Y de las actrices, a la pareja de Julie Christie y Marion Cotillard le ha salido una jovencita competidora que está de moda y pisa fuerte, Ellen Page, pero sigo creyendo que la protagonista de “Lejos de ella” se llevará el premio; qué pena que no haya dos o tres estatuillas para repartir. No altero mi apuesta en cuanto a los secundarios: Casey Affleck por ser el actor que despliega una mayor variedad de recursos interpretativos (aunque Javier Bardem haga un buen trabajo y parta incluso como favorito), y la joven Saoirse Ronan por trasmitir mejor que nadie una personalidad muy matizada con miradas, gestos y actuación. Como se ve, habrá muchas triunfadoras… o ninguna —según se quiera entender—, y quizá haya quien se vaya de vacío, a pesar de su notable calidad, en cuanto a los apartados principales, caso de “Michael Clayton” (aunque teniendo George Clonney tanto amigos en la Academia… quién sabe). Un año de mucha dureza, venganza y sangre en el cine, con unas gotas de oxígeno y humanismo que no sabemos si apagarán el incendio de la violencia o se evaporarán en el intento. Veremos dónde cae el “gordo” y la “pedrea”.

En la imagen: Detalle de un cartel promocional de “There will be blood (Pozos de ambición)” - Copyright © 2007 Paramount Vantage, Miramax Films y Joanne Sellar/Ghoulardi Film Company. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

Escrito por Miguel A. Delgado el 22.02.08 a las 8:00
Archivado en: Estrenos

Pues no nos van a llegar todas las películas en la recta final de los Oscar® (para poder ver la más que prometedora “La familia Savages”, todavía tendremos que esperar al 4 de abril), pero este fin de semana por fin se completa el panorama de las principales candidatas en nuestras pantallas. Ahora bien, permítanme que la primera aquí mencionada sea la sólo aparentemente pequeña “Luz silenciosa”, de ese director que crece a cada nueva entrega y que todo parece indicar está llamado a grandes cosas, Carlos Reygadas. Una película exigente como toda verdadera obra de arte, pero en cuyas esquinas, a buen seguro, anida la belleza. Hallarla es la mejor de las recompensas para quien se adentre en ella.

Claro que tampoco nos falta la vertiente más prosaica del cine, como volver a encontrarnos con Julia Roberts y Tom Hanks, dos de los reyes del Hollywood comercial más presentable, a lomos de una sátira política, “La guerra de Charlie Wilson”, en la que van escudados por un siempre estupendo Philip Seymour Hoffman, más que merecedor de su nominación al Oscar® como mejor actor secundario. Ni tampoco el celuloide más combativo, con un Ken Loach dedicado a lo que mejor se le da, contarnos lo que está pasando ante nuestras narices aunque no lo queramos ver. “En un mundo libre…”, como siempre en su filmografía, es un título que nos habla de todo lo contrario, pero es que nos lo cuenta tan bien que ¿cómo llevarle la contraria?

En la imagen: Fotograma de “Luz silenciosa” - Copyright © 2007 NoDream Cinema y Mantarraya Producciones. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

Jueves 21 Febrero 2008

Y es que, bajo mi punto de vista, los estrenos de esta semana parecen un tanto sosos. Sí, cierto que ahí están Tom Hanks y Julia Roberts en “La guerra de Charlie Wilson”, pero estamos hablando de una propuesta que no ha conseguido llamar la atención ni del público ni de la crítica (o al menos no tanto como se esperaba de ella). “El niño de Marte” no tiene mala pinta y, de hecho, posee un argumento sugerente que, eso sí, nos recuerda un tanto al de “K-Pax”.

Ken Loach regresa al cine de denuncia social con “En un mundo libre…”, una película que es de esperar vayan a ver los habituales seguidores de este realizador (su mayor éxito comercial en España hasta el momento ha sido “El viento que agita la cebada”). Mientras, y con un considerable retraso, llega a nuestras salas “Historia de un secuestro”, cinta que cuenta con un sólido reparto (Jamie Bell, Ralph Fiennes, Carrie-Anne Moss, Glenn Close, Rita Wilson, William Fichtner, Jason Isaacs y Justin “Goku” Chatwin, entre otros). Finalmente, reseñar el estreno de “Parking 2″, largometraje de terror al que, por suerte, en nuestro país se le ha cambiado su título original (”P2″), puesto que ello hubiera dado lugar a no pocas risotadas entre su público potencial, el adolescente.

En la imagen: Julia Roberts y Tom Hanks en “La guerra de Charlie Wilson” - Copyright © 2007 Universal Pictures, Relativity Media, Participant Productions y Playtone. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

La 58ª edición de la Berlinale clausurada hace escasos días apostó por el drama infantil, un tercio de las 21 cintas a competición en su Sección Oficial se movieron en esas coordenadas. Estadísticamente, eran por tanto muchas las posibilidades de que los Osos dieran un abrazo amistoso a algunas de esas películas, y que el feroz animal recibiera incluso un beso de los elegidos. De esta manera, los salvajes “Grizzly” se habrán convertido en mansos “Panda” o en osos de peluche con los que podrán jugar los infortunados niños, antes maltratados en la pantalla. Han sido siete historias a cuál más dramática y dolorosa, que invitan a pensar en los motivos que llevaron a Dieter Kosslick a tal programación. Está claro que el drama supone una materia cinematográfica de primer orden, y que si los protagonistas son niños inocentes e indefensos… su mensaje llegará más fácilmente a un público que “necesita” ser sensibilizado y conmovido. Pero más allá de estas razones y no siendo el Año Mundial de la Infancia ni nada parecido, resulta un misterio la razón de tal concentración en la Berlinale. ¿Habrá aumentado últimamente el abuso sobre los niños y su falta de protección, o será que la sensibilización social ha subido enteros?

Nos inclinamos más por lo segundo, al menos teniendo en cuenta otras circunstancias como la creciente exigencia en la protección de datos e imágenes infantiles, la insistencia en el derecho del niño al juego como parte de su formación, la escolaridad obligatoria… Si es así, bienvenido sea este aluvión de cine dramático-infantil, aunque vaya dirigido a los mayores y los pequeños tengan que conformarse con la animación y poco más. Si fuesen motivos mercantilistas, estaríamos en un nuevo abuso, más mezquino aún que los denostados en la pantalla. Por otra parte, es ya conocida la apuesta del Festival de Berlín por este cine comprometido políticamente —en lo que se refiere a la convivencia social, no a partidos—. Resulta, por otra parte, imposible olvidarse del mayor de los dramas infantiles que la cámara haya filmado nunca, y que Roberto Rossellini ambientó precisamente en el Berlín de posguerra: nos referimos a “Alemania, año cero”, donde la ruina material y el hambre eran reflejo de otra pobreza interior y de una desesperación que empujaban al suicidio a su joven protagonista.

Ya en esta edición de la Berlinale, vimos cómo el italiano Luigi Falorni recuperaba la historia real de una niña obligada a ir a la guerrilla a Eritrea (“Feuerherz”), el estadounidense Damian Harris liberaba a dos niños de 8 años que habían sido secuestrados para abandonarles después en la calle (“Gardens of the night”), y el japonés Yoji Yamada homenajeaba en “Kaabee” a todas las madres que sacan adelante a sus hijos en medio de la dificultad. Otro niño secuestrado aparecía en el film “Julia” de Erick Zonca, donde Tilda Swinton es la mujer del título, alcohólica y extorsionadora en su drama existencial. Más miseria y muerte llegaba desde México con “¿Te acuerdas de Lake Tahoe?”, donde Fernando Eimbcke presenta la huida de casa de un niño de 13 años, casi lo contrario a lo que sucede en “Restless” del israelí Amos Kollek, donde es el padre quien huye y el hijo quien sale en su búsqueda. Por último, una niña con cáncer es el punto de partida de “Zuo you”, del chino Wang Xiaoshuai, que desarrolla un drama total cuando su curación pasa porque sus padres tengan otro hijo para el trasplante, pero ellos están separados. Con este panorama, sobran las palabras.

En las imágenes: Fotogramas de “Alemania, año cero” - Copyright © 1948 Produzione Salvo D’Angelo y Tevere Film. Todos los derechos reservados.

Miércoles 20 Febrero 2008

La verdad es que, para no gustarle hacerle promoción de sus películas, últimamente Woody Allen se está quedando a gusto, llegando incluso a extremos que seguro ni remotamente imaginó que alcanzaría. Porque lo cierto es que hacer publicidad de su nueva película, “Vicky Cristina Barcelona“, resaltando que cuenta con una escena lésbica entre Scarlett Johansson y Penélope Cruz, es desde luego recurrir a los argumentos de venta de las cintas más comerciales que se estrenan cada semana en nuestras pantallas. Una cosa está clara: si hace veinte (¿qué digo veinte? Diez, ¡incluso cinco!) años nos lo dicen, no nos lo hubiéramos creído.

Claro que habrá quien, a esto, argumente que seguramente la idea haya partido de la productora, Mediapro, o de otro cerebro pensante que haya decidido mantener vivo el interés por la cinta de aquí a su estreno, presumiblemente en otoño. Según esta visión, Woody Allen estaría preso de quien pone el dinero. Pues vaya; ¿tan necesitado está de hacer películas, hasta llegar al punto de tener que claudicar con lo que durante tanto tiempo rechazó? Una persona que se vanagloria de haber luchado tanto por su independencia, ¿merece la pena que acabe así? La verdad es que no sé cómo lo ven ustedes; pero a mí, según van pasando los meses, la dichosa “Vicky Cristina Barcelona” se me va atragantando cada vez más…

En la imagen: Woody Allen durante el rodaje de “Scoop” © 2006 On Pictures. Todos los derechos reservados.