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Viernes 10 Octubre 2008
Escrito por Manuel Márquez el 10.10.08 a las 13:22
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Hoy viernes llega a las pantallas españolas, rodeada de la expectación que cabe presumir como lógica a la vista de su ficha artística, la última entrega de esa filmografía maravillosamente caótica (o caóticamente maravillosa, que tanto da) de los hermanos Coen, ”Quemar después de leer”. Un giro —uno más— radical, estilístico, genérico y temático, respecto a su película anterior, la celebradísima, y no menos premiada, ”No es país para viejos”, con el cual Joel y Ethan vuelven a transitar por esos territorios de la comedia descacharrante en el que tan cómodos se han desenvuelto en una buena parte de sus films previos, y para el que se han rodeado de un elenco actoral que, al menos en lo referente al caché de sus nombres señeros, provocaría la envidia del más codicioso productor hollywoodiense que imaginarse uno pudiera: George Clooney, Brad Pitt, Frances McDormand y John Malkovich —entre otros—. Está claro que no son muchos los que podrían presumir de tal capacidad de convocatoria, si exceptuamos a los muñidores de la saga de Danny Ocean, con su interminable chorro de secuelas, o al ínclito Woody Allen, un autor cuya llamada nunca suele ser desdeñada por los más grandes, dispuestos a rebajar sus honorarios a cambio del prestigio que les confiere el formar parte de los proyectos del maestro neoyorquino.

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No obstante, y con ser un señuelo de indudable atractivo, no es la de sus nombres protagonistas la cuestión que más interés me suscita, sino la de constatar qué territorios cómicos son los que surcan en esta ocasión los ínclitos e imaginativos hermanos; si la propuesta se moverá más cerca de una línea convencional, como la que marcaba, aun con todos sus matices, ”Crueldad intolerable” —y con la que viene a coincidir, a priori, en lo campanillero de su reparto—, o retornará a esos mundos estrafalarios y personalísimos, plagados de tipos atrabiliarios y situaciones absurdas, de los que constituye muestra señera la venerada “El gran Lebowski”. Cualquier opción cabe esperar de unos cineastas que, si algo han acreditado sobradamente hasta ahora, es su versatilidad creativa, ésa que les hace conjugar una mirada marcadamente personal, que tan reconocible hace su cine (y tan fielmente venerado por su legión de seguidores), con un gusto exacerbado por el desarrollo de ejercicios de estilo, en los que, más allá de esa impronta personal (que también es apreciable), los Coen se deleitan en transitar por territorios ajenos y rendir homenaje —aun cuando sea plagado de irreverencia y acidez— a sus géneros más caros. Habrá, pues, que ver y contar.

En la imagen: Ethan y Joel Coen durante el rodaje de “Quemar después de leer” - Copyright © 2008 Focus Features, StudioCanal, Relativity Media y Working Title. Foto por Macall Polay. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Viernes 3 Octubre 2008
Escrito por Manuel Márquez el 03.10.08 a las 9:00
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Una semana más, el aluvión de estrenos, en cantidad y calidad, que llega a la cartelera española, nos hace pensar en un momento esplendoroso (que, muy posiblemente, nada tenga que ver con la situación real) para la exhibición cinematográfica en nuestro país. Mucho y variado; qué maravilla. De más maravillosa aún, si cabe —al menos, para los defensores convictos, confesos e irredentos del cine español, entre cuyas huestes me cuento—, cabe calificar la circunstancia de que, entre tan vistoso catálogo, el ejemplar más destacado corresponda, precisamente, a una película española; y no a una película cualquiera, sino al último estreno de uno de nuestros más prestigiosos directores (y hablo de un prestigio más o menos objetivable en base a su gancho comercial y conocimiento público; sobre gustos, no comment…), José Luis Garci. “Sangre de mayo”, que ha sido preterida tras “Los girasoles ciegos” en su pugna por acceder a la designación de la Academia española como candidata al Oscar® a la mejor película de habla no inglesa, llega este mismo viernes a nuestras pantallas, allende Talavera, y lo hace rodeada de la expectación que, de manera casi ineludible, suele rodear a todo producto firmado por este asturiano tan personalísimo en sus maneras cinematográficas.

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La apuesta de Garci, aun contando con el generoso “paracaídas” público que le ha supuesto la financiación —además, íntegra— a cargo de la Comunidad de Madrid, no deja de ser enormemente arriesgada, en la medida en que se embarca en una producción de gran vuelo y de corte histórico; línea que, aunque ofrece numerosos precedentes cercanos en nuestro cine (ahí están títulos como “Alatriste”, “Los Borgia” o, más recientemente, “La conjura de El Escorial”), que, además, no han funcionado, en algunos casos, nada mal en la taquilla, siempre arroja una fuerte incertidumbre en cuanto a la previsible respuesta del público. Tampoco invita a lanzarse enloquecidamente hacia el cine más cercano donde se esté proyectando, un dato como el de su metraje: ciento cincuenta y dos minutos constituyen un argumento más que disuasorio para el espectador acostumbrado a productos de digestión bastante más liviana. Pero es probable que el gancho de un nombre como el de Garci, que se rodea de buena parte de su equipo técnico y artístico habitual (ahí están Pablo Cervantes —música—, Horacio Valcárcel —guión— y, muy especialmente, Gil Parrondo —dirección artística—), así como de un reparto actoral denso y cuajado, pese lo suyo, y termine arrastrando a un número suficiente de espctadores. Todo eso, y más, a partir de hoy mismo…

En la imagen: José Luis Garci durante la rueda de prensa de “Sangre de mayo” en Madrid. Foto por Ralf Pascual - Copyright © 2008 LaButaca.net. Todos los derechos reservados.

Jueves 25 Septiembre 2008
Escrito por Manuel Márquez el 25.09.08 a las 22:18
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Visto el amplio número de estrenos que llegan a nuestra cartelera este fin de semana (hasta un total de ocho títulos nuevos asoman a ella), cabría conjeturar que no hay mejor antídoto (o conjuro, puestos en tesituras brujeriles…) contra la crisis, que el de aportar una buena dosis de novedades a las pantallas grandes de nuestros cines. Si de tan cuantiosa cosecha sale, o no, un nivel de calidad suficiente, es algo que sólo se podrá contrastar cuando las películas se hayan proyectado; pero lo que sí podemos avanzar —a la vista de las referencias previas— es que el abanico de opciones, en cuanto a variedad (de estilos y géneros), garantiza que habrá material disponible para todos los gustos y querencias. Y, entre todas esas propuestas, una que llama poderosamente la atención, y parece destinada, a priori, a copar el máximo nivel de atención, no precisamente por sus atractivos estrictamente cinematográficos, sino por tratarse de la transposición a la gran pantalla de un verdadero fenómeno editorial reciente (un best-seller en toda regla, vaya…), la tan traída y llevada novela de John Boyne: “El niño con el pijama de rayas”.

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Recibida con expectación más que considerable en su reciente pase (fuera de concurso, eso sí) en el Festival de Cine de San Sebastián, cabe esperar de la tradicional (y proverbial) elegancia británica (no en balde, tal nacionalidad ostenta el equipo de producción que se ha encargado de esta adaptación cinematográfica), así como de su más que acreditada capacidad para manufacturar productos de total solvencia, el tacto y la contención suficientes para esquivar los “peligros” que un material tan sensible como el que integra el tejido dramático del texto literario de base, puede plantear hasta al más templado de los cineastas, aun sin olvidar, naturalmente, que estamos ante un film de corte claramente comercial, y que, en buena medida, tratará de aprovechar —a base de no eludir el fuerte dramatismo que se desprende de la historia— el tirón de público que acudirá a la sala a refrendar, o contrastar, hasta dónde alcanza la fidelidad, o la traición, a la novela. De la buena mano de Mark Herman, su director, y de las prestaciones actorales de sus dos niños protagonistas (Asa Butterfield y Jack Scanlon), dependerá, en buena medida, si el equilibrio entre esos dos polos en tensión arroja un buen resultado final. Veremos…

En la imagen: Fotograma de “El niño con el pijama de rayas” - Copyright © 2008 Heyday Films, BBC Films y Miramax Films. Foto por Lukács Dávid. Distribuida en España por Buena Vista International Spain. Todos los derechos reservados.

Jueves 18 Septiembre 2008
Escrito por Manuel Márquez el 18.09.08 a las 15:15
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Ante lo escuálido que se presenta (al menos, en cuanto a número —sólo cuatro—) el panorama de estrenos de esta semana, cabe poca duda acerca de cuál de los títulos acapara la mayor atención, especialmente entre la fiel legión cinéfila de seguidores del director neoyorquino Woody Allen. Ese título no es otro que “Vicky Cristina Barcelona”, última entrega de este prolífico y personalísimo autor, y último jalón del periplo viajero que, desde hace unos años —y movido más por imperativos comerciales y financieros que por una determinación artística en tal sentido—, viene practicando lejos de esa gran manzana que, tradicionalmente, ha venido constituyendo el plató más que predilecto, casi único, de la totalidad de su filmografía anterior a 2005. El interés se acrecienta, si cabe, gracias a dos circunstancias concretas y de ámbito digamos que “local”, como son la ubicación geográfica de la historia, que se sitúa en una ciudad como Barcelona, muy poco necesitada de presentación alguna (su dimensión cosmopolita e internacional es más que sobrada, y, desde el punto de vista estrictamente cinematográfico, tampoco le faltan precedentes y referencias abundantes), y la presencia, con dos papeles protagónicos, centrales, de las dos superstars más rutilantes (con permiso de don Antonio Banderas, claro está) del firmamento interpretativo español: Javier Bardem y Penélope Cruz.

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¿Curiosidad? Sí, evidentemente. Curiosidad por saber si el señor Allen remonta, con este film,  un vuelo creativo que, según un amplio sector de la crítica más conspicua —que ha vapuleado con bastante intensidad su “trilogía londinense” (“Match point”, “Scoop” y “Cassandra’s Dream”), en base a una supuesta decadencia, o agotamiento, más expresado como un mantra mecánico que acreditado con argumentos firmes—, se ha situado varios pies de altura por debajo del alcanzado por su obra anterior —una apreciación que no comparto, ni muchísimo menos; ni esa obra anterior sigue una línea de regularidad excelsa tan acusada ni la trilogía en cuestión carece de apuntes más que estimables—. Y curiosidad por comprobar si, como suele ser habitual en estos casos, los “árboles” (léase: las estrellas que pueblan la pantalla, y sus afanes interpretativos; no olvidemos que, a las dos arriba señaladas, se une la última musa omnipresente del director judío: Scarlett Johansson) nos impiden, o no, ver el “bosque” (es decir, una historia que, a tenor de las referencias ya conocidas, parece moverse en unas coordenadas amorosas en las que Woody Allen siempre se ha movido con especial comodidad, lo cual, a priori, debería garantizar cierta solvencia en el resultado final). Esas incógnitas, y algunas más —cuya formulación les reservo a ustedes, amigos lectores—, se resolverán a partir de este mismo viernes en cines de toda España…

En la imagen: Woody Allen durante el rodaje de “Vicky Cristina Barcelona” - Copyright © 2008 Gravier Productions, Mediapro, Antena 3 Films y Dumaine Productions. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

Sábado 2 Agosto 2008
Escrito por Manuel Márquez el 02.08.08 a las 15:51
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No, amigos lectores, no se dejen engañar por el título de esta reseña. No están ustedes en nuestra sección dedicada al mundo del videojuego, sino en la que habitualmente se publican las reseñas críticas de las películas de estreno. El único problema es que, sinceramente, se me hace muy cuesta arriba otorgar a un film como “La momia: La tumba del emperador Dragón” cualquier otra consideración que no sea la de un videojuego. Lujoso, despampanante, ofrecido en un formato verdaderamente espectacular, pero ni más ni menos que un videojuego. Eso sí, con una particularidad especialmente fastidiosa: uno no dispone de un joystick para manejarlo (con lo cual, pasado el impacto inicial, y unos minutos de metraje, la experiencia empieza a hacerse algo aburrida) y, lo que resulta peor aún, tampoco tiene a su alcance el botón de on/off para, pasados otros minutitos más, optar por la opción más razonable: apagarlo…

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Porque no se me ocurre ningún motivo por el cual ni siquiera el más entusiasta seguidor del género de acción y aventuras pueda justificar un empeño como el de esta tercera entrega de la saga, salvo que a tal condición de amante de la especialidad se una la de contable de la compañía productora —que, no les quepa duda alguna, a la vista de los resultados de taquilla, y salvo sorpresa morrocoturda, no va a tener la más mínima queja acerca de las “bondades del experimento”—. “La momia: La tumba del emperador Dragón” no ofrece nada particularmente interesante porque no presenta, ni a nivel argumental ni a nivel técnico, el más mínimo elemento que no haya sido explotado ya hasta la saciedad en el cúmulo de producciones de este corte (y aquí cabría incluir, entre muchos otros, sus dos capítulos precedentes) que, con desigual fortuna, la industria hollywoodiense manufactura año sí, año también. Y ante el argumento de que el fan acérrimo lo que va a buscar a la sala es casi siempre “más de lo mismo” (y, debido a ello, eso es lo que ofrecen las compañías responsables del “invento”), creo que, sin una mínima variante novedosa, esa justificación no termina de sostenerse cabalmente. Leer más >>

Domingo 20 Julio 2008
Escrito por Manuel Márquez el 20.07.08 a las 21:47
Archivado en: Críticas

Mucho me temo que a estas alturas de la película (nunca mejor dicho) estamos, definitivamente, mal acostumbrados. Años y años de una fértil cosecha de títulos de animación caracterizados por su pretensión de ir más allá de su condición primigenia de productos dirigidos, básicamente, a un público infantil, a base de acumular elementos “adultos” (profundidades y disquisiciones morales y temáticas a diestro y siniestro; guiños y referencias cinéfilas trufando tramas y episodios; experimentaciones formales de todo tipo y pelaje), nos han convertido en una suerte de buscadores impenitentes de enjundia en cualquier cinta de dibujos animados. Así que se impone, para empezar, un aviso: si pertenecen a ese gremio, absténganse de aparecer por cualquier sala donde se proyecte “Kung Fu Panda”; ésta, francamente, no es su película.

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Porque “Kung Fu Panda” es, aun con toda su excelencia técnica —impresionante, en una demostración de que, en materia de progreso formal, las vías parecen no cerrarse ni agotarse nunca—, una película de dibujos animados totalmente “clásica”, y totalmente “infantil”: diáfana en su planteamiento argumental, y carente de la más mínima complejidad moral o temática. Eso sí, resulta endiabladamente frenética y entretenida. Muy, muy entretenida. Leer más >>

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Jueves 10 Julio 2008
Escrito por Manuel Márquez el 10.07.08 a las 20:33
Archivado en: Estrenos

Pocas dudas cabe abrigar acerca de cuál será el estreno—de entre los que llegan a la cartelera esta semana— que reventará las taquillas de las salas españolas: sí, sí, ése del osito tan simpático e inquieto que, por cortesía de DreamWorks, pondrá a una numerosa legión de padres a hacer colas ante los puntos de venta de entradas, acompañados de esa no menos numerosa legión de críos ilusionados y expectantes. ¿Algo que objetar? No, no, nada. Al fin y al cabo, este humilde escribiente está destinado a ser un legionario más, integrante de dichas huestes —y de ello espero poder darles cuenta, llegado el momento—. Pero, a título estrictamente personal, no es, ciertamente, “Kung Fu Panda” la propuesta que más llama mi atención, sino la que constituye el estreno de cine español de la semana —proveniente de esa feraz cosecha que proporcionó el Festival de Málaga en su edición del presente año—, la nueva entrega del director Juan Cavestany, que, con el nombre de “Gente de mala calidad”, llega a nuestras pantallas, y de cuya presentación en la “capital del reino” rendía cuenta hace sólo unos días Alfredo Manteca en la sección de noticias de esta casa.

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Cavestany, que cuenta, como mayor aval, con el precedente del magnífico éxito de taquilla que, hace tan sólo cuatro años, tuvo su (codirigida) ópera prima, “El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo”, se enfrenta, en esta ocasión, a un empeño nada fácil, como es el de estar a la altura (naturalmente, comercial) de ese debut, sin contar con un gancho del calibre de Santiago Segura —un actor sobre cuyas solvencia y excelencia artísticas se podrá discutir mucho, pero cuyos datos recaudatorios ofrecen poco lugar a la objeción o el debate: su presencia en cartel asegura números sustanciosos—. ¿Será suficiente la expectativa que pueda despertar un reparto en el que no faltan nombres tan “campanilleros” como los de Alberto San Juan, Fernando Tejero o Maribel Verdú? ¿Estará el público —tan reacio, en tantas ocasiones, a dar su pláceme a temáticas propias y cercanas— interesado en una trama en la que, según todas las informaciones avanzadas a priori, habrá cabida para elementos tanto de drama como de comedia, en una de esas mezclas “explosivas” llenas de atractivo (y peligro)? Incógnitas que sólo se desvelarán a lo largo de los próximos días. Ojalá que los dedos apunten hacia arriba: nuestro cine lo necesita…

En la imagen: Fotograma de “Gente de mala calidad” - Copyright © 2008 Telespan 2000 y Telecinco Cinema. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

Jueves 3 Julio 2008
Escrito por Manuel Márquez el 03.07.08 a las 19:26
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Tras una semana en la que la omnipresencia futbolística redujo la cartelera a unas dimensiones pírricas (sólo tres estrenos en las pantallas españolas), parece volver la normalidad: ocho nueve —nada más, y nada menos— son las propuestas que esta semana llegan a las salas oscuras, para ofrecernos el panorama habitual (no siempre, no tanto, pero habitual, al fin y al cabo) de variedad estilística, temática, genérica, geográfica y… añadan cualquier adjetivo que consideren adecuado: es su turno, amigos lectores. ¿Motivos de queja? Pocos, sinceramente. Junto a películas de escaso renombre apriorístico, y que, en principio, no parece ser que vayan a contar con una gran difusión ni repercusión (es el caso de la española “Bienvenido a Farewell-Gutmann”, o el de la alemana “Cómo cocinar tu vida”), algún mega-hit destinado a romper taquillas, como es el caso de  “Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian”, y un par de títulos particularmente celebrados (y ansiosamente esperados, todo hay que decirlo) por la crítica más sesuda, como son la nueva versión usamericana de “Funny games”, a cargo del mismísimo Michael Haneke, y la última entrega del director de culto coreano Kim Ki-duk, “Aliento (Breath)”. ¿Y con cuál se queda quien esto suscribe? Situado en la tesitura de tener que optar por alguna en particular, elijo esta última.

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Un film que llega a nuestra cartelera con cierto retraso respecto a la fecha de estreno en su país de origen y a su difusión en el circuito internacional (no olvidemos que se presentó en la edición del Festival de Cannes del pasado año 2007), pero que no por ello goza de menor interés ni viene rebajado en cuanto a sus credenciales creativas o expectativas autorales: todas las referencias apuntan a una obra más destinada a apuntalar el prestigio de su autor, gracias a su absoluta fidelidad a los códigos formales, temáticos y ambientales con que éste se ha venido manejando en toda su filmografía anterior, y que han generado una corriente de auténtico fervor entre su núcleo de seguidores —no tan numerosos como para conformar una masa de proyección comercial muy elevada, pero sí los suficientes como para asegurarle un hueco en ese panteón cinéfilo al que este humilde escribiente aún se resiste a elevarlo (especialmente, porque me resisto a sumarme a esa especie de credo cinéfilo universal que se ha empeñado, en estos últimos años, en considerar al cine asiático como una especie de “último mohicano creativo” que a mí, qué quieren que les diga, no me cuela)—. Aun con tales reparos, no dejo de esperar una propuesta interesante, para cuya degustación habré de esperar a que los hados (de la distribución) me resulten favorables. Que nunca se sabe…

En la imagen: Fotograma de “Aliento (Breath)” - Copyright © 2007 Kim Ki-duk Film, Cineclick Asia y Sponge. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

Jueves 19 Junio 2008
Escrito por Manuel Márquez el 19.06.08 a las 21:30
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Llega el verano, aprieta el calor, pero no hay grandes cosas nuevas bajo el sol que lo genera. Y es que la cartelera de esta semana se muestra claramente a tono con el signo de estos tan poco creativos tiempos: los dos estrenos que se vislumbran como los más importantes —si no en términos artísticos, sí en el de sus aspectos más claramente comerciales— son, por un lado, la transposición a largometraje de una famosa serie televisiva, la celebradísima (y finiquitada, en cuanto a la realización de capítulos nuevos, hace ya la friolera de cuatro años, aunque sus pases televisivos son aún frecuentes y reiterados), “Sexo en Nueva York: La película”, y, por otro, la adaptación de un cómic, en lo que viene a constituir una nueva mirada a las andanzas del gigante verde de la Marvel, “El increíble Hulk”. Dos productos de perfiles claramente diferenciados y que, por tanto, atraerán a las salas a públicos bastante dispares, pero que, muy probablemente (lo contrario supondría una sorpresa de dimensiones considerables), sí que vendrán a coincidir en lo que se refiere a su “romance”, más que previsible, con la taquilla.

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La primera, indudablemente, dará ocasión a que sus huestes de seguidores retomen personajes, ambientes y situaciones, y se deleiten en las siempre inevitables comparaciones entre film y serie (al fin y al cabo, ése, y no otro, es el señuelo fundamental de productos de este corte), gracias, sobre todo, al mantenimiento íntegro del elenco protagonista de una y otra (causa, según las malas lenguas, del ostensible retraso con que se ha materializado esta “operación”: una de las actrices, Kim Cattrall, había situado el listón en una altura “complicada”…). En cuanto a la segunda, que no tiene relación alguna con la controvertida película sobre este mismo superhéroe de tebeo que, hace cinco años, dirigiera el aclamado Ang Lee —esta revisitación la firma el parisino Louis Leterrier, que debuta con ella en el cine hollywoodiense—, poca duda cabe de que si hay un elemento que resulta tremendamente atractivo es el de su actor protagonista, y, en consecuencia, encargado de dar vida a tan singular personaje, que no es otro que Edward Norton, uno de esos contados intérpretes capaces de conjugar un tremendo tirón comercial con un gancho cinéfilo más que acreditado. ¿El veredicto final? En sus manos queda, amigo lector…

En la imagen: Fotograma de “Sexo en Nueva York: La película” © 2008 TriPictures. Todos los derechos reservados. Fotograma de “El increíble Hulk” © 2008 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

Viernes 6 Junio 2008
Escrito por Manuel Márquez el 06.06.08 a las 13:50
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Sufrida ocupación la del “comentarista de preestrenos”. Condenado a emitir (pre)juicios de valor acerca de algo que desconoce (en definitiva, películas que aún no ha visto), en base a referencias, aproximaciones, precedentes; constreñido a decantarse en una elección habitualmente incierta (no todas las semanas, para facilitar el “trabajo”, se estrena la última entrega de Indiana Jones…) acerca de cuáles pueden ser los puntos de máximo interés de la semana que se avecina. En fin, panorama nada alentador, y ante el que cualquiera de ustedes, amigos lectores, siempre me podrá objetar, y no sin fundamento, que hay alternativas más duras: no seré yo quien se lo discuta, dado que así es. Pero reconozcan, al menos, que hay semanas en que la cuestión es complicada. Y ésta, sin ningún género de dudas, es una de ellas: pocos títulos, y, como nota general, escaso eco comercial previsible, salvo que la legión seudoadolescente de seguidores de Hannah Montana o el morbo que puede despertar una curiosa picha (y ya les aviso, para que nadie se llame luego a decepción, que no se trata de la de George Clooney…) dicten otra tendencia.

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Aún bajo los efectos (parece) del “tsunami Indy”, la cartelera de esta semana vuelve a verse aquejada de una seria atonía. Y, en tal contexto deprimido, no es difícil prever que sólo hay dos aspirantes más o menos serias al título honorífico de “estreno de la semana”: una es “Aritmética emocional”, cinta canadiense cuya trama viene revestida de connotaciones afectivas bastante tremebundas, y que cuenta, como mayor aval, con un reparto “campanillero” —buena parte de cuyos integrantes (Susan Sarandon, Max von Sydow o Christopher Plummer) han sido excelentemente diseccionados por mi compañera Almudena Muñoz Pérez en nuestro “vecino” blog de clásicos del cine—; y la otra es, cómo no, el último trabajo como director del galán de galanes, el ya mentado George Clooney, que, bajo el título de “Ella es el partido”, nos ofrece una comedia romántica de enredo ambientada en el mundo del deporte y de los felices veinte del pasado siglo XX, con Renée Zellwegger en el papel, siempre agradecido, de objeto de las disputas amorosas de los dos protagonistas masculinos (uno de ellos, el propio Clooney; el otro, la joven estrella emergente John Krasinski). ¿La ganadora? Ustedes deciden…

En la imagen: Fotograma de “Ella es el partido” - Copyright © 2008 Universal Pictures, Smoke House y Casey Silver Productions. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.