Ni decepción ni sorpresa. Confirmando las previsiones apuntadas en este mismo blog, la gala de entrega de los Premios Goya, que tuvo lugar la pasada noche en el Palacio de Exposiciones y Congresos, de Madrid, ofreció más de lo mismo: un espectáculo que, desde la previsibilidad más absoluta —la que impone un formato que deja muy poco margen de maniobra para la originalidad—, tuvo en José Corbacho a un conductor ágil e ingenioso, capaz, con sus gags y sus chaquetas, de hacer del escenario un territorio no excesivamente árido, y en el resto de sus participantes, las huestes del cine español, un público cordial y animoso que se atuvo, en todo momento, al guión de un binomio relajante (normalidad-tranquilidad), sin apenas espacio —salvo algún apunte por parte de Alberto San Juan (carga de profundidad contra la jerarquía eclesiástica), o la nota emotiva a cargo de José Luis Alcaine (dedicando su premio a la memoria de las trece rosas, nombradas una a una con una solemnidad que cortaba el aire)— para las convulsiones que estremecieron escenario y palco algunos años atrás. ¿Lecturas políticas? Es tiempo de campaña electoral: cada cual saque sus particulares conclusiones.

En lo que atañe a la “chicha” —es decir, los premios—, como diría el lotero de mi barrio, la cosa estuvo muy repartida. ¿Voluntad de “no poner todos los huevos en el mismo canasto”, o deseo de transmitir una imagen de amplitud de opciones que quizá no casa con una realidad mucho más cruda? Quién sabe… Se tiende, generalmente, a especular sobre las intencionalidades de decisiones colectivas que, en muchas ocasiones, sencillamente no existen: que la suma de las decisiones individuales en la que se funda la colectiva arroje un resultado determinado suele ser más fruto de la casualidad que de otra cosa. En todo caso, sí me causó cierto grado de sorpresa (y, por qué no decirlo, de íntima satisfacción) que la Academia apostara, y fuertemente, por ese cine “diferente” que, sin duda alguna, representa la gran triunfadora de la noche: “La soledad”, de Jaime Rosales. Y me quedo, también, y por lo que me toca personalmente, con la dedicatoria de su director a esos “pequeños futuros cinéfilos” que han de insuflar sangre fresca a este nuestro cine: ojalá el mío esté entre ellos…
En la imagen: Fotograma de “La soledad” - Copyright © 2007 Wanda Visión S.A. Todos los derechos reservados.
“La soledad”, una justa triunfadora en los Goya… ¿de rebote?
Fue toda una sorpresa. Y sinceramente, no creo que hubiese nadie que se lo esperase. El triunfo en los Goya de “La soledad”, una cinta que apenas ha podido verse más allá de Madrid y Barcelona, y para colmo no demasiadas semanas, pilló a casi to…
Miguel!, somos como el ying y el yang! XD Eso sí, te doy la razón en lo de la Coixet, pero cómo no dártela?! XD
Hola Tònia! Bueno… al menos estamos de acuerdo en Coixet, que no sé como aun le quedan ganas de subirse a un escenario y abrir la boca!!
-Aunque claro, después del momento Landa, que prácticamente se lo llevaron a rastras del escenario, lo de Coixet ha pasado totalmente desapercibido! Lo que se suponía que iba a ser uno de los momentos solemnes y/o emotivos de la noche se convirtió en el más tenso y desconcertante-
Saludos!!!
Lo decía porque a mí Corbacho no me desagradó; porque no me gusta Alberto San Juan; porque me pareció muy bien que Maribel Verdú reaccionara como reaccionó (al resto de los premiados, como comentaba en el blog de Noticias, parecía que el Goya no les hiciera ilusión ni nada y que aún hacían un favor recogiéndolo; ella tiene una carrera que les da mil vueltas a la mayoría y aun así fue la que más emoción mostró); porque Juan Diego Botto no me parece guapo (de hecho, todavía tengo mis dudas sobre si ese pobre chico respira); y porque me parece perfecto que Pepe Viyuela o quien sea salga vestido como le dé la gana, como si sale sin vestir (total, con la chapuza de gala que es, pa ir en pijama :P)
Saludos!
Hola de nuevo! Jo! ya veo que no coincidimos casi… qué gracia con lo de si Juan Diego Botto respira o no…:) me refería a que con Goya Toledo me pareció que hacían una de las mejores parejas de la noche. Comprendo que los gustos son muy personales, a mí me gustó mucho Alberto San Juan en “Bajo las estrellas” y Maribel Verdú en sus declaraciones siempre me ha parecido postiza.
Con el humor pasa igual, creo que Corbacho tiene su gracia -los doblajes de las pelis te sacan una sonrisa, tampoco hay que ir a una gala a partirse-, pero otras es excesivo, bordea el mal gusto y el machismo, con frases como “Emma Suárez, nominada por bajo las estrellas: lo que me gustaría es que estuviese debajo de mí”, o cuando le encasqueta a alguien el micro cuando acaba de perder un Goya -aunque pueda estar preparado, imagino que no debe hacer ni P gracia!-. Un presentador debe hacer una gala llevadera, poner algo de gracia, pero creo que a veces se pasa.
-Lo de ir en pijama a las galas tipo Julian Schanabel reconozco que es original!!-
Saludos!!!
Bueno, una cosa está clara, con Corbacho la gente no se duerme, cosa que sí ocurre cuando presentan las galas otros.
Y lo de “Emma Suárez, nominada por bajo las estrellas: lo que me gustaría es que estuviese debajo de mí” no me parece un chiste machista, simplemente es un chiste de tío heterosexual y punto pelota, que a veces nos pasamos con la paranoia de lo políticamente correcto ![]()
Hola Tònia! En cualquier caso, creo que inadecuada para una gala de los Goya, como otras cosas… Pero todo es un problema de base, sobre qué deberían ser estos premios. Ahora son una mezcla extraña, chabacana, que se queda a mitad de camino en todo. Creo que habría 2 opciones, o hacer una cosa sencilla y sobria, tipo el Festival de San Sebastián, que lo echen en La2 y lo vea quien quiera (por mí esto genial!), o hacer una gala a lo bestia, con un presentador correcto, con montajes de calidad de la historia de nuestro cine, con algo, aunque sea mínimo, de espectáculo -que se escuche al menos 5 minutos la música nominada: el tiempo el presentador pierde en sus chorradas), obligar a algunos actores a vestirse, no a “disfrazarse”, a aprenderse un guión al entregar los premios e “interpretarlo”, no a balbucear y perderse al aparecer en el escenario, que puedan fotografiarse en una alfombra roja –como en el resto del planeta- y no sobre el verde de una marca de whisky….
En definitiva: es la imagen del cine español. Ayudaría, aunque fuese en una pequeña parte, a mejorar la mala percepción que se tiene del colectivo, y potenciaría el nombre o el atractivo de los intérpretes, algo que siempre puede empujar a ver las películas.
No sé por qué tiene que dar miedo imitar con buen gusto a otros países y, aunque pueda sonar imposible y los Goya no son el Festival de Cannes, por qué no intentarlo?
Saludos!!!!
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Hola! ayer pude ir a la gala, un maratón de premios sin apenas emociones ni espectáculo, pese a las presuntas sorpresas. En medio del descampado de la entrada hacía un frío que pelaba, y esa sensación heladora se trasladó a lo que se vio dentro, tras pasar la horripilante alfombra verde. Este sería mi ranking de la noche:
La mayor alegría: el Goya a Alberto San Juan.
Los más guapos: la pareja Goya Toledo – Juan Diego Botto.
Lo más coherente: la palabras de Jaime Rosales como Mejor Director: los padres deberían ver con sus hijos “Ladrón de bicicletas”!!!
Lo más ñoño: los agradecimientos de Maribel Verdú / de nuevo, Isabel Coixet.
Lo peor entre los presentadores: Neus Asensi, Mónica Cruz, la repetición de Santi Millán, Santiago Segura… Pepe Viyuela con chaqueta y vaqueros – total, sólo son los Goya… ¿para qué iba a ponerse un traje?… En fin, glamour a raudales sobre el escenario: ¿amiguetes de Corbacho?
Lo peor de lo peor: al margen de alguna gracia, el humor grueso y las salidas de tono de Corbacho, pero es lo que pasa cuando en busca desesperada de la audiencia se pone la gala en manos de un humorista para que monte su show.
Saludos!