opinión.labutaca.net

 
sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
« Inicio | Archivo de la Categoría 'Premios'
Jueves 5 Junio 2008

Estos días, a raíz de la muerte de Sydney Pollack, hemos vuelto a oír la melodía de una de sus cintas más famosas, “Memorias de África”, y a ver imágenes llenas de la luz de aquel continente (luz que se ha convertido en referencia para todos los directores de fotografía, como recordaba Javier Aguirresarobe en un artículo en el diario Público) con los rostros desde entonces icónicos de Robert Redford y Meryl Streep. Y los comentarios, claro, seguían los cauces habituales: “obra maestra”, “joya inolvidable”, etc., etc.

memorias-de-africa.jpg

Pues bien, uno no puede evitar sentirse un poco extraño cuando oye y lee estas cosas, porque lo cierto es que “Memorias de África” me ha parecido desde siempre un bluf, uno de los mayores pestiños de la historia del cine; y más aún si se tiene en cuenta el maravilloso original literario de Isak Dinesen, infinitamente más rico, complejo y sugerente que la larguísima postal que nos despachó Pollack. Y lo malo es que su influencia no se quedó ahí, sino que inauguró una larga cadena que nos trajo, entre otras, el ladrillo de “El paciente inglés” de su discípulo aventajado, Anthony Minghella; “El cielo protector” de Bernardo Bertolucci, sólo memorable por la extraordinaria banda sonora de Ryuichi Sakamoto; y, últimamente, la “Seda” de François Girard. Francamente, tanto empacho formalista me parece tan cargante como las explosiones del señor Michael Bay. Y es que en esto, como en todo, los extremos también se tocan.

En la imagen: Fotograma de “”Memorias de África” - Copyright © 1985 Mirage Entertainment y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

Miércoles 9 Abril 2008

¿Por qué Laura Linney no forma parte del Olimpo de las actrices populares? Cuando en las conversaciones cinéfilas se pregunta por el nombre de las mejores intérpretes del momento, suele ocurrir que el de esta prodigiosa actriz brilla por su ausencia, al menos, en la primera relación. Poco parece contar el hecho de que acumule ya tres nominaciones al Oscar®… de hecho, ante casos así, parece inevitable preguntarse por la justicia de que, por ejemplo, Hilary Swank tenga dos estatuillas (ojo, merecidísimas), mientras que la Linney aún no haya sido considerada como merecedora de tan siquiera una. No, no parece justo.

jindabyne.jpg

Quizá el problema es que hay algo en ella absolutamente normal; o, mejor dicho, cotidiano. Frente a lo que sucede con otras actrices más hermosas, más aparentemente perfectas, todos podemos decir que alguna vez hemos conocido, o conocemos, a alguna mujer como las que suele interpretar: de la esposa fingidora de “El show de Truman (Una vida en directo)” a la manipuladora maquiavélica de “Mystic River”; de las hermanas atascadas, tiernas y vulnerables de “You can count on me (Puedes contar conmigo)” o “La familia Savages”, a las desquiciadas madres de “The nanny diaries (Diario de una niñera)” o “Una historia de Brooklyn”, todos sus personajes están hechos de realidad. Y nos devuelven, como un espejo, sensaciones, miedos y esperanzas que podemos reconocer. Frente a otras diosas del celuloide, difícilmente nos hará soñar; al contrario, nos obligará a mirarnos a nosotros mismos. Y eso, que sólo está al alcance de la estirpe de grandísimas actrices y actores a que pertenece por derecho propio, no es la mejor vía para ser una estrella popular. Da igual: todos los amantes del cine seguiremos adorando en secreto a Laura Linney, aunque al resto le cueste saber de quién hablamos.

En la imagen: Laura Linney en “Jindabyne” - Copyright © 2006 April Films, Film Finance Corporation Australia, Babcock & Brown y Redchair Films. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

Miércoles 5 Marzo 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 05.03.08 a las 22:27
Archivado en: Oscars

No deja de resultarme curioso haber leído estos días en los medios algún que otro comentario respecto a que los Oscar® de este año han sido demasiado minoritarios, anticomerciales, concedidos de espaldas a la taquilla. Vaya por delante que nunca he entendido muy bien que un éxito económico tenga que ir acompañado obligatoriamente de un reconocimiento artístico; pienso que, independientemente de que ambos aspectos puedan coincidir, cada uno de ellos se mueve en un terreno diferente. De hecho, no creo que los responsables de la tercera entrega de Piratas del Caribe (“Piratas del Caribe: En el fin del mundo”) hayan llorado amargamente por no haber sido merecedores ni de media estatuilla; ellos juegan en otra liga (que, digámoslo de antemano para evitar suspicacias, es esencial también para que se mantenga esa industria llamada cine).

que-los-oscar-se-han-vuelto-exquisitos.jpg

Lo más curioso es que, normalmente, uno oye las críticas contrarias. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de la infantilización del gusto de la Academia norteamericana?, ¿cuántas repetido que el Oscar® no es la medida de todas las cosas, que en Europa sí que sabemos reconocer la calidad, etc., etc.? Y resulta que ahora, en el momento en que la relación de premiados por la Academia parece más el palmarés de Cannes que el habitual en ella, resulta que se enarbolan los argumentos contrarios para poner un poco en tela de juicio el acierto o no de los organizadores. Aunque no debería extrañarnos: algo así ocurrió, a menor escala, con los Goyas a “La soledad”. En fin, no sé qué opinan ustedes, pero yo estoy más que satisfecho con estos Oscar® contracorriente; eso sí, no me hago ninguna ilusión de que la cosa vaya a seguir por este camino, pero lo de este año, desde luego, ya no me lo quita nadie.

En la imagen: Ethan Coen, Martin Scorsese y Joel Coen tras la ceremonia de los Oscar®. Foto por Matt Petit - Copyright © 2008 A.M.P.A.S.®. Todos los derechos reservados.

Martes 26 Febrero 2008

Una vez más se repite la historia: los chicos que irrumpieron en el panorama cinematográfico con su mirada desinhibida, desacomplejada y fresca, con una mezcla de dominio, respeto y burla de todos los referentes de la Historia del Cine, han terminado obteniendo el reconocimiento institucional con el que, quizá, nunca soñaron cuando empezaron. Porque la lluvia de Oscars® derramada sobre los hermanos Coen (de hecho, hasta tres veces subieron al escenario para recoger otras tantas estatuillas) por su última y prodigiosa obra, “No es país para viejos”, viene a certificar lo que ya el estilo de la cinta anunciaba: los Coen son, en la actualidad, unos clásicos. Maravillosamente clásicos, es verdad, pero clásicos al fin y al cabo. La vanguardia ya no pasa por ellos.

Y no es extraño que sea por la película que seguramente más abdica de lo que hasta ahora habían sido las líneas maestras de su filmografía. Un título en el que no pretenden revertir el material original (la novela original de Cormac McCarthy), dándole nuevas lecturas o buscando huecos para la desmitificación postmoderna. No, aquí ellos se rinden a lo que las páginas sugieren, y ponen todo su inmenso talento (que no siempre parecen dispuestos a exhibir) para levantar una cinta en la que lo escrito cobra vida de una manera que en muy escasas ocasiones nos había sido concedido ver. En definitiva: negándose a sí mismos, han superado las desvaídas caricaturas que eran sus últimos filmes, y, paradójicamente, han levantado una de sus pocas y verdaderas obras maestras. No muchas veces unos galardones, a la hora de certificar la defunción de un estilo, habían alumbrado algo tan potente. Estos Oscars® están llamados a dejar huella.

En la imagen: De izquierda a derecha, Joel Coen, Javier Bardem, Josh Brolin, Kelly Macdonald y Ethan Coen en el 60º Festival de Cannes © 2007 Buena Vista International. Foto por MJ Kim. Todos los derechos reservados.

Viernes 22 Febrero 2008
Escrito por Julio Rodríguez Chico el 22.02.08 a las 17:00
Archivado en: Oscars

Es mucho lo que la industria del cine se juega con los Oscar®: ¡como para perderse una ceremonia! Por eso, los guionistas han vuelto al trabajo y todo está preparado para repartir las estatuillas el próximo 24 de febrero. Y quien suscribe, una vez que ha visto las películas nominadas —algunas con un estreno muy retrasado en nuestro país—, ya está en condiciones de matizar su opinión previa sobre varias de las candidaturas. Muy reñida se presenta esta fase final, sin ninguna favorita que pueda arrasar, por lo que quizá tengamos un sorteo de lotería, con premios muy repartidos. La disputa más igualada será en el capítulo de Mejor Película: “Expiación: Más allá de la pasión” es la más comercial y complaciente; “Juno”, la más fresca y que se ve con mayor gusto —así como la más positiva y menos dramática—; y “There will be blood (Pozos de ambición)”, la más californiana y ambiciosa, por lo que apuesto por esta última. Como Mejor Director, hay varios que han realizado una obra de “autor” con sello propio: Paul Thomas Anderson peca de megalomanía pero hace cine del bueno; los hermanos Coen (“No es país para viejos”) son muy suyos y no “casan” mucho con la Academia; y Julian Schnabel ofrece con “La escafandra y la mariposa” una obra de arte integral por la que se merece el máximo reconocimiento (sin embargo, pienso que no ganará él y sí alguno de los otros mencionados).

En cuanto a los actores, el duelo estelar será entre Daniel Day-Lewis y Tommy Lee Jones, y me decanto por la soberbia interpretación de este último en “En el valle de Elah”, aunque el británico hace también un papelón. Y de las actrices, a la pareja de Julie Christie y Marion Cotillard le ha salido una jovencita competidora que está de moda y pisa fuerte, Ellen Page, pero sigo creyendo que la protagonista de “Lejos de ella” se llevará el premio; qué pena que no haya dos o tres estatuillas para repartir. No altero mi apuesta en cuanto a los secundarios: Casey Affleck por ser el actor que despliega una mayor variedad de recursos interpretativos (aunque Javier Bardem haga un buen trabajo y parta incluso como favorito), y la joven Saoirse Ronan por trasmitir mejor que nadie una personalidad muy matizada con miradas, gestos y actuación. Como se ve, habrá muchas triunfadoras… o ninguna —según se quiera entender—, y quizá haya quien se vaya de vacío, a pesar de su notable calidad, en cuanto a los apartados principales, caso de “Michael Clayton” (aunque teniendo George Clonney tanto amigos en la Academia… quién sabe). Un año de mucha dureza, venganza y sangre en el cine, con unas gotas de oxígeno y humanismo que no sabemos si apagarán el incendio de la violencia o se evaporarán en el intento. Veremos dónde cae el “gordo” y la “pedrea”.

En la imagen: Detalle de un cartel promocional de “There will be blood (Pozos de ambición)” - Copyright © 2007 Paramount Vantage, Miramax Films y Joanne Sellar/Ghoulardi Film Company. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

Martes 5 Febrero 2008

Tras la triple metedura de pata en los prolegómenos de los Goya —el affaire de los cortos y de la música original, y la supresión de los premios al cine europeo—, la Academia se encaminaba hacia otro precipicio en la gala de entrega de premios. Algunas de las candidaturas habían levantado más de una suspicacia —véase la cantidad de nominaciones de “Las 13 rosas”, o las de “Oviedo Express” y “El Prado de las Estrellas”—, y parecía mirar hacia otro lado obviando unos resultados de taquilla sonrojantes. Por eso, su presidenta, Ángeles González-Sinde, se cuidó en la ceremonia en subrayar cómo el cine español era sólido (¿?) y sí caminaba “a alguna parte”, en un guiño al fallecido Fernando Fernán-Gómez. Pero tendríamos que preguntarnos a qué parte se dirige, y dónde se asienta su solidez. Es necesaria mucha más autocrítica y menos excusas sobre la invalidez de la taquilla para medir la salud del cine, sobre la preferencia del espectador por verlo en el sofá de su casa. Porque es evidente que ante una buena película, la gente irá a verla a la sala, como siempre ha hecho; y ante una película mediocre… pues en el mejor de los casos esperará a verla en el calor del hogar cuando salga en DVD.

Pero afortunadamente, los académicos fueron coherentes con esa máxima acerca de que el cine no sólo se mide en la taquilla, y dieron a Jaime Rosales y a “La soledad” los dos principales galardones: mejor película y director. Bien merecidos se los tenía, y no hubieran estado de más otros Goya —aparte del mejor actor revelación que recibió José Luis Torrijo— como los de montaje (qué habrán visto a “[Rec]” en este apartado, cuando se apoya fundamentalmente en el plano secuencia) o alguna interpretación femenina. Una cinta de bajo presupuesto y lejos del gusto de un público cómodo, arriesgada y original, triste pero honesta, con personalidad y sin complejos hacia lo extranjero. Del resto de premios, pues más o menos bien: enhorabuena a Maribel Verdú, a Alberto San Juan, a Roque Baños, a José Luis Alcaine… y, por supuesto, a Juan Antonio Bayona por “El orfanato”, a quien no le podemos negar su mérito y buen hacer, y del que esperamos grandes cosas. Nos hubiera gustado ver un Goya al cine europeo —igual lo han quitado por carecer de tirón para traer a la Gala a los responsables (¿?)— y también algún reconocimiento a Icíar Bollaín y a José Luis Garci, que tampoco merecían irse de vacío en algún apartado de interpretación o técnico. Sin embargo, en esta recta final es justo reconocer a la Academia que ha rectificado el rumbo y ha acertado, que ahora sí ha apostado verdaderamente por el cine español sin dejarse llevar por la taquilla, por las amistades o por lo políticamente correcto. Incluso José Corbacho estuvo simpático y comedido, dentro de su estilo gamberro y un tanto provocador, aunque todo pareciera reciclado.

En la imagen: Escena del rodaje de “La soledad” - Copyright © 2007 Wanda Visión, Fresdeval Films e In Vitro Films. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Lunes 4 Febrero 2008

Fue toda una sorpresa. Y sinceramente, no creo que hubiese nadie que se lo esperase. El triunfo en los Goya de “La soledad”, una cinta que apenas ha podido verse más allá de Madrid y Barcelona, y para colmo no demasiadas semanas, pilló a casi todo el mundo con el pie cambiado (menos, supongo, a los notarios, consultores o quienquiera que se ocupe de hacer el recuento de los votos). De hecho, el estupor se notaba incluso en el sonido ambiente de la retransmisión, como si el público no estuviese muy seguro de si era una broma de Corbacho. Y no es para menos: sus nominaciones parecían la típica concesión al cine más radical, al más libre, al que están poniendo en marcha toda una hornada de creadores que nunca aparecen en las listas de recaudaciones, pero que también tienen algo que decir. Pero claro, ¡de ahí a ganar había todo un trecho!

Habrá quien se lamente de que se haya premiado una cinta que apenas ha visto nadie… no porque no sea valiosa, potente, una de las mejores películas de todo el cine estrenado en nuestro país el año pasado, sino porque los distribuidores no se vieron capaces de apostar por ella, atosigados como están por la necesidad de recaudar rápido y bien ante el descenso de los ingresos por taquilla. Allá ellos; si el criterio fuese sólo ése, la recaudación, que los otorguen por estricta clasificación a 31 de diciembre, y que se ahorren los gastos de la gala. No: los premios deben ser otra cosa, algo que los Goya no suelen ser… y que, sorpresivamente, en esta edición sí que lo han encarnado. Eso sí, seamos realistas: probablemente lo que sucedió fue que el voto se repartió tanto entre las favoritas que ninguna de ellas logró suficiente para conseguir ni el de Mejor Película ni el de Mejor Director ni el de Actor Revelación. Suele pasar: cuando hay más de un claro favorito, a veces de rebote sale un tercero que nadie espera. Puede que sea el caso de “La soledad”, pero negarle el mérito a la cinta de Jaime Rosales sería pecar de una miopía preocupante; la que, desde luego, no salvará a nuestro cine.

En la imagen: Petra Martínez en “La soledad” - Copyright © 2007 Wanda Visión, Fresdeval Films e In Vitro Films. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Escrito por Manuel Márquez el 04.02.08 a las 18:00
Archivado en: Actualidad, Goyas

Ni decepción ni sorpresa. Confirmando las previsiones apuntadas en este mismo blog, la gala de entrega de los Premios Goya, que tuvo lugar la pasada noche en el Palacio de Exposiciones y Congresos, de Madrid, ofreció más de lo mismo: un espectáculo que, desde la previsibilidad más absoluta —la que impone un formato que deja muy poco margen de maniobra para la originalidad—, tuvo en José Corbacho a un conductor ágil e ingenioso, capaz, con sus gags y sus chaquetas, de hacer del escenario un territorio no excesivamente árido, y en el resto de sus participantes, las huestes del cine español, un público cordial y animoso que se atuvo, en todo momento, al guión de un binomio relajante (normalidad-tranquilidad), sin apenas espacio —salvo algún apunte por parte de Alberto San Juan (carga de profundidad contra la jerarquía eclesiástica), o la nota emotiva a cargo de José Luis Alcaine (dedicando su premio a la memoria de las trece rosas, nombradas una a una con una solemnidad que cortaba el aire)— para las convulsiones que estremecieron escenario y palco algunos años atrás. ¿Lecturas políticas? Es tiempo de campaña electoral: cada cual saque sus particulares conclusiones.

En lo que atañe a la “chicha” —es decir, los premios—, como diría el lotero de mi barrio, la cosa estuvo muy repartida. ¿Voluntad de “no poner todos los huevos en el mismo canasto”, o deseo de transmitir una imagen de amplitud de opciones que quizá no casa con una realidad mucho más cruda? Quién sabe… Se tiende, generalmente, a especular sobre las intencionalidades de decisiones colectivas que, en muchas ocasiones, sencillamente no existen: que la suma de las decisiones individuales en la que se funda la colectiva arroje un resultado determinado suele ser más fruto de la casualidad que de otra cosa. En todo caso, sí me causó cierto grado de sorpresa (y, por qué no decirlo, de íntima satisfacción) que la Academia apostara, y fuertemente, por ese cine “diferente” que, sin duda alguna, representa la gran triunfadora de la noche: “La soledad”, de Jaime Rosales. Y me quedo, también, y por lo que me toca personalmente, con la dedicatoria de su director a esos “pequeños futuros cinéfilos” que han de insuflar sangre fresca a este nuestro cine: ojalá el mío esté entre ellos…

En la imagen: Fotograma de “La soledad” - Copyright © 2007 Wanda Visión S.A. Todos los derechos reservados.

Miércoles 30 Enero 2008

Puede que se esté convirtiendo en costumbre contar con la presencia de un niño en las nominaciones a los Oscar®. O más concretamente, una niña: si el año pasado fue Abigail Breslin la que fue incluida en la categoría de Mejor Actriz Secundaria por su participación en “Pequeña Miss Sunshine”, éste le ha correspondido a Saoirse Ronan por su intervención en “Expiación: Más allá de la pasión”, lo que la convierte en la última, por el momento, de una línea que incluye a Anna Paquin, que se llevó la estatuilla con sólo 11 años de edad, en 1993, por su papel en “El piano” (uno de esos premios, por cierto, que la perspectiva descubre como excesivos, porque su carrera posterior aún no ha servido para confirmar tan arrebatador arranque).

¿Sucederá lo mismo con Saoirse Ronan? El tiempo lo dirá, pero lo que no se puede negar es que esta chica borda en la cinta de Joe Wright una interpretación de las que quedan grabadas a fuego en la retina. De hecho, para todos los que conocíamos previamente la novela, sería difícil encontrar a nadie que pudiera representar mejor el difícil, contradictorio, bullente de imaginación, caprichoso, impulsivo y fantasioso personaje que pone en marcha la acción del libro. Su capacidad para expresar matices con una sola mirada, con un solo gesto, de transmitirnos los vericuetos de sus pensamientos, es de las que definen a las grandes actrices. Ahora sólo falta que lo confirme en sus próximas películas, como “City of Ember” o la esperadísima adaptación de la novela “Desde mi cielo” de Alice Sebold, “The lovely bones”, que firma Peter Jackson. Así sabremos si ha sido Joe Wright el que obró el milagro, o si verdaderamente nos encontramos ante alguien que dejará huella. Y tengo el pálpito de que puede ser lo segundo.

En la imagen: Saoirse Ronan en ”Expiación: Más allá de la pasión” - Copyright © 2007 Universal Pictures, Studio Canal, Relativity Media y Working Title Films. Foto por Alex Bailey. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Martes 29 Enero 2008
Escrito por Manuel Márquez el 29.01.08 a las 20:30
Archivado en: Goyas

Un año más, y después del indiscutible éxito de audiencia conquistado en la ceremonia de entrega del pasado año, el actor José Corbacho se hará cargo de conducir la gala de la presente edición de los premios Goya de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Cabe suponer que la repetición del popular showman en el papel de presentador principal y conductor del espectáculo, dará al mismo una cierta continuidad de formato y estilo, aunque también cabe esperar que se introduzcan los cambios imprescindibles para evitar que nos terminemos encontrando con una copia más o menos aggiornada —dentro de los límites que las características de un acto de este tipo imponen a su diseño y ejecución— del espectáculo del pasado año.

El humor de Corbacho, como el de todo cómico de personalidad acusada, es muy peculiar, lo cual significa que habrá a quien le guste, y habrá a quien no, evidentemente. Y su triunfo del 2007, medible en términos estadísticos (el share de la ceremonia se disparó en relación con los ratios de años precedentes), no garantiza que este año tal circunstancia haya de volver a repetirse de forma necesaria: una producción televisiva con tan poco margen de maniobra creativa como es la de una gala de entrega de premios, y en un marco de competencia tan brutal como la que actualmente se da en el mercado televisivo, siempre es de un resultado muy, muy incierto. Pero por su talento, su imaginación y (por qué no decirlo…) su puntito de mala leche, cabe esperar que sepa salir airoso del empeño. El domingo veremos, y juzgaremos. Suerte.

En la imagen: José Corbacho durante el rodaje de su última película, “Cobardes” - Copyright © 2007 Castelao Productions y Ensueño Films. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

Más sobre: