Gus van Sant nos introduce directamente en la mente de un atormentado adolescente en una propuesta que voltea, invierte incluso los estándares narrativos para embarcar al espectador en un viaje sin retorno. Una filigrana.
Alex (Gabe Nevins) mata accidentalmente a un guardia de seguridad, un hecho traumático que decide silenciar a la espera de no ser inculpado por la tragedia. Esta es la base, tomada de la novela homónima de Blake Nelson, sobre la que Gus van Sant regresa a los conocidos caminos del cine independiente tras los logros alcanzados en el campo más comercial gracias a la estupenda “Mi nombre es Harvey Milk”, en la que exprimió al máximo el saber hacer de ese titán de la interpretación que es Sean Penn. Con “Paranoid Park”, el cineasta nos sumerge directamente en la mente del adolescente protagonista, y lo hace respetando de manera alucinantemente creíble y veraz el discurrir mental y psicológico de un muchacho constantemente aturdido por las circunstancias que le rodean. El resultado es, sencillamente, soberbio.

Y lo es no simplemente por la capacidad con la que el director vuelve nuevamente a bucear con soltura por los caminos vitales de la juventud underground yanqui que puebla su filmografía, sino porque desdibuja los cauces narrativos habituales para conseguir una fluidez anárquica, caótica, con saltos temporales sin aparente orden ni concierto, fiel reflejo del estado mental y anímico de la figura central a la que da vida con extraordinaria soltura el joven Gabe Nevins, actor debutante ─como buena parte del reparto─ que logra aportar una naturalidad estremecedoramente espontánea a todo el recorrido de un personaje lleno de matices. Una escalada de temores crecientes presiden el absoluto: al primer sexo; a la visita al propio parque oscuro, tenebroso y fascinante, que da título al film; a ser delatado y hecho preso. A seguir existiendo. Todos los miedos confluyen en una secuencia que estremece y turba al espectador, no por anticipada menos espeluznante, como no lo es menos el devenir de lo que sucede posteriormente, hasta un desenlace igualmente sorprendente que descoloca por lo parco, como tantas otras cosas en la vida.
Van Sant, aún a sabiendas del riesgo que corre por lo incomprensible de su lenguaje, agita los estándares cinematográficos y logra mucho con muy poco, todo un golpe de efecto visualmente elaboradísimo y cuidado al detalle, con un montaje a caballo entre lo ideológico y lo abstracto, que aúna la fugacidad y la estética alternando imágenes cámara en mano, 35 milímetros, Súper 8 y prácticamente cualquier formato que sirva al realizador para lograr transmitir un permanente estado de ansiedad en el que la culpa y el remordimiento conviven con la intención del muchacho de seguir adelante. Mención aparte merece la utilización de la música como elemento exterior de reflejo anímico interior, así como la asociación de determinadas piezas a personas, lugares y situaciones que rodean al propio Alex. Así, “Paranoid Park” queda con un puzle perfectamente hilado y encajado de imágenes, sonidos y diálogos, una obra tan coherente y lógica en su conjunto como pretendidamente desordenada y enmarañada en las piezas que la componen. Y todo en apenas hora y media. Una filigrana.
Calificación: 8/10
En las imágenes: Fotogramas de “Paranoid Park” © 2007 MK2 Productions. Distribuida en España Avalon. Todos los derechos reservados.
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P.D: de última si te gusta citar tantos ejemplos de directores de la historia del cine en general por que en ves de citar a Visconti no hablamos de Rainer Werner Fassbinder o Pier Paolo Pasolini creo que se apegarian mas para tus ejemplos. nuevamente saludos desde algun punto escondido de la Argentina.
¿Si Van Sant es un “pedófilo cinéfilo”? ya leyendo esto y un par de lineas de tu extenso comentario veo que no entendiste la ironia, pero bueno,a veces las palabras puestas en el orden incorrecto pueden dar a confucion,y en cto a las referencias sobre directores y cine del de antes del “cine” podria poner muchas pero lo mio fue un simple comentario, no tengo ganas de ponerme en catedratico y lo ultimo Buenos Aires, Porteños, que mas da, lo unico que puedo decir por suerte no soy de Bueños Aires, menos Porteño y mi forma de “hablar” no incluye ninguna deformacion del lenguaje llamese este neo-lunfardo o como quieras, saludos y si mis palabras no estan puestas en el orden correcto me disculpo. Ah me olvidava, hablar de cine, “es hablar de la realidad”.
¿Si Van Sant es un “pedófilo cinéfilo”? Barbaridad absoluta. Ignoro cómo es la vida personal real de Van Sant. Yo hablo, en cambio, de su cine: y sí, podría suponerse cierta “pedofilia” visual en sus obras independientes. Pero yo no lo expondría así. Lo expongo del siguiente modo: me parece que en Van Sant, en sus películas fuera de la industria, se revela una atracción sensual y corpórea por las imágenes corporales de los púberes, en general varones, aunque no necesariamente. Hablo de cine, no de la realidad. Hablo de la mirada de Van Sant en algunas de sus películas, no de la vida real de Van Sant. “Pedofilia”, o pederastia, son palabras, conceptos fuertes. De cualquier modo, esa mirada, de ser como yo interpreto, no es nueva en el cine: basta recordar al Visconti de “Muerte en Venecia”, con Dick Bogarde embelesado por el bañista rubio adolescente. Además, la atracción erótica hacia los cuerpos adolescentes es notoria en gran parte de la historia de la pintura occidental, por mencionar un arte visual. Por añadidura,basta recordar a Aquiles y Patroclo en “La Ilíada”, y el lamento amoroso del primero en las honras fúnebres del segundo, un mancebo. Advierto que en la Argentina de hoy, y me refiero a la Argentina real (y no al mundo del cine, de las películas, del arte, de la ficción), los medios de comunicación parecen haber descubierto recién hace poco la perversión sexual de la pedofilia,en especial en el ámbito intrafamiliar, que permanece oculto todavía si a clases medias y altas nos referimos.Es probable que la pornografía infantil en internet le haya dado inicio a ese “descubrimiento” bastante tardío. En todo caso es un tema espinoso, que fuera de contexto se presta a confusiones, en este caso el contexto del arte o de la sublimación por vía de lo estético. Es probable que algunas personas, en este caso espectadores de cine, confundan muchas cosas.
En cuanto al “lunfa” porteño, es casi una pavada que confirme que sí existe y se extiende con mayor o menor incidencia en otras provincias argentinas. Hay un lunfa porteño, propio de la ciudad, que contagia o no a las ciudades y poblaciones de las restantes provincias. Incluso en Buenos Aires, diferentes zonas tienen su propio argot. No es lo mismo una villa de emergencia (¿chabola?) que la zona norte de habitantes de altos o ingresos medios.Hay provincias que tienen su propio lunfa. Muchas provincias, a veces sólo porciones de ellas, nombran a ciertas cosas, objetos, actitudes o situaciones de modo diferente que en Buenos Aires o que en otros lugares de esas mismas provincias. Creo que ese fenómeno es más o menos mundial, más allá que Buenos Aires siempre fue o quiso ser “cabeza de Goliat”. En probable que la televisión más difundida, casi hegemónica, es decir, la hecha en Buenos Aires, contagie más los modos lingüísticos porteños a las provincias, que los de estas provincias a Buenos Aires. ¿A quién se le ocurre, salvo a muchos porteños, pensar que Buenos Aires es “una parte ajena a la Argentina”? Yo no dije ni pienso ni siento tal cosa. Sólo expongo que la ciudad de Buenos Aires tiene sus modismos lingüísticos, algunos subterráneos o más o menos clandestinos,lo que no hace a Buenos Aires mejor ni peor al resto de Argentina. Y todo esto me parece medio bobo tener que mencionarlo.
Un saludo cordial a todos.
Amilcar Moretti
La Plata
lunfardo porteño? Aclaracion Buenos Aires es una parte ajena a argentina, si asi es, la mirada de sus recidentes en totalmente diferente a la que tenemos los que vivimos en las “otras” provincias” donde no existe el lunfardo porteño.”Vant Sant vuelve a los personajes que más ama, los chicos de la pubertad” esto quiere decir que seria como un pedofilo cinefilo con buenas intenciones de hacerce al bolsillo?Saludos, es broma, no estoy muy de acuerdo con el comentario pero es otra mirada.
Aclaración: Pido disculpas. Pero en mi comentario publicado en el diario El Día, de la Argentina, incluí dos palabras del argot o lunfardo porteños -del puerto de Buenos Aires- (en su versión más o menos antigua, ya que hoy hay otros y se renuevan día a día). Una de esas palabras es “chamuyera”. Viene de chamuyo o chamuyar, que significa algo así como engañar o seducir con palabras para obtener algo del otro, muchas veces en el amor o sexo. “Yeite”, aunque tiene otro origen, era muy usado en los años 60 y 70 del siglo XX por los jazzeros porteños, para explicar esas exageraciones ruidosas e innecesarias que permitían las improvisaciones y que el público no enterado solía confundir con buenas y originales interpretaciones musicales.
Disculpas a los hermanos españoles.
Amilcar Moretti
La Plata
Argentina
PARANOID PARK
Por
AMILCAR MORETTI
Película muy interesante de Gus Van Sant, que ahora presenta (en los cines) la “chumuyera” “Milk”, igual que cada tanto ingresa a la industria y se dedica al “yeite”, como ya hizo en “En busca del destino”. “Paranoid Park”, sin distribución comercial en nuestra ciudad (tuvo una suerte de preestreno en Bellas Artes, en mayo pasado), extiende la trilogía sobre “los adolescentes y la muerte” integrada por la superior “Elephant”, “Los últimos días” (sobre Kurt Cobain) y “Gerry”, no estrenada en Argentina aunque filmada en parte aquí. Vant Sant vuelve a los personajes que más ama, los chicos de la pubertad, adolescencia y primera juventud y su tensa relación con la muerte, vínculo en parte inducido por el medio y en parte autodestructivo. Regresa a su ciudad-puerto, Seattle, al N.O. de Estados Unidos. Toma a los skaters (los chicos con patineta como forma de vida) e indaga sobre un universo subjetivo y de valores en la era, como nunca, del vacío. Son los chicos -si figuran en las clases bajas blancas- que se puede imaginar de matanza en Irak, aunque no sepan nada ello, según menciona el filme. Vant Sant utiliza para retratar un mundo en estado de suspensión y en coqueteo con la aniquilación e irrupción de la dura realidad, variados procedimientos de imagen y narración, desde la cámara lenta a los movimientos continuos y desde los pausados planos secuencia en travelling hasta filmaciones documentales. Agrega el uso de la música, en especial Nino Rota y Beethoven combinado con los country-roqueros Elliot Smith y Ethan Rose. Llama la atención, en particular, la recuperación de Rota y sus clásicas composiciones para Fellini, aquí de “Julieta de los espíritus”. Cuando vuelven a “estar de moda” los objetos-arte de Duchamp, el recurso de sacar de contexto original lo fellinesco auditivo, recuerda tanto a aquel ícono del arte moderno como al surrealismo de desacomodar lo convencional. De allí una nueva mirada sobre los adolescentes que da para mucho decir.
(este breve comentario fue publicado el sábado 14 de febrero último en el diario El Día, de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue precedido de otras notas más amplias sobre películas de Gus Van Sant.)
si Paranoid Park es un puzle perfectamente hilado y encajado de imágenes, sonidos y diálogos, para un director que todavia no encontro el camino o si? el de altenar peliculas comerciales con este supuesto cine independiente, pero de carisma y personalidad, ese es le sello de Van Sant, ademas juventud underground yanqui? por que mejor no hacia Paranoid Elephant y a lo mejor salia algo que se pudiese llamar largometraje “independiente” con un presupuesto pendiente.En fin Paranoid Park podria durar 40 min. solamente y seria un buen cortometraje.
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