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Jueves 26 Junio 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 26.06.08 a las 18:08
Archivado en: Críticas

A pesar de las simpatías, o la falta de ellas, que pueda despertar, nadie puede negar que Nanni Moretti es una de las escasas estrellas del cine italiano capaces de atraer público a las salas de nuestro país, en gran parte porque, para la mayoría, sigue siendo el creador de aquella película emblemática para toda una generación que fue “Caro diario (Querido diario)”. Y por eso no debería causar sorpresa que su rostro y su nombre se impongan en todo el material promocional de esta cinta protagonizada y coescrita por él, por más que la dirección recaiga en Antonello Grimaldi. Pero lo cierto es que, para la mayoría de los espectadores, éste es un detalle casi anecdótico, porque quien ocupa la pantalla a lo largo del 90 por ciento de metraje es Moretti.

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Hasta tal punto se adueña de ella, que es inevitable pensar en “La habitación del hijo” (cinta ésta sí 100% autoría suya), en gran parte por las similitudes temáticas: si en aquélla era la muerte de un vástago la que daba pie a mostrarnos la difícil construcción del duelo por parte de una familia disgregada en la pérdida, en “Caos calmo” son un padre y una hija los que pierden a su esposa y madre. Una pérdida que, como ocurre en tantas ocasiones, deja tras de sí más vacío, más extrañeza, que una verdadera expresión de dolor. En un mundo en el que todo va demasiado rápido, y en el que la existencia se limita a quemar una serie de etapas que la mayoría de los individuos siguen al pie de la letra sin plantearse siquiera su verdadera motivación o su significado (el matrimonio, los niños, la carrera profesional o el éxito social), el personaje que incorpora Moretti no encuentra un camino ortodoxo para salir de una vida que la tragedia le ha mostrado como puro simulacro: más atónito que horrorizado o deprimido, va comprendiendo hasta qué punto no conocía a su esposa, hasta qué punto no le llena su trabajo como ejecutivo que le permite recorrer el mundo y conducir un buen coche… y así, encuentra en un pequeño parque, situado frente al colegio donde cada mañana deja a su hija, un lugar tan ajeno a todo lo que le ha rodeado hasta ese momento, que le sirve como refugio, como algodón en el que envolverse para entregarse a la contemplación de su vacío interior. … sigue >>

Domingo 22 Junio 2008

Aunque la firme Antonello Grimaldi, “Caos calmo” es una película con el sello de Nanni Moretti, y no sólo porque sea protagonista y coguionista, sino porque en ella vuelve sobre sus obsesiones temáticas de siempre, y porque imprime una manera de mirar la realidad egocéntrica y autorreferencial que termina por agotar al sufrido espectador. De nuevo la muerte acecha y perturba, y de nuevo la sombra de la ausencia se alarga (como sucediera en “La habitación del hijo”) hasta modificar la existencia de un hombre de negocios que necesita aprender a ver la vida desde otra perspectiva. Pietro acaba de perder a su mujer trágicamente y se vuelca con una hija a la que acompaña a diario al colegio. Entonces descubre una nueva realidad que le era desconocida… en su mujer, en su hija y en sí mismo. Que traslade su oficina al parque no es sino la respuesta ante una vida gastada en proyectos profesionales y en una actividad desenfrenada, desprovista de afectos y que ha girado en torno a sí mismo. La nueva óptica en esos días gastados mientras observa a madres que van a recoger a sus hijos, a una joven que pasea a su perro o a un chico con “síndrome de Down” que “saluda” al automóvil cuyas luces parpadean… todo ello despierta en él una humanidad olvidada y una nueva jerarquía de valores.

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Evidentemente, esta historia mínima e intimista tiene un enorme potencial y atractivo, y promete una película de fuerte calado dramático y emotivo. Sin embargo, carece de esa fuerza, y pronto se pierde en la atonía de su protagonista, que nunca llega a enganchar al espectador y le obliga a presenciar su drama desde fuera, sin implicarse ni creerse su transformación interior. El problema es que Nanni Moretti ni siquiera llega a mostrar un estado de shock tras la pérdida de su mujer (aunque se trate de ocultar ese dolor que se presumiría y que no llega, algo que precisamente es lo que le lleva a recapacitar), y su mirada tampoco refleja los descubrimientos y evolución que su personaje parece experimentar. No es tanto una cuestión de interpretación sino de guión y caracterización de los personajes, con una subtrama financiera que distrae y enfría cualquier atisbo de empatía emocional —la secuencia de Roman Polanski como rico capitalista queda enfática y gratuita—, la del hermano del mundo de la moda no aporta nada, y la de la mujer rescatada del mar se redondea con una escena onírico-sexual tan fuera del tono general de la película como ridícula (más propia de una sesión psiquiátrico-freudiana de Moretti). … sigue >>