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Viernes 8 Agosto 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 08.08.08 a las 8:25
Archivado en: Productoras

UNA. Porque, en un momento en el que el temor al descalabro económico hace que los grandes estudios vayan sobre seguro, los chicos de Pixar aún son capaces de arriesgar con historias y formatos que no insultan a la inteligencia del espectador. DOS. Porque son plenamente conscientes de que, en el fondo de cada cinéfilo, habita un niño que quiere maravillarse como lo hacía cuando iba al cine en pantalón corto. Y eso se nota en los resultados. TRES. Porque son capaces de colarnos el mensaje más bondadoso y binenintencionado sin que sintamos que están poniendo en duda nuestra capacidad de discernimiento. CUATRO. Porque, aún así, entre sus cintas pueden rastrearse momentos verdaderamente oscuros, e incluso crueles; ni más ni menos, como la vida.

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CINCO. Porque, trece años después del aldabonazo de “Toy story”, aún son capaces de dejarnos con la boca abierta. SEIS. Porque su humor enlaza con los grandes clásicos del cine, y en ningún momento es fácil o chabacano. SIETE. Porque son humanos, como demuestra el que sean capaces de equivocarse (véase “Cars”). OCHO. Porque su capacidad de crear fábulas les hace continuadores de una tradición que bebe de lo mejor de la cultura de todos los tiempos. NUEVE. Porque consiguen que recuperemos la ilusión de esperar a que un estreno por fin llegue a nuestras pantallas. DIEZ. Porque nos regalan “WALL•E (Batallón de limpieza)” y nos recuerdan por qué amamos el cine, cuando tantos parecen empeñados en que reneguemos de uno de nuestros mayores placeres.

En la imagen: EVA y WALL·E, los protagonistas de “WALL·E (Batallón de limpieza)” - Copyright © 2008 Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios. Distribuida en España por Walt Disney Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

Lunes 28 Abril 2008

El cine indie siempre ha sido, o al menos así parece que lo hemos querido ver desde esta orilla del Atlántico, lo que los norteamericanos hacían cuando se ponían a rodar como si fueran franceses. Bueno, más o menos. Pero, últimamente, incluso esta división de plata del gran conglomerado industrial cinematográfico-estadounidense parece vivir momentos difíciles. Cuando por las calles de Sundance se mezclan los supervivientes de Seattle con gente como Paris Hilton, es que algo pasa. Y cuando los grandes estudios crean sus divisiones para hacer películas de bajo presupuesto (eso sí, muy arties, que no es lo mismo ser cutre en plan serie B que creativo a lo John Cassavetes), con sus logos calculadamente desmañados, nos reafirmamos en la pregunta: ¿qué le pasa al cine independiente?

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Es más, ¿por qué la versatilidad de fórmulas que antes existía para presentar una mirada alternativa a la del grueso de la producción más comercial parece haberse reducido en los últimos tiempos a un esquema mil y una veces repetido? Es decir, el del friqui inserto en un contexto más o menos tradicional, a ser posible nevado y aislado (lo que parece devolver a la tal comunidad la condición de representativa del núcleo originario de lo que luego ha venido a llamarse Estados Unidos de América), y que por contraste acaba revelando la verdadera esencia de esos habitantes. El último ejemplo en llegarnos es “Lars y una chica de verdad”, pero hemos tenido últimamente nuestras buenas dosis con “Juno”, “Pequeña Miss Sunshine”, “Thumbsucker”, “Ghost world”, “La peligrosa vida de los Altar Boys”… Al final, uno se pregunta si la cosa no tendrá trampa: como nos demuestra la experiencia, llegado el caso los friquis pueden ser perfectamente absorbidos por el sistema y, por tanto, ver su potencial revulsivo desactivado. Y si no, que se lo pregunten a Tim Burton (que ya sé que nunca fue exactamente indie, pero friqui sí… al menos en una época).

En la imagen: Bianca y Ryan Gosling en “Lars y una chica de verdad” - Copyright © 2007 Sidney Kimmel Entertainment y John Cameron/Sarah Aubrey Productions. Distribuida en España por Versus Entertainment. Todos los derechos reservados.

Miércoles 9 Enero 2008

Estos días he podido volver a ver “Ratatouille”, aprovechando su edición en DVD. Y de nuevo he vuelto a disfrutar y a sorprenderme con esta obra maestra de Pixar, que consigue incluso que unos ratones en la cocina no resulten repugnantes sino simpáticos y hasta entrañables. Desde la animación de los personajes y de los rincones parisinos hasta un guión salpicado de eficaces giros narrativos o una música siempre acompasada con la historia, todo en esta cinta se convierte en una precisa y admirable obra de relojería.

Entre los personajes, quizá el crítico gastronómico Ego resulte el más caricaturesco y también el retratado con mayor mordacidad y cinismo: larguirucho y estirado, vestido de oscuro y con marcadas ojeras, distante y displicente en sus sentencias y aseveraciones, encerrado en su despacho-ataúd y en su soledad… todo parece, en realidad, un dardo envenenado lanzado por la productora contra la crítica cinematográfica. Pero Pixar quiere tener buenas relaciones con el sector, y decide darle una oportunidad: busca algunos momentos de luz en su pasado, atraviesa el pozo negro del engreimiento y la prepotencia, y llega a la infancia e inocencia de un Ego que muestra su verdadera cara, la de una persona normal y sin absurdas distancias respecto al pueblo llano. Tras un plato nada sofisticado pero bien preparado, nuestro crítico recupera la sencillez, la sonrisa y el gusto por lo natural y positivo, pierde los aires de solemnidad en los que se había instalado. Por eso, al final —en la película y en la realidad— parece que Pixar y la crítica se van a llevar bien, y que incluso pueden llegar a emprender algo juntos, de calidad y a la vez popular. Y a nosotros sólo nos queda aprender la lección de Pixar y de Ego.

En la imagen: Ego en “Ratatouille” - Copyright © 2007 Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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Lunes 3 Diciembre 2007

La verdad es que el anuncio de que Woody Allen no rodará en España ninguna de las otras dos películas que le producirá Mediapro ha sido una sorpresa; pero, en cierta manera y cuando se rebobina lo ocurrido a lo largo de estos meses durante el rodaje de “Vicky Cristina Barcelona”, quizá no extrañe tanto. Personalmente, no pude evitar una cierta sensación de sonrojo al pensar que la mera presencia de Allen en nuestro país (sobre todo en Barcelona, y después en Asturias) desencadenó una reacción que, la verdad, parecía más cercana a lo que Berlanga nos describía en la mítica “Bienvenido Mister Marshall” que a la realidad de un país del que han salido un puñado de nombres que suenan con fuerza en Hollywood.

Es perfectamente comprensible que la parafernalia del rodaje despertase la curiosidad del público, sobre todo cuando se sabía de la presencia de una estrella como Scarlett Johansson (francamente, no puedo creerme que, a estas alturas, toda una ciudad se paralice porque estén Javier Bardem o Penélope Cruz, mucho más cercanos a nosotros). Lo que ya resultó bastante más sorprendente fue la competencia de políticos e instituciones por agasajar a Allen, en una dura lucha por ver quién se hacía más fotos con él. Toda una parafernalia que me hizo recordar las quejas de Pepu Hernández, el seleccionador español de baloncesto, ante el atosigamiento publicitario y de compromisos a que se veían sometidos sus jugadores en el Eurobasket. Pues algo así debió sufrir el director, tradicionalmente tímido y poco amigo de la presencia pública, por más que en los últimos tiempos se haya visto obligado a romper su costumbre. En fin, dejando a un lado el tema de la conveniencia y naturaleza de las ayudas recibidas por la productora (porque lo desconozco), sí que me queda una duda: ¿de verdad hemos estado a la altura?

En la imagen: Woody Allen en “Scoop” - Copyright © 2006 Focus Features, BBC Films, Ingenious Film Partners, Phoenix Wiley Productions y Jelly Roll Productions. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos reservados.