El canadiense Denys Arcand ha continuado su demolición de lo que considera un edificio en ruinas, la civilización occidental-neocapitalista, o quizá haya intentado apuntalar sus mil grietas para salvar lo que de bueno tiene. No se sabe muy bien. Con “La Edad de la Ignorancia” concluye la trilogía comenzada con “El declive del imperio americano” y “Las invasiones bárbaras”, y lo hace con una comedia de tono muy ácido y corrosivo. Su sarcasmo y cinismo no dan puntada sin hilo, y las historias reales e historietas fantásticas de Jean-Marc no dejan aspecto social o personal sin parodiar. La mirada de Arcand es distante e inteligente, hipertrofiada a propósito, dispuesta a llevar hasta el absurdo las paradojas del hombre moderno que ha buscado ser libre e independiente, huyendo de sí mismo y con una fe inquebrantable en el progreso. Su propuesta no deja de ser un encadenamiento de situaciones esperpénticas, simplonas y torpes en unos casos, surrealistas y futuristas en otros, exageradas y pesimistas siempre.

Con un bisturí que necesitaría un poco más de precisión para atender a los matices, Arcand realiza una operación en que el trabajo burocrático o absorbente anulan al individuo, donde las familias rotas o la infidelidad conyugal son lo habitual, donde la obsesión por la salud y el individualismo —con el videojuego como estandarte— conducen a una soledad plasmada en ese tristísimo funeral o en ese estadio convertido en oficinas. No salen bien parados los adultos a la hora de ejercer su autoridad, y tampoco la generación futura que llega sin valores y de vuelta de todo… y así podríamos seguir un buen rato. Todo queda patas arriba en un panorama en que la huida de la realidad es generalizada: el protagonista lo hace con su imaginación para fantasear con las mujeres o envanecerse con éxitos políticos/literarios, su esposa lo hace llenando sus días de una trepidante actividad que la impidan pararse a pensar, sus hijos con las mencionadas maquinitas…, y esos penosos y un tanto hipócritas “mascarados” del torneo yéndose del mundo actual porque piensan que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Es el gran teatro del mundo que se engaña a sí mismo, como nos engaña Arcand con este retrato pesimista y poco sutil, aunque en el tramo final cambie de orientación. Entonces llegan los aires frescos del campo, de las cosas pequeñas y sencillas, de la realidad tangible y presente… En parte, tiene razón Arcand: hay que conformarse y disfrutar con lo que se tiene, no ahogarse en lo material ni en lo utópico, abrirse a lo natural y escapar de los mundos artificiosos vacíos de humanidad… Pero ojo, porque por momentos parece que nos vende la misma “moto” falsa que critica desde la exageración. Tampoco es para ponerse así, y unos minutos de luz no son suficientes para equilibrar una cinta tan descompensada hacia lo negativo y lo frívolo. Aire, señor Arcand, aire natural y sin contaminar, y un poco de espacio para salir del inmanentismo que enfáticamente predica.
En las imágenes: Dos escenas de “La Edad de la Ignorancia” – Copyright © 2007 StudioCanal, Cinémaginaire, Mon Voisin Productions y Ciné-@. Fotos por Jan Thijs. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.
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Por las criticas que voy leyendo por ahí, creo que todo el mundo ha entendido el final de forma distinta a mí. Yo no creo que sea una solución sino un simple refugio, un retiro de anciano entre ancianos, un final nada pero nada esperanzador. La pelicula es muy buena en su caotica estructura y su tono burlesco y precisamente por esto, porque a tal cumulo de sinrazon sólo puede enfrentarse la mirada de un bufon.
Si os gustaron las dos anteriores, Miguel Angel, Manuel, pienso que ésta quizá os defraude un poco por su estructura narrativa, pues acumula una escena tras otra cargando las tintas, y sirviéndose de la huída de la realidad de unos y otros: un poco desilvanada. Pero visualmente es atrevida y original, y no deja de tener su inteligencia e ironía en los diálogos (algo menos sutil que en las anteriores). A ver qué os parece cuando al veáis.
Pues estoy, compa Julio, en la misma situación de Miguel: he visto las dos primeras, pero ésta, no. Y está claro que tu comentario no invita a salir corriendo en busca de su visionado. De todos modos, habrá que darle, supongo, una oportunidad.
Un abrazo.
Me queda por ver esta pata de la trilogía… aunque complicado cerrarla con brillantez. Y tu comentario no es que me llene de esperanza…
Un saludo!
A partir de los primeros 15 minutos en los que te hace un poquito de gracia, es muy cansina. El punto positivo Diane Kruger pero no precisamente por su actuación.
Un saludo
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