Las dos especies más reconocibles del fantástico de todos los tiempos nos invitan a conocer los orígenes de su conflagración oculta, buscando aportar más datos a la mitología de la saga. El resultado, pobre en todos los sentidos.
En 2003, “Underworld” desembarcó en las salas de medio mundo recaudando cerca de cien millones de dólares, más de cuatro veces su presupuesto. Así, con una estética tan heredera como contemporánea de la saga de los hermanos Wachowski ─coincidió con “Matrix reloaded” y “Matrix revolutions”─, presentaba un elenco sombrío y cool, sumergido en un entorno de violencia estética y acción ralentizada que hizo las delicias de millones de espectadores, abriendo a Les Wiseman las puertas de la industria y la continuación de su pelotazo comercial. Así, tres años más tarde, “Underworld evolution” profundizaría en el desarrollo del primigenio enfrentamiento entre las razas que campan a sus anchas por nuestro planeta. Más de lo mismo, sin duda, pero igualmente efectivo a la hora de recoger beneficios. Y si hay algo que el género hace con especial insistencia es exprimirse a sí mismo, por lo que el tercer capítulo debía llegar tarde o temprano.

En un mundo sumido en una noche eterna, los vampiros liderados por Viktor (Bill Nighy) atisban una era de decadencia, amenazados constantemente por las salvajes bestias que moran más allá de los muros de su fortaleza. Además, su hija, Sonja (Rhona Mitra), vive un amor secreto con Lucian (Michael Sheen), herrero y esclavo personal de su padre. Secreto, y prohibido, porque el vasallo es un hombre lobo… “Underworld: La rebelión de los licántropos” busca, teóricamente, afianzar en el imaginario de los aficionados el germen de la saga invitándonos a conocer el origen de las disputas narradas en los dos episodios posteriores, un viaje atrás en el tiempo que se antoja seminal a la hora de dibujar los trazos de las andanzas futuras de Kate Beckinsale y Scott Speedman. Una idea loable, pero que se estrella frontalmente con cualquier viso de calidad cinematográfica si la responsabilidad del proyecto recae en Patrick Tatopoulos, competente en el campo de los efectos especiales pero no tanto desde la butaca de director.

Las pretensiones dramáticas del film a la hora de plasmar las desventuras de estos imposibles Romeo y Julieta quedan solapadas por una puesta en escena que tiene en la nocturnidad de la práctica totalidad del metraje una traba insalvable, en buena medida por la sumisión del realizador a esa cansina y cada vez más habitual tendencia que elude el espectáculo de las escenas de acción en aras de la más absoluta de las confusiones derivada de una cámara nerviosa, epiléptica, que impide disfrutar de lo que debería ser un torbellino palomitero y fugaz, sí, pero disfrutable y sin fisuras. Michael Sheen, intérprete siempre versátil pero despistado como esta suerte de Espartaco bajo la luna llena, sucumbe de manera inevitable ante un Bill Nighy sobreactuado y lastrado por sus propios tics pero capaz de ejercer de sólido centro de atención ante la tramposa y hueca presentación de Rhona Mitra, anecdótica y pasajera, mero reclamo comercial insuficiente por lo vago e inane de su rol. Pobres retazos aporta esta propuesta a su propia mitología, más allá de comprobar cómo empezó todo; eso sí, razón no faltaba a los lycans para alzarse contra sus opresores de afilados colmillos, visto lo visto. Pero la torpeza y ñoñería del conjunto no engaña a un palco sabedor de que estamos ante un producto que busca poco más que rascar el bolsillo del respetable, a la espera de que su paciencia se agote y dé la espalda a una franquicia a la que poco le queda por ofrecer. Al menos, en la gran pantalla.
Calificación: 4/10
En las imágenes: Fotogramas de “Underworld: La rebelión de los licántropos” © 2009 Screen Gems, Lakeshore Entertainment y Sketch Films. Fotos por Ken George. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.
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“Underworld: La rebelión de los licántropos”. Demasiado actor para tan poco argumento…
Una superflua propuesta en la que se echa en falta un guión más elaborado. La historia no da para mucho y los efectos especiales cumplen pero no deslumbran. Lo mejor, las interpretaciones de Bill Nighy y Michael Sheen.
¿De verdad era necesaria esta …
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