Está a punto de terminar el primer cuatrimestre y, con el Festival de Málaga aún reciente, quizá sea el momento de hacer los primeros exámenes del año al cine español. Atrás quedan las penosas estadísticas de la Academia, las habituales reflexiones lastimeras de la industria y los sorprendentes Goya. Entonces todos se las veían muy felices con Álex de la Iglesia y “Los crímenes de Oxford”, pero resultó un fiasco, un querer explorar nuevos territorios para quedarse en una historia mal hilvanada, sin atractivo alguno, y perder lo que tenía el director de genuino. Algunos esperaban también mucho de la cinta de Manuel Gutiérrez Aragón y el silencio ante el terrorismo de ETA, con el estreno pospuesto por motivos político-sociales de “Todos estamos invitados”, que finalmente ha resultado tener mejores intenciones que logros, unas buenas ideas para diálogos “muy escritos” y una deficiente puesta en escena y dirección de actores. Parecido lastre —la literalidad del guión y la falta de emoción— arrastró la película de otro cántabro, Mario Camus, en “El Prado de las Estrellas”, repleta de planteamientos y personajes ricos en humanidad pero sin alma ni fuerza suficientes.

Ha habido otros estrenos hispanos, pero a quien esto escribe no le han atraído ni lo más mínimo. ¿Mala promoción? ¿Poco apoyo de televisión e instituciones? ¿Prejuicios hacia lo español? Dejémonos de excusas para seguir viviendo de la subvención y de la defensa nacional a ultranza. ¿No será, más bien, escasa calidad, falta de identidad y alternativas? Es posible que a alguno le hayan atraído cintas como “Déjate caer”, “Óscar: Una pasión surrealista” o “Fuera de carta”, y entonces le felicito si no se ha sentido decepcionado. ¿Qué decir de la última de Mortadelo y Filemón y sus locas aventuras? ¿Es que el cine español no ha escuchado a Jaime Rosales en la Gala de los Goya (aunque no haya habido tiempo aún de asumirlo)? Parece que sólo una alumna recién salida de la escuela le ha hecho caso, aplicado los conocimientos allí aprendidos, y que aún no se ha dejado arrastrar por la mediocridad de nuestra industria y de la taquilla facilona: Roser Aguilar firmó “Lo mejor de mí”, obra meritoria y fresca, aunque con las excusables deficiencias de lo primerizo. Ahora se abre el plazo para las “reclamaciones” a estos exámenes, en los que muchos —casi todos— “han suspendido” y no “han sido suspendidos”: si algún lector piensa que alguna merece aprobar, que lo exponga en los comentarios. Y, como siempre, al estudiante le quedará el “consuelo” de intentar enderezar la situación en las “recuperaciones”: este viernes se estrena la última de Isabel Coixet, “Elegy”; veremos si la catalana está entre los alumnos aplicados, entre los copiones o entre los desganados.
En la imagen: Cartel de “Los crímenes de Oxford” © 2008 Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados. Cartel de “El Prado de las Estrellas” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados. Cartel de “Todos estamos invitados” © 2008 Alta Classics. Todos los derechos reservados.
Personalmente creo que hasta que el cine español no haga una profunda reflexión y autocrítica y asuma, con perdón, que el 99,9% de las películas que produce no valen para nada, esto no lo mejora ni Dios. Hay que abandonar el discurso paternalista, autocomplaciente, que justifica el fracaso del cine español en la masificación del cine de Hollywood. Basta de excusas de mal perdedor, que cada cual asuma su culpa. Si bien es cierto que Hollywood produce (también) mucha basura, no lo es menos que año tras año produce un sinfín de películas de una calidad mucho mayor que las nuestras. Sin ir más lejos, este pasado 2007: No country for old men, Pozos de ambición, Into the wild, Expiación, American Gangster, Sweeney Todd, Promesas del Este, Zodiac, 300, y un largo etcétera.
Que no sea inocente el “cine español”:por mucho que vendan el producto nacional, el público no se gastará los 7 € de entrada por amor a la patria, si tiene una opción mejor en la cartelera (y lo triste es que prácticamente siempre la tiene).
Sin ánimo de polemizar, Marchelo, y respetando profundamente tu opinión genérica sobre el cine español -que me parece, aunque no la comparta, razonada y fundamentada-: ¿tú crees que ese “largo etcétera” con el que cierras tu relación de excelencias U.S.A. -siempre y cuando se admita que todas ellas son excelentes, que no lo tengo yo tan claro…- es tan largo? ¿De veras? ¿Cuántas y cuáles serían, por ejemplo? ¿Y, aún así, cuánto supone eso, en términos de porcentaje, respecto al total de películas estadounidenses estrenadas el pasado año: un 3, un 4 %? ¿Eso es síntoma de una cinematografía mucho más saludable que la nuestra?
No creo en el mal de muchos, consuelo de tontos, pero me resisto a admitir que nuestro cine, con todos sus problemas y defectos, esté peor (y, ni por asomo, bastante peor) que otros, incluido ése -con el que, por otro lado, y desde muchísimas perspectivas, no tendríamos ni que compararnos-.
Un abrazo.
Apreciado Manuel,
No te falta razón, coincido en que el porcentaje de películas buenas que salen de Hollywood es también muy bajo, porque negarlo. A lo mejor mi comentario ha pecado de enérgico, simplemente quería constatar un hecho: no culpemos al cine yankee de todos los males de nuestro cine, el examen tiene que salir desde dentro.
Recibe un fuerte saludo!
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<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>






























Felicidades, compa Julio, por tu análisis, tan enjundioso como certero, a la par que profundamente crítico (algo que me parece fenomenal, porque sólo desde la crítica bien fundada y argumentada se puede corregir, mejorar y crecer), y al que, por mi parte (y bien te consta que soy un ferviente defensor del cine español), poco, por no decir nada, tengo que objetar y/o rebatir, aunque sí que me cabe hacer un par de apostillas, digamos que “colaterales” (como aquello de los daños…).
Por un lado, un dato, frío, objetivo, estadística pura, al que no haces alusión (tampoco tenías por qué hacerlo, claro está), y es el que alude a la sustancial mejora de las recaudaciones en el primer trimestre del año. Llámese efecto Mortadelo, llámese lo fácil que es mejorar cuando se parte de números desastrosos, llámese como se quiera, los números están ahí, y son los que son. Y la industria, nuestra magra y parca industria, los ha recibido con bastante alborozo, en contra de ese habitual y casi permanente (ahí tienes toda la razón) llanto lastimero con el que nos suelen regalar.
Por otro, la evidencia de que ese examen cuatrimestral al que sometes al cine español (y no se trata de jugar a aquello del “y tú más”, que tampoco es plan, pero hay que poner las cosas en su contexto global) posiblemente tampoco sea superado, ni por asomo, por el resto de las cinematografías que asoman a nuestras pantallas. O sea, por la estadounidense, para ser más claros y propios, dado que, del resto de países, la suma de titulos no pasa de alcanzar un cómputo meramente testimonial. O sea, que igual no es NUESTRO cine, el español, el que está tan mal (que también, desde luego), sino EL cine, en general, y salvo contadísimas y honrosísimas excepciones, el que está poco más que regular. Creo, sinceramente, aunque igual es una percepción errónea, o desenfocada.
En fin, creo que se me ha ido un poco de las manos la extensión del apunte, pero no quería pasar por alto esos apuntes que antes te ha esbozado. Disculpas por la “brasa”, tanto a tí como a todos los lectores del blog, y te reitero mi enhorabuena por tu magnífica recensión.
Un fuerte abrazo.