No les voy a ocultar mis simpatías generales por el cine europeo, en general, y británico, en particular; este último, con el hándicap añadido de tener que compartir espacio idiomático con la “cinematografía del imperio”, y todo lo que ello comporta en términos de dificultad para hacerse un hueco específico y diferenciado. En ese sentido, siempre me inspira bastante alegría —además, no es tan frecuente como uno quisiera— el disponer en la cartelera de algún film de las islas que poder ver; si, por lo demás, se trata de una propuesta de aspecto simpático y pretensiones sencillas, miel sobre hojuelas. Mas mi gozo, en un pozo: “Corredor de fondo” es una propuesta agotada en todos sus términos, que no ofrece ni un solo apunte original y que, más allá de lo relativamente aseado de sus formas, deja sumido al espectador en lo más terrible en que un film puede dejarlo: la más mortal de las indiferencias. O, en vulgar castellano, ni fu, ni fa…

La acumulación de elementos argumentales manidos de los que hace gala la cinta que firma el televisivo David Schwimmer sepulta, bajo su peso ominoso, cualquier atisbo de disfrute; al fin y al cabo, y en lo que atañe a cuestiones de otra índole, la película no incurre en excesivos dislates: su ritmo de narración es pasablemente ágil; las interpretaciones de sus protagonistas —no siempre, pero sí en algunos momentos— se soportan bien; la colección de canciones que trufan la banda sonora (en esa moda que viene imponiéndose en estos últimos años, y que parece hacer imposible el manufacturar una comedia que no se soporte en una nutrida y digna colección de éxitos del pop de un abanico temporal amplio) es bastante potable. Son elementos que evitan que el visionado se convierta en una experiencia torturadora, pero que no evitan que uno pase los cien minutos de duración de la cinta esperando —infructuosamente, por supuesto— que aparezca algún giro argumental que no haya visto en mil y una de las más exitosas comedias recientes —o sea, que no se trata de un problema reservado a “paleocinéfilos”, sino que es algo que afectará a todo el común de los mortales—.
Desde tal punto de vista, el largometraje hace aguas, y las hace de manera irremisible: cuando una narración ha de basar su eficacia dramática (en este caso, cómica) en la capacidad de causar sorpresa de sus gags, y éstos nos remiten —todos: ya sean visuales, gestuales o verbales— a una fastidiosa sensación de déjà vu (ya hemos visto a la pareja separada en la que se interpone un tercer miembro destinado a ser el antagonista del “bueno”; ya hemos visto al niño convertido en el “pivote” sobre el que se articulan los giros de la relación a tres bandas de los protagonistas adultos; ya hemos visto la “travesía del desierto” del “desterrado” que, ¿de qué trabaja? De guardia de seguridad, faltaría…; ya hemos visto, ya hemos visto…), queda poca esperanza a la que acogerse. Una lástima, porque no cabe duda alguna de que el trío de protagonistas, y buena parte de los secundarios, disponiendo de un guión más solvente, hubieran podido dar bastante más de sí.

Otra vez será. Estoy convencido de que un garbanzo negro no estropea un buen cocido, y no voy a perder la fe en las bondades y capacidades del cine británico para “cocinar” magníficos productos. Pero a este “Corredor de fondo”, particularmente, le faltan muchísimos hervores, y le sobran muchos “huesos gastados”. Casi tantos como vallas y banderolas de una conocida marca de prendas deportivas, cuyo anagrama se hace omnipresente a lo largo de buena parte del metraje: ahí sí han echado el resto. ¿El signo de los tiempos? Algo de eso debe de haber, cómo no…
Calificación: 3/10
En las imágenes: Fotogramas de “Corredor de fondo” – Copyright © 2007 Picturehouse, Entertainment Films y Material Entertainment. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.
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