Cine histórico-político que no entra a retratar a sus personajes más allá de la acción seca y brutal, con un guión centrado de manera abrumadora en el relato de los hechos, pero bien rodado y montado.
Hace ya tiempo que el cine alemán asaltó el archivo histórico nacional para dar su propia versión del pasado, especialmente de los puntos oscuros de la época contemporánea. Un derecho legítimo y loable que busca entender a sus antepasados desde la mentalidad germana, y también ahuyentar temores e incertidumbres sobre un futuro en que se puedan repetir errores antes cometidos. Lo hemos visto recientemente en “La Ola” y ahora, Uli Edel y su guionista Bernd Eichinger —también responsable de “El hundimiento”—, nos lo muestran en “RAF: Facción del Ejército Rojo”, crónica de la gestación y actividad del grupo terrorista alemán durante la década de los setenta. Y nunca mejor dicho lo de “crónica”, porque lo que se sucede en la pantalla es un desarrollo pormenorizado de cada uno de sus atentados y atracos, disensiones y secuestros, huelgas de hambre, juicios, incendios y chantajes en una escalada de violencia sin término. Unas actuaciones perpetradas por la primera generación revolucionaria, que se ve revisada y ampliada por la segunda y tercera, hasta el punto de que la lucha armada se les va de las manos y se vuelve contra la población civil.
Comienza la historia a finales de los convulsos sesenta, entre playas nudistas que reclaman la liberación sexual y manifestaciones estudiantiles contra el imperialismo yanqui. Fogonazos para retratar a una generación perdida, idealista y desencantada con la sociedad que sus mayores han forjado, que clama por una nueva moral y por descolgarse de un sistema que consideran burgués y acomodado. Son los grupos anarquistas que pronto se organizan en comandos y se disponen para la lucha, que acuden a los campamentos jordanos para adiestrarse y no dudan en perpetrar las más brutales acciones en lo que consideran una guerra urbana. Gritan contra la presencia americana en Vietnam o a favor del pueblo palestino, citan a Mao cuando se ven acorralados por las fuerzas de seguridad del estado y consideran como traición la estrategia de las nuevas células terroristas. Actitudes agresivas y drásticas del colérico Andreas, o más tácticas e ideológicas de la periodista Ulrike, que responden al mismo fanatismo ideológico, puesto al servicio de una causa revolucionaria que se levanta por encima y aplastando a la persona.
La pantalla recoge el atentado contra el equipo israelí en los Juegos Olímpicos de Munich o el asalto a la embajada alemana de Estocolmo, el secuestro con rehenes del avión de Lufthansa o el del presidente de la patronal germana. A cada paso, el espectador queda atrapado entre una ráfaga de metralleta o un disparo a quemarropa, entre una discusión acalorada y la operación terrorista… lo mismo que esa niña que fotografía el cerco y asalto policial. Eran idealistas y se han convertido en un mito, y como tal deben salir de la historia. Eso es lo que dice el jefe de policía cuando se le pregunta por los motivos que tienen para la acción armada, apuntando que la clave del éxito está en remover las situaciones (objetivas) que animan esa lucha, tarea que corresponde a los políticos y no a la policía. Violencia en las calles y las cárceles, en los tribunales y en el interior de las personas, con armas y con la palabra, con huelgas de hambre y chantaje de rehenes… hasta traspasar las fronteras y convertirse en terrorismo internacional indomesticable, desobediente, irracional…
Cine histórico-político que no entra a retratar a sus personajes más allá de la acción seca y brutal, con un guión centrado de manera abrumadora en el relato de los hechos, pero bien rodado y montado con ritmo trepidante que no deja respirar al espectador, al que llega a agotar con tanta violencia y reiteración —aunque sea verídica y real, pero repetitiva porque el discurso terrorista es bien simple—. Las interpretaciones de todos son intensas y de gran fuerza, pero frías y sin lugar para la emoción, con una Martina Gedeck que arranca los mejores momentos cuando su personaje se transforma y abandona a sus hijas para pasar de la teoría de la pluma a la praxis de la pistola, o durante su enajenación en la celda de aislamiento. También con la presencia de Bruno Ganz como jefe de policía juicioso que da en el clavo en su análisis del problema, o teclea su máquina de escribir mientras escépticamente recibe felicitaciones por una operación que algunos presumen como definitiva.
Uli Edel trenza un discurso con una puesta en escena muy realista e impactante, a la vez que mira e intenta comprender —no disculpar, lo mismo que el jefe de policía— la respuesta equivocada de esta facción radical a un problema social verdadero. En su intento de reconstrucción histórica, incluye todas las situaciones comunes del terrorismo y buena parte de las estampas emblemáticas de esos años, sirviéndose incluso de imágenes de archivo que van desde las cargas policiales contra los estudiantes de mayo del 68 a las famosas escenas de los niños vietnamitas desnudos. Demasiado ambiciosa y prolija al retratar la historia de la RAF a través de una duración excesiva, pero gustará al espectador interesado en los dramas del siglo pasado y, especialmente, en los movimientos terroristas. Y también a quienes vivieron una década de mitos tan reales como sangrientos.
Calificación: 6/10
- Más información sobre “RAF: Facción del Ejército Rojo”
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- Tráiler en español de “RAF: Facción del Ejército Rojo”
- Crítica (5/10): Enciclopedismo extenuante, por J. Arce
- Reportaje: El cine como cronista histórico, por J. Revert
- Nominada al Oscar® como Mejor Película de Habla No Inglesa
En las imágenes: Fotogramas de “R.A.F: Facción del Ejército Rojo” – Copyright © 2008 Constantin Film Produktion, Nouvelles Éditions De Films y G.T. Film Production. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.
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