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Sábado 30 Agosto 2008

Si no fuera por el éxito que en su momento logró Guillermo del Toro con “El laberinto del fauno”, dudo que Universal Pictures le hubiera dado luz verde a la continuación de “Hellboy”, un proyecto que adquirió cuando Sony se desentendió de los derechos cinematográficos de los cómics de Mike Mignola. Lo cierto es que nada hay que reprocharle a este estudio; así, la cinta original recaudó 99 millones de dólares en todo el mundo y su presupuesto fue de unos comedidos 66, por lo que seguramente no les reportó ningún quebranto económico, siempre y cuando a dicha cantidad le sumamos lo obtenido con las ventas y el alquiler del DVD y la emisión del filme en la pequeña pantalla. De cualquier modo, es lógico que la major argumentara que, con semejantes cifras, les resultaba imposible sacar adelante una jugosa franquicia. Algo de razón tenían, ya que “Hellboy II: El Ejército Dorado” ha pasado bastante desapercibida por los cines estadounidenses, si bien le sucederá lo mismo que a su antecesora y tampoco le dará pérdidas a su distribuidora.

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El filme se inicia con un prólogo en el que se nos explica que, tiempo atrás, los humanos y las criaturas fantásticas mantenían una guerra que no parecía tener fin, y todo ello debido a que la avaricia de los primeros les hacía querer expandir sus dominios. Desesperado, el monarca Balor le encargó a un duende la creación de unos invencibles guerreros que pudieran poner fin a la contienda, siendo éstos dirigidos por medio de una corona mágica destinada únicamente a los integrantes de la realeza. A pesar de la victoria del rey, éste se mostró arrepentido por la masacre que se produjo en la nueva batalla, de ahí que decidiera pactar una tregua con sus enemigos. Esta postura no fue del agrado del príncipe Nuada, quien ahora parece dispuesto a romper el pacto para así hacerse con el control de la Tierra y eliminar a sus habitantes. Por supuesto, Hellboy no le pondrá las cosas fáciles, si bien es cierto que también se le plantearán no pocos conflictos personales… Leer más >>

En los últimos años se ha puesto de moda lanzar todo tipo de vituperios contra George Lucas, sin duda uno de los nombres clave a la hora de hablar del cine contemporáneo. Los retoques que hizo a las cintas clásicas de “La guerra de las galaxias”, la decepción que supuso para algunos la nueva trilogía de la saga que nos relata el descenso de Anakin Skywalker hacia el Lado Oscuro de la Fuerza o la última entrega de las aventuras de Indiana Jones son la excusa perfecta para comprobar lo viperinas que pueden ser algunas lenguas. Ahora se estrena “Star Wars: The Clone Wars”, una interesante propuesta cuyo principal problema reside en que en realidad se trata de los primeros episodios de una serie de televisión que próximamente llegará a la pequeña pantalla. Y eso es algo que se nota, y mucho, a lo largo de la película.

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Ambientada entre “Star Wars. Episodio II: El ataque de los clones” y “Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith”, la cinta nos cuenta cómo, tras el secuestro del hijo de Jabba el Hutt, éste le pide a la República que le ayuden a recuperarlo. Yoda encarga dicha misión a Anakin Skywalker y a Obi-Wan Kenobi, encomendándole además al primero el adiestramiento de una impetuosa padawan: Ahsoka. Por supuesto, lo mejor del asunto es que detrás de este rapto se halla el separatista Conde Dooku, quien, ayudado por Ventress, intentará enfrentar al poderoso mafioso de Tatooine con los Jedi. Y más oculto, manejando a todos ellos como si de marionetas se trataran, se encuentra Darth Sidious, el que está llamado a convertirse en el Emperador. Leer más >>

Viernes 29 Agosto 2008
Escrito por José Arce el 29.08.08 a las 17:14
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Paul Walker tuvo su gran oportunidad comercial con el arranque ─nunca mejor dicho─ de la saga “A todo gas”, supuesto pelotazo comercial aún vivo ─él mismo regresará a la franquicia junto con el bueno de Vin Diesel, erráticas están siendo las carreras de ambos─ que debería haberle catapultado a los altares de la acción teenager, siendo como es un intérprete no carente de carisma y atractivo. Sin embargo, no ha sido así, ni mucho menos, de suerte que su evolución se ha quedado estancada en papeles protagónicos en títulos de segunda categoría ─salvo alguna honrosa y divertida excepción─ y en roles secundarios en un puñado de producciones de renombre. Ahora regresa fiel a su currículo, con un auténtico castañazo…

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Tim Kearney (Walker) es una de las miles de ovejas descarriadas de la sociedad occidental. Criminal reincidente de medio pelo, cumple su tercera condena en una prisión federal cuando Tad Gruzsa (Laurence Fishburne) le ofrece meterse en la piel del famoso narcotraficante “Bobby Z”, con el que guarda un notable parecido, a fin de intercambiarle por un policía hecho rehén por el peligroso Don Huertero (Joaquim de Almeida). Nada sale como estaba planeado, por supuesto, y el muchacho inicia una continua persecución en la que todo el mundo anda tras él por los más diversos motivos, ninguno de ellos lícito ni legítimo. Si hay algo realmente molesto en un film presupuestariamente humilde como este es que traten de solaparse sus nimios recursos ─en economía y en talento─ con un halo de pretenciosidad realmente irritante. El televisivo John Herzfeld, que ya demostró sus escasas capacidades en el ámbito cinematográfico, consigue engañar al espectador durante los primeros compases de esta trama inverosímil gracias al dinamismo del montaje y la edición, todo remozado con una banda sonora acertada que dota al conjunto de un aspecto agradable y de ritmo fluido. Pero una vez jugadas las pocas bazas con las que cuenta el cineasta, todo se desmorona. Leer más >>

Escrito por Miguel A. Delgado el 29.08.08 a las 8:00
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“Hellboy” es un cómic atípico. Uno casi se atrevería, sorteando posibles anatemas y maldiciones, a definirlo como lo que Hugo Pratt habría hecho si le hubiera dado por crear un superhéroe. Con un gran número de referencias cultas y unas tramas que se inspiran en la mejor literatura de terror, con Lovecraft y los mitos de Cthulhu al frente, está claro que no era material para ninguno de los habituales destripaterrones de Hollywood, esos que todo lo resuelven a base de aluviones de efectos especiales y pirotecnias digitales (¿alguien ha dicho Stephen Sommers o Michael Bay?).

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Está claro que sólo podía ser un alma gemela de Mike Mignola, el creador del cómic, el que fuese capaz de traducir las viñetas al celuloide. Pues bien, ese alma gemela tiene un nombre: Guillermo del Toro. Y si en la primera entrega se acercó bastante a su modelo (aunque renqueando un poco en los momentos más espectaculares), cabe tener esperanza de que haya rematado la faena en esta “Hellboy II: El Ejército Dorado” que se estrena este fin de semana. Puro cine de disfrute para todos los amantes del fantástico, incluso con un detalle que, a estas alturas, resulta deliciosamente arcaizante: el añadir el numeral romano en el título para no ocultar su condición de secuela. Como en los viejos tiempos, sí señor.

En la imagen: Selma Blair y Ron Perlman en “Hellboy II: El Ejército Dorado” - Copyright © 2008 Universal Pictures, Relativity Media, Dark Horse Entertainment y Lawrence Gordon/Lloyd Levin Productions. Foto por Egon Endrenyi. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Lunes 25 Agosto 2008

La primera vez que vi el tráiler de “Zohan: Licencia para peinar” me quedé completamente perplejo. En estos tiempos en los que se califican como bazofias a películas que, siendo mediocres, al menos sirven para pasar el rato (ahí tienen el ejemplo de “La momia: La tumba de emperador Dragón”), me resulta inconcebible que se dé luz verde a auténticas naderías como la que es objeto de este comentario. Ahora bien: Adam Sandler es un actor taquillero, algo que ha vuelto a demostrar con este largometraje, puesto que sus recaudaciones en los Estados Unidos han alcanzado los 100 millones de dólares (su presupuesto fue de 90). Es obvio, pues, que tiene una serie de seguidores incondicionales que están dispuestos a pagar una entrada de cine para ver sus habituales comedietas (si alguna vez se sale del género, tal y como sucedió con “En algún lugar de la memoria” o “Punch-drunk love. Embriagado de amor”, entonces le dan la espalda).

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La trama del filme es de lo más “hilarante”. Zohan es un agente del Mossad al que Israel recurre cada vez que tiene que resolver alguna misión en la que hay unos cuantos terroristas de por medio (no es de extrañar, puesto que sus habilidades casi le convierten en un superhéroe). Sin embargo, su verdadero sueño es ser peluquero, de ahí que no se le ocurra otra cosa que fingir su muerte para poder fugarse a Nueva York, ciudad en la que espera iniciar una nueva vida (tras ayudar a un individuo, éste le invita a la casa en la que vive con su madre). Sin embargo, unos palestinos se percatan de su presencia y no se les ocurre otra cosa que capturarlo para de este modo convertirse en unas celebridades. Leer más >>

Jueves 21 Agosto 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 21.08.08 a las 19:38
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¿Estaremos asistiendo a una edad de plata de la comedia norteamericana? Dicho así puede sonar excesivo, incluso blasfemo, sobre todo si tenemos en cuenta que la edad de oro estaría asociada a apellidos tan ilustres como Wilder, Hawks, Lemmon, Matthau y compañía. Y sin embargo, puede que se trate de una pregunta no tan marciana como en un primer momento puede parecer. Porque nos ha costado bastante separar el grano de la paja, habida cuenta del aluvión de productos fácilmente olvidables (en el mejor de los casos) que nos llegan desde el otro lado del charco; pero al final, un puñado de nombres están reivindicando que hay talento para un tipo de comedia acorde con los nuevos tiempos, que conecta con el público que llena las salas de cine, pero que no necesariamente insulta su inteligencia. Todo lo cual, visto lo visto, no es poco.

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Esta semana nos llega una nueva entrega de uno de los nombres señeros de esta nueva hornada, un Adam Sandler que, tras demostrar que también sabe pulsar la tecla dramática cuando es necesario, vuelve a su especialidad, la comedia de planteamiento atrevido y divertido ya desde su sinopsis. Así, “Zohan: Licencia para peinar”, con esa estrafalaria trama de ex agente del Mossad que finge su propia muerte para cumplir su sueño de ser peluquero en Nueva York, promete. Y el hecho de que Judd Apatow, el mismo que ha logrado combinar los elementos de los que otros sólo sacan productos chabacanos para regalar excelentes momentos cómicos, haya colaborado en el guión, también ejerce de garantía. Ahora, sólo falta que los resultados estén a la altura de las previsiones (o sea, más o menos lo de todas las semanas).

En la imagen: Adam Sandler en “Zohan: Licencia para peinar” - Copyright © 2008 Columbia Pictures, Relativity Media y Happy Madison. Foto por Tracy Bennet. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

Lunes 18 Agosto 2008

Los amantes del cómic y de la serie Batman están de enhorabuena. Christopher Nolan nos ofrece una película de impecable factura visual, narrativa sólida y dinámica, interpretaciones sobresalientes, y personajes de gran hondura antropológica cargados de matices y recovecos. Uno de los superhéroes más humanos de DC Comics continúa su labor como justiciero en las calles de Gotham, donde la Mafia ha encontrado en el psicópata Joker un aliado ocasional para su actividad criminal. Mientras unos luchan por mantener el orden y la legalidad, otros aspiran a controlar el submundo de droga y corrupción, pero ¿qué pretende el siniestro individuo de la sonrisa permanente?, ¿quiere sólo la anarquía y el caos o maquina algún plan retorcido de malévolas intenciones?

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Al director de “Memento” hay que reconocerle el haber conseguido una película de ritmo trepidante, con una puesta en escena espectacular y una precisa narrativa. Entretiene y capta la atención del espectador desde la escena inicial con el robo al banco, pero no se conforma con ello y sabe dotar a sus protagonistas de una profundidad psicológica que va más allá de la persecución y la violencia. En una historia de personajes con identidades ocultas y dobles caras, donde la traición y la venganza se entremezclan con el odio y las convicciones morales, al final todo se reduce al dilema de vivir con o sin principios, de conformarse con la verdad y la justicia social o aspirar a vivir con fe y esperanza en el individuo. Nolan busca penetrar en lo más profundo del hombre con una y otra vuelta de tuerca: se sirve de continuos giros narrativos para una historia con varios finales consecutivos que hubieran resultado igualmente válidos, y fuerza un último encuentro de héroe y villano… hasta alcanzar el núcleo de la cuestión. Es el director quien verdaderamente quiere quitar a Bruce Wayne su máscara de murciélago, quien está interesado en descubrir los móviles de Joker, quien no acepta la integridad moral del nuevo fiscal del distrito de Gotham. Y por eso tanta vuelta y revuelta, tanto cuestionamiento de las apariencias, tanta caída a los infiernos y resurrección de quienes querrían ser “normales” pero que —cara a la ciudadanía y al espectador— son héroes sin mácula o villanos sin posible redención.
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Escrito por Miguel A. Delgado el 18.08.08 a las 5:32
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Esto sí que es demoler una franquicia para construirla de nuevo a partir de cero. Una vez vista “El Caballero Oscuro”, ya no tenemos duda alguna: lo que se apuntaba en “Batman begins” se ha consolidado en ésta, y no queda nada del universo Burton de las dos primeras entregas del anterior ramillete de cintas dedicadas al hombre murciélago (piadosamente, haremos como si las otras dos nunca hubieran llegado a existir). Aquí ya ha desaparecido el universo retorcido, de circo extremo, con que el creador de “Eduardo Manostijeras” revistió su aproximación al personaje de Bob Kane. No, los hermanos Nolan, con la complicidad de David S. Goyer, han arrumbado cualquier deriva fantástica: bienvenidos a un Batman que, más que nunca, muestra su condición de creación medida y estudiada, de impostura. Y sus enemigos no podían ser menos.

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¿El resultado? Una tragedia casi operística, que se cuece a fuego lento y acaba sublimando al héroe en el tramo final. Señores: Christopher Nolan, una vez más, vuelve a rozar la perfección. Si no lo consigue del todo, quizá sea porque la película va de menos a más, de la luz a la oscuridad, pero ese recorrido se hace en algún momento demasiado moroso, como si la trascendencia de lo que se quiere narrar lastrara el ritmo. Pero no es un problema grave, como tampoco lo es que Nolan, como ocurriera en la primera entrega, parezca despachar las escenas de acción con desgana, como un canon que inevitablemente tiene que pagar para que su largometraje sea comercial (uno está convencido de que este hombre sería capaz de hacer una entrega de Batman en la que sus personajes apenas hicieran otra cosa que hablar y reflexionar, como alguna de las más rompedoras propuestas que hemos visto en cómic); no, porque esta película atesora los suficientes momentos grandes como para quedar marcados a fuego en la retina. Leer más >>

Broadway es y seguirá siendo una cantera de inspiración para ese Hollywood que parece herido de muerte en lo que a originalidad se refiere. Lo vimos el año pasado con “Hairspray”, la adaptación a la pantalla grande del famoso musical, y lo volveremos a ver el año que viene con “Nine”, el ambicioso proyecto que unirá en la pantalla a dos ex de Tom Cruise: Nicole Kidman y Penélope Cruz. Y si no hubiera bastante con lo que ofrece la calle por excelencia del teatro musical, parece ser que los productores están comenzando a volver sus ojos también hacia lo que se cuece en este lado del océano.

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“Mamma mia!” es, qué duda cabe, uno de los musicales con sabor europeo más exitosos de la Historia. Tomando como base el repertorio del grupo sueco ABBA, el libreto giraba en torno a Donna, una madre soltera que está haciendo los preparativos para la boda de su hija Sophie. Pero lo que Donna no sabe es que su hija siente inquietud por descubrir quién podría ser su padre, y, a tal efecto, la futura novia decide invitar a su boda a los tres hombres que más probabilidades tienen de haberla engendrado. Una historia, en efecto, muy sencilla, casi rozando la simpleza, y que, aun siendo mejorable argumentalmente, no deja de funcionar como ensamblaje de las canciones de ABBA, que se integran perfectamente en la historia, como si hubieran sido compuestas expresamente para la misma. Leer más >>

Pixar vuelve a sorprender con una película que se aprovecha de los avances infográficos para lograr una mayor perfección en la animación, y que se arriesga a contar una historia muy humana y llena de emoción básicamente sólo con la imagen, a la vez que deja algún que otro mensaje o advertencia. “WALL·E (Batallón de limpieza)” es, en el fondo, una historia de amor en medio de la soledad, pero trufada con una buena dosis de crítica hacia el modelo de sociedad del bienestar que se ha abandonado a la ociosidad y que ha olvidado la riqueza de las relaciones humanas. Es una denuncia ecologista, en tono catastrofista, por el estropicio de un planeta que apostó por el progreso tecnológico y aparcó la vida que la Naturaleza ofrecía. Pero es también una llamada a la esperanza en el hombre, en cuyo interior siempre queda un resquicio desde el que volver a ser él mismo, desde el que reclamar la dignidad que merece y la libertad necesaria para decidir su futuro, aunque en ocasiones eso precise de una revuelta contra los tiranos, aquí personificados en unos robots que han asumido el poder de mando.

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Sin embargo, Pixar no se contenta con hacer un discurso valiente y profundo sobre una sociedad deshumanizada, sino que pretende también hablar al espectador con la sola imagen y defender un cine en estado puro: durante buena parte de la primera mitad no hay diálogos ni explicaciones de lo que pasa, con lo que la historia avanza gracias a una estudiada y precisa planificación, con una sutilidad que exige una actitud activa e imaginativa en quien contempla unos robots que se esfuerzan por entenderse e incluso agradarse. Una narrativa y expresividad que recuerdan al cine mudo, con el aliciente de que aquí los gestos se dibujan sobre el latón más o menos primitivo, más o menos sofisticado. Entre WALL·E y EVA existen verdaderas y auténticas relaciones humanas, con momentos emocionantes y líricos —ahí está ese baile en el espacio— junto a otros profundamente dramáticos —como la escena de WALL·E desmemoriado—. Pero también entre los humanos “exiliados” encontramos comportamientos que van de lo puramente maquinal —patética es esa serie de gordos especímenes sin personalidad tomando el sol de manera rutinaria— hasta la titánica reacción del comandante al son de “Así habló Zaratustra” de Richard Strauss, en clara alusión al film de Stanley Kubrick. Leer más >>