En una semana en la que tradicionalmente se celebra la muerte y resurrección de Jesucristo, el cine ha aprovechado esa circunstancia para tener sus propios pases de Semana Santa, adscritos a tantas “cofradías” como escuelas y épocas. La temática religiosa, con la historia de la Pasión en primer término, siempre fue uno de los lugares más frecuentados por el cinematógrafo. No en vano, sus comienzos están ligados a esa voluntad de acercar esos hechos históricos al pueblo creyente en una labor catequética, la figura de Jesucristo ha sido la representada con mayor frecuencia en la historia del cine —hasta 212 películas—, y en torno suyo han surgido festivales como la primitiva Seminci o la actual Semana de Cine Espiritual de Barcelona.

En la pantalla, auténticos artistas han dejado su impronta junto a escenas de la vida de Jesús, intentando volver a contar lo ya conocido por todos, sin buscar un suspense ante un final ya conocido, sin sorpresa en unos diálogos fijados de antemano. Con ese material como punto de partida, ¿qué puede mover al cineasta a volver sobre un terreno tan trillado? ¿por qué directores de la talla de Carl Theodor Dreyer tenían como su proyecto más ambicioso y atractivo —que no pudo finalmente llevar a cabo— hacer una vida de Jesús? Parece que el tema se presenta como un reto para el cineasta, que puede profundizar y bucear un poco más en el alma de alguien que asume todo lo humano para llevarlo a la infinitud divina —esa es la creencia cristiana—, y donde descubrir alguna riqueza más acerca de la propia identidad del hombre. Por eso, siempre se puede volver a contar “La historia más grande jamás contada”, que diría George Stevens.

Unos preferirán la fisicidad y realismo de Pier Paolo Pasolini en “El Evangelio según San Mateo”, otros el esteticismo del “Jesús de Nazareth” de Franco Zeffirelli, y otros la espectacularidad de Hollywood recogida por Nicholas Ray (“Rey de reyes”) o Cecil B. De Mille (“Los diez mandamientos”). Más recientemente, Mel Gibson sorprendió a todos con “La Pasión de Cristo”, construida en un difícil equilibrio entre el hiperrealismo de sus escenas y la profundidad de unas miradas que trasmitían verdadera vida interior. Sea como fuere, la Semana Santa —como la Navidad— ha sido siempre un momento adecuado para este cine religioso, y la Pasión su filón cinematográfico más importante. Podría seguir siéndolo, en la dosis adecuada, también en nuestra sociedad actual, un poco secularizada, paganizada o laicista, porque hablar de Jesucristo supone también hacerlo del hombre…, y eso no se pasa de moda, aunque la espiritualidad pueda diluirse y adopte formas no del todo canónicas.
En las imágenes: Arriba, ”El Evangelio según San Mateo” - Copyright © 1964 Arco Films y Lux Compagnie Cinématographique de France. Todos los derechos reservados. Abajo, “La Pasión de Cristo” - Copyright © 2004 Aurum. Todos los derechos reservados.
Por mi parte –y perdón por adelantado por el enrolle- la que más me interesa es la de Pasolini, tanto por su aspecto extra cinematográfico como por lo que más de 40 años después permanece en la pantalla. La pude ver hace un par de años en una proyección con presencia del protagonista Enrique Irazoqui, que contaba cantidad de cosas sobre el rodaje –cómo siendo estudiante fue a Italia por cuestiones sindicales y sin saber por qué Pasolini, que vio en él a su posible Jesucristo, se puso a observarlo dando vueltas a su alrededor, algo que le puso realmente nervioso-.
Siempre se ha hablado de las razones que llevaron a un artista militante y extremo como Pasolini a abordar esta cuestión. Este poeta-cineasta, que llegó a estar condenado tanto por la derecha como por la izquierda de su país, tal vez se sentía identificado con la persecución y penalidades de la figura que retrata. Una interpretación simplista llevaría a relacionar la visión con el Comunismo –la hoz enorme que se exhiben claramente unos seguidores en el campo, la relación entre los apóstoles-, pero creo que ante todo en el film permanece la humanidad de las enseñanzas. Es extraordinaria la naturalidad con la que retrata estas figuras, la sencillez de la puesta en escena, la fisicidad y miseria de los escenarios naturales, la resonancia de la música y, en especial, la presencia testimonial de su propia madre. De visión imprescindible independientemente de las creencias de cada espectador.
Saludos!
¡Qué lástima que Dreyer al final no hiciera esa película sobre Jesucristo, Julio! Lo que podía haber hecho ese hombre…
Un saludo!
Desde luego, la obra de Pasolini es ciertamente interesante y, aunque no es mi favorita sobre este tema, personalmente también considero muy recomendable su visionado.
Pienso que Pasolini era ante todo un poeta de una sensibilidad excepcional, y también de una humanidad incuestionable. Por eso, siempre se puso de parte de los más desprotegidos… Y su “Evangelio…” tiene esa cercanía a lo sencillo y popular, a los campesinos, y su religiosidad es muy cercana a lo humano y a lo natural. En lo material descubre un sentido místico, una espiritualidad y un misterio, aunque en ocasiones parezca poco trascendente.
Nos gustaría conocer tu opinión sobre los temas planteados. Déjanos tu comentario mediante el formulario que encontrarás a continuación.
AVISO IMPORTANTE: Los comentarios están sujetos a moderación y aparecerán publicados lo antes posible. Se eliminarán todos aquellos que contengan insultos, publicidad, textos ininteligibles o que no guarden ninguna relación con los contenidos de esta entrada.
Saltos de línea y párrafo automáticos, la dirección de e-mail no se mostrará, HTML permitido:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>




















Personalmente, la miniserie de Zeffirelli me parece de lo mejorcito que se ha hecho sobre la vida de Cristo.