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Martes 5 Febrero 2008

Tras la triple metedura de pata en los prolegómenos de los Goya —el affaire de los cortos y de la música original, y la supresión de los premios al cine europeo—, la Academia se encaminaba hacia otro precipicio en la gala de entrega de premios. Algunas de las candidaturas habían levantado más de una suspicacia —véase la cantidad de nominaciones de “Las 13 rosas”, o las de “Oviedo Express” y “El Prado de las Estrellas”—, y parecía mirar hacia otro lado obviando unos resultados de taquilla sonrojantes. Por eso, su presidenta, Ángeles González-Sinde, se cuidó en la ceremonia en subrayar cómo el cine español era sólido (¿?) y sí caminaba “a alguna parte”, en un guiño al fallecido Fernando Fernán-Gómez. Pero tendríamos que preguntarnos a qué parte se dirige, y dónde se asienta su solidez. Es necesaria mucha más autocrítica y menos excusas sobre la invalidez de la taquilla para medir la salud del cine, sobre la preferencia del espectador por verlo en el sofá de su casa. Porque es evidente que ante una buena película, la gente irá a verla a la sala, como siempre ha hecho; y ante una película mediocre… pues en el mejor de los casos esperará a verla en el calor del hogar cuando salga en DVD.

Pero afortunadamente, los académicos fueron coherentes con esa máxima acerca de que el cine no sólo se mide en la taquilla, y dieron a Jaime Rosales y a “La soledad” los dos principales galardones: mejor película y director. Bien merecidos se los tenía, y no hubieran estado de más otros Goya —aparte del mejor actor revelación que recibió José Luis Torrijo— como los de montaje (qué habrán visto a “[Rec]” en este apartado, cuando se apoya fundamentalmente en el plano secuencia) o alguna interpretación femenina. Una cinta de bajo presupuesto y lejos del gusto de un público cómodo, arriesgada y original, triste pero honesta, con personalidad y sin complejos hacia lo extranjero. Del resto de premios, pues más o menos bien: enhorabuena a Maribel Verdú, a Alberto San Juan, a Roque Baños, a José Luis Alcaine… y, por supuesto, a Juan Antonio Bayona por “El orfanato”, a quien no le podemos negar su mérito y buen hacer, y del que esperamos grandes cosas. Nos hubiera gustado ver un Goya al cine europeo —igual lo han quitado por carecer de tirón para traer a la Gala a los responsables (¿?)— y también algún reconocimiento a Icíar Bollaín y a José Luis Garci, que tampoco merecían irse de vacío en algún apartado de interpretación o técnico. Sin embargo, en esta recta final es justo reconocer a la Academia que ha rectificado el rumbo y ha acertado, que ahora sí ha apostado verdaderamente por el cine español sin dejarse llevar por la taquilla, por las amistades o por lo políticamente correcto. Incluso José Corbacho estuvo simpático y comedido, dentro de su estilo gamberro y un tanto provocador, aunque todo pareciera reciclado.

En la imagen: Escena del rodaje de “La soledad” - Copyright © 2007 Wanda Visión, Fresdeval Films e In Vitro Films. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Lunes 4 Febrero 2008

Fue toda una sorpresa. Y sinceramente, no creo que hubiese nadie que se lo esperase. El triunfo en los Goya de “La soledad”, una cinta que apenas ha podido verse más allá de Madrid y Barcelona, y para colmo no demasiadas semanas, pilló a casi todo el mundo con el pie cambiado (menos, supongo, a los notarios, consultores o quienquiera que se ocupe de hacer el recuento de los votos). De hecho, el estupor se notaba incluso en el sonido ambiente de la retransmisión, como si el público no estuviese muy seguro de si era una broma de Corbacho. Y no es para menos: sus nominaciones parecían la típica concesión al cine más radical, al más libre, al que están poniendo en marcha toda una hornada de creadores que nunca aparecen en las listas de recaudaciones, pero que también tienen algo que decir. Pero claro, ¡de ahí a ganar había todo un trecho!

Habrá quien se lamente de que se haya premiado una cinta que apenas ha visto nadie… no porque no sea valiosa, potente, una de las mejores películas de todo el cine estrenado en nuestro país el año pasado, sino porque los distribuidores no se vieron capaces de apostar por ella, atosigados como están por la necesidad de recaudar rápido y bien ante el descenso de los ingresos por taquilla. Allá ellos; si el criterio fuese sólo ése, la recaudación, que los otorguen por estricta clasificación a 31 de diciembre, y que se ahorren los gastos de la gala. No: los premios deben ser otra cosa, algo que los Goya no suelen ser… y que, sorpresivamente, en esta edición sí que lo han encarnado. Eso sí, seamos realistas: probablemente lo que sucedió fue que el voto se repartió tanto entre las favoritas que ninguna de ellas logró suficiente para conseguir ni el de Mejor Película ni el de Mejor Director ni el de Actor Revelación. Suele pasar: cuando hay más de un claro favorito, a veces de rebote sale un tercero que nadie espera. Puede que sea el caso de “La soledad”, pero negarle el mérito a la cinta de Jaime Rosales sería pecar de una miopía preocupante; la que, desde luego, no salvará a nuestro cine.

En la imagen: Petra Martínez en “La soledad” - Copyright © 2007 Wanda Visión, Fresdeval Films e In Vitro Films. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Escrito por Manuel Márquez el 04.02.08 a las 18:00
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Ni decepción ni sorpresa. Confirmando las previsiones apuntadas en este mismo blog, la gala de entrega de los Premios Goya, que tuvo lugar la pasada noche en el Palacio de Exposiciones y Congresos, de Madrid, ofreció más de lo mismo: un espectáculo que, desde la previsibilidad más absoluta —la que impone un formato que deja muy poco margen de maniobra para la originalidad—, tuvo en José Corbacho a un conductor ágil e ingenioso, capaz, con sus gags y sus chaquetas, de hacer del escenario un territorio no excesivamente árido, y en el resto de sus participantes, las huestes del cine español, un público cordial y animoso que se atuvo, en todo momento, al guión de un binomio relajante (normalidad-tranquilidad), sin apenas espacio —salvo algún apunte por parte de Alberto San Juan (carga de profundidad contra la jerarquía eclesiástica), o la nota emotiva a cargo de José Luis Alcaine (dedicando su premio a la memoria de las trece rosas, nombradas una a una con una solemnidad que cortaba el aire)— para las convulsiones que estremecieron escenario y palco algunos años atrás. ¿Lecturas políticas? Es tiempo de campaña electoral: cada cual saque sus particulares conclusiones.

En lo que atañe a la “chicha” —es decir, los premios—, como diría el lotero de mi barrio, la cosa estuvo muy repartida. ¿Voluntad de “no poner todos los huevos en el mismo canasto”, o deseo de transmitir una imagen de amplitud de opciones que quizá no casa con una realidad mucho más cruda? Quién sabe… Se tiende, generalmente, a especular sobre las intencionalidades de decisiones colectivas que, en muchas ocasiones, sencillamente no existen: que la suma de las decisiones individuales en la que se funda la colectiva arroje un resultado determinado suele ser más fruto de la casualidad que de otra cosa. En todo caso, sí me causó cierto grado de sorpresa (y, por qué no decirlo, de íntima satisfacción) que la Academia apostara, y fuertemente, por ese cine “diferente” que, sin duda alguna, representa la gran triunfadora de la noche: “La soledad”, de Jaime Rosales. Y me quedo, también, y por lo que me toca personalmente, con la dedicatoria de su director a esos “pequeños futuros cinéfilos” que han de insuflar sangre fresca a este nuestro cine: ojalá el mío esté entre ellos…

En la imagen: Fotograma de “La soledad” - Copyright © 2007 Wanda Visión S.A. Todos los derechos reservados.

Martes 29 Enero 2008
Escrito por Manuel Márquez el 29.01.08 a las 20:30
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Un año más, y después del indiscutible éxito de audiencia conquistado en la ceremonia de entrega del pasado año, el actor José Corbacho se hará cargo de conducir la gala de la presente edición de los premios Goya de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Cabe suponer que la repetición del popular showman en el papel de presentador principal y conductor del espectáculo, dará al mismo una cierta continuidad de formato y estilo, aunque también cabe esperar que se introduzcan los cambios imprescindibles para evitar que nos terminemos encontrando con una copia más o menos aggiornada —dentro de los límites que las características de un acto de este tipo imponen a su diseño y ejecución— del espectáculo del pasado año.

El humor de Corbacho, como el de todo cómico de personalidad acusada, es muy peculiar, lo cual significa que habrá a quien le guste, y habrá a quien no, evidentemente. Y su triunfo del 2007, medible en términos estadísticos (el share de la ceremonia se disparó en relación con los ratios de años precedentes), no garantiza que este año tal circunstancia haya de volver a repetirse de forma necesaria: una producción televisiva con tan poco margen de maniobra creativa como es la de una gala de entrega de premios, y en un marco de competencia tan brutal como la que actualmente se da en el mercado televisivo, siempre es de un resultado muy, muy incierto. Pero por su talento, su imaginación y (por qué no decirlo…) su puntito de mala leche, cabe esperar que sepa salir airoso del empeño. El domingo veremos, y juzgaremos. Suerte.

En la imagen: José Corbacho durante el rodaje de su última película, “Cobardes” - Copyright © 2007 Castelao Productions y Ensueño Films. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

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Lunes 14 Enero 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 14.01.08 a las 22:20
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Que esta edición de los Goya va camino de ser de las más rocambolescas no es ninguna novedad. Si sumamos el intento de dejar fuera a los cortometrajes, el despropósito de muchas de las nominaciones, la polémica sobre las canciones originales o la supresión del galardón a la mejor película europea porque nadie se molestaba en ir a recogerlo, tenemos un cuadro de todo menos ilusionante. Sin embargo, eso son sólo las cosas nuevas. Existen otras, tradicionales, que han terminado siendo aceptadas por todos como si fueran normales. Y lo cierto es que, en realidad, no deberían serlo.

Independientemente de su calidad, que una cinta como “El Prado de las Estrellas” de Mario Camus, que ha llegado a nuestras pantallas este fin de semana, se haya colado en las nominaciones cuando se ha estrenado fuera de plazo, no ayuda precisamente a reforzar la credibilidad de los galardones. ¿El truco? El más viejo del mundo: “estrenarla” previamente (en concreto, el 9 de noviembre del año pasado) en una remota sala de algún lugar más o menos discreto, sin publicidad ni promoción, el día y el tiempo suficiente para que pueda cumplir de refilón las normas. E insisto, no es cosa nueva, pero lo peor es que ya sea práctica aceptada. Al fin y al cabo, no hace más que demostrar que el cine español es el primero que no se toma en serio lo que deberían ser sus máximos galardones. Y luego pretenden que nosotros sí lo hagamos.

En la imagen: Álvaro de Luna en “El Prado de las Estrellas” - Copyright © 2007 Cre-Acción Films, 2 y 4 Films y Proverfilms. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

Lunes 17 Diciembre 2007
Escrito por Miguel A. Delgado el 17.12.07 a las 22:40
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La verdad es que la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de España ha vuelto a demostrar lo que, en el fondo, ya sabemos por activa y por pasiva: que el cine español, como institución, tiende al conservadurismo de manera alarmante. Que “El orfanato” se lleve 14 nominaciones a los Premios Goya, teniendo en cuenta el grandísimo éxito comercial e incluso crítico que está cosechando, entraba dentro de lo previsible (por más que, a quien esto firma, tal unanimidad entre en el capítulo de lo incomprensible). Pero que comparta igual número de nominaciones con un título como “Las 13 rosas” (si bien bastantes de ellas en apartados técnicos), el ejemplo más palpable de una concepción del cine acartonada y sin vida, sólo lleva a la perplejidad.

De nada vale que haya alguna concesión a películas verdaderamente importantes, como la joya que es “La soledad”, que se ha llevado la sorpresa de competir por los galardones a Mejor Película y Mejor Director. Lo verdaderamente importante es que títulos como “[Rec]” (junto con la cinta de Jaime Rosales, probablemente la mejor película española del año) o incluso debuts tan prometedores como “Concursante” o “Bosque de sombras” se han quedado sin el reconocimiento de una industria que vuelve a dar muestra de ombliguismo y de ceguera al ser incapaz de reconocer por dónde se mueve el futuro del cine, de nuestro cine. Eso sí, ya nos hartaremos de oír críticas a la falta de riesgo de los Oscar®. Pues la verdad es que a nosotros tampoco se nos da nada mal… Visto lo visto, no es de extrañar que los cortometrajes les molesten.

En la imagen: Fran Perea, Verónica Sánchez y Gabriella Pession en “Las 13 rosas” - Copyright © 2007 Enrique Cerezo Producciones y Pedro Costa Producciones. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos reservados.

Martes 27 Noviembre 2007

No parece que el desencuentro entre directores de cortometrajes y la Academia vaya a resolverse y, si no hay una solución de última hora, todo indica que los Goya correspondientes a las categorías dedicadas al formato corto (de ficción, documental y de animación) serán entregados en una ceremonia aparte, seguramente en lo que hasta ahora se conoce como Cena de Nominados, que pasará a tener otro nombre y mayor ambición. Sabidos son los problemas que tiene la organización con la duración de la ceremonia de entrega de los “livianos” cabezones, y no parece que acabe de encontrar una fórmula, a pesar del avance de la última edición, que permita que ésta sea ágil, amena, y atraiga a los espectadores de televisión como fórmula, suponemos, para “vender” el cine español a sus potenciales espectadores (y, por tanto, consumidores).

Es totalmente cierto, pero lo que no queda nada claro es que la solución vaya a llegar eliminando la entrega de los galardones dedicados al formato corto. En nuestro país es ingente la cantidad de ellos que se hacen, es cierto, y la mayoría no alcanza un mínimo de calidad; pero no tengo nada claro que, en el caso de sus hermanos mayores, los largometrajes, la proporción sea abrumadoramente mejor. De hecho, no puede haber sociedad más consciente de la necesidad del espectáculo que la norteamericana, y en ningún caso han prescindido de los Oscar® dedicados al cortometraje (aunque también tienen sus voces que lo reclaman, año tras año). Y si además tenemos en cuenta que lo mejor del cine español del año que termina ha venido, en muchos casos, de debutantes procedentes del corto, no parece que el ninguneo del género sea una buena solución. Seguramente tiene que haber otras, y haría bien la Academia en planteárselas.

En la imagen: Fotograma de “A ciegas…”, de Salvador Gómez Cuenca, último Goya al mejor cortometraje de ficción - Copyright © 2006 Bisojo Interpretaciones, S. L.U. y Nickel Odeon Dos, S. A. Todos los derechos reservados.