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Viernes 30 Mayo 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 30.05.08 a las 8:30
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Hubo un tiempo glorioso de la adolescencia del que suscribe en que el nombre de Stephen King era sinónimo de garantía de historias imaginativas, sorprendentes, en las que las coordenadas clásicas del género de terror se renovaban y prometían buenos sustos y, sobre todo, inquietud. Fueron los años estupendos de “Christine”, “La zona muerta”, “El resplandor”, “Cementerio viviente”, etc. Y claro, llegaron también joyas como “Misery”, “Cuenta conmigo” o “Cadena perpetua”, la constatación de que King podía sacudirse el sambenito de ser un escritor “popular” para demostrar que era capaz de reflexionar sobre la responsabilidad del creador frente a su público (en el caso de la primera) o de crear historias “realistas” en las que la inquietud seguía presente, pero de una manera que no necesitaba la coartada fantástica para penetrar hasta los huesos… (jamás olvidaré la impresión que me produjo la cinta de Rob Reiner, con ese ángel caído que fue River Phoenix).

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Pero eso fue, claro, hace mucho mucho tiempo, que diría el tito Lucas. De un tiempo a esta parte, ni el genio de King parece el mismo, ni sus adaptaciones rayan a demasiada altura. Por eso, reconforta que los comentarios que nos llegan sobre “La niebla de Stephen King” sean prometedores, y que de regalo nos hablen de la recuperación de Frank Darabont, un director dotado pero, sin embargo, con demasiada tendencia al exceso. Un exceso que contuvo en “Cadena perpetua”, lastró “La milla verde” y definitivamente se precipitó en “The Majestic”. Si lo que nos dicen es cierto, que los dos hijos pródigos han vuelto, éste será un estupendo fin de semana; y para los (¿las?) que prefieran algo de mejor planta y caminos trillados, ahí tienen la comedia tontorrona de la semana… eso sí, con Patrick Dempsey, el chico de oro del momento. Hala, todos contentos.

En la imagen: Escena de “La niebla de Stephen King” - Copyright © 2007 Dimension Films y Darkwoods Productions. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados.

Jueves 29 Mayo 2008

Después de un estreno tan fuerte como el de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, es lógico la mayoría de las distribuidoras apuesten por títulos comerciales de segunda categoría o por producciones dirigidas a un público minoritario. Quizás la película más atractiva de la semana para muchos espectadores sea “La niebla de Stephen King”, cinta que, casualidades de la vida, está dirigida por Frank Darabont, el mismo que escribió un guión protagonizado por Henry Jones Jr. que fue rechazado por George Lucas (y eso que a Steven Spielberg le encantaba). Lo cierto es que las adaptaciones cinematográficas de uno de los autores de novelas de terror más populares de nuestra época no tienen excesivo éxito en las salas de cine, un hecho que siempre me ha llamado la atención.

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Una película a la que quizás le vaya bien en la taquilla es “La boda de mi novia”, sobre todo después del inesperado éxito de “Algo pasa en Las Vegas”. La presencia de Patrick Dempsey, un actor televisivo que parece dispuesto a seguir los pasos de George Clooney (me refiero al hecho de dar el salto de la pequeña a la gran pantalla), y la de una actriz en alza como Michelle Monaghan, sin duda será todo un aliciente para aquéllos que se conforman con las comedias menores que se estrenan hoy en día. Por lo demás, también llega a nuestra cartelera “The dead girl”, una de esas cintas que, a pesar de contar con un magnífico reparto (Toni Collette, Rose Byrne, Marcia Gay Harden, Brittany Murphy, Kerry Washington, Josh Brolin, Giovanni Ribisi, James Franco, Mary Steenburgen, Bruce Davison), apenas ha sido vista por cuatro pelagatos en todo el mundo. Que alguien me lo explique…

En la imagen: Fotograma de “La niebla de Stephen King” © 2007 Notro Films. Todos los derechos reservados. Fotograma de “La boda de mi novia” © 2008 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

Lunes 26 Mayo 2008

Año tras año, el veterano Claude Chabrol nos ofrece la misma película, con idéntica temática y parecido equipo técnico y artístico, variando sólo una trama en la que, por otro lado, siempre encontramos un crimen derivado de una difícil relación pasional. Ahora acaba de estrenar “Una chica cortada en dos”, y en las entrevistas concedidas vuelve a hacer hincapié en su voluntad por retratar a la burguesía provinciana, con su falta de autenticidad y moralidad, con su incapacidad para cambiar en sus esquemas vitales. A la vez, la crítica habla de él como de un entomólogo que indaga en la naturaleza humana, que introduce su bisturí hasta provocar sus pulsiones más instintivas, poniendo a prueba sus resortes morales… y se alaba su carácter comprometido y combativo, su capacidad para lanzar dardos envenenados a diversos estamentos sociales y profesionales (medios de comunicación, mundo literario…) bajo la apariencia de una historia simple y plana.

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Sin embargo, al margen del incuestionable oficio cinematográfico, el cineasta francés no hace otra cosa que mostrarnos, en el fondo, cómo se comporta cualquier hombre cuando se deja arrastrar por sus pasiones, por su egoísmo y por sus deseos de imponerse al resto. La manera de abordar el poder, el sexo, la violencia o la venganza en sus personajes son las respuestas naturales e instintivas que derivan de un vacío moral, algo que afecta al individuo independientemente de su extracción social. Su mirada no llega a profundizar en las verdaderas causas de dichos comportamientos, y su análisis no supera el nivel sociológico de las apariencias ni alcanza hondura antropológica. Quiere que de sus personajes broten esas mezquindades como derivación natural de una sociedad pequeño-burguesa y neocapitalista, y estos arquetipos —artificios de guión— pierden entonces toda su libertad y posibilidad de redención, a la vez que su veracidad.

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En definitiva, parece que el director se deja llevar por unos prejuicios de clase que no han variado a lo largo de las décadas. Es el mismo espíritu de mayo del 68 que permanece aún vivo en este cineasta septuagenario, que no quiere aplicarse a sí mismo la evolución de planteamientos que demanda a su burguesía, caricatura trasnochada y caduca de otro tiempo. Quizá por eso haga una y otra vez la misma película de siempre, seguir mirando cínicamente sólo las sombras que todo individuo tiene… para cargarlas de excesos y generar otra reescritura de cine político y militante, aunque sea bajo el envoltorio del cine negro y pasional.

En las imágenes: Arriba, Claude Chabrol durante el rodaje de “Una chica cortada en dos”; abajo, una escena de la película - Copyright © 2007 Alicéleo Cinéma, Alicéleo, Rhône-Alpes Cinéma, France 2 Cinéma e Intégral Film. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Sábado 24 Mayo 2008

Continuando con el interesantísimo tema que ha planteado mi compañero Julio (el de la irrupción cual elefante en cacharrería de la apisonadora digital en gran parte del cine de entetenimiento actual), me ha llamado muchísimo la atención leer la cantidad de veces que, como una letanía, han repetido los padres de la nueva entrega de Indiana Jones, George Lucas y Steven Spielberg (reconozcámoslo, Harrison Ford en entrevistas suele ser bastante soso y decir más bien pocas cosas interesantes), haciendo profesión de su nostalgia por las técnicas tradicionales de efectos especiales, y su preocupación por el peligro cierto de que el abuso de las nuevas técnicas acabe sofocando lo único que verdaderamente importa: la historia.

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Todo muy correcto y jaleable… salvo por un par de pequeños detalles: si alguien abrió las puertas al campo fue el propio Spielberg (recordemos la conmoción que todos sentimos cuando se estrenó “Jurassic Park: Parque Jurásico” y acudimos a las salas bajo el aviso, digno de barraca de feria de las de antes, de que por primera vez íbamos a ver a dinosaurios realmente vivos), que si bien no fue el primero, sí que consiguió convertir en fenómeno lo que hasta entonces eran tímidos avances (con el permiso del James Cameron de “Terminator 2: el juicio final”, eso sí). Y si de asfixia de la historia por hipertrofia digital hablamos… ¿es que Lucas ha tenido un repentino ataque de amnesia y se ha olvidado de lo que perpetró en su segunda (se ponga como se ponga) trilogía galáctica? Uno, desde luego, es el primero que se sube al carro de esa reivindicación de lo tradicional… pero, no sé por qué, tiendo a creérmelo más cuando se lo escucho o se lo leo a alguien como Michel Gondry. ¿Por qué será?

En la imagen: Pura nostalgia “animatrónica” en una escena de “E.T. El extraterrestre” - Copyright © 1982 Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

Viernes 23 Mayo 2008
Escrito por Manuel Márquez el 23.05.08 a las 12:00
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Supongo que admite poca discusión que, en la cartelera de esta semana, cualquier producto que no lleve el marchamo del latigo y el sombrero parece destinado a la condición ectoplasmática. Desde esa perspectiva, resulta milagroso que aún quede hueco para algún otro film (si dejamos aparte la honrosa excepción de la última entrega del venerable Sidney Lumet, gozosamente glosada ya en este mismo blog por mi compañero Miguel A. Delgado), pero haberlo, haylo —supongo que con la exclusiva intención de atender a aquellos que, dignos portaestandartes de una rebeldía elevada a la condición de etiqueta vital, están dispuestos a ir al cine, una semana más, sin por ello tener que ver, forzosamente, al emperador Indiana, cetro y corona en ristre, arrasando hasta con la calderilla de la caja…—. Por ejemplo, “Cosmos”, otro producto más de esa cosecha Donostia 2007 que ahora parece ir llegando —aun con cuentagotas, eso sí— a nuestras pantallas, y en la que el novel director pamplonica Diego Fandos desarrolla, en clave cómica, una historia de perfil a priori amable y propicia a recovecos argumentales, al menos sobre el papel, bastante curiosos.

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Más allá de lo que efectivamente pueda dar de sí un producto de estas características, que no sólo viene avalado por su presencia en festival de tanto relumbrón como el donostiarra, sino por la presencia en su reparto de nombres veteranos más que contrastados, como son Ramón Barea, Xabier Elorriaga y Klara Badiola, lo que sí parece claro, y más aún si tenemos en cuenta los antecedentes más inmediatos, es que no será éste (teniendo en cuenta, sobre todo, que el número de copias con que saldrá al mercado será más bien pírrico) un título destinado a darle algo más de fuelle a las magras estadísticas con que, tras un comienzo de temporada bastante prometedor, se viene manejando el cine español en un segundo trimestre del año, en el que, más allá de la brillantez con que se ha desenvuelto un título como “Fuera de carta”, el resto de la producción ha pasado con bastante más pena que gloria por nuestras pantallas. ¿Habrá que ponerle a Santiago Segura una chaquetilla de cuero y enviarlo a la selva amazónica a buscar amuletos de hueso de serpiente para invertir la tendencia? En fin…

En la imagen: Fotograma de  “Cosmos” - Copyright © 2007 Alokatu. Todos los derechos reservados.

Jueves 22 Mayo 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 22.05.08 a las 16:00
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El que se avecina es un fin de semana glorioso, uno de los que al cinéfilo le gustaría que, como poco, hubiese treinta o cuarenta cada año. Porque nos llegan dos mitos a la pantalla (que también es mala suerte que coincidan, con la de semanas más o menos desérticas que sufrimos en la cartelera). Por un lado, el estreno del que ya poco cabe decir, porque está todo contenido en su mismo título, “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”; uno de los que no engañan, porque ofrecen justo lo que se espera de ellos, la aventura en estado puro, perfecto cine palomitero en las adecuadas proporciones.

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El otro, la joya, más que esperada, anhelada: lo último del octogenario Sidney Lumet, “Antes que el Diablo sepa que has muerto”, que si no hay cambios de última hora y la chapucera distribuidora vuelve a escamoteárnosla, por fin dejará de ser esa cinta de la que todo el mundo habla y nadie ha podido ver en nuestro país. Y atentos, que todo parece indicar que se trata de CINE, así con mayúsculas: Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei en estado de gracia, guión modélico… Una delicatessen para disfrutar de principio a fin. ¡Cómo me gusta ser cinéfilo esta semana, madre mía!

En la imagen: Albert Finney y Marisa Tomei en “Antes que el Diablo sepa que has muerto” - Copyright © 2007 Funky Buddha Group, Capitol Films, Unity Productions y Linsefilm. Foto por Will Hart. Distribuida en España por A.Zeta Cinema. Todos los derechos reservados.

Miércoles 21 Mayo 2008

Creo que, después de la saga de “Star Wars”, sólo la de Indiana Jones es la única capaz de producir similar expectación entre millones de espectadores de diversas generaciones (unos porque en su día vieron las películas originales en los cines y otros porque las descubrieron gracias a la pequeña pantalla, el VHS o, más recientemente, el DVD). Ni Terminators, ni alienígenas que escupen ácido, ni boxeadores capaces de subirse a un cuadrilátero aunque sea con un bastón… Ninguna, absolutamente ninguna franquicia cinematográfica que obtuvo un gran éxito en el pasado puede igualarse a estas dos (y no me olvido de los trekkies, lo que ocurre es que, a mi modesto entender, el nuevo largometraje de “Star Trek” no es que vaya a arrasar en la taquilla).

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“Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” llega mañana a la cartelera sin que ningún otro título comercial se atreva a hacerle frente, cosa que no les sucedió a “Iron Man” y, sobre todo, a “Speed Racer”, cinta que se ha llevado un buen varapalo en la taquilla (para goce y disfrute de la distribuidora de “Algo pasa en Las Vegas”). No es de extrañar que los que no tengan ganas de echarle un vistazo a la nueva película de Steven Spielberg… no encuentren demasiado donde elegir entre el resto de novedades que se estrenan en los cines este próximo viernes. ¿Quizás un filme español? Pues nada, vayan a ver “Abrígate” o “Cosmos” ¿Y qué me dicen de uno chino? Pues nada, ahí tienen “El último viaje del juez Feng”. Eso sí, encontrar una sala en la que proyecten uno de estos largometrajes seguro que es más difícil que buscar a Wally. Ah, y no me olvido de “Antes que el Diablo sepa que has muerto”, lo que sucede es que tengo miedo de que A.Zeta Cinema no se acuerde de estrenarla y la retrase por enésima vez….

En la imagen: Shia LaBeouf y Harrison Ford en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” - Copyright © 2008 Paramount Pictures y LucasFilm. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Con el curioso título de “El baño del Papa”, el cine uruguayo nos acerca a la realidad más dura de quienes no tienen nada en la vida, salvo ilusiones. Son los habitantes de Melo, un pueblecito paupérrimo en el que sus habitantes sueñan con el beneficio que pueden obtener con la visita del Papa Juan Pablo II: ante la avalancha de peregrinos que se espera, unos se organizan para la venta ambulante de bocadillos o de medallas de la Virgen, mientras que Beto se empeña en montar un baño con water en el lugar del encuentro. Lo que alienta —que no alimenta— al cabeza de familia es la ilusión de comprar una moto con la que pasar sin dificultad la aduana en su trabajo de contrabando, a la sacrificada Carmen es la necesidad de pagar las deudas de la luz o de comprar una plancha, y a la joven Silvia el sueño de comprar una radio y llegar a ser locutora.

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Desde Uruguay se vuelve a la estética neorrealista para mirar la pobreza encarnada en una familia que lucha cada día por la supervivencia, para tratarla desde un humanismo que va de la simpatía y buen humor con que narra la construcción del baño, a la profunda pena que trasmiten unos rostros desencantados en su lucha diaria, o al dramatismo en la escena de la cantina. En las imágenes hay resonancias de aquella otra bicicleta de Vittorio de Sica daba y quitaba al buen padre en su trabajo, o de aquellos inocentes y entrañables sueños que surcaban los cielos de Milán como si de un milagro se tratara. La historia también recuerda a otra célebre visita (en este caso de Mister Marshall) que se esperaba como agua de mayo en un pueblo que por un día se creyó el centro del mundo, y aquella ilusión convertida en obsesión futbolística por un pobre y moderno Ulises camino de San Diego.

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En unos y otros, llama la atención la elegancia y humanidad con que el cine concede y reproduce los sueños de los más pobres, el modo de tratarlos con la necesaria crudeza y realismo sin caer en lo morboso, de resaltar su dignidad y descubrir los otros tesoros que esconden en su corazón o en su imaginación. Sin duda, detrás de las imágenes late una crítica hacia las injusticias de nuestro mundo que les niega el pan de cada día, pero también se vislumbra la clarividencia de dónde se encuentra realmente la felicidad y de la importancia de los sueños para alcanzarla. Y esa mezcla es lo que algunos han llegado a llamar “realismo mágico”, en este caso muy pegado al terreno físico y a la verdad de lo que pudo haber sucedido si el azar lo hubiese propiciado.

En las imágenes: Escenas de “El baño del Papa” - Copyright © 2007 Bavaria Film International, Laroux Cine, 02 Filmes y Chaya Films. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

Martes 20 Mayo 2008

Vivimos en una sociedad que necesita renovarse continuamente, porque lo contrario supondría perder el tren del cambio, y con ello posibilidades de mejora o de nuevas experiencias. Es la era de la alta velocidad, de internet y del instante, donde lo de ayer suena a pretérito y lo de mañana (el dichoso seguro) se mira “por si acaso”… Cambios de móvil y de portátil, de canal de televisión y de trabajo, de pareja y hasta de identidad… es la permanente insatisfacción y la constante búsqueda del algo más… El asunto es cambiar para no caer en la rutina o el vacío, para mejorar el presente aunque no llegue a saborearse… porque no da tiempo a pararse y contemplar lo que ya se tiene, por dentro y por fuera… Se quiere vivir intensamente, aunque al final se acaben consumiendo minutos sin percatarse de ello ni disfrutarlos.

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¿Por qué este rollo sociológico? Porque el cine vive de la misma realidad, porque la industria y el espectador sufren las mismas carencias y buscan los mismos resortes. Lo que se impone en la taquilla son los filmes de acción trepidante y sensaciones fuertes, de espectacular puesta en escena y sonido estruendoso, con muchos o muchísimos efectos especiales de factura digital, donde tener estrellas importa… pero cada vez menos, porque lo esencial es que conecten con ese público acostumbrado en la calle a ir corriendo a todas partes y cargándose de estrés, a mostrar un rostro de bonitas apariencias cara a la galería, a no pararse porque eso quizá obligase a pensar y así igual uno se deprime… El espectador al que mira la industria del blockbuster no quiere realidades cotidianas ni personajes ambiguos e inciertos (como los de la propia vida), huye de la contemplación y de la interrogación, del intimismo y del ritmo pausado, de la cuidada fotografía y planificación; sólo quiere evasión, aventura, acción, con sensaciones de fuerza, poder, triunfo, y si hay algo misterioso o enigmático, morboso o esotérico, sensual o sexual… pues mejor.

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Es el cine del fin de semana, que dura lo que un caramelo en la puerta de un colegio: visto y no visto, y a otra cosa mariposa. Se busca “sentir el instante”, y mejor si es con sensaciones fuertes y rápidas, que nos lleguen ya condimentadas y donde no haya mucho que discurrir o intuir. Es preferible que la historia no deje ningún cabo suelto, que el malo requetemalo se lleve su merecido, que la chica mona acabe con el chico de moda, que la banda sonora envuelva y una orquesta nos lleve en volandas hacia un clímax emotivo, y que los personajes sean arquetipos con los que sea fácil identificarse (cualquier matiz o complejidad en la personalidad no haría sino restar público). Correr, golpear, gritar, sentir fácil e intensamente… y volver a correr, golpear, gritar… Pocas ideas e idénticos caminos para llegar a provocar los mismos efectos en el dócil espectador que, en la butaca como en la vida, camina a merced de las circunstancias y de lo que otros deciden por él. Parece que va a tener razón Víctor Erice al distinguir entre “cine” y “producto de entretenimiento audiovisual”, y entonces todos nos entenderemos.

En las imágenes: Arriba, “Una noche para morir” © 2008 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Abajo, “Sentencia de muerte” © 2007 TriPictures. Todos los derechos reservados.

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Lunes 19 Mayo 2008

El Festival de Cannes es ahora mismo punto de atracción total del mundo del cine: gran parte de los que cuentan han pasado, pasan o pasarán estos días por allí, y, como conclusión lógica, todos los medios que nos dedicamos a informar sobre esta curiosa mezcla de arte e industria nos hacemos eco casi inmediato de cada suspiro que emane de los labios de esos seres que a veces parecen existir en un estado intermedio entre la mortalidad y la inmortalidad más absolutas. Y claro, así no es de extrañar que sucedan cosas que, lamentablemente, terminan siendo el pan nuestro de cada día, y que se están convirtiendo en una peligrosa costumbre que acabará contagiándose a figuras y cintas no tan presuntamente merecedoras de ello. Por ejemplo, no deja de ser pintoresco que el encuentro de Woody Allen (que sí que forma parte del Olimpo, al menos en Europa) con la prensa para presentar su última película, “Vicky Cristina Barcelona”, se celebrara… sin que los periodistas hubieran tenido oportunidad previa de verla. ¿Antiperiodístico? Sí, pero también real como la vida misma: y ni siquiera es la primera (ni será la última) vez que algo así ocurre.

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Como consecuencia, un puñado de nombres está sirviendo como licencia para que el circuito cine-información-crítica cada vez se enrarezca más, hasta el punto de que las entrevistas se convierten en simulacros de entrevistas (¿de verdad puede salir una pregunta interesante cuando el encuentro se reduce a un pool de cuatro o cinco medios con tres o cinco minutos para repartir entre todos?), y los fenómenos cinematográficos se construyen desde la virtualidad… Hasta ahora, los estudios lo hacen porque, no nos engañemos, la producción cinematográfica supone una importantísima inyección publicitaria para los medios, y eso les legitima para imponer sus reglas. Pero ojo, que ahí están otras áreas, como las de los videojuegos, cuya sombra comienza a amenazar la hegemonía en el mundo del entretenimiento de esa galaxia encabezada por Hollywood… y sin gastarse tanto, ni mucho menos, en publicidad. Quizá, para cuando quieran recuperar la complicidad de los medios, ya sea tarde.

En la imagen: Woody Allen da instrucciones a Penélope Cruz y Javier Bardem durante el rodaje de “Vicky Cristina Barcelona” - Copyright © 2008 Gravier Productions, Mediapro y Antena 3 Films. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.