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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
« Inicio | Archivo del autor Almudena Muñoz Pérez
Viernes 20 Junio 2008

En una de las escenas de “Margot y la boda”, su protagonista, Nicole Kidman, responde al reto de trepar a un árbol pelado, aunque el entusiasmo inicial dé paso al terror de quien no sabe descender del tronco. Noah Baumbach, el director de la laureada, pero demasiado académica, “Una historia de Brooklyn” (2005), afronta ahora las mismas dificultades que Margot. En su quinta película tras la cámara continúa definiéndose como un amargo analista de la institución familiar, ese gigantesco árbol genealógico donde algunas ramas se confunden y otras nunca se cruzan, mientras las raíces van pudriendo todo el terreno que lo rodea.

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Para narrar el reencuentro de dos hermanas (Kidman y Jennifer Jason Leigh) en la vieja y deprimente casa familiar, Baumbach escoge una perspectiva claustrofóbica que parece oprimir a sus personajes para que expulsen los resquemores y pensamientos siempre contenidos que llevan dentro. Tal premisa clásica sirve para el retrato desestructurado de una clase media-alta, réplica a los desequilibrados individuos que perfilan otros colegas suyos, como Wes Anderson —con quien ha colaborado en los guiones de “Life Aquatic” (2004) y “The fantastic Mr. Fox”, en fase de producción—, pero también Phil Morrison, Miranda July o Alexander Payne.
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Jueves 19 Junio 2008

Cuando en siglos pasados a un noble acomodado le sobraban dinero y paredes, podía contratar a un pintor que le rellenase el castillo con bodegones de naturaleza muerta: objetos de tanto valor como piezas de caza, frutas exóticas, vajilla de plata y licores prohibitivos. A las mujeres de clase alta, nueva aristocracia urbana, que también les sobran dinero y paredes todavía no se les ha ocurrido pintarrajear cuadros con bolsos de Hermès, zapatos de Manolo Blahnik, llaveros de Louis Vuitton y vasos de Starbucks. Hasta que la moda se imponga, los rincones en blanco y los salvapantallas de las fashion women se adornan con fotografías de “Sexo en Nueva York”, la afamada serie que ahora compila sus peores defectos en una película excesivamente larga, hecha a medida para fans rendidos con ganas de decorar la gran pantalla de naturaleza muerta.

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Tras seis exitosas temporadas, en 2004 “Sexo en Nueva York” echaba el candado en las vidas amorosas de Carrie Bradshaw –Sarah Jessica Parker y su insoportable voz aflautada, desconocida para los espectadores españoles– y sus amigas Samantha (Kim Cattrall), Charlotte (Kristin Davis) y Miranda (Cynthia Nixon). Los productores deben de suponer que cuanto más se maree a la gallina más dorados serán los huevos que ponga, de modo que la creación del guionista y director Darren Star, a partir de las novelas de Candance Bushnell, no iba a quedarse sin su pedacito de taquilla veraniega. Las cuatro mujeres, en plena crisis de los cuarenta o ya casi cincuenta, regresan a la Gran Manzana para trotar entre desengaños románticos, bodorrios de alto copete, disensiones internas y paternidades ideales. Leer más >>

Domingo 15 Junio 2008

Las oquedades y los escondrijos siempre despiertan la atracción de cualquiera que se asoma a entrever algo en ellos, pero ahora que esa tarea parece corresponder a medios de comunicación saturados, otros modos de representación como el cine deberían ser más selectivos. Ahora despertaría la indignación generalizada que algún productor lanzase un proyecto sobre los sucesos de Josef Fritzl y su hija encerrada durante veinticuatro años en su casa de Austria. En cambio, si el proceso resulta lo suficientemente antiguo y sus implicados principales están criando malvas, la veda se abre y el público estará interesado.

No sospecho lo más mínimo del nivel de atrocidades que puede llegar a cometer un ser humano, pero no tengo del todo claro que debamos conocerlas con la explicitud de “An American crime”. Película que no comete su mayor crimen al escenificar un escalofriante hecho real, sino al recurrir a unas herramientas fáciles y cobardes de thriller televisivo que habría sido igual de pobre si la historia fuese un producto imaginario. La estupidez y desequilibrio mental de los personajes no sirve de radiografía de la América profunda ni de retrato hobbesiano, aunque Tommy O’Haver, director de nimias películas —“Hechizada” (2004)—, insista en justificar los actos de la despiadada protagonista o aligere la atmósfera asfixiante con el empleo de canciones populares de los sesenta a modo de nexo entre escenas, detalle que subraya su mal gusto. Leer más >>

La sección de ciencia y medio ambiente del periódico ocupa un espacio intermedio, cerca de los anuncios por palabras y los temas menores, regionales o culturales. En los telediarios alimenta informes esporádicos, y en la radio programas de franja imposible y público minoritario. Entre las alertas apocalípticas y la manera en que arrinconamos a la naturaleza, M. Night Shyamalan se posiciona en el mismo lugar: entre la comercialidad y la autoría, la serie B y la perfección técnica.

“El incidente” no arrima el hombro a ninguna de las previsiones lanzadas sobre ella: no es un encargo de estudio ni un retorno a los orígenes que encumbraron al director indio tras “El sexto sentido” (1999). Porque Shyamalan ha vuelto a arriesgarse el pellejo, demostrando la escasa importancia que concede al vapuleo de “El bosque” (2004) o “La joven del agua” (2006), actitud que le honra al mismo tiempo que lo sitúa en una encrucijada difícil para el futuro, en caso de que definitivamente pierda todos los apoyos y la financiación que le permita continuar su libertad creativa. Leer más >>