opinión.labutaca.net

 
sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
« Inicio | Archivo de la Categoría 'Actores y actrices'
Martes 13 Mayo 2008

Que una película como “3 días” esté durando en la cartelera poco más o menos el mismo tiempo que indica su título es mal síntoma. Y no sólo para nuestro cine, sino también porque sirve de termómetro para marcar la verdadera influencia de un galardón supuestamente tan cotizado como el del Festival de Málaga: al final, y como ya hemos dicho en alguna otra ocasión, lo que parece marcar la diferencia es la repercusión mediática de los que en ella participan: biznagas sin minutos de televisión equivalen a poquita, muy poquita cosa.

3dias.jpg

Y es injusto porque la cinta, sin ser perfecta, ofrece uno de los debuts más prometedores del cine español, desde luego a años luz del estruendoso vacío de orfanatos y demás. Y porque contiene una interpretación masculina de antología, de las que deberían ser recordadas aunque los Goya, probablemente, ni reparen en ella cuando toque: un Víctor Clavijo sobresaliente, impactante en la composición de un duro personaje al límite. Francamente, y visto lo visto, ni Pacinos, ni Cámaras, ni nada de nada: el mejor papel masculino en el ya casi medio año que llevamos de estrenos es el de este joven actor en esta película fugaz cual meteorito. Aunque nadie le ovacione ni le detenga por la calle.

En la imagen: Víctor Clavijo en “3 días” - Copyright © 2008 Maestranza Films, Green Moon y Pentagrama Films. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Domingo 4 Mayo 2008

Pocas veces uno siente tanta indignación como cuando tiene la impresión de que le están tomando el pelo. Eso, que es extensible a todos los aspectos de la vida, también ocurre si nos referimos a nuestra cinefilia. Si de lo que se trata es de que a uno le den gato por liebre, atraído por el canto de sirenas de una oferta que despierta nuestras mejores expectativas como espectadores nos encontramos con que lo que nos dan es una cinta hecha sin ningún criterio, sin pies ni cabeza, todo ello camuflado bajo la aparente garantía de calidad que supone contar con uno de los grandes de Hollywood al frente del cartel, quizá la palabra más acorde sería la de estafa… artística, pero estafa al fin y al cabo.

88minutos.jpg

Si hemos convenido en que un puñado de actores, de los cientos que aparecen cada año, reinen a una determinada altura, no es sólo porque nos hayan regalado alguno de esos momentos inolvidables que jalonan la memoria de cualquier amante del cine, sino porque tendemos a pensar que cualquier proyecto que elijan, aunque sea comercial, mantendrá siempre unos mínimos de calidad (o, dicho de otro modo, de dignidad). Sin embargo, el señor Al Pacino, como alguno más de su quinta, directamente se ha reído de nosotros aceptando participar en un bodrio de proporciones tan monumentales como este “88 minutos” que, sinceramente, ojalá alguien me borrase del recuerdo en plan “¡Olvídate de mí!”. Desde luego, para quien esto escribe, queda claro: el Al Pacino actor ni está (y ya ni se le espera, visto lo visto) desde “El mercader de Venecia”; en su lugar, nos ofrecen un clon chapucero con pelucón imposible, y con una capacidad interpretativa equivalente a cero. Es una pena, pero lo superaremos: por muy estrellas que sean, no son el centro del universo.

En la imagen: Al Pacino en “88 minutos” - Copyright © 2007 Millennium Films, Randall Emmett/George Furla Productions, Equity Pictures Medienfonds GmbH & Co. KG III y Nu Image Entertainment. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

Miércoles 9 Abril 2008

¿Por qué Laura Linney no forma parte del Olimpo de las actrices populares? Cuando en las conversaciones cinéfilas se pregunta por el nombre de las mejores intérpretes del momento, suele ocurrir que el de esta prodigiosa actriz brilla por su ausencia, al menos, en la primera relación. Poco parece contar el hecho de que acumule ya tres nominaciones al Oscar®… de hecho, ante casos así, parece inevitable preguntarse por la justicia de que, por ejemplo, Hilary Swank tenga dos estatuillas (ojo, merecidísimas), mientras que la Linney aún no haya sido considerada como merecedora de tan siquiera una. No, no parece justo.

jindabyne.jpg

Quizá el problema es que hay algo en ella absolutamente normal; o, mejor dicho, cotidiano. Frente a lo que sucede con otras actrices más hermosas, más aparentemente perfectas, todos podemos decir que alguna vez hemos conocido, o conocemos, a alguna mujer como las que suele interpretar: de la esposa fingidora de “El show de Truman (Una vida en directo)” a la manipuladora maquiavélica de “Mystic River”; de las hermanas atascadas, tiernas y vulnerables de “You can count on me (Puedes contar conmigo)” o “La familia Savages”, a las desquiciadas madres de “The nanny diaries (Diario de una niñera)” o “Una historia de Brooklyn”, todos sus personajes están hechos de realidad. Y nos devuelven, como un espejo, sensaciones, miedos y esperanzas que podemos reconocer. Frente a otras diosas del celuloide, difícilmente nos hará soñar; al contrario, nos obligará a mirarnos a nosotros mismos. Y eso, que sólo está al alcance de la estirpe de grandísimas actrices y actores a que pertenece por derecho propio, no es la mejor vía para ser una estrella popular. Da igual: todos los amantes del cine seguiremos adorando en secreto a Laura Linney, aunque al resto le cueste saber de quién hablamos.

En la imagen: Laura Linney en “Jindabyne” - Copyright © 2006 April Films, Film Finance Corporation Australia, Babcock & Brown y Redchair Films. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

Lunes 7 Abril 2008

Lo confieso: lo mío con Charlton Heston es ambivalente. Para empezar, nunca he sido muy amigo de las súper-superproducciones de las que el recientemente fallecido actor se convirtió en icono imprescindible (particularmente, he de confesar que de “Ben-Hur” sólo me gusta la secuencia de la carrera de cuadrigas), con la única y curiosa excepción de “Los diez mandamientos” (la de 1956, se entiende), tal vez porque ésta siempre me ha parecido más una cinta de superhéroes que otra cosa, con esa travesía del Mar Rojo que puede hablarle de tú a tú a cualquier efecto digital de hoy en día.

lo-mio-con-charlton-heston.jpg

Sin embargo, es también el rostro inseparable de dos de las joyas que más aprecio como cinéfilo: “El planeta de los simios” (la buena, claro, no el engendro alumbrado por Tim Burton) y “Soylent Green: Cuando el destino nos alcance”, esa delicatessen (dicho sea, por cierto, con segundas) de la ciencia-ficción. Y eso, dejando a un lado su imagen pública, que es harina de otro costal (y de la que ya nos habló Michael Moore en su estupenda “Bowling for Columbine”, antes de que su ego desbocado perjudicase gravemente su carrera como documentalista). Así que uno se encuentra atrapado por un sentimiento contradictorio: por un lado, apenas siente nada por la pérdida de El Cid o Ben-Hur; sin embargo, se ve obligado a despedirse mentalmente de Moisés, el astronauta George Taylor y el detective Robert Thorn. ¿Qué quieren? Rarito que es uno…

En la imagen: Charlton Heston escucha divertido a un veterano Edward G. Robinson en “Soylent Green: Cuando el destino nos alcance” - Copyright © 1973 Metro-Goldwyn-Mayer. Todos los derechos reservados.

Miércoles 2 Abril 2008

El otro día estaba ojeando el periódico con un amigo, y nos topamos con la página de obituarios (esa sección que ahora tienen casi todos los diarios y que resuelve la papeleta de colocar las informaciones sobre difuntos, al parecer poco atractivas para los lectores). Había dos: uno, muy destacado, a tres columnas y con una gran foto, dedicado a Richard Widmark; y la columna restante, a un juez. El comentario de mi amigo fue demoledor: «Mira, esto es lo que define a un país: cómo valoramos la importancia real de las cosas». Desde su punto de vista, un juez era mucho más importante que un actor, por más que este último fuese un rostro inseparable de la memoria de varias generaciones como era el caso de Widmark.

por-que-nos-entristece.jpg

Y lo curioso es que últimamente me ha sucedido en varias ocasiones. Una amiga me recriminó que de verdad me entristeciera la repentina muerte de Heath Ledger. Todos los días se muere gente, me vino a decir, que ha hecho cosas mucho más valiosas, trascendentales o importantes para el mundo que un actor (o un director, o un guionista…). Los dos amigos, como se ve, vienen a coincidir en el mismo argumento: el que se ha ido no forma parte de tu familia, no es tu amigo, no sabe de tu existencia, y como sea lo bastante famoso y las circunstancias en que se produjo su muerte medianamente turbias, su historia será carroñeramente aprovechada por los medios. Y una parte de mí sabe que tienen, al menos, cierta razón; pero también, para quien esto escribe, es cierto que su desaparición sigue teniendo una trascendencia simbólica, por supuesto incomparable con la pérdida de alguien que de verdad me sea cercano o me importe… pero, a su manera, no deja de ser triste. ¿O es que podemos habernos dejado llevar tantas veces por sus interpretaciones, por los sentimientos que despiertan en nosotros sus personajes, sin que nos quede la más mínima huella? Sinceramente, eso no me pasa. Y espero que nunca me pase.

En la imagen: Richard Widmark en “El Alamo” - Copyright © 1960 Batjac Productions y The Alamo Company. Todos los derechos reservados.

Miércoles 20 Febrero 2008

La verdad es que, para no gustarle hacerle promoción de sus películas, últimamente Woody Allen se está quedando a gusto, llegando incluso a extremos que seguro ni remotamente imaginó que alcanzaría. Porque lo cierto es que hacer publicidad de su nueva película, “Vicky Cristina Barcelona“, resaltando que cuenta con una escena lésbica entre Scarlett Johansson y Penélope Cruz, es desde luego recurrir a los argumentos de venta de las cintas más comerciales que se estrenan cada semana en nuestras pantallas. Una cosa está clara: si hace veinte (¿qué digo veinte? Diez, ¡incluso cinco!) años nos lo dicen, no nos lo hubiéramos creído.

Claro que habrá quien, a esto, argumente que seguramente la idea haya partido de la productora, Mediapro, o de otro cerebro pensante que haya decidido mantener vivo el interés por la cinta de aquí a su estreno, presumiblemente en otoño. Según esta visión, Woody Allen estaría preso de quien pone el dinero. Pues vaya; ¿tan necesitado está de hacer películas, hasta llegar al punto de tener que claudicar con lo que durante tanto tiempo rechazó? Una persona que se vanagloria de haber luchado tanto por su independencia, ¿merece la pena que acabe así? La verdad es que no sé cómo lo ven ustedes; pero a mí, según van pasando los meses, la dichosa “Vicky Cristina Barcelona” se me va atragantando cada vez más…

En la imagen: Woody Allen durante el rodaje de “Scoop” © 2006 On Pictures. Todos los derechos reservados.

Martes 19 Febrero 2008

Por edad, yo no vi “Tiburón” en los cines cuando se estrenó. Eso sí, durante un tiempo, y hasta que por fin tuve la oportunidad (en vídeo, aunque más tarde conseguí revisitarla en pantalla grande), me construí una imagen a partir de lo que me contaba mi hermano, y que luego tuve que contrastar con la realidad. Por supuesto, no todo coincidía; y, de hecho, tardé un tiempo en ver la película tal y como Steven Spielberg la había creado porque, en mi imaginación, yo ya la había hecho a mi medida. Sin embargo, cuando por fin la vi, hubo una frase que no me sonó nada nueva, pues para entonces la había oído hasta la saciedad: «¡Todo el mundo fuera del agua!». Para alguien que, como yo, tenía además miedo a ahogarse en la playa, no podía haber sentencia más contundente.

Quien la gritaba, Roy Scheider, fallecía hace pocos días. Y entonces es cuando me doy cuenta de hasta qué punto le teníamos olvidado, por más que hubo un tiempo en que su nombre era garantía de que lo que íbamos a echarnos a los ojos tenía más que interés: no sólo la cinta de Spielberg, también le vimos en “Contra el imperio de la droga” junto a Gene Hackman y Fernando Rey, o en aquella maravilla de Bob Fosse titulada “Empieza el espectáculo”. Un rostro que lograba hacer interesante, incluso, una absurda secuela como aquella olvidable “2010, odisea dos” (claro que no sucedía lo mismo con la que pretendió rebañar los escasos dólares dejados de recaudar por el escualo gigante, pero bueno). O sea, unos años en los que yo empezaba a descubrir el cine, en que mezclaba churras con merinas; esa época en la que a uno se le va formando el gusto (si es que eso se consigue alguna vez), tiene muchos rostros, y uno de ellos nos gritaba que, de una vez, saliésemos del agua, por más que todos nos hiciéramos los remolones: en realidad, nos iba la marcha y queríamos ver al bicho de cerca.

En la imagen: Roy Scheider, a punto de lanzar su famoso grito en “Tiburón” - Copyright © 1975 Universal Studios. Todos los derechos reservados.

Miércoles 30 Enero 2008

Puede que se esté convirtiendo en costumbre contar con la presencia de un niño en las nominaciones a los Oscar®. O más concretamente, una niña: si el año pasado fue Abigail Breslin la que fue incluida en la categoría de Mejor Actriz Secundaria por su participación en “Pequeña Miss Sunshine”, éste le ha correspondido a Saoirse Ronan por su intervención en “Expiación: Más allá de la pasión”, lo que la convierte en la última, por el momento, de una línea que incluye a Anna Paquin, que se llevó la estatuilla con sólo 11 años de edad, en 1993, por su papel en “El piano” (uno de esos premios, por cierto, que la perspectiva descubre como excesivos, porque su carrera posterior aún no ha servido para confirmar tan arrebatador arranque).

¿Sucederá lo mismo con Saoirse Ronan? El tiempo lo dirá, pero lo que no se puede negar es que esta chica borda en la cinta de Joe Wright una interpretación de las que quedan grabadas a fuego en la retina. De hecho, para todos los que conocíamos previamente la novela, sería difícil encontrar a nadie que pudiera representar mejor el difícil, contradictorio, bullente de imaginación, caprichoso, impulsivo y fantasioso personaje que pone en marcha la acción del libro. Su capacidad para expresar matices con una sola mirada, con un solo gesto, de transmitirnos los vericuetos de sus pensamientos, es de las que definen a las grandes actrices. Ahora sólo falta que lo confirme en sus próximas películas, como “City of Ember” o la esperadísima adaptación de la novela “Desde mi cielo” de Alice Sebold, “The lovely bones”, que firma Peter Jackson. Así sabremos si ha sido Joe Wright el que obró el milagro, o si verdaderamente nos encontramos ante alguien que dejará huella. Y tengo el pálpito de que puede ser lo segundo.

En la imagen: Saoirse Ronan en ”Expiación: Más allá de la pasión” - Copyright © 2007 Universal Pictures, Studio Canal, Relativity Media y Working Title Films. Foto por Alex Bailey. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Jueves 24 Enero 2008

Ante la noticia del fallecimiento de Heath Ledger, independientemente de las especulaciones sobre la causa de su muerte (que a mí, personalmente, me interesan bien poco), uno no puede sentir un mazazo parecido al que sintió cuando supo de la muerte de River Phoenix. Sobre todo, cuando este actor, que parecía llamado a ser uno más de la larga lista de guaperas adorados por las quinceañeras (¿qué sentiría cada vez que se viese, si es que se había vuelto a ver, en “Destino de caballero”?), había empezado a decirnos que era inquieto, que no le importaban las decisiones arriesgadas (porque tan atrevido, no nos engañemos, puede ser interpretar una séptima parte de Bob Dylan, como componer un nuevo Joker bajo la alargada sombra de Jack Nicholson).

El hecho de haber casi coincidido con el fallecimiento de otro joven, Brad Renfro (que, a diferencia de Ledger, vio declinar su carrera tras su arrollador debut en “El cliente”), ha dado pie a la prosa fácil y apresurada, reseñando una vez más cómo Hollywood devora a quienes conocen el éxito rápido y precipitado. Demasiado fácil, pero a la vez muy tranquilizante; ahora sólo nos queda esperar el estreno de “I’m not there” y, sobre todo, de “El Caballero Oscuro”, de Christopher Nolan. Inesperadamente, la nueva entrega de Batman se ha vuelto más oscura que nunca; y, aunque no queramos, escrutaremos tras la máscara, buscando algo parecido a un motivo. Aunque, sinceramente, dudo que lo encontremos.

En la imagen: Heath Ledger en “El secreto de los hermanos Grimm” - Copyright © 2005 Dimension Films, Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Daniel Bobker Productions y Mosaic Media Group. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

Martes 22 Enero 2008

¡Vaya con Leonor Watling! Empeñada como parecía desde hacía tiempo en demostrar que es una actriz diferente, con más altas miras, políglota y cosmopolita, preocupada en trabajar con los más exquisitos (la Coixet, Almodóvar, Cesc Gay, Bigas Luna, en el film colectivo “Paris, je t’aime” o, próximamente, en la adaptación de la celebérrima novela “Bella del señor”, de Albert Cohen), se nos ha descolgado con un papel bien carnal en “Los crímenes de Oxford”… vamos, tan carnal como que la única explicación que tiene quien esto firma para su presencia en la fallida película de Álex de la Iglesia es mostrárnosla en todo su esplendor o, a lo sumo, “vestida” exclusivamente con un mandil.

Y ojo, que no es que aparecer desnuda en una película, a estas alturas, sea algo malo (tampoco bueno per se, más allá de lo que puedan decir las agradecidas miradas). Pero no deja de sorprender en quien una y otra vez se ha encargado de subrayar que, en realidad, tiene otros intereses, que le atrae el cine sobre todo como expresión artística, etc., etc. Se puede alegar que una cosa son las películas que cimentan el prestigio, mientras que otras son las que dan dinero, y que una carrera cinematográfica puede sustentarse tanto en unas como en otras. Totalmente cierto; pero al menos, no estaría de más un poco de coherencia. Por no salirnos de zonas cercanas, la musa de Isabel Coixet, Sarah Polley, no tuvo ningún problema en participar en un título en principio tan comercial como “Amanecer de los muertos”. Sin embargo, el resultado no supuso ninguna abdicación, ninguna contradicción. En cuanto a Leonor Watling, esperemos que su participación en “Los crímenes de Oxford” le abra muchas puertas donde demostrar su talento (que lo tiene) y su dominio del inglés; pero, a ser posible, que escoja mejor los papeles. O que abandone su pretensión de ser reconocida como musa “alternativa”; una de dos, todo no se puede tener.

En la imagen: Leonor Watling en “Los crímenes de Oxford” - Copyright © 2008 Tornasol Films, Telecinco Cinema, Oxford Crimes y La Fabrique 2. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.