Protestas y barricadas urbanas, eslóganes de rebeldía e inconformismo, marxismo en estado puro para una revolución socio-cultural, violencia y utopías pacifistas y de todo tipo, amor libre y drogas en la comuna hippie. Y también lucha contra la autoridad y la jerarquía, contra la moral y la religión, contra la estructura y el orden: «¡prohibido prohibir!». Esto y mucho más se respiraba en las calles de París en mayo del 68, en un movimiento básicamente de estudiantes —también de obreros— alterados por algunos agitadores de masas. Un mundo de inquietudes y contradicciones, que se extendió como la pólvora, que comenzó como una entusiasta y airada reacción de protesta y liberación, para terminar con un profundo sentimiento de desencanto, de insatisfacción y de vacío. Al margen de otras valoraciones sobre el fenómeno social, lo que está claro es que nada sería igual tras ese mes mayo, y que toda una generación de jóvenes quedaría marcada y también perdida.

En medio de ese torbellino socio-político, el cine había jugado un papel decisivo a la hora de espolear a estudiantes y obreros a la manifestación callejera. Cineastas como Jacques Rivette y, sobre todo, Jean-Luc Godard con “La chinoise (La china)” habían alentado a las masas contra la política cultural de Charles De Gaulle, y películas militantes surgidas en el SLON (cooperativa de cine para el debate y la acción política) promovían la lucha contra el poder patronal y la intervención americana en Vietnam. El “affaire Langlois” —destitución de Henri Langlois al frente de la Cinemateca parisina— provocaba un revuelo previo a las barricadas, que culminaría con la creación de unos Estados Generales del Cine y el boicot del Festival de Cannes, en solidaridad con la huelga general y como petición de una transformación global de la industria cinematográfica. El definitiva, el cine se había convertido, de nuevo, en instrumento de propaganda ideológica, y las imágenes se utilizaban al servicio de una causa (marxista-maoísta) que pretendía imponer su propio orden en el desorden. Con el tiempo, como siempre, las aguas volverían a su cauce y los mismos cineastas (Philippe Garrel, Romain Goupil, Bernardo Bertolucci, o Claude Chabrol) reescribirían aquellos días con nuevos films, entre la melancolía y el desconcierto.

Porque la realidad fue que, conseguidas unas mejoras laborales y una libertad creativa, aquella conciencia revolucionaria había dejado como herencia el fracaso de las utopías y el fin de las ideologías: el individualismo consumista y posmoderno había absorbido a una juventud que en el 69 ya se encontraba desclasada, mientras que los ideólogos y cineastas marxistas lloraban la pérdida del espíritu de clase y de una Arcadia feliz. Es ahí donde algunos, con ocasión de su 40º aniversario, han vuelvo a reclamar un cine más comprometido con la sociedad y la política, más contracultural y provocador, que no se conforme con la búsqueda estética. Parece que, dejando de lado algunos logros que ese mayo trajera, no han entendido el efecto de laminación que sus excesos y una mal entendida liberación dejaron en el individuo, que se volvió “lobo para el hombre” y encontró el poso de la amargura y el desencanto, bien reflejados por Denys Arcand en “Las invasiones bárbaras” o Roger Gual en “Remake” (aunque a nuestro país apenas llegaran, como es habitual, esos aires de contestación ni la insatisfacción posterior). Está claro que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y que cada vez se aprende menos Historia en las escuelas.
En las imágenes: Arriba, fotograma de “La chinoise (La china)”© 1967 Anouchka Films, Athos Films, Les Productiones de la Guéville, Parc Film y Simar Films. Todos los derechos reservados. Abajo, fotograma de “Los amantes regulares” © 2005 Maïa Films y Arte France Cinéma. Todos los derechos reservados.
Por supuesto, Miguel Ángel. Era sólo una forma de hablar (o de escribir): está claro que todo es mezcla y que los grises prevalecen, y siempre cabe dar marcha atrás en los errores…
¿Por qué Claude Chabrol siempre nos ofrece la misma película?…
Año tras año, el veterano Claude Chabrol nos ofrece la misma película, con idéntica temática y parecido equipo técnico y artístico, variando sólo una trama en la que, por otro lado, siempre encontramos un crimen derivado de una difícil relaci….
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Hombre, Julio, es cierto que la distancia entre lo que se pretendía y lo que finalmente salió de aquel Mayo es quizá demasiado grande, pero me parece un tanto excesivo decir que toda una generación de jóvenes se perdió por él…
Un saludo!