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Martes 1 Julio 2008

No sé si será por el verano o por la Eurocopa de fútbol, pero lo cierto es que, cinematográficamente hablando, el recién acabado junio puede pasar a la Historia como uno de los meses más flojos, sólo salvado por algunas grandes producciones norteamericanas. Revisando lo que permanece en la cartelera y dejando al margen lo que ya se recogía en anteriores artículos, podemos recomendar algunos títulos, en su mayoría de evasión y entretenimiento, como es lógico en esta época del año. Tras la ausencia de sorpresas y la presencia de tanta nostalgia como encerraba “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, varias películas volvían a los pocos días a tratar las ambiciones de científicos y militares sin escrúpulos: “El increíble Hulk”, con espectaculares efectos especiales y un drama tenso entre humanidad y monstruosidad, no estaba exenta de interesantes reflexiones antropológicas.

El increíble Hulk

Más experimentación científica y tragedia apocalíptica encontramos en “La niebla de Stephen King” y ”El incidente”, ambas con el miedo y la insolidaridad como trasfondo y el suspense como arma narrativa, aunque la primera teñida de un tono más fatalista y la segunda dejando una salida a través de la familia. Huyendo del drama, “Ella es el partido” cumplía su función de entretener con ingenio como comedia romántica al estilo clásico, aunque no le exijamos a George Clooney que sea Howard Hawks ni Cary Grant; y “La vida sin Grace” nos ofrecía una historia familiar aunque algo blanda en torno al reencuentro entre un padre viudo y sus dos hijas. De los estrenos españoles, reseñamos “Los cronocrímenes” por su original idea y la precisión de su guión y montaje, que no es poco; mientras que la tailandesa “Wonderful town” merece ser destacada como la apuesta más sensible y lírica, más contemplativa e intimista, de mejor ambientación emocional y geográfica. Leer más >>

Jueves 19 Junio 2008

Por si alguien todavía no lo sabía, estamos en plena Eurocopa de fútbol. Las respectivas selecciones disputan sus encuentros y las aficiones hacen rugir sus gargantas. Todos aspiran a marcar más goles que el rival y a mejorar una imagen que, a la larga, les reporte beneficios económicos. Porque, en el fútbol como en el cine, la imagen y los ingresos son parte fundamental para mantenerse vivos. Y sin embargo, más allá de esta semejanza, el matrimonio cine-fútbol nunca se ha llevado muy bien, y el campo de juego apenas ha sido un territorio explorado con éxito por la cámara. Al margen de la mítica “Evasión o victoria” de John Huston, el cine estrenado en estos últimos años nos ha dejado una película como “Quiero ser como Beckham”, que se servía del balompié como excusa para trenzar una historia de amor y tolerancia, mientras que “Offside (Fuera de juego)” lo era para reflejar la discriminación de la mujer en el fundamentalismo islámico, o “La gran final” para recoger un mundo globalizado por la televisión y la pasión futbolística. Recientemente, el Festival de Cannes ha acogido un documental de Emir Kusturica sobre “Maradona”, figura que ya había sido mitificada en “El camino de San Diego”.

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Hay más películas que se han acercado al fútbol intentando aprovecharse de su popularidad para “hacer el agosto”. Sin embargo, rara vez lo han conseguido y cuando se ha producido cierta química, ésta provenía más de las historias personales de sus protagonistas que del favor del balón. ¿Por qué este rechazo sistemático? Para empezar, resulta evidente la dificultad para conseguir la naturalidad necesaria a partir de unos actores que no son futbolistas y que deben lidiar con el esférico; además, su carácter colectivo exigiría una cinta coral, y si el director consiguiera formar un bloque compacto y equilibrado, seguro que más de un equipo de fútbol lo ficharía a continuación, y hasta él ganaría más dinero que en el cine. También cabe la posibilidad de incorporar futbolistas al reparto (más de una vez se ha hecho: Ardiles, Pelé, Cantoná…), pero entonces lo que sufriría no sería la puesta en escena sino la propia historia, expuesta a perder el dramatismo que la interpretación aporta; por otra parte, estamos ante un deporte que, en principio, carece del valor metafórico de pelea y superación personal del que goza el boxeo —que sí tiene un amplio repertorio de buenas películas—, o al menos queda diluido entre su larga plantilla. Leer más >>

Lunes 9 Junio 2008

Hubo un tiempo, hace casi treinta años, en el que muchos niños y adolescentes querían ser arqueólogos cuando se hicieran mayores. Habían visto “En busca del arca perdida” y habían sentido el gusanillo de la aventura, la emoción del peligro y el triunfo de su héroe. Querían ser como él, emular sus audacias y adentrarse en el territorio de lo desconocido. Pero estos “arqueólogos de ficción” crecieron, y la realidad se impuso a sus sueños infantiles: hoy son médicos, amas de casa, comerciantes, profesores… Atrás quedaban unas hermosas aventuras, interrumpidas al cerrarse la trilogía del hombre del sombrero y el látigo, pero que permanecían en el imaginario de una generación. En estos días todos ellos han vuelto a querer ser arqueólogos, al menos durante un par de horas, y a recordar aquellos maravillosos años en los que todo era posible si Indiana Jones estaba involucrado en la aventura.

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Ahora le hemos visto en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, y lo hemos visto como siempre, igual de temerario e inconsciente, pero también igual de atractivo, con su humor y sonrisa desafiante. Indy es un icono, un mito, una leyenda…, y como tal debía tratarse. No era posible ni conveniente hacerle evolucionar con los tiempos. Su público exigía recuperarle con sus mismos atributos y en semejantes misiones. No querían otro Indiana Jones, sino el de siempre, el de sus años de infancia. Así lo entendieron Steven Spielberg, George Lucas y Frank Marshall, y por eso redujeron los riesgos al mínimo. Alimento en forma de nostalgia —distinta a la que alude Miguel A. Delgado en este mismo blog— para un espectador seguro, libre y gustosamente cautivo, y también éxito de taquilla con la misma fórmula de antaño… porque acción, misterio y un poco de heroísmo y glamour con final feliz es anzuelo para cualquier generación. ¿Qué hubiera pasado con un Indiana pixelizado o desprovisto de su atuendo tradicional? No sé, pero probablemente todos sus incondicionales se hubieran puesto en pie de guerra, porque con su ídolo no se hacen experimentos, porque con los recuerdos no se juega, porque la nostalgia es como una lluvia fina que cala hasta los huesos.

En la imagen: Harrison Ford caracterizado de Indy para “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” - Copyright © 2008 Paramount Pictures y Lucasfilm. Foto por David James. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Jueves 5 Junio 2008

Estos días, a raíz de la muerte de Sydney Pollack, hemos vuelto a oír la melodía de una de sus cintas más famosas, “Memorias de África”, y a ver imágenes llenas de la luz de aquel continente (luz que se ha convertido en referencia para todos los directores de fotografía, como recordaba Javier Aguirresarobe en un artículo en el diario Público) con los rostros desde entonces icónicos de Robert Redford y Meryl Streep. Y los comentarios, claro, seguían los cauces habituales: “obra maestra”, “joya inolvidable”, etc., etc.

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Pues bien, uno no puede evitar sentirse un poco extraño cuando oye y lee estas cosas, porque lo cierto es que “Memorias de África” me ha parecido desde siempre un bluf, uno de los mayores pestiños de la historia del cine; y más aún si se tiene en cuenta el maravilloso original literario de Isak Dinesen, infinitamente más rico, complejo y sugerente que la larguísima postal que nos despachó Pollack. Y lo malo es que su influencia no se quedó ahí, sino que inauguró una larga cadena que nos trajo, entre otras, el ladrillo de “El paciente inglés” de su discípulo aventajado, Anthony Minghella; “El cielo protector” de Bernardo Bertolucci, sólo memorable por la extraordinaria banda sonora de Ryuichi Sakamoto; y, últimamente, la “Seda” de François Girard. Francamente, tanto empacho formalista me parece tan cargante como las explosiones del señor Michael Bay. Y es que en esto, como en todo, los extremos también se tocan.

En la imagen: Fotograma de “”Memorias de África” - Copyright © 1985 Mirage Entertainment y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

Miércoles 4 Junio 2008

Afortunadamente, los amantes del buen cine tienen la oportunidad de ver dos obras maestras que nos trajo el recién finalizado mes de mayo y que justifican eso de que el Séptimo Arte sintetiza y funde las conquistas de las demás artes, a la vez que hablan del hombre y llegan a lo más interior del espectador para quedarse dentro de él. En el cine se ha estrenado “Aleksandra” de Alexander Sokurov, una mirada profundamente humana a la realidad de quienes están en un campamento militar ruso en la ocupada Chechenia, que hará las delicias de quienes prefieren un cine de silencios y miradas. La otra película excepcional estuvo nominada a los Oscar® y ya está disponible en DVD de alquiler: “La escafandra y la mariposa”, de Julian Schnabel, que pone en imágenes la autobiografía del periodista Jean-Dominique Bauby desde el momento en que quedara totalmente inmovilizado, tras un accidente cardiovascular. Estamos ante dos aproximaciones estrictamente cinematográficas que penetran en lo más profundo del individuo para hablar de lo realmente importante: el cariño, la esperanza, la vida y la muerte. Pocas veces se alcanza esta perfección y esta personalidad visual.

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En unos umbrales estéticos también de indudable calidad, la cartelera actual nos permite asistir a la proyección de “La duquesa de Langeais”, la última película de Jacques Rivette, donde se acerca, con una puesta en escena muy cuidada y una planificación formalista, a la nobleza de la restauración para hablar de su hipocresía y vanidad, a través de una historia de seducciones y desencantos amorosos. Otro tono tiene “El baño del Papa”, pequeña película que llega de Uruguay con aires neorrealistas, para acercarnos a unas gentes que sueñan con ilusiones y viven con pobreza y dignidad. Los cinéfilos siempre pueden ver “Un lugar en el cine”, y reflexionar sobre su naturaleza y lenguaje de la mano de Víctor Erice y Theo Angelopoulos. Bajando algunos escalones pero también con indudable interés, el espectador que prefiera buenas películas pero más desenfadadas y menos esteticistas, puede ver el pesimista y demoledor thriller “Antes que el Diablo sepa que has muerto”, de Sydney Lumet, sobre una familia carcomida por dentro en su inmoralidad; la divertida y original “Rebobine, por favor”, del siempre desconcertante Michel Gondry; o la española “Casual day”, de Max Lemcke, sobre la conflictividad laboral y las mezquindades humanas. Por último, todos sabemos que las salas nos ofrecen dos películas que sin duda entretendrán a la mayoría de los espectadores: “Iron Man” e “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”.

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En DVD se han editado, ya sea a la venta o en alquiler, algunas películas que ya adelantábamos en los artículos sobre marzo y abril, como “Cassandra’s Dream”, “El atardecer” o “Leones por corderos”. Ahora tenemos que añadir a nuestras recomendaciones alguna más como la que Sarah Polley firma en “Lejos de ella”, con una magnífica interpretación de Julie Christie en el papel de una mujer con Alzheimer; “American gangster” y “Michael Clayton” como aproximaciones americanas a la corrupción y a la violencia; la mexicana “La zona” en su intento de acercarse al contraste de pobreza-riqueza del país y al miedo que a todos invade; y la libanesa y femenina mirada con que se cuentan historias intimistas de varias mujeres en “Caramel”. Los fans del cómic y lo digital tienen la edición de “Beowulf”, los de los Beatles la de “Across the universe” con una buena dosis de canciones y romanticismo, y los amantes de la naturaleza y las aventuras a lo Jack London pueden ver “Hacia rutas salvajes” y disfrutar con su espléndida banda sonora.

En las imágenes: Arriba, “Aleksandra” © 2007 Sagrera. Todos los derechos reservados. Abajo, “La escafandra y la mariposa” © 2007 Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

Lunes 19 Mayo 2008

El Festival de Cannes es ahora mismo punto de atracción total del mundo del cine: gran parte de los que cuentan han pasado, pasan o pasarán estos días por allí, y, como conclusión lógica, todos los medios que nos dedicamos a informar sobre esta curiosa mezcla de arte e industria nos hacemos eco casi inmediato de cada suspiro que emane de los labios de esos seres que a veces parecen existir en un estado intermedio entre la mortalidad y la inmortalidad más absolutas. Y claro, así no es de extrañar que sucedan cosas que, lamentablemente, terminan siendo el pan nuestro de cada día, y que se están convirtiendo en una peligrosa costumbre que acabará contagiándose a figuras y cintas no tan presuntamente merecedoras de ello. Por ejemplo, no deja de ser pintoresco que el encuentro de Woody Allen (que sí que forma parte del Olimpo, al menos en Europa) con la prensa para presentar su última película, “Vicky Cristina Barcelona”, se celebrara… sin que los periodistas hubieran tenido oportunidad previa de verla. ¿Antiperiodístico? Sí, pero también real como la vida misma: y ni siquiera es la primera (ni será la última) vez que algo así ocurre.

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Como consecuencia, un puñado de nombres está sirviendo como licencia para que el circuito cine-información-crítica cada vez se enrarezca más, hasta el punto de que las entrevistas se convierten en simulacros de entrevistas (¿de verdad puede salir una pregunta interesante cuando el encuentro se reduce a un pool de cuatro o cinco medios con tres o cinco minutos para repartir entre todos?), y los fenómenos cinematográficos se construyen desde la virtualidad… Hasta ahora, los estudios lo hacen porque, no nos engañemos, la producción cinematográfica supone una importantísima inyección publicitaria para los medios, y eso les legitima para imponer sus reglas. Pero ojo, que ahí están otras áreas, como las de los videojuegos, cuya sombra comienza a amenazar la hegemonía en el mundo del entretenimiento de esa galaxia encabezada por Hollywood… y sin gastarse tanto, ni mucho menos, en publicidad. Quizá, para cuando quieran recuperar la complicidad de los medios, ya sea tarde.

En la imagen: Woody Allen da instrucciones a Penélope Cruz y Javier Bardem durante el rodaje de “Vicky Cristina Barcelona” - Copyright © 2008 Gravier Productions, Mediapro y Antena 3 Films. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

Miércoles 14 Mayo 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 14.05.08 a las 14:21
Archivado en: Festivales

El Festival de Cannes levanta una vez más el telón. Y esta edición, por los inescrutables designios que establecen qué efemérides deben conmemorarse y cuándo, viene a coincidir con el 40º aniversario de aquella que tuvo que ser suspendida como efecto colateral de las algaradas de Mayo del 68. En dicha ocasión, los cineastas con vocación revolucionaria (Godard, Truffaut o nuestro Saura, que retiró “Peppermint Frappé” de la competición) lograron la suspensión de un certamen que, ya por entonces, era capital del glamour y referencia imprescindible de la creación artística cinematográfica.

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Resulta curioso comparar aquello con una edición que va a albergar nada menos que el estreno mundial de la nueva entrega de Indiana Jones, en un calculado aperitivo que precederá por poco a la previsible inundación urbi et orbe de las aventuras del arqueólogo más famoso del celuloide. ¿Invasión imperialista de un certamen que sigue jactándose de ser la única vara fiable para medir la calidad de la producción cinematográfica que se hace en estos momentos? Sí y no: al fin y al cabo, en un momento en el que las dudas sobre la pervivencia del cine tal y como lo conocemos van en aumento, e incluso una oportunidad de negocio aparentemente tan segura como la de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” no lo parece ya tanto (de ahí la renuncia de sus responsables a cobrar hasta que no se rebase una abrumadora expectativa recaudatoria), las incertidumbres no parecen ya algo exclusivo del cine antiguamente conocido como “de arte y ensayo”. Pero, sea como sea, asistiremos a unos días que nos pondrán los dientes largos, hasta que los distribuidores tengan a bien empezar a traernos las joyas que, a buen seguro, albergará la sección oficial. Y para los que se escandalizan de la ecuación Indiana-Cannes, sólo decir que peor fue el año que nos endosaron aquel funesto código Da Vinci.

En la imagen: Carteles promocionales del 61º Festival de Cannes, a partir de una fotografía de David Lynch, adaptada por Pierre Coller - Copyright © 2008 Festival de Cannes. Todos los derechos reservados.

Martes 13 Mayo 2008

Que una película como “3 días” esté durando en la cartelera poco más o menos el mismo tiempo que indica su título es mal síntoma. Y no sólo para nuestro cine, sino también porque sirve de termómetro para marcar la verdadera influencia de un galardón supuestamente tan cotizado como el del Festival de Málaga: al final, y como ya hemos dicho en alguna otra ocasión, lo que parece marcar la diferencia es la repercusión mediática de los que en ella participan: biznagas sin minutos de televisión equivalen a poquita, muy poquita cosa.

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Y es injusto porque la cinta, sin ser perfecta, ofrece uno de los debuts más prometedores del cine español, desde luego a años luz del estruendoso vacío de orfanatos y demás. Y porque contiene una interpretación masculina de antología, de las que deberían ser recordadas aunque los Goya, probablemente, ni reparen en ella cuando toque: un Víctor Clavijo sobresaliente, impactante en la composición de un duro personaje al límite. Francamente, y visto lo visto, ni Pacinos, ni Cámaras, ni nada de nada: el mejor papel masculino en el ya casi medio año que llevamos de estrenos es el de este joven actor en esta película fugaz cual meteorito. Aunque nadie le ovacione ni le detenga por la calle.

En la imagen: Víctor Clavijo en “3 días” - Copyright © 2008 Maestranza Films, Green Moon y Pentagrama Films. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Jueves 1 Mayo 2008

Aunque haya llegado la primavera, todos sabemos que ésta no es la época más florida del año para el cine. Sin embargo, podemos recomendar algunos títulos recientes, que habría que añadir a los del mes pasado que aún permanecen en cartelera. Entre el cine más comercial y para un público amplio que prefiera las historias americanas, tienen interés tanto “La familia Savages” como “El último gran mago”, ambas con temática familiar de fondo: en la primera, tenemos a dos hermanos —excelentes interpretaciones— que se reencuentran y tienen la oportunidad de enderezar sus vidas al atender a su padre con alzheimer; en la segunda, asistimos al espectáculo del gran Houdini —buena ambientación— donde la magia y el amor hacen que nada sea lo que parece. Muy original y sugerente, además de divertida, es “Lars y una chica de verdad”, película independiente americana en la que un niño grande y enfermo por falta de afecto se acerca a las realidades más humanas a través de una muñeca: una fábula positiva y esperanzada sobre la solidaridad y la educación sentimental. Más cine de producción americana pero con estética danesa nos ofrece Susanne Bier —directora de “Después de la boda”— en “Cosas que perdimos en el fuego”, otro intenso drama familiar sobre la ausencia y la lucha por la vida a partir del amor, con Benicio del Toro y Halle Berry de protagonistas.

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De carácter algo más minoritario pero excelente factura y exquisita sensibilidad son “La banda nos visita”, película de trama mínima sobre la convivencia de árabes e israelíes, a través de la historia de unos personajes tan entrañables como simpáticos; y “Mil años de oración”, ganadora de la Concha de Oro de San Sebastián, con un Wayne Wang que mira hacia su Hong Kong natal para hablar del encuentro de civilizaciones y el entendimiento entre generaciones distintas, a partir de la visita de un padre chino a su hija emigrante en los Estados Unidos. Otro director oriental, Yôji Yamada cierra su trilogía de samuráis con “Love & honor”, en el mismo tono humanista y crepuscular y con idéntica maestría que en sus anteriores entregas. Por último, una propuesta necesaria aunque tremendamente dura y dramática, y por tanto sólo para un público adulto: “Ahlaam (Sueños)”, cinta iraquí que recoge —con un tono hiperrealista y cuasi-documental— la tragedia de un pueblo enloquecido por la guerra, con tres personajes que coinciden en un psiquiátrico en el momento en que las tropas americanas bombardean Badgad y Saddam Hussein es derrocado.

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Entre lo que nos ha llegado en formato DVD, podemos rescatar algunos títulos para públicos y momentos distintos. Quien prefiera sentimientos a flor de piel —quizá excesivamente dulces y sensibleros—, los encontrará en la atrevida y taquillera “Encantada: La historia de Giselle”, con personajes de cuentos de hadas y princesas que recorren las calles de Manhattan. Más refinamiento y calidad artística encierra la francesa “Las aventuras amorosas del joven Molière”, aproximación apócrifa al famoso dramaturgo, que encontró en una joven dama su fuente de inspiración. El elenco de actrices y sus magníficas interpretaciones en “El atardecer” logran que merezca la pena ver esta preciosa historia de amor llena de melancolía, en lo que es un encuentro con la vida y también con la muerte. Y por eso de no hacer un feo al cine español, dos cintas aceptables aunque no plenas de acierto, “14 kilómetros” y “Mataharis”: la de Gerardo Olivares nos acerca al mundo de los inmigrantes subsaharianos con una ficción de tono documental y cuidada fotografía; y la de Icíar Bollaín a las difíciles relaciones sentimentales de tres parejas, con fondo social incluido. Por último, destacar la edición de “Persépolis”, película francesa de animación en la que la iraní Marjane Satrapi adapta sus memorias —con cierta carga ideológica— en el periodo del fundamentalismo islámico, con una ágil narrativa y unos dibujos planos en blanco y negro pero llenos de expresividad.

En las imágenes: Arriba, “Lars y una chica de verdad” © 2007 Versus Entertainment. Todos los derechos reservados. Abajo, “Mil años de oración” © 2007 Karma Films. Todos los derechos reservados.

Miércoles 23 Abril 2008

Se veía venir, casi desde el momento en que cogió el timón de la Seminci. La suya ha sido una travesía de tres años, entre quejas y justificaciones, con una Semana a la deriva y sin rumbo claro, con la larga sombra de Fernando Lara acechando y una imagen que se iba deteriorando, arrinconado por otros festivales de mayor proyección y riesgo. Juan Carlos Frugone ha presentado su dimisión como director de la Seminci, aunque su contrato le obliga a permanecer tres meses en el cargo para preparar la próxima edición. En declaraciones suyas, manifiesta que ya están organizados los ciclos y encargado el cartel, e incluso seleccionada alguna película; y que tratará de colaborar para que el nuevo director se encuentre la mejor Seminci posible.

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Es cierto que, en estas tres ediciones, Frugone ha intentado algunas cosas, como esos ciclos de cine y nuevas tecnologías, con conferencias y sesiones sobre el cine y los videojuegos, o haberse atrevido a abrir la Semana con cine de animación, por ejemplo. Pero esencialmente ha seguido nutriéndose de películas de Cannes y otros festivales, organizado ciclos paralelos un tanto peregrinos y sin gancho, y no ha acertado a vender una imagen renovada y fresca del festival. Ha defendido su gestión por haber sido el primero bajo cuyo mandato ha ganado la Espiga una cinta española (“14 kilómetros”, de Gerardo Olivares) o el director más joven de la historia (Matías Bize con “En la cama”), pero ni uno ni otro son propuestas de primera ni han despuntado después, como tampoco la tercera espiga (“Optimistas”, de Goran Paskaljevic) era merecedora de tal galardón.

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Tres ediciones mediocres que hacían prever un desenlace fatal en cualquier momento. Todo se precipitó cuando hace unos días envió una carta a los miembros del Patronato de la Seminci, filtrada a la prensa por un concejal socialista, en la que exponía una serie de exigencias para continuar al frente. Al alcalde —a la sazón Presidente del Patronato— le faltó tiempo para tomárselo como un ultimátum e iniciarse una serie de fuego cruzado que no podía llevar a buen puerto. En síntesis, Frugone reclamaba libertad para formar un equipo de su entera confianza —problemas personales con algún colaborador en la gerencia y en tareas administrativas—, mientras que el alcalde popular exigía una mayor permanencia en la ciudad y una mayor profesionalidad en la programación, a la vez que retaba al director a hacer una propuesta de equipo. No la ha habido, y él mismo ha anunciado que se va por no poder trabajar a gusto en estas circunstancias.

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No toda la culpa la tiene Frugone, porque el mal estaba ya incubado desde los últimos años de Lara, con vicios “pactados” como no estar obligado a vivir en la ciudad —con la dificultad para seguir “a pie de obra” la construcción de la Semana—, o disponer en la práctica de un equipo organizador sólo durante tres meses —lógicamente con un contrato, al menos el director y el equipo inmediato, de todo el año—. Está claro: así no se puede, y las consecuencias están a la vista, y quizá perduren si no se rectifica a tiempo. Ahora, a buscar sustituto —tarea nada fácil, con tantas exigencias políticas y compromisos personales—, a esperar un poco de reflexión sobre lo ocurrido y a desear una transición no traumática, porque su historia se lo merece.

En las imágenes: Logotipo de la Seminci y Juan Carlos Frugone en distintos momentos de las pasadas ediciones; en la foto del medio, junto al alcalde de Valladolid, Franciso Javier León de la Riva, y la actriz Rosana Pastor © SEMINCI. Todos los derechos reservados.