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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Lunes 25 Agosto 2008

La primera vez que vi el tráiler de “Zohan: Licencia para peinar” me quedé completamente perplejo. En estos tiempos en los que se califican como bazofias a películas que, siendo mediocres, al menos sirven para pasar el rato (ahí tienen el ejemplo de “La momia: La tumba de emperador Dragón”), me resulta inconcebible que se dé luz verde a auténticas naderías como la que es objeto de este comentario. Ahora bien: Adam Sandler es un actor taquillero, algo que ha vuelto a demostrar con este largometraje, puesto que sus recaudaciones en los Estados Unidos han alcanzado los 100 millones de dólares (su presupuesto fue de 90). Es obvio, pues, que tiene una serie de seguidores incondicionales que están dispuestos a pagar una entrada de cine para ver sus habituales comedietas (si alguna vez se sale del género, tal y como sucedió con “En algún lugar de la memoria” o “Punch-drunk love. Embriagado de amor”, entonces le dan la espalda).

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La trama del filme es de lo más “hilarante”. Zohan es un agente del Mossad al que Israel recurre cada vez que tiene que resolver alguna misión en la que hay unos cuantos terroristas de por medio (no es de extrañar, puesto que sus habilidades casi le convierten en un superhéroe). Sin embargo, su verdadero sueño es ser peluquero, de ahí que no se le ocurra otra cosa que fingir su muerte para poder fugarse a Nueva York, ciudad en la que espera iniciar una nueva vida (tras ayudar a un individuo, éste le invita a la casa en la que vive con su madre). Sin embargo, unos palestinos se percatan de su presencia y no se les ocurre otra cosa que capturarlo para de este modo convertirse en unas celebridades. Leer más >>

Lunes 18 Agosto 2008

Los amantes del cómic y de la serie Batman están de enhorabuena. Christopher Nolan nos ofrece una película de impecable factura visual, narrativa sólida y dinámica, interpretaciones sobresalientes, y personajes de gran hondura antropológica cargados de matices y recovecos. Uno de los superhéroes más humanos de DC Comics continúa su labor como justiciero en las calles de Gotham, donde la Mafia ha encontrado en el psicópata Joker un aliado ocasional para su actividad criminal. Mientras unos luchan por mantener el orden y la legalidad, otros aspiran a controlar el submundo de droga y corrupción, pero ¿qué pretende el siniestro individuo de la sonrisa permanente?, ¿quiere sólo la anarquía y el caos o maquina algún plan retorcido de malévolas intenciones?

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Al director de “Memento” hay que reconocerle el haber conseguido una película de ritmo trepidante, con una puesta en escena espectacular y una precisa narrativa. Entretiene y capta la atención del espectador desde la escena inicial con el robo al banco, pero no se conforma con ello y sabe dotar a sus protagonistas de una profundidad psicológica que va más allá de la persecución y la violencia. En una historia de personajes con identidades ocultas y dobles caras, donde la traición y la venganza se entremezclan con el odio y las convicciones morales, al final todo se reduce al dilema de vivir con o sin principios, de conformarse con la verdad y la justicia social o aspirar a vivir con fe y esperanza en el individuo. Nolan busca penetrar en lo más profundo del hombre con una y otra vuelta de tuerca: se sirve de continuos giros narrativos para una historia con varios finales consecutivos que hubieran resultado igualmente válidos, y fuerza un último encuentro de héroe y villano… hasta alcanzar el núcleo de la cuestión. Es el director quien verdaderamente quiere quitar a Bruce Wayne su máscara de murciélago, quien está interesado en descubrir los móviles de Joker, quien no acepta la integridad moral del nuevo fiscal del distrito de Gotham. Y por eso tanta vuelta y revuelta, tanto cuestionamiento de las apariencias, tanta caída a los infiernos y resurrección de quienes querrían ser “normales” pero que —cara a la ciudadanía y al espectador— son héroes sin mácula o villanos sin posible redención.
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Escrito por Miguel A. Delgado el 18.08.08 a las 5:32
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Esto sí que es demoler una franquicia para construirla de nuevo a partir de cero. Una vez vista “El Caballero Oscuro”, ya no tenemos duda alguna: lo que se apuntaba en “Batman begins” se ha consolidado en ésta, y no queda nada del universo Burton de las dos primeras entregas del anterior ramillete de cintas dedicadas al hombre murciélago (piadosamente, haremos como si las otras dos nunca hubieran llegado a existir). Aquí ya ha desaparecido el universo retorcido, de circo extremo, con que el creador de “Eduardo Manostijeras” revistió su aproximación al personaje de Bob Kane. No, los hermanos Nolan, con la complicidad de David S. Goyer, han arrumbado cualquier deriva fantástica: bienvenidos a un Batman que, más que nunca, muestra su condición de creación medida y estudiada, de impostura. Y sus enemigos no podían ser menos.

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¿El resultado? Una tragedia casi operística, que se cuece a fuego lento y acaba sublimando al héroe en el tramo final. Señores: Christopher Nolan, una vez más, vuelve a rozar la perfección. Si no lo consigue del todo, quizá sea porque la película va de menos a más, de la luz a la oscuridad, pero ese recorrido se hace en algún momento demasiado moroso, como si la trascendencia de lo que se quiere narrar lastrara el ritmo. Pero no es un problema grave, como tampoco lo es que Nolan, como ocurriera en la primera entrega, parezca despachar las escenas de acción con desgana, como un canon que inevitablemente tiene que pagar para que su largometraje sea comercial (uno está convencido de que este hombre sería capaz de hacer una entrega de Batman en la que sus personajes apenas hicieran otra cosa que hablar y reflexionar, como alguna de las más rompedoras propuestas que hemos visto en cómic); no, porque esta película atesora los suficientes momentos grandes como para quedar marcados a fuego en la retina. Leer más >>

Broadway es y seguirá siendo una cantera de inspiración para ese Hollywood que parece herido de muerte en lo que a originalidad se refiere. Lo vimos el año pasado con “Hairspray”, la adaptación a la pantalla grande del famoso musical, y lo volveremos a ver el año que viene con “Nine”, el ambicioso proyecto que unirá en la pantalla a dos ex de Tom Cruise: Nicole Kidman y Penélope Cruz. Y si no hubiera bastante con lo que ofrece la calle por excelencia del teatro musical, parece ser que los productores están comenzando a volver sus ojos también hacia lo que se cuece en este lado del océano.

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“Mamma mia!” es, qué duda cabe, uno de los musicales con sabor europeo más exitosos de la Historia. Tomando como base el repertorio del grupo sueco ABBA, el libreto giraba en torno a Donna, una madre soltera que está haciendo los preparativos para la boda de su hija Sophie. Pero lo que Donna no sabe es que su hija siente inquietud por descubrir quién podría ser su padre, y, a tal efecto, la futura novia decide invitar a su boda a los tres hombres que más probabilidades tienen de haberla engendrado. Una historia, en efecto, muy sencilla, casi rozando la simpleza, y que, aun siendo mejorable argumentalmente, no deja de funcionar como ensamblaje de las canciones de ABBA, que se integran perfectamente en la historia, como si hubieran sido compuestas expresamente para la misma. Leer más >>

Pixar vuelve a sorprender con una película que se aprovecha de los avances infográficos para lograr una mayor perfección en la animación, y que se arriesga a contar una historia muy humana y llena de emoción básicamente sólo con la imagen, a la vez que deja algún que otro mensaje o advertencia. “WALL·E (Batallón de limpieza)” es, en el fondo, una historia de amor en medio de la soledad, pero trufada con una buena dosis de crítica hacia el modelo de sociedad del bienestar que se ha abandonado a la ociosidad y que ha olvidado la riqueza de las relaciones humanas. Es una denuncia ecologista, en tono catastrofista, por el estropicio de un planeta que apostó por el progreso tecnológico y aparcó la vida que la Naturaleza ofrecía. Pero es también una llamada a la esperanza en el hombre, en cuyo interior siempre queda un resquicio desde el que volver a ser él mismo, desde el que reclamar la dignidad que merece y la libertad necesaria para decidir su futuro, aunque en ocasiones eso precise de una revuelta contra los tiranos, aquí personificados en unos robots que han asumido el poder de mando.

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Sin embargo, Pixar no se contenta con hacer un discurso valiente y profundo sobre una sociedad deshumanizada, sino que pretende también hablar al espectador con la sola imagen y defender un cine en estado puro: durante buena parte de la primera mitad no hay diálogos ni explicaciones de lo que pasa, con lo que la historia avanza gracias a una estudiada y precisa planificación, con una sutilidad que exige una actitud activa e imaginativa en quien contempla unos robots que se esfuerzan por entenderse e incluso agradarse. Una narrativa y expresividad que recuerdan al cine mudo, con el aliciente de que aquí los gestos se dibujan sobre el latón más o menos primitivo, más o menos sofisticado. Entre WALL·E y EVA existen verdaderas y auténticas relaciones humanas, con momentos emocionantes y líricos —ahí está ese baile en el espacio— junto a otros profundamente dramáticos —como la escena de WALL·E desmemoriado—. Pero también entre los humanos “exiliados” encontramos comportamientos que van de lo puramente maquinal —patética es esa serie de gordos especímenes sin personalidad tomando el sol de manera rutinaria— hasta la titánica reacción del comandante al son de “Así habló Zaratustra” de Richard Strauss, en clara alusión al film de Stanley Kubrick. Leer más >>

Escrito por Miguel A. Delgado el 18.08.08 a las 2:15
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Estaba claro: tanto rozar la perfección, en alguna ocasión Pixar tenía que alcanzarla. Y lo ha hecho con esta fábula sobre el medio ambiente, narrada a través de la historia de dos robots bien diferentes (uno, WALL·E, es un modelo basto y dedicado al trabajo físico; la otra, EVA, es una elegante sonda espacial sin un sólo ángulo recto) y de su aplicación de la lógica que busca, a toda costa, que los humanos que abandonaron hace siete siglos la Tierra —tras haberla dejado totalmente inhabitable al llenarla de basura—, retornen a un planeta que vuelve a ser capaz de albergar la vida.

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Lo primero que podría pensarse al leer la sinopsis es que nos hallamos ante una nueva entrega bienpensante de mensaje ecológico fácilmente digerible; y aunque quizá haya algo de ello, no es en el contenido en sí mismo, sino en la forma de plasmarlo, donde se encuentra la grandeza de esta película llamada a marcar un hito en la historia de la animación y del cine. Desde el arranque, con ese sobrecogedor panorama de un planeta desolado donde el bajito y cuadrangular robot pasea su soledad mientras hace un trabajo que quizá ha perdido ya todo sentido, con la única compañía de una cucaracha, hasta el cambio de escenario por la gigantesca y aséptica nave donde los humanos pasean su oronda y falsa felicidad y seguridad, los magos de Pixar prácticamente vuelan todas las convenciones. Y así, a pesar de algunas concesiones de cara a la comercialidad (uno no puede evitar pensar que la cinta podría ser totalmente muda, sin las pocas inclusiones de diálogo que de vez en cuando la puntúan), el espectador redescubre el placer de que le cuenten bien una historia, incluso una historia que mezcla ciencia-ficción, amor, comedia y conciencia medioambiental como ésta. Leer más >>

Domingo 17 Agosto 2008

Desconozco el motivo por el cual “El Caballero Oscuro” se ha convertido en una de las películas más taquilleras de todos los tiempos, al menos en los Estados Unidos. Si nos fijamos en las recaudaciones de “Batman begins”, éstas fueron muy buenas pero, desde luego, para nada comparables a las de otras grandes producciones de Hollywood (así, en Norteamérica rebasó los 200 millones de dólares, si bien en el resto del mundo no tuvo tanta suerte y se tuvo que conformar con unos 166 millones).

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Ciertamente, la cinta recibió elogiosas críticas y una espléndida acogida por parte de los seguidores de este personaje de DC Comics, pero ello creo que no es la razón principal que ha propiciado el desmedido éxito de su continuación. Mucho me temo que no pocos espectadores habrán acudido a las salas de cine para observar la interpretación de Heath Ledger, quien murió a principios de este año y sobre el que no cesaron de hablar los medios de comunicación durante no pocos meses. Si no es así, ya veremos entonces cómo le va en la taquilla a “The imaginarium of Doctor Parnassus”, película que rodaba cuando falleció. Leer más >>

Escrito por Miguel A. Delgado el 17.08.08 a las 20:47
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Hay un hecho innegable: las canciones de Abba siguen teniendo un poder tremendo, por encima de modas y comentarios más o menos benévolos. Quizá por lo que tienen de símbolo generacional, de celebración más o menos desacomplejada, o porque simplemente son de una liviana perfección agradable para la mayor parte de los oídos, no es de extrañar que la idea de construir un musical a partir de ellas estuviese abocada al éxito. Y claro, para culminar el ciclo, era evidente que también tenía que llegar la película. Y aquí está.

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La verdad es que, si no fuera por las canciones del cuarteto sueco y del relumbrón de los nombres que figuran en el cartel, estaríamos hablando de muy poca cosa. Porque lo que sobre las tablas de los escenarios funcionaba sin problema, arrancando las palmas y la participación cómplice de las plateas, aquí aparece como un producto demasiado mecánico, demasiado consciente de que tiene que transmitir buen rollo a toda costa, y en el que todos los actores parecen obligados a ser simpáticos, poniendo en ello mayor o menor empeño. Pero sobre todo, se trata de un musical fatalmente dirigido, en el que los números musicales se resuelven con un montaje y una planificación verdaderamente mediocres (parece que a Phyllida Lloyd se le dan mejor los teatros que las salas de cine, pues fue también la responsable del primer montaje londinense) que convierten la narración en monotonía, una monotonía en la que el único aliciente es descubrir tras cada primer acorde cuál va a ser la siguiente canción que vamos a oír. Y, una vez que la descubrimos, poco más queda, porque no es que ni visual ni coreográficamente vayamos a ver nada que nos deje especialmente maravillados. Leer más >>

David Mamet comenzó a cimentar su carrera en la década de los 80, justo cuando su nombre aparecía acreditado como guionista en títulos tan populares como “El cartero siempre llama dos veces”, “Veredicto final” o “Los Intocables de Elliot Ness”. Poco después también se pondría detrás de las cámaras, siendo especialmente fructífera su etapa que va de finales de los 90 a comienzos del nuevo siglo (probablemente su trabajo más aclamado de dicha época sea “El caso Winslow”).

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Sin embargo, sus películas nunca han dado mucho dinero, siendo su mayor éxito hasta el momento “El último golpe”, con la que consiguió recaudar 28 millones de dólares en todo el mundo (no obstante, el presupuesto de la cinta fue de 39, de ahí que podamos hablar claramente de un fiasco). No es de extrañar, pues, que este artista se dedique más a escribir que a dirigir, participando en proyectos que sin duda son mucho más conocidos por el gran público, si bien en los últimos años ha sido la televisión la que le ha reportado más réditos, en concreto la serie “The Unit”, cuya cuarta temporada se iniciará en septiembre de 2008. Leer más >>

Escrito por José Arce el 17.08.08 a las 19:00
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A nadie se le escapa el sensacional momento que atraviesa la comedia americana en los últimos años, al menos comercialmente y en su país de origen. Se suceden los títulos sin que la taquilla USA flojee ─tampoco hay demasiadas exigencias a la hora de amortizar costes─, y gigantescas son las hordas de incondicionales de la carcajada, a veces gruesa, a veces inteligente, muchas veces ambas, que regala una generación de artistas realmente antológica. Sus caminos se cruzan y se difuminan cada vez más, de suerte que ahora llega a nuestras pantallas la primera colaboración entre dos nombres tan relevantes como los de Adam Sandler y Judd Apatow. Lástima que la balanza entre ambos no se haya equilibrado tanto como sería deseable.

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Zohan (Sandler) es el mejor agente antiterrorista del Mossad, el servicio secreto israelí. Tiene carisma, sex appeal y es un auténtico ídolo en su país, pero está harto de tanta violencia y del eterno e inagotable conflicto con sus vecinos palestinos. Así que decide fingir su muerte a manos de su archienemigo, el terrible Fantasma (John Turturro), para poder huir a América y cumplir su sueño: convertirse en un estilista de moda. Si hemos iniciado este comentario haciendo referencia al éxito de este tipo de propuestas en Estados Unidos, por estos lares los nombres implicados no son tan relevantes como para atraer por sí solos al público, de ahí que las distribuidoras se ceben una y otra vez con las traslaciones al castellano de los estrenos; en esta ocasión, el rebautizo de “You don´t mess with the Zohan” ─algo así como “No te metas con Zohan”─ ha resultado ser “Zohan: Licencia para peinar”, todo lo contrario a un incentivo para acercarse al cine a rascarse el bolsillo. Ciñéndonos al film en sí, es indudable que hará pasar un rato más que agradable a los seguidores de su protagonista absoluto, totalmente entregado a dar vida a un papel hecho a su medida. El problema es el errático reparto de pesos en un texto firmado a la par por él y Apatow, con un resultado más cercano a los trabajos del segundo y teñido de un simplismo infantil y facilón que supone un lastre excesivo en su consideración general. Leer más >>