El cine indie siempre ha sido, o al menos así parece que lo hemos querido ver desde esta orilla del Atlántico, lo que los norteamericanos hacían cuando se ponían a rodar como si fueran franceses. Bueno, más o menos. Pero, últimamente, incluso esta división de plata del gran conglomerado industrial cinematográfico-estadounidense parece vivir momentos difíciles. Cuando por las calles de Sundance se mezclan los supervivientes de Seattle con gente como Paris Hilton, es que algo pasa. Y cuando los grandes estudios crean sus divisiones para hacer películas de bajo presupuesto (eso sí, muy arties, que no es lo mismo ser cutre en plan serie B que creativo a lo John Cassavetes), con sus logos calculadamente desmañados, nos reafirmamos en la pregunta: ¿qué le pasa al cine independiente?

Es más, ¿por qué la versatilidad de fórmulas que antes existía para presentar una mirada alternativa a la del grueso de la producción más comercial parece haberse reducido en los últimos tiempos a un esquema mil y una veces repetido? Es decir, el del friqui inserto en un contexto más o menos tradicional, a ser posible nevado y aislado (lo que parece devolver a la tal comunidad la condición de representativa del núcleo originario de lo que luego ha venido a llamarse Estados Unidos de América), y que por contraste acaba revelando la verdadera esencia de esos habitantes. El último ejemplo en llegarnos es “Lars y una chica de verdad”, pero hemos tenido últimamente nuestras buenas dosis con “Juno”, “Pequeña Miss Sunshine”, “Thumbsucker”, “Ghost world”, “La peligrosa vida de los Altar Boys”… Al final, uno se pregunta si la cosa no tendrá trampa: como nos demuestra la experiencia, llegado el caso los friquis pueden ser perfectamente absorbidos por el sistema y, por tanto, ver su potencial revulsivo desactivado. Y si no, que se lo pregunten a Tim Burton (que ya sé que nunca fue exactamente indie, pero friqui sí… al menos en una época).
En la imagen: Bianca y Ryan Gosling en “Lars y una chica de verdad” - Copyright © 2007 Sidney Kimmel Entertainment y John Cameron/Sarah Aubrey Productions. Distribuida en España por Versus Entertainment. Todos los derechos reservados.
Pues disiento un poco. En “Lars y una chica de verdad” no estamos hablando de un friqui, sino de una persona con una enfermedad mental (por cierto, en muchas películas independientes, caso de “Pequeña Miss Sunshine”, siempre hay más de un friqui).
Por otro lado, en esta ocasión está más que justificado que la historia se desarrolle en un pueblo, porque, si no fuera así, sería imposible que los habitantes de un barrio de una gran ciudad se involucraran en problemas ajenos de la manera en la que lo hacen en este filme (vamos, que no veo esta historia desarrollándose entre edificios de varias plantas).
En todo caso, me he salido del tema y creo que lo que intentas exponer es que existe cierto esquematismo en el cine independiente, algo en lo que estoy de acuerdo. Sin embargo, “Lars y una chica de verdad” podría haberse vendido como una comedia comercial con una buena campaña comercial.
Muy bien planteado el fenómeno, compa Miguel. Al fin y al cabo, supongo que se trata de un esquema que, con todos los matices que queramos ver y admitir, se termina reproduciendo en cualquier ámbito creativo-comercial: surge una fórmula; por los motivos que sea, hace fortuna; y, a partir de ahí, se repite y repite hasta el hartazgo. Y, una vez agotado el filón, se busca otro. Y así, sucesivamente. Más o menos…
Un fuerte abrazo.
Bueno, que conste que a mí me ha gustado “Lars y una chica de verdad”, aunque creo que en su parte final se le acaba yendo un poco de las manos, sobre todo a la guionista, porque hay algunas cosas que exigen demasiado de la fe del espectador… Pero sí que creo que ese esquema se ha instalado ya y que está aquí para quedarse.
Y respecto a la comercialidad que podría tener la cinta… sí, pero quizá con otro tratamiento. Pero el hecho de que sean modelos intercambiables con una cinta más comercial, quizá plantea mejor que nada la reflexión sobre el papel actual del cine independiente… (y que cosnte que no hay necesariamente una consideración negativa en esto).
Un saludo!
Joaquín, yo creo que Lars y una chica de verdad ya se ha intentado vender como una comedia comercial, pero es que de comedia tiene poco o muy poco, y quien vaya al cine esperando pegarse unas risitas saldrá muy decepcionado. Si bien es cierto que la situación de partida da para muchos gags (Bianca se presta a ello), director y guionista han elegido el camino difícil, convirtiendo la película en un drama sobre la solitud del ser humano.
En cuanto al frikismo del cine indie, coincido con Miguel, últimamente todas las historias que nos vienen de EEUU tienen en común a personajes extraordinarios, inadaptados sociales o extrovertidos compulsivos.
Sí, Miguel y Marchelo, es indudable que “Lars y una chica de verdad” requiere de cierta fe o predisposición por parte del espectador. Respecto al tema comercial (por cierto, antes quería decir “campaña publicitaria”), no me refería a que se cambiara el tono de la película, sino a unos anuncios más agresivos que vendieran al espectador un producto que en realidad no se iba a encontrar. Sería tramposo, cierto, pero el cine independiente también tendría que utilizar los mismos recursos de Hollywood para evitar que, salvo excepciones (”Juno”), el público le dé la espalda.
En todo caso, el tema que planteas es muy interesante y, como dije antes, en general estoy de acuerdo con lo que opináis, salvo que esta cinta no me parece que siga esos parámetros.
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Tienes razón, Miguel Ángel. De hecho, tras ver “Lars y una chica de verdad” tuve que volver a consultar los datos de la película para comprobar que no era danesa… porque parecía que lo era. Y hay friqui, y nieve, y el concepto de “comunidad”…