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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Viernes 31 Octubre 2008
Escrito por José Arce el 31.10.08 a las 17:00
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Rectificar es de sabios, reza el dicho. Pero las rectificaciones forzosas ya son otra historia. En el caso del cine, infinita es la lista de realizadores cuyas carreras se han visto sepultadas por un triunfo inicial, por un acierto sin fisuras en el arranque de sus trayectorias que para siempre condiciona el resto de su evolución tras las cámaras. Así que, llegados a cierto punto en el que los titubeos creativos ─y los costalazos en taquilla─ se acompañan de una posible sequía de financiación, no queda sino volver la vista atrás y tratar de recuperar el aroma de laureles pasados. Y después de “Alatriste”, Agustín Díaz Yanes no tenía muchas más salidas…

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Gloria (Victoria Abril), Aurora (estupenda Ariadna Gil), Paloma (Pilar López de Ayala) y Ana (Elena Anaya) hacen lo que sea necesario para sobrevivir. Hembras fuertes, independientes, robustas, hartas de la dominación forzosa de los hombres. Tras un hurto frustrado, las circunstancias de la vida las llevan a dar con sus cansados huesos en México D.F., donde organizan un robo que podría acabar con sus penurias para siempre desvalijando a los peligrosos mafiosos Félix (José María Yazpik) y Gabriel (Diego Luna). Resulta evidente que las intenciones del cineasta con “Sólo quiero caminar” pasan por recuperar el espíritu de su celebrada “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”, para lo que dispone un mundo podrido, sucio y corrupto, en el que prácticamente nada ni nadie escapa al halo perverso que envuelve entornos, situaciones y personajes. Sin embargo, es innegable que el realizador peca de ambicioso ─sin pretenciosidad─ en la materialización visual y rítmica de sus propósitos. … sigue >>

Jueves 30 Octubre 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 30.10.08 a las 21:53
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dejavu-en-brideshead-2.gifReconozco que la primera vez que vi el tráiler de “Retorno a Brideshead”, la nueva adaptación de la famosa obra de Evelyn Waugh que se estrena este viernes, me quedé un tanto desconcertado. He de aclarar de antemano que la imagen que tengo en mi mente no es la del libro, sino la de la inolvidable serie que hizo famoso a Jeremy Irons y que nos permitió comprender, de una vez por todas, por qué la aristocracia inglesa, una vez iniciado el siglo XX, se convirtió en algo decadente y triste. Aunque lo cierto es que no la vi en su momento: entonces era demasiado pequeño, probablemente la emisión iría encabezada por dos rombos (si es que aún existía tan añejo método de calificación moral de las cosas que se emitían por televisión) o simplemente yo, de todas maneras, tenía intereses bastante diferentes. En fin, sea por una razón, por la otra, o por una adecuada combinación de ellas, no fue hasta hace poco cuando por fin me senté a verla.

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Y el resultado fue deslumbrante. Hasta tal punto que me parece casi un suicidio artístico y comercial el atreverse a contarnos de nuevo la misma historia. Sí, ya sé que hay mil y un ejemplos de lo mismo en la Historia del Cine (¿cuántas veces nos han contado “La isla del tesoro”?), pero es que, en este caso, me quedé con la sensación de que aquélla era la única manera de narrar la historia de Charles Ryder y los hermanos Flyte, católicos en tierra infiel, cuyos muros de la maravillosa mansión Brideshead no hacen más que chirriar mientras el período de entreguerras los va royendo y destruyendo. En fin, me da algo de confianza que en la película destaque Emma Thompson en el papel de la madre (que, además, por lo visto en el tráiler, parece tener un peso mayor que en la serie) y saber que por ahí pululan Michael Gambon y Greta Scacchi (¡cuánto tiempo sin saber nada de esta chica!). Esperemos en esta ocasión no tener que decir lo mismo que al parecer comentó Billy Wilder tras terminar de ver el remake de su “Sabrina”: «¿Era necesario?».

En la imagen: Fotograma de “Retorno a Brideshead” - Copyright © 2008 Miramax Films, UK Film Council, BBC Films, HanWay Films, 2 Entertain, Screen Yorkshire y Ecosse Films. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados.

Escrito por Miguel A. Delgado el 30.10.08 a las 0:12
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Hubo un tiempo en el que encontrarse con una película que estuviera coproducida por una combinación de países de lo más dispar, protagonizada por actores norteamericanos (normalmente en horas bajas) y con un look aparentemente hollywoodiense, era para echar a correr en sentido contrario al de la entrada del cine donde se proyectase. Sin embargo, hay que reconocer que el productor español Julio Fernández, a través de Filmax, ha conseguido que una serie de cintas de interés hayan sido realizadas… cumpliendo esas condiciones. Y “Transsiberian” es un estupendo ejemplo de que el europudding no tiene que ser sinónimo de mal cine; al contrario, la cinta que ahora nos ocupa tiene el don de saber beber del cine más clásico en su forma de narrar, planteando una historia claustrofóbica en el interior del tren más exótico del mundo, el Transiberiano, antaño ejemplo de lujo y hoy en día, en la era del avión, un transporte viejo y con problemas de mantenimiento para la población que no puede costearse viajar de otro modo a través de la línea que nace en Pekín y muere en Moscú.

Así, el director Brad Anderson y Will Conroy, su coguionista, levantan con estos ingredientes un film de sabor clásico, en el que una pareja de ingenuos turistas despistados (más él, Woody Harrelson, que ella, una estupenda Emily Mortimer) se ven involucrados, a su pesar, en una trama desencadenada por una extraña pareja, la formada por Eduardo Noriega (sorprendentemente ajustado a su papel) y Kate Mara, y en la que se verán abocados a una situación en la que nadie es lo que parece y la acción va avanzando sin que sus bordes puedan entreverse hasta pasado medio metraje. Si a todo esto unimos uno de esos secundarios que son siempre una garantía (el extraordinario Ben Kingsley, llenando de nuevo cada plano en el que aparece), una trama hábilmente trazada —en la que incluso los momentos más inverosímiles se deslizan sin dejar huella gracias al férreo montaje— y un uso adecuado y absorbente de las posibilidades de unos escenarios bellísimos, tenemos como resultado una película de entretenimiento que funciona. Quizá lo que más sorprenda sea el escaso aprovechamiento de un actor tan dotado como Thomas Kretschmann, quien parece tener algunos problemas para encauzar su carrera tras el brillante descubrimiento que supuso para el gran público su participación en “El pianista”. … sigue >>

Miércoles 29 Octubre 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 29.10.08 a las 23:10
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elnidovacio-miguel.gifAhora que los retratistas de las vicisitudes de la burguesía intelectual parecen encontrarse en horas bajas (¿alguien ha dicho Woody Allen?), reconforta ver que hay una generación de cineastas dispuestos a tomarles el relevo, y además hacerlo con buen pulso. A estas alturas, Daniel Burman es todo menos un recién llegado a la dirección, y poco a poco ha ido construyendo una filmografía coherente y fácilmente reconocible, en la que no es difícil descubrir unas raíces que beben en la herencia del cine europeo, especialmente François Truffaut, a la que consigue insuflar nueva vida, huyendo de la mera imitación para abordar las coordenadas de su peripecia vital: argentino, judío, hijo, esposo, padre… En “El nido vacío” parece lanzar una mirada a un posible futuro, algo que refleja a la perfección la larga elipsis que recorre la cinta, adelantándose a la experiencia que supondrá el que sus tres hijos, ahora pequeños (Burman nació en 1973), se vayan de casa y dejen el nido vacío que da título al largometraje. Imposible saber a ciencia cierta las coincidencias que el escritor interpretado por Oscar Martínez (Concha de Plata al Mejor Actor en el pasado Festival de San Sebastián) pueda tener con el director, pero resulta innegable que es el personaje cuyo comportamiento la película analiza con mayor atención.

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Lo que le sucede no es ninguna novedad: ante la repentina noticia de que se está haciendo viejo (que es, poco más o menos, como se toma la independencia de su hija, la única que quedaba por independizarse y que se ha ido a vivir a Israel con su pareja), comienza a fantasear con tener una aventura con su joven dentista, con probar nuevos caminos profesionales… y entonces sufre un bloqueo creativo que le impide iniciar un nuevo libro, algo que insistentemente parece pedirle todo el mundo. Por otro lado, su mujer —la siempre estupenda Cecilia Roth—pasa a ser una desconocida que habita su mismo piso, organiza fiestas sorpresa con sus amigos sin advertir a su pareja y se matricula de nuevo en la universidad para terminar una carrera que tuvo que dejar a medias para cuidar de los niños y apoyar la trayectoria de su marido. En esa incomunicación, lo único que le queda al protagonista, aparte de sus anhelos (que siempre duda si son recuerdos de algo verdaderamente sucedido o deseos de algo que quiere que ocurra), es la compañía fantasmal de un extraño consejero psicológico que le dice lo que quiere oír para entender y racionalizar su comportamiento. … sigue >>

Escrito por Miguel A. Delgado el 29.10.08 a las 18:31
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La filmografía de Werner Herzog podría ser un argumento perfecto para todos aquellos que dicen que la distinción entre cine de ficción y de no ficción no es algo tan evidente como parece. Y es que basta echar un vistazo a la extensa nómina de documentales firmados por el alemán (aún tenemos bien fresco el impresionante “Grizzly Man” que nos regaló hace un par de años) para comprobar cómo la mirada que arroja sobre las realidades que filma, en cierta forma, las herzogiza, hasta el punto de que muchas de las cosas que nos cuenta, y de los personajes que en ellos aparecen, podrían perfectamente poblar cualquiera de sus películas de ficción.

Desde luego, no es “Encuentros en el fin del mundo” una propuesta que vaya a cambiar esta tendencia, porque su viaje a la principal base científica actualmente en funcionamiento en la Antártida, y su retrato de las personas (casi sería factible hablar de personajes) que habitan en ella apenas desmerecen de los interpretados por Klaus Kinski en sus obras más recordadas. Del científico jefe de buzos que suele ponerle a su equipo cintas de ciencia ficción de los cincuenta, al soldador convencido de descender de la realeza azteca o el experto en pingüinos que casi ha olvidado lo que es el contacto humano tras dos décadas investigándolos, todos ellos amplían la galería de sujetos que buscan, a través de retos aparentemente imposibles, hallar una grieta por la que huir de una civilización enferma. … sigue >>

Jueves 23 Octubre 2008

Por desgracia para la humanidad, ahora ya no tengo la menor duda de que habrá una cuarta entrega de la saga que se inició con “Austin Powers”. Y es que, si exceptuamos la trilogía “Shrek”, la carrera comercial de Mike Myers no es que esté atravesando un buen momento (de la artística mejor ni hablar). Así, puede que “El gato” recaudara poco más de 100 millones de dólares en los Estados Unidos, pero el mercado internacional le dio la espalda. Respecto a “El gurú del buen rollo”, se ha convertido en uno de los fiascos del verano, ingresando unos 30 millones en Norteamérica y obteniendo unas cifras ridículas en los países más importantes en los que se ha estrenado hasta ahora.

La película, si es que se puede llamar así, nos presenta al gurú Pitka, quien ha de lidiar con los problemas amorosos de un jugador de hockey. Así, su mujer, Prudence Roanoke, lo ha abandonado y no se le ha ocurrido otra cosa que liarse con uno de sus rivales en la competición. A causa de ello, los resultados del equipo de esta estrella deportiva son desastrosos, de ahí que su propietaria, Jane Bullard, requiera de sus servicios para solucionar semejante circunstancia. Por su parte, Pitka también tiene un deseo: convertirse en el gurú número uno del mundo, algo para lo que considera necesario salir en el programa de Oprah Winfrey (sí, el mismo en el que Tom Cruise se dedicó a dar saltitos en un sofá). … sigue >>

Escrito por Manuel Márquez el 23.10.08 a las 22:02
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El cuerno de la abundanciaNo deja de sorprenderme, una semana más, la cantidad de estrenos que llegan a la cartelera de este viernes; bien es cierto que buena parte de ellos lo hace con un número de copias, y un ámbito geográfico de distribución, que cabría calificar de pírrico, pero, aún así, no deja de ser una cantidad sustanciosa. Entre los que no cuentan con un gran volumen de rollos circulando por las salas, se encuentra la última película del cubano Juan Carlos Tabío, “El cuerno de la abundancia”: una co-producción hispano-cubana (difícil, dada la situación económica de la isla, plantearse iniciativas cinematográficas sin el apoyo financiero de la “metrópoli”…), que ofrece tintes de comedia amable y sabrosa, y con la que Tabío trata de seguir sacando punta al buen nombre —y respetables resultados comerciales— alcanzado gracias a sus colaboraciones con el finado Tomás Gutiérrez Alea, autor de los más llamativos éxitos del cine cubano de las dos últimas decadas y responsable de que el mismo, aun sin poder presumir de una especial pujanza, no haya quedado, al menos, reducido a pura entelequia.

A priori, pues, no cabe esperar un producto especialmente rompedor, sino más bien algo continuista, y sujeto a las claves de ese cine del tándem Alea-Tabío que se han erigido en “marca de la casa”, y que se podrían resumir, a grandes rasgos, en una visión vitalista y esperanzadora de un panorama social, el de Cuba, del que se es consciente que no ofrece motivos para grandes entusiasmos, pero al que tampoco se critica con mayor acritud —a lo sumo, alguna pincelada más irónica que incisiva—, bajo la premisa de que, al fin y al cabo, todo es cuestión de mirada. Y la de Tabío (sin duda alguna, bastante complaciente), cabe suponer que ofrecerá como resultante un producto de visionado agradable y generador de sonrisas plácidas (y un pelín cómplices). Si a eso añadimos la presencia de intérpretes sobradamente conocidos en nuestro país, como el omnipresente Jorge Perugorría o la veterana y atractiva Mirtha Ibarra, y el salpimentado de varias escenas algo más que subiditas de tono (los rigores del invierno tardan en llegar, pero parece que la cartelera cinematográfica no termina de enterarse, y ya ofrece antídotos numerosos y contundentes…), puede que tengamos los ingredientes necesarios para un buen menú. … sigue >>

Escrito por Miguel A. Delgado el 23.10.08 a las 20:46
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La verdad es que se trata de esas situaciones que uno considera que se aproximan bastante al sinsentido. Me explico: este fin de semana se estrena “High school musical 3: Fin de curso”, la nueva entrega de una saga que, a buen seguro, ni siquiera los más entusiastas de los ejecutivos de la Disney pensaron que podría convertirse en el éxito planetario que está siendo. Tocando teclas que, para qué engañarnos, no tienen nada de nuevo, los creadores de “HSM” han encontrado la manera de conectar con una masa de adolescentes que encuentran en las andanzas de los Troy, Gabriella y compañía el reflejo de un mundo idílico en el que les gustaría habitar. Bueno, lo cierto es que a todas las generaciones nos ha pasado, y cuando uno deja a un lado el filtro de la nostalgia, suele llevarse desagradables sorpresas y descubrir que aquello que tenía mitificado, en realidad, no ha resistido el paso del tiempo tan bien como creía…

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Con este estreno volverá a ocurrir un ritual que tampoco tiene nada de nuevo: la mayoría de los críticos entraremos a saco contra la cinta, lamentaremos que un producto tan prefabricado como éste ocupe cientos y cientos de pantallas… puede que hasta cuestionemos la moralidad de lanzar a los chicos unos modelos más falsos que un billete de quince euros. En cuanto a las calificaciones, no parece demasiado aventurado que costará encontrar casos en los que se supere la estrella o la estrella y media… Y, en definitiva, ¿de qué servirá tanta dureza crítica a la hora de que los espectadores decidan qué quieren ver? Esta pregunta es la más fácil: de nada. Si no ocurre un cataclismo, “HSM3″ se encaramará a lo más alto de la lista de películas más vistas, y su taquilla será de las que despiertan la envidia de todo el gremio. Vamos, que el papel del crítico se quedará reducido a la mínima expresión: al público al que se dirige esta cinta, poco le importa lo que opinemos. Pero consolémonos, que ya digo que no es nuevo; ocurrió antes, con fenómenos como “Grease”, y aún existen los críticos. Y seguirán estando ahí cuando se estrene “High school musical 4”, ¿qué se apuestan?

En la imagen: Zac Efron y Vanessa Hudgens, el epicentro de “High school musical 3: Fin de curso” - Copyright © 2008 Walt Disney Pictures y Borden/Rosenbush Entertainment. Fotos por Fred Haynes y John Bramley. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

Domingo 19 Octubre 2008
Escrito por Manuel Márquez el 19.10.08 a las 18:03
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No les voy a ocultar mis simpatías generales por el cine europeo, en general, y británico, en particular; este último, con el hándicap añadido de tener que compartir espacio idiomático con la “cinematografía del imperio”, y todo lo que ello comporta en términos de dificultad para hacerse un hueco específico y diferenciado. En ese sentido, siempre me inspira bastante alegría —además, no es tan frecuente como uno quisiera— el disponer en la cartelera de algún film de las islas que poder ver; si, por lo demás, se trata de una propuesta de aspecto simpático y pretensiones sencillas, miel sobre hojuelas. Mas mi gozo, en un pozo: “Corredor de fondo” es una propuesta agotada en todos sus términos, que no ofrece ni un solo apunte original y que, más allá de lo relativamente aseado de sus formas, deja sumido al espectador en lo más terrible en que un film puede dejarlo: la más mortal de las indiferencias. O, en vulgar castellano, ni fu, ni fa…

La acumulación de elementos argumentales manidos de los que hace gala la cinta que firma el televisivo David Schwimmer sepulta, bajo su peso ominoso, cualquier atisbo de disfrute; al fin y al cabo, y en lo que atañe a cuestiones de otra índole, la película no incurre en excesivos dislates: su ritmo de narración es pasablemente ágil; las interpretaciones de sus protagonistas —no siempre, pero sí en algunos momentos— se soportan bien; la colección de canciones que trufan la banda sonora (en esa moda que viene imponiéndose en estos últimos años, y que parece hacer imposible el manufacturar una comedia que no se soporte en una nutrida y digna colección de éxitos del pop de un abanico temporal amplio) es bastante potable. Son elementos que evitan que el visionado se convierta en una experiencia torturadora, pero que no evitan que uno pase los cien minutos de duración de la cinta esperando —infructuosamente, por supuesto— que aparezca algún giro argumental que no haya visto en mil y una de las más exitosas comedias recientes —o sea, que no se trata de un problema reservado a “paleocinéfilos”, sino que es algo que afectará a todo el común de los mortales—. … sigue >>

Escrito por Miguel A. Delgado el 19.10.08 a las 17:14
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camino-miguel.gifSobre el papel, podría parecer que el cambio de registro entre las películas anteriores de Javier Fesser y “Camino” es un salto sin red: de las comedias deudoras de los dibujos animados, el cine mudo y todo un arsenal de referencias generacionales para los que ahora rondan la cuarentena, a un intenso drama sobre la enfermedad y muerte de una niña, la Camino del título (Nerea Camacho), cuyas ramificaciones acaban tocando los temas de la fe, el sentido del sufrimiento y la religión institucionalizada y representada en un Opus Dei que, en la cinta, aparece como una organización de control férreo donde el cumplimiento de sus ideales se convierte en fin último y supremo de todos sus integrantes. Con este panorama, es evidente que los obstáculos y los problemas a los que se iba a enfrentar Fesser en el que es, quizá, su proyecto más ambicioso, podían convertir la cinta en un campo de minas difícil de manejar; y así, hay aspectos que funcionan con una fuerza innegable mientras que otros, sin embargo, chirrían y no aportan al conjunto lo que cabría esperar de ellos.

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A pesar de esto, de lo que no cabe duda es de que la película es un producto cien por cien Fesser, por cuanto los rasgos que han marcado su estilo, por más que aquí hayan tenido que adaptarse al tono de una historia extremadamente dramática, siguen estando presentes. Sobre todo a la hora de ponerse en el lugar de la niña protagonista y trazar el retrato, entre ingenuo e ilusionado, de quien apenas está comenzando a asomarse al mundo y a conocer, por un lado, la influencia de un entorno extremadamente religioso y, por el otro, el descubrimiento del primer amor y el torrente de sentimientos encontrados que ello supone. Y también, la manera en la que su mente infantil integra elementos procedentes de mundos tan dispares. Pero quizá lo que más sorprenda es la mano firme con la que el director es capaz de llevar la historia en sus tramos, digamos, más realistas: con una capacidad de descripción que inunda la pantalla, paradójicamente el director de “El milagro de P. Tinto” parece encontrarse más cómodo retratando la rutina aniquiladora de la personalidad de la casa en la que vive la hermana mayor (Manuela Vellés), el sufrimiento de una madre (simplemente extraordinaria Carmen Elías) o la rebeldía nunca manifestada de un padre (Mariano Venancio) que apenas hace otra cosa que dejarse arrastrar por los acontecimientos. … sigue >>