Un viaje sostenido y gélido a la oscura cotidianeidad de un psiquiátrico penitenciario en el que cumple condena el protagonista de uno de los más recordados episodios de la crónica negra nacional reciente.
En 1994, Andrés Rabadán (Àlex Brendemühl) asesinó a su padre e hizo descarrilar tres trenes. Después, se entregó voluntariamente a la policía, y tras el juicio fue condenado a una pena de veinte años de encierro en un psiquiátrico penitenciario, donde aún se encuentra preso. “Las 2 vidas de Andrés Rabadán” marca el debut en el largometraje de Ventura Durall, un cineasta fascinado por un caso de nuestra reciente crónica negra que ya retrató en un documental, “El perdón”, y que refleja ahora nuevamente en una historia que desde lo mínimo, lo íntimo, lo melancólico incluso, clama contra una injusticia de la que todos, desde la ambigüedad que provoca el desconocimiento y la desconfianza que dibujan los medios de comunicación, participamos de algún modo.

Porque la gran tragedia del criminal, al que da vida de manera comedida, serena y un tanto fría Brendemühl, es la propia consciencia de su recuperación psicológica, apoyada en la decisión benévola de los psiquiatras que le evalúan pero que cuenta en su contra con la decisión judicial que le impide abandonar su reclusión; es la película, por tanto, un alegato que denuncia los laberintos de la ley, inamovibles desde su propia subjetividad. Por otra parte, dentro de la pesadumbre que empapa el relato, leemos claros subtextos que alertan sobre las deficiencias de los programas de rehabilitación, sobre la imposibilidad de sobrevivir en una jaula sin mermar nuestra entereza moral y, en definitiva, sobre lo inútil de la prisión como elemento de reinserción, quedando reducido su papel al de instrumento punitivo y socialmente excluyente, que subraya y sostiene la estigmatización de la masa que respira tranquila en el exterior, sabedora de que el Mal mora de puertas para adentro, al margen de consideraciones acerca de recuperaciones y luchas contra los demonios de cada interno. Y es debido a esa aflicción generalizada que se agradece el gran acierto del cineasta al regalar al espectador balones de emotivo oxígeno en la figura de Jordi (fantástico Andrés Herrera), comparsa del protagonista, así como en la imaginativa presentación de los idealistas momentos de evasión que empapan de esperanza el anhelo de libertad del eje central del relato.

Bajo todo el dolor y la amargura, una historia de amor curiosa y peculiar, una pasión imposible pero cierta a ambos lados de los barrotes. Un halo de esperanza reflejado con una casi absoluta falta de contacto, plasmado en las tímidas conversaciones entre Andrés y Carmen (Mar Ulldemolins) y en la admiración de ella por la entereza y el talento de quien considera alguien corriente pero al que las circunstancias empujaron durante un breve lapso de tiempo a los abismos de la locura. La mano de Durall no juzga, relata, y consigue tocar, agitar desde la tranquilidad, y lo más importante: con su presentación, acerada y gélida, con su banda sonora sin letra, vacía pero profunda, y con su dibujo de un grupo de personajes que (sobre)viven como mejor pueden en un entorno hostil, logra empujar al espectador a los terrenos del debate personal, sin polémicas, sin violencia explícita, sin más herramientas que la objetividad desarmante y casi documental. Algo falla, algo debe ser reparado. Puede que sea demasiado tarde, pero vale la pena intentarlo. Y esta es la gran pregunta que se plantea en “Las 2 vidas de Andrés Rabadán”: ¿quién merece una segunda oportunidad? Si nos armamos de coraje, puede que encontremos una respuesta que nos sorprenda a nosotros mismos.
Calificación: 7/10
En las imágenes: Fotogramas de “Las 2 vidas de Andrés Rabadán” © 2008 Nanouk Films. Distribuida en España por Sagrera. Todos los derechos reservados.
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Todavia no he visto la película, aunq la veré para poder criticarla agusto. No quiero decir con esto que como película sea mala, es posible que tanto director, como actores y el resto de la gente que ha participado en su producción sean excelentes profesionales del cine, pero no deja de parecerme una vergüenza. Posiblemente el Sr. Durall haya visto una historia muy jugosa para producir una película con la ayuda de las subvenciones que tan prolificamente reparte nuestro país, a mí lo que me parece es que es aberrante que el Sr. Rabadán ejerza de guionista y se le califique de escritor y artista, por que si merece algún calificativo
es el de asesino. Es posible que su padre fuera un tirano y que el “pobre chico” viviera un infierno con él, pero además de asesinarle, el pobre atormentado hizo descarrilar tres trenes (trenes en los que no iba su padre). Y más vergüenza me dá todavía que los propios medios que durante mucho tiempo sacaron tajada del cruel suceso “del loco de la ballesta” (como ellos mismos acuñaron)nos lo quieran vender ahora como un infeliz desgraciado que lleva 14 años sin salir de la carcel a pesar de estar totalmente rehabilitado y tener un increibles talento (que no dudo que lo tenga). No me parece a mí que el intento de fuga de un asesino sea justificable “por las nulas expectativas de salir”, ni que la multa de 5.000 Euros con la que fué condenado por enviar amenazas a una trabajadora de la carcel sea estar recuperado.
Nos quejamos diariamente de la ineficacia de nuestra justicia que permite que personas (¿o debería decir personajes debido a su mediatización?)como El Rafita, Santiago del Valle o el Violador del ensanche anden a su libre albedrío por las calles, y para una vez que la justicia lo hace bien encerrando a un asesino durante 14 años, le dedicamos una película, le publicamos libros, hacemos exposiciones con sus dibujos y armamos la gorda para que todo el mundo sepa el “insoportable sufrimiento” al que ha estado sometido el infeliz desde que ocurrió aquello.
Hagamos un recogida de firmas para conseguir su liberación, démosle al Sr. Durall un Goya, y recemos todos para que cuándo el “pobrecito” salga a la calle no nos toque de vecino, y si nos toca, al menos recemos para que no vuelva a oir las “voces perturbadoras” que le obligaron a matar a su padre.
Yo sólo pido que alguien me avise para dejar de coger el tren y atornillar a la pared la colección de armas antiguas que decoran el salón de mis padres, no vaya a ser que mi madre en un ataque de generosidad le invite a merendar.
[...] Nos gusta especialmente la COLUMNA DE OPINIÓN de JOSÉ ARCE de la LA BUTACA.NET. [...]
Gracias por la crítica, es sin duda de las más interesantes que he leído:
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