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Jueves 10 Julio 2008
Escrito por Manuel Márquez el 10.07.08 a las 20:33
Archivado en: Estrenos

Pocas dudas cabe abrigar acerca de cuál será el estreno—de entre los que llegan a la cartelera esta semana— que reventará las taquillas de las salas españolas: sí, sí, ése del osito tan simpático e inquieto que, por cortesía de DreamWorks, pondrá a una numerosa legión de padres a hacer colas ante los puntos de venta de entradas, acompañados de esa no menos numerosa legión de críos ilusionados y expectantes. ¿Algo que objetar? No, no, nada. Al fin y al cabo, este humilde escribiente está destinado a ser un legionario más, integrante de dichas huestes —y de ello espero poder darles cuenta, llegado el momento—. Pero, a título estrictamente personal, no es, ciertamente, “Kung Fu Panda” la propuesta que más llama mi atención, sino la que constituye el estreno de cine español de la semana —proveniente de esa feraz cosecha que proporcionó el Festival de Málaga en su edición del presente año—, la nueva entrega del director Juan Cavestany, que, con el nombre de “Gente de mala calidad”, llega a nuestras pantallas, y de cuya presentación en la “capital del reino” rendía cuenta hace sólo unos días Alfredo Manteca en la sección de noticias de esta casa.

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Cavestany, que cuenta, como mayor aval, con el precedente del magnífico éxito de taquilla que, hace tan sólo cuatro años, tuvo su (codirigida) ópera prima, “El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo”, se enfrenta, en esta ocasión, a un empeño nada fácil, como es el de estar a la altura (naturalmente, comercial) de ese debut, sin contar con un gancho del calibre de Santiago Segura —un actor sobre cuyas solvencia y excelencia artísticas se podrá discutir mucho, pero cuyos datos recaudatorios ofrecen poco lugar a la objeción o el debate: su presencia en cartel asegura números sustanciosos—. ¿Será suficiente la expectativa que pueda despertar un reparto en el que no faltan nombres tan “campanilleros” como los de Alberto San Juan, Fernando Tejero o Maribel Verdú? ¿Estará el público —tan reacio, en tantas ocasiones, a dar su pláceme a temáticas propias y cercanas— interesado en una trama en la que, según todas las informaciones avanzadas a priori, habrá cabida para elementos tanto de drama como de comedia, en una de esas mezclas “explosivas” llenas de atractivo (y peligro)? Incógnitas que sólo se desvelarán a lo largo de los próximos días. Ojalá que los dedos apunten hacia arriba: nuestro cine lo necesita…

En la imagen: Fotograma de “Gente de mala calidad” - Copyright © 2008 Telespan 2000 y Telecinco Cinema. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

Martes 5 Febrero 2008

Tras la triple metedura de pata en los prolegómenos de los Goya —el affaire de los cortos y de la música original, y la supresión de los premios al cine europeo—, la Academia se encaminaba hacia otro precipicio en la gala de entrega de premios. Algunas de las candidaturas habían levantado más de una suspicacia —véase la cantidad de nominaciones de “Las 13 rosas”, o las de “Oviedo Express” y “El Prado de las Estrellas”—, y parecía mirar hacia otro lado obviando unos resultados de taquilla sonrojantes. Por eso, su presidenta, Ángeles González-Sinde, se cuidó en la ceremonia en subrayar cómo el cine español era sólido (¿?) y sí caminaba “a alguna parte”, en un guiño al fallecido Fernando Fernán-Gómez. Pero tendríamos que preguntarnos a qué parte se dirige, y dónde se asienta su solidez. Es necesaria mucha más autocrítica y menos excusas sobre la invalidez de la taquilla para medir la salud del cine, sobre la preferencia del espectador por verlo en el sofá de su casa. Porque es evidente que ante una buena película, la gente irá a verla a la sala, como siempre ha hecho; y ante una película mediocre… pues en el mejor de los casos esperará a verla en el calor del hogar cuando salga en DVD.

Pero afortunadamente, los académicos fueron coherentes con esa máxima acerca de que el cine no sólo se mide en la taquilla, y dieron a Jaime Rosales y a “La soledad” los dos principales galardones: mejor película y director. Bien merecidos se los tenía, y no hubieran estado de más otros Goya —aparte del mejor actor revelación que recibió José Luis Torrijo— como los de montaje (qué habrán visto a “[Rec]” en este apartado, cuando se apoya fundamentalmente en el plano secuencia) o alguna interpretación femenina. Una cinta de bajo presupuesto y lejos del gusto de un público cómodo, arriesgada y original, triste pero honesta, con personalidad y sin complejos hacia lo extranjero. Del resto de premios, pues más o menos bien: enhorabuena a Maribel Verdú, a Alberto San Juan, a Roque Baños, a José Luis Alcaine… y, por supuesto, a Juan Antonio Bayona por “El orfanato”, a quien no le podemos negar su mérito y buen hacer, y del que esperamos grandes cosas. Nos hubiera gustado ver un Goya al cine europeo —igual lo han quitado por carecer de tirón para traer a la Gala a los responsables (¿?)— y también algún reconocimiento a Icíar Bollaín y a José Luis Garci, que tampoco merecían irse de vacío en algún apartado de interpretación o técnico. Sin embargo, en esta recta final es justo reconocer a la Academia que ha rectificado el rumbo y ha acertado, que ahora sí ha apostado verdaderamente por el cine español sin dejarse llevar por la taquilla, por las amistades o por lo políticamente correcto. Incluso José Corbacho estuvo simpático y comedido, dentro de su estilo gamberro y un tanto provocador, aunque todo pareciera reciclado.

En la imagen: Escena del rodaje de “La soledad” - Copyright © 2007 Wanda Visión, Fresdeval Films e In Vitro Films. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Lunes 4 Febrero 2008
Escrito por Manuel Márquez el 04.02.08 a las 18:00
Archivado en: Actualidad, Goyas

Ni decepción ni sorpresa. Confirmando las previsiones apuntadas en este mismo blog, la gala de entrega de los Premios Goya, que tuvo lugar la pasada noche en el Palacio de Exposiciones y Congresos, de Madrid, ofreció más de lo mismo: un espectáculo que, desde la previsibilidad más absoluta —la que impone un formato que deja muy poco margen de maniobra para la originalidad—, tuvo en José Corbacho a un conductor ágil e ingenioso, capaz, con sus gags y sus chaquetas, de hacer del escenario un territorio no excesivamente árido, y en el resto de sus participantes, las huestes del cine español, un público cordial y animoso que se atuvo, en todo momento, al guión de un binomio relajante (normalidad-tranquilidad), sin apenas espacio —salvo algún apunte por parte de Alberto San Juan (carga de profundidad contra la jerarquía eclesiástica), o la nota emotiva a cargo de José Luis Alcaine (dedicando su premio a la memoria de las trece rosas, nombradas una a una con una solemnidad que cortaba el aire)— para las convulsiones que estremecieron escenario y palco algunos años atrás. ¿Lecturas políticas? Es tiempo de campaña electoral: cada cual saque sus particulares conclusiones.

En lo que atañe a la “chicha” —es decir, los premios—, como diría el lotero de mi barrio, la cosa estuvo muy repartida. ¿Voluntad de “no poner todos los huevos en el mismo canasto”, o deseo de transmitir una imagen de amplitud de opciones que quizá no casa con una realidad mucho más cruda? Quién sabe… Se tiende, generalmente, a especular sobre las intencionalidades de decisiones colectivas que, en muchas ocasiones, sencillamente no existen: que la suma de las decisiones individuales en la que se funda la colectiva arroje un resultado determinado suele ser más fruto de la casualidad que de otra cosa. En todo caso, sí me causó cierto grado de sorpresa (y, por qué no decirlo, de íntima satisfacción) que la Academia apostara, y fuertemente, por ese cine “diferente” que, sin duda alguna, representa la gran triunfadora de la noche: “La soledad”, de Jaime Rosales. Y me quedo, también, y por lo que me toca personalmente, con la dedicatoria de su director a esos “pequeños futuros cinéfilos” que han de insuflar sangre fresca a este nuestro cine: ojalá el mío esté entre ellos…

En la imagen: Fotograma de “La soledad” - Copyright © 2007 Wanda Visión S.A. Todos los derechos reservados.