No deja de ser sorprendente que algunas de las voces más críticas contra “Valkiria” hayan utilizado, como uno de sus argumentos pilares para denostarla, el del suspense ineficaz que viene dado por un final que ya conocemos. Como si el suspense únicamente se tratara de un in crescendo que debe deparar su sorpresa justo en el último momento, como si no se pudiera articular en torno a puntos de inflexión hasta llegar a este, y la última película de Bryan Singer hubiera estado condenada incluso antes de su estreno. Así que ante la negación de que el cine puede recoger sus frutos con episodios históricos tan infructuosos como interesantes como la operación Valkiria, uno puede asistir a la sala con dos actitudes bien distintas: empecinado en tirarla por tierra porque ya sabe cómo acabará, o dispuesto a conocer una trama fascinante que, en el mejor de los casos, puede llegar a hacerle dudar de la muerte de Adolf Hitler.

Y a fe mía que adoptar la segunda es la mejor manera de disfrutar “Valkiria” como lo que es: un entretenimiento que funciona como un reloj suizo, absorbente y espectacular como pocos. Si bien nunca vestirá tintes de vocación documental, si bien no funcionará como preciso e impecable documento histórico, sí que se trata de una ejemplar muestra de cómo poner la realidad al servicio del celuloide para construir apasionantes discursos. En este sentido, “Valkiria” es un intenso proceso de espectacularización de los hechos que retrata, apasionado y apasionante para aquella audiencia que se entregue, y a pesar de su falta de distanciamiento tanto con la misma como con aquello que nos cuenta.
Si hay un sello que caracterice a su autor, Bryan Singer, ése es el de su capacidad para forjar entretenimientos apabullantes, algunas veces como brillante tahúr (“Sospechosos habituales”), otras como idóneo adaptador de la mitología del superhéroe (“X-Men”). Singer vence y convence en sus aspiraciones de lograr un atractivo pasatiempo, perfectamente acompañado por una cámara que sabe dónde estar para enfatizar el espectáculo aunque a veces raye el artificio. Por contra, de lo que sí adolece “Valkiria” es de capacidad de reflexión más allá de Richard Wagner y las Valquirias (Woody Allen consiguió más con su pequeño chiste que David Bamber en su monólogo), más reposo y detenimiento en los dramas humanos, que también forman parte de su historia y que se muestran sustancialmente menos efectivos que sus conseguidos pasajes de suspense insostenible (no tomaremos el nombre de Alfred Hitchcock en vano si, en la escena del maletín-bomba, nos acordamos de “Sabotaje”).

Tom Cruise compone al héroe Von Stauffenberg con comedimiento y aplomo no de gran actor, pero sí de intérprete solvente que certifica una vez más su crecimiento a lo largo de su filmografía. Cruise incorpora un personaje icónico, tanto por sus actos como por sus rasgos, inscribiéndose en la tradición cinematográfica de héroes con parche. A su alrededor, veteranos como Terence Stamp o Tom Wilkinson son un seguro y solo han de lamentar su escasez de minutos en pantalla. Su intervención es factor determinante para imprimir a “Valkiria” buena parte del poder que atesora y que la convierte en eficaz ejercicio de suspense que no defraudará a quien se acerque a ella en busca de evasión, aunque quizá sí al que lo haga en busca de algo más.
Calificación: 6/10
En las imágenes: Fotogramas de “Valkiria” – Copyright © 2008 Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, United Artists y Bad Hat Harry Productions. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.
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La película está bastante bien. Estoy harto de pelis ridiculamente lentas. Walkiria cuenta una historia de acción apasionante, de manera rápida y sin grandes alaracas morales. Está muy bien ambientada y da una idea bastante certera de como se forjan los golpes de estado.
Precísamente, esa crítica sobre que no hay suspense porque se sabe el final me ha dejado desconcertado cada vez que la he leído. Si eso fuera verdad, no se podría hacer cine basado en hechos históricos, ni en hechos reales, ni adaptaciones de novelas. ¿Qué sentido tiene hacer “Los 10 mandamientos” si ya sabemos que los israelitas escaparán del faraón. ¿Por qué adaptar “El Señor de los anillos”, si todo el mundo que ha leído el libro sabe que Ella La Araña no se comerá a Frodo. De verdad que es la crítica más absurda que se le puede hacer a una película.
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