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Miércoles 18 Junio 2008

Diga lo que diga al declarar que sólo busca hacer un cine de entretenimiento sin mensajes ni pretensiones, trabaje para quien trabaje —Disney, Warner o Fox—, cuente con grandes presupuestos o se esconda en la serie B, lo cierto es que M. Night Shyamalan siempre imprime a sus películas un aliento alegórico que trasciende la realidad inmediata que cuenta. No es que haya que echárselo en cara porque es su “universo temático” y sabe adornarlo con un envoltorio de suspense y misterio, entre el clasicismo narrativo del cine de género y la modernidad new age de una sociedad ecologista sumida en el pánico del individualismo. En su última película, el director de “El bosque” nos habla de nuevo del miedo que paraliza y aísla, del cientificismo que pretende explicar todos los fenómenos de la Naturaleza, de la incomunicación y del materialismo…, y de la familia como núcleo a partir del cual regenerar la sociedad… con la fuerza del cariño.

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Dejando de lado su calidad cinematográfica o su carácter fallido, no cabe duda que “El incidente” vuelve a poner sobre el tapete la realidad de fenómenos inexplicables y no cuantificables científicamente. Su director “incide” en el misterio de la vida, irreducible a unas cifras, estadísticas o variables aplicadas conforme a un patrón o experimento, para terminar defendiendo el poder de un gesto de afecto como “coger de la mano, de verdad” —como el padre de la niña le pide a su cuñada Alma— o la necesidad de volver a descubrir el color del amor en ese anillo “que dice lo que uno siente”. Habrá siempre quien se invente una teoría en forma de terroristas, radiaciones nucleares o toxinas naturales para explicar las catástrofes de la humanidad, pero la verdad es que el mal está en el interior del propio individuo: éste podrá aislarse como la loca anciana a quien el mundo le importa un bledo, o vivir rodeado de multitudes con las que apenas se relacione ni comunique —esos individuos que repiten una y otra vez lo mismo, sin alma ni sentido, paralizados como estatuas de sal y con sentimientos congelados—, pero en ambos casos Shyamalan nos dice que su destino será siempre el mismo, la muerte y autodestrucción por el suicidio o el asesinato. Leer más >>

Jueves 5 Junio 2008

Estos días, a raíz de la muerte de Sydney Pollack, hemos vuelto a oír la melodía de una de sus cintas más famosas, “Memorias de África”, y a ver imágenes llenas de la luz de aquel continente (luz que se ha convertido en referencia para todos los directores de fotografía, como recordaba Javier Aguirresarobe en un artículo en el diario Público) con los rostros desde entonces icónicos de Robert Redford y Meryl Streep. Y los comentarios, claro, seguían los cauces habituales: “obra maestra”, “joya inolvidable”, etc., etc.

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Pues bien, uno no puede evitar sentirse un poco extraño cuando oye y lee estas cosas, porque lo cierto es que “Memorias de África” me ha parecido desde siempre un bluf, uno de los mayores pestiños de la historia del cine; y más aún si se tiene en cuenta el maravilloso original literario de Isak Dinesen, infinitamente más rico, complejo y sugerente que la larguísima postal que nos despachó Pollack. Y lo malo es que su influencia no se quedó ahí, sino que inauguró una larga cadena que nos trajo, entre otras, el ladrillo de “El paciente inglés” de su discípulo aventajado, Anthony Minghella; “El cielo protector” de Bernardo Bertolucci, sólo memorable por la extraordinaria banda sonora de Ryuichi Sakamoto; y, últimamente, la “Seda” de François Girard. Francamente, tanto empacho formalista me parece tan cargante como las explosiones del señor Michael Bay. Y es que en esto, como en todo, los extremos también se tocan.

En la imagen: Fotograma de “”Memorias de África” - Copyright © 1985 Mirage Entertainment y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

Miércoles 4 Junio 2008

Dieciséis años separan las dos trilogías de Star Wars, los que median entre “Star Wars. Episodio VI: El retorno del jedi” (1983) y “Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma” (1999). Y curiosamente es un período de tiempo muy parecido, diecinueve, el que separa a “Indiana Jones y la última cruzada” (1989) de la recién estrenada “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”. Aparentemente, podría pensarse que con la nueva entrega del arqueólogo, George Lucas ha querido repetir una jugada que la primera vez ya le funcionó a las mil maravillas: frente a la tradicional costumbre hollywoodiense de exprimir rápidamente las series para sacar de ellas hasta la última gota de rentabilidad, el director de “American Graffiti” habría preferido dejar en barbecho un tiempo más que razonable al personaje para, llegado el momento, retornar bajo las fanfarrias de lo mítico y presentarse con todos los honores ante una nueva generación. Y si esa mezcla de nostalgia y retorno obró maravillas con la saga galáctica, ¿por qué no iba a hacerlo con la inaugurada con “En busca del arca perdida”?

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Hay diferencias, sin embargo, entre uno y otro caso. La más evidente, que la marca “Star Wars” ha logrado convertirse exactamente en eso, un contenedor que admite bajo su cobertura productos de todos los formatos, y en los que ni siquiera son necesarios determinados rostros con los que el público pueda identificarse, hasta el punto de que ninguno de los protagonistas de la trilogía original fueron necesarios en la siguiente (todo ello, claro está, con la estupenda coartada de tratarse, en el caso de las últimas películas, de una historia anterior en el tiempo a la narrada en las primeras). Algo, desde luego, mucho más peliagudo en el caso de Indiana Jones, pues resulta imposible imaginarle con otro rostro que no sea el de Harrison Ford. De hecho, una opción como la de James Bond, a quien han ido encarnando sucesivos actores, parece poco viable (aunque imagino que lo mismo se debió de decir en su momento sobre Sean Connery). Así que la duda es: ¿ofrece suficiente garantía la elección de Shia LaBeouf como seguro para la continuidad de la serie? El tiempo lo dirá. De hecho, si no hubiese sido por la fatalidad, quizá a estas alturas ya habríamos visto alguna entrega de Indy con los rasgos de un River Phoenix que ahora mismo tendría 38 años.

En la imagen: Harrison Ford en las dos sagas de Lucas, como Han Solo en “Star Wars. Episodio VI: El retorno del jedi” © 1983 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Y como Indiana Jones en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” © 2008 Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Lunes 26 Mayo 2008

Año tras año, el veterano Claude Chabrol nos ofrece la misma película, con idéntica temática y parecido equipo técnico y artístico, variando sólo una trama en la que, por otro lado, siempre encontramos un crimen derivado de una difícil relación pasional. Ahora acaba de estrenar “Una chica cortada en dos”, y en las entrevistas concedidas vuelve a hacer hincapié en su voluntad por retratar a la burguesía provinciana, con su falta de autenticidad y moralidad, con su incapacidad para cambiar en sus esquemas vitales. A la vez, la crítica habla de él como de un entomólogo que indaga en la naturaleza humana, que introduce su bisturí hasta provocar sus pulsiones más instintivas, poniendo a prueba sus resortes morales… y se alaba su carácter comprometido y combativo, su capacidad para lanzar dardos envenenados a diversos estamentos sociales y profesionales (medios de comunicación, mundo literario…) bajo la apariencia de una historia simple y plana.

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Sin embargo, al margen del incuestionable oficio cinematográfico, el cineasta francés no hace otra cosa que mostrarnos, en el fondo, cómo se comporta cualquier hombre cuando se deja arrastrar por sus pasiones, por su egoísmo y por sus deseos de imponerse al resto. La manera de abordar el poder, el sexo, la violencia o la venganza en sus personajes son las respuestas naturales e instintivas que derivan de un vacío moral, algo que afecta al individuo independientemente de su extracción social. Su mirada no llega a profundizar en las verdaderas causas de dichos comportamientos, y su análisis no supera el nivel sociológico de las apariencias ni alcanza hondura antropológica. Quiere que de sus personajes broten esas mezquindades como derivación natural de una sociedad pequeño-burguesa y neocapitalista, y estos arquetipos —artificios de guión— pierden entonces toda su libertad y posibilidad de redención, a la vez que su veracidad.

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En definitiva, parece que el director se deja llevar por unos prejuicios de clase que no han variado a lo largo de las décadas. Es el mismo espíritu de mayo del 68 que permanece aún vivo en este cineasta septuagenario, que no quiere aplicarse a sí mismo la evolución de planteamientos que demanda a su burguesía, caricatura trasnochada y caduca de otro tiempo. Quizá por eso haga una y otra vez la misma película de siempre, seguir mirando cínicamente sólo las sombras que todo individuo tiene… para cargarlas de excesos y generar otra reescritura de cine político y militante, aunque sea bajo el envoltorio del cine negro y pasional.

En las imágenes: Arriba, Claude Chabrol durante el rodaje de “Una chica cortada en dos”; abajo, una escena de la película - Copyright © 2007 Alicéleo Cinéma, Alicéleo, Rhône-Alpes Cinéma, France 2 Cinéma e Intégral Film. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Sábado 24 Mayo 2008

Continuando con el interesantísimo tema que ha planteado mi compañero Julio (el de la irrupción cual elefante en cacharrería de la apisonadora digital en gran parte del cine de entetenimiento actual), me ha llamado muchísimo la atención leer la cantidad de veces que, como una letanía, han repetido los padres de la nueva entrega de Indiana Jones, George Lucas y Steven Spielberg (reconozcámoslo, Harrison Ford en entrevistas suele ser bastante soso y decir más bien pocas cosas interesantes), haciendo profesión de su nostalgia por las técnicas tradicionales de efectos especiales, y su preocupación por el peligro cierto de que el abuso de las nuevas técnicas acabe sofocando lo único que verdaderamente importa: la historia.

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Todo muy correcto y jaleable… salvo por un par de pequeños detalles: si alguien abrió las puertas al campo fue el propio Spielberg (recordemos la conmoción que todos sentimos cuando se estrenó “Jurassic Park: Parque Jurásico” y acudimos a las salas bajo el aviso, digno de barraca de feria de las de antes, de que por primera vez íbamos a ver a dinosaurios realmente vivos), que si bien no fue el primero, sí que consiguió convertir en fenómeno lo que hasta entonces eran tímidos avances (con el permiso del James Cameron de “Terminator 2: el juicio final”, eso sí). Y si de asfixia de la historia por hipertrofia digital hablamos… ¿es que Lucas ha tenido un repentino ataque de amnesia y se ha olvidado de lo que perpetró en su segunda (se ponga como se ponga) trilogía galáctica? Uno, desde luego, es el primero que se sube al carro de esa reivindicación de lo tradicional… pero, no sé por qué, tiendo a creérmelo más cuando se lo escucho o se lo leo a alguien como Michel Gondry. ¿Por qué será?

En la imagen: Pura nostalgia “animatrónica” en una escena de “E.T. El extraterrestre” - Copyright © 1982 Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

Lunes 19 Mayo 2008

El Festival de Cannes es ahora mismo punto de atracción total del mundo del cine: gran parte de los que cuentan han pasado, pasan o pasarán estos días por allí, y, como conclusión lógica, todos los medios que nos dedicamos a informar sobre esta curiosa mezcla de arte e industria nos hacemos eco casi inmediato de cada suspiro que emane de los labios de esos seres que a veces parecen existir en un estado intermedio entre la mortalidad y la inmortalidad más absolutas. Y claro, así no es de extrañar que sucedan cosas que, lamentablemente, terminan siendo el pan nuestro de cada día, y que se están convirtiendo en una peligrosa costumbre que acabará contagiándose a figuras y cintas no tan presuntamente merecedoras de ello. Por ejemplo, no deja de ser pintoresco que el encuentro de Woody Allen (que sí que forma parte del Olimpo, al menos en Europa) con la prensa para presentar su última película, “Vicky Cristina Barcelona”, se celebrara… sin que los periodistas hubieran tenido oportunidad previa de verla. ¿Antiperiodístico? Sí, pero también real como la vida misma: y ni siquiera es la primera (ni será la última) vez que algo así ocurre.

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Como consecuencia, un puñado de nombres está sirviendo como licencia para que el circuito cine-información-crítica cada vez se enrarezca más, hasta el punto de que las entrevistas se convierten en simulacros de entrevistas (¿de verdad puede salir una pregunta interesante cuando el encuentro se reduce a un pool de cuatro o cinco medios con tres o cinco minutos para repartir entre todos?), y los fenómenos cinematográficos se construyen desde la virtualidad… Hasta ahora, los estudios lo hacen porque, no nos engañemos, la producción cinematográfica supone una importantísima inyección publicitaria para los medios, y eso les legitima para imponer sus reglas. Pero ojo, que ahí están otras áreas, como las de los videojuegos, cuya sombra comienza a amenazar la hegemonía en el mundo del entretenimiento de esa galaxia encabezada por Hollywood… y sin gastarse tanto, ni mucho menos, en publicidad. Quizá, para cuando quieran recuperar la complicidad de los medios, ya sea tarde.

En la imagen: Woody Allen da instrucciones a Penélope Cruz y Javier Bardem durante el rodaje de “Vicky Cristina Barcelona” - Copyright © 2008 Gravier Productions, Mediapro y Antena 3 Films. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

Martes 13 Mayo 2008

Que una película como “3 días” esté durando en la cartelera poco más o menos el mismo tiempo que indica su título es mal síntoma. Y no sólo para nuestro cine, sino también porque sirve de termómetro para marcar la verdadera influencia de un galardón supuestamente tan cotizado como el del Festival de Málaga: al final, y como ya hemos dicho en alguna otra ocasión, lo que parece marcar la diferencia es la repercusión mediática de los que en ella participan: biznagas sin minutos de televisión equivalen a poquita, muy poquita cosa.

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Y es injusto porque la cinta, sin ser perfecta, ofrece uno de los debuts más prometedores del cine español, desde luego a años luz del estruendoso vacío de orfanatos y demás. Y porque contiene una interpretación masculina de antología, de las que deberían ser recordadas aunque los Goya, probablemente, ni reparen en ella cuando toque: un Víctor Clavijo sobresaliente, impactante en la composición de un duro personaje al límite. Francamente, y visto lo visto, ni Pacinos, ni Cámaras, ni nada de nada: el mejor papel masculino en el ya casi medio año que llevamos de estrenos es el de este joven actor en esta película fugaz cual meteorito. Aunque nadie le ovacione ni le detenga por la calle.

En la imagen: Víctor Clavijo en “3 días” - Copyright © 2008 Maestranza Films, Green Moon y Pentagrama Films. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Lunes 12 Mayo 2008

Cuando “La joven del agua” fue tan inmensamente masacrada por crítica y público (a mi juicio injustamente porque, a pesar de los grandes fallos que posee, creo que aun así contiene más cine que todos los éxitos comerciales de aquel año 2006 juntos), sinceramente creí que la carrera de M. Night Shyamalan había llegado a su fin. Después de todo, ¿quién se iba a arriesgar a poner un solo céntimo más para producirle una película? Estaba claro que el fenómeno recaudatorio de “El sexto sentido” no se iba a repetir ya más (en otra ocasión hablaremos de la maldición a largo plazo en la que parece haberse convertido ese macroéxito inicial), y para colmo ni siquiera parecía que en Europa fuera a tener este director una acogida como la que se le dispensa a Woody Allen: demasiado raro para el estándar americano, y demasiado americano para nuestros exquisitos baremos. Mala cosa.

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Sorprendentemente, ha conseguido liar a la gente suficiente para poder poner en pie su nueva entrega, “El incidente”, cuyo último tráiler (por una vez, respetuoso con el argumento, y no como sucediera con el horroroso anuncio que le perpetraron para su cinta anterior, lo que considero que tuvo mucha culpa en el rechazo por parte del público) ya ha desembarcado en nuestras pantallas. Estoy convencido de que, cuando por fin la vea, volveré a lamentar los agujeros de su guión (sólo tiene uno perfecto, el de su única obra maestra, “El protegido”), y sólo espero que no nos “regale” otra lamentable incursión como actor. Pero también estoy convencido de que habré arañado instantes de glorioso buen cine, porque hoy por hoy Shyamalan es de los directores que mejor ruedan no ya en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Y para quien lo dude, ahí está el deslumbrante y maravilloso espectáculo visual de “El bosque”, infinitamente por encima de su fallido libreto.

En la imagen: Zooey Deschanel y Mark Wahlberg en “El incidente” - Copyright © 2008 20th Century Fox, UTV Motion Pictures, Spyglass Entertainment y Blinding Edge Pictures. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

Miércoles 7 Mayo 2008

Con cierto retraso, he podido ver la última cinta de Michel Gondry, “Rebobine, por favor”: una rareza, como no podía ser de otro modo. Pero una rareza simpática y divertida, original e inteligente, propia de un visionario o de un individuo desprejuiciado, y también de un videoclipero nostálgico que ama el cine y juega con la imagen sin reglas ni concierto. Quizá sea esa heterodoxia y ese espíritu burlón lo que le da una frescura que se echa en falta en el cine industrial que estamos acostumbrados a ver. Por eso, bienvenida sea esta rara avis, que nos hace pasar un buen rato y que incluso nos permite alguna que otra reflexión. Como es sabido, los protagonistas de esta comedia gamberra se ven obligados a hacer remakes “asuecados” de las películas grabadas en VHS que han borrado por accidente, hasta acabar implicando a todos los clientes del videoclub en su realización, y alcanzar un éxito comercial superior al de las grandes superficies que ya han incorporado el DVD. Las situaciones esperpénticas y absurdas son continuas en esta parodia indisimulada de la industria de cine y todo lo que la rodea (pirateo incluido), con toda la carga crítica que se quiera.

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Dejando al margen las irregularidades del guión y algunas otras carencias, lo que es indudable es la portentosa imaginación y la originalidad de la idea. El ingenio y lucidez de Gondry bien podría sacar de la crisis a una industria acomodada y estandarizada en su producción, repetitiva y previsible en sus argumentos, olvidada de los sueños que se hacen realidad en la pantalla. Porque una característica de esas peliculitas de aficionados que hacen los protagonistas es su capacidad para implicar al espectador, y encontrar ahí el éxito de taquilla (del cine o del videoclub). De alguna manera, el director sugiere algunas pautas para impulsar la industria: volver a los comienzos del cinematógrafo y recoger ingenuamente la vida como hicieron los hermanos Lumière o la magia ilusionista de Georges Méliès, hacer soñar al espectador con personajes con los que se identifican o que forman parte de su pasado (¡qué buena idea ésa de “personalizar las películas”!), o reinventar un nuevo cine independiente que no se someta al mercado… Viva la creatividad, rompamos reglas y sorprendamos al público haciendo “nuestra película”, no “otra película”, “cambiando el pasado porque nos pertenece” (eso dicen y hacen Jerry, Mike, Alma, y todo el vecindario para homenajear a su ídolo musical). En definitiva, imaginación e ideas propias para un cine nuevo y lleno de vida, cercano al espectador, capaz de crear ficción o realidad: no hay más que rebobinar, como hace el bueno de Gondry.

En la imagen: ”Rebobine, por favor” - Copyright © 2008 Focus Features y Partizan Films. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Lunes 5 Mayo 2008

Hubiera deseado no tener que escribir este artículo, pero la realidad se impone y el deber de no mirar hacia otro lado obliga. ¿Por qué el cine español no sale de la mediocridad? Ya hemos puesto de relieve la gran categoría de muchos de nuestros profesionales del cine en lo que a música, fotografía y otros aspectos artísticos se refiere. Y también la costumbre de algunos jóvenes directores de claudicar ante la taquilla con productos “made in USA”, o la resistencia a potenciar un cine genuinamente autóctono o cultural. El reciente estreno de “Cobardes” nos permite ahora denunciar algunos de los males de nuestro cine, sin que ello se convierta en un “bullying” a nuestros compañeros del cine. Aparte del laudatorio intento por acercarse a la realidad social de la calle, por evidenciar los problemas de incomunicación familiar o de falta de autoridad paterna y educativa —en realidad, los adolescentes sólo pagan los platos rotos por sus mayores—, ¿qué grietas deja ver la película de José Corbacho y Juan Cruz?, ¿dónde falla una y otra vez el cine español?, ¿por qué esa crisis y esa indiferencia que provoca en el espectador? Intentaremos a continuación identificar la cuestión a partir de esa película.

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Ante todo, pienso que el problema principal está en la falta de buenos guiones. Los personajes se construyen muchas veces sin fuerza ni verosimilitud, las tramas avanzan sin el ritmo adecuado a la historia de que se trate, y la puesta en escena resulta a menudo poco natural. En el caso concreto, a “Cobardes” le pierde el artificio de una historia que no sabe conformarse con el tema central y tratarlo con profundidad y atendiendo a los matices, que se llena de grandes pretensiones de denuncia (sobra lo del italiano corrupto, por ejemplo) y que se pliega ante los tópicos ideológicos de siempre (está de más la caricatura del prepotente concejal conservador). Sus personajes pasan a ser estereotipos sin vida propia, también por una deficiente dirección de actores, algo bastante general en nuestro cine y que sería el segundo handicap: ni los chavales ni los adultos se libran de los clichés televisivos, y sus miradas carecen de fuerza interior hasta parecer marionetas en manos del guionista.

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Hablando de las interpretaciones, no sé si tenemos o no buenos actores —hay películas en las que algunos demuestran no ser malos, sin ser excepcionales—, pero qué bueno sería que un buen grupo de ellos recibieran unas clases de dicción que les reportase autenticidad, frescura, espontaneidad. Y con eso estamos ante la tercera asignatura pendiente en el territorio nacional. Con todo, lo que sí parece es que unos y otros —directores, guionistas y actores— miran a la taquilla o a sí mismos con lamento y autocomplacencia, que se esfuerzan en tocar muchos palos sin profundizar en ninguno, y también en dar al público lo que pida (como las series de televisión). Por eso, tendrían que hacer caso a Corbacho y Cruz, y no ser cobardes —sin ánimo de ofender—para reconocer la mediocridad existente —“Cobardes” llega como una de las triunfadoras del pasado Festival de Málaga, y ciertamente está por encima de la media—. Así las cosas, sólo queda demostrar más profesionalidad al escribir guiones, al dirigir a los actores, al dar vida (auténtica) a los personajes, y entonces… otro gallo nos cantará.

En las imágenes: Distintos momentos del rodaje de “Cobardes” - Copyright © 2008 Filmax Entertainment, Castelao Productions, Antena 3 Films y Hospiwood. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.