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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Sábado 18 Octubre 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 18.10.08 a las 14:24
Archivado en: Estrenos

Si algo quedaba claro al ver los primeros cortometrajes de Javier Fesser, especialmente los míticos “Aquel ritmillo” y “El secdleto de la tlompeta”, es que nos encontrábamos ante un talento del cine con una enorme potencia visual, en cuyos trabajos eran más que evidentes la influencia de los tebeos, los gags del cine mudo, los dibujos animados y toda una iconografía y referencias que remiten a una generación, la de los nacidos en los sesenta. Una mezcla de audacia, nostalgia y sentido del humor rayano en lo surrealista que, además, guardaba relación con el particular estilo que su hermano Guillermo, junto a Juan Luis Cano, imprimían a su inimitable dúo radiofónico (y más tarde televisivo) Gomaespuma. Luego llegaron sus largometrajes: primero, “El milagro de P. Tinto”, que era una versión corregida y aumentada del mundo dibujado en sus cortometrajes; y “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”, donde su iconografía encontraba en los populares personajes de Ibáñez el vehículo perfecto para romper el círculo friqui y conquistar las taquillas.

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Y ahora, cuando podríamos esperar que siguiera por ese camino, decide romper con él y afrontar un género, aparentemente, en las antípodas: el de “Camino”, un duro drama, inspirado en un caso real, en el que una niña afronta una terrible enfermedad mientras en su interior, y a su alrededor, se van planteando las cuestiones de qué es la fe y qué el fanatismo, las dudas de los padres y los cuestionamientos de la misma protagonista, la bellísima niña Nerea Camacho, que se debate entre lo que se supone que Dios espera de ella y sus ansias de vivir. No parece un terreno en el que pudiéramos imaginarnos al Fesser que conocíamos hasta ahora. Sin embargo, como en el caso de Jean-Pierre Jeunet, el autor de “Amelie”, cuando pareció cambiar de tercio para rodar “Largo domingo de noviazgo”, algo me dice que seguirá estando ahí su portentosa manera de entender el cine. Porque lo que no se puede negar, desde ya y a la espera de poder valorar el resultado, es su valentía a la hora de abordar una historia polémica desde su propia concepción; después de sus aventuras de tebeo, es posible que Javier haya dado un paso decisivo hacia la madurez cinematográfica.

En la imagen: Javier Fesser durante el rodaje de ”Camino” - Copyright © 2008 Películas Pendelton y Mediapro. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

Miércoles 15 Octubre 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 15.10.08 a las 14:59
Archivado en: Críticas

Puede resultar un tanto desconcertante que Mike Leigh, quien tantos dramas nos ha despachado y sabido contar tan bien, haya optado por servirnos una comedia en la que, por decirlo de alguna manera, trae el espíritu de “Amelie” a su terreno particular. Y eso, para qué negarlo, desconcierta: ¿de verdad nos encontramos ante el Leigh que nos conmovió con “Secretos y mentiras” o “El secreto de Vera Drake”, el mismo que es capaz de mostrarnos cómo lo peor convive en medio de lo cotidiano? ¿De verdad es la misma persona que firma esta película en torno a Poppy (Sally Hawkins), la optimista extrema, la chica estridente que se ríe de todo y a la que nada es capaz de desanimar? Pues sí, es el mismo. Pero, si lo miramos más detenidamente, puede que en realidad no se nos esté contando algo demasiado diferente a lo que nos mostraban los anteriores títulos de Leigh.

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Y es que, si algo viene a decirnos “Happy: Un cuento sobre la felicidad”, es que el mundo no está preparado para encajar una actitud tan enormemente positiva como la de Poppy; es más, que el conocer a alguien que se manifiesta tan sumamente feliz, por más que enfrente la treintena sin atisbo alguno de estabilidad en su vida, puede resultar cargante, e incluso dañar, a las personas que se cruzan con ella. Si algún personaje ejemplifica esto último, es el profesor de autoescuela interpretado por Eddie Marsan, un tipo absolutamente reprimido y desencantado, un hombre que se siente ninguneado por la vida y que deriva su resentimiento y su furia contra los emigrantes, los jóvenes, contra cualquiera que se aleje de su cerrada (y un tanto extraña) concepción de la existencia. Así, las lecciones semanales que reúnen a los dos en el coche de la autoescuela van puntuando la narración, con dos extremos confinados en un habitáculo tan estrecho que el conflicto termina siendo inevitable. Pero es que nada de esa felicidad acaba contagiándose a las personas más cercanas a Poppy, como sus hermanas o, incluso, los pequeños a los que da clase. En cuanto ella baja la guardia, algo aparece que le recuerda que el mundo no es tan luminoso como ella se empeña en ver; y así, su felicidad termina lindando con la irresponsabilidad, como se muestra en la secuencia del vagabundo. … sigue >>