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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Martes 1 Julio 2008

No sé si será por el verano o por la Eurocopa de fútbol, pero lo cierto es que, cinematográficamente hablando, el recién acabado junio puede pasar a la Historia como uno de los meses más flojos, sólo salvado por algunas grandes producciones norteamericanas. Revisando lo que permanece en la cartelera y dejando al margen lo que ya se recogía en anteriores artículos, podemos recomendar algunos títulos, en su mayoría de evasión y entretenimiento, como es lógico en esta época del año. Tras la ausencia de sorpresas y la presencia de tanta nostalgia como encerraba “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, varias películas volvían a los pocos días a tratar las ambiciones de científicos y militares sin escrúpulos: “El increíble Hulk”, con espectaculares efectos especiales y un drama tenso entre humanidad y monstruosidad, no estaba exenta de interesantes reflexiones antropológicas.

El increíble Hulk

Más experimentación científica y tragedia apocalíptica encontramos en “La niebla de Stephen King” y ”El incidente”, ambas con el miedo y la insolidaridad como trasfondo y el suspense como arma narrativa, aunque la primera teñida de un tono más fatalista y la segunda dejando una salida a través de la familia. Huyendo del drama, “Ella es el partido” cumplía su función de entretener con ingenio como comedia romántica al estilo clásico, aunque no le exijamos a George Clooney que sea Howard Hawks ni Cary Grant; y “La vida sin Grace” nos ofrecía una historia familiar aunque algo blanda en torno al reencuentro entre un padre viudo y sus dos hijas. De los estrenos españoles, reseñamos “Los cronocrímenes” por su original idea y la precisión de su guión y montaje, que no es poco; mientras que la tailandesa “Wonderful town” merece ser destacada como la apuesta más sensible y lírica, más contemplativa e intimista, de mejor ambientación emocional y geográfica. … sigue >>

Domingo 8 Junio 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 08.06.08 a las 11:45
Archivado en: Críticas

Visto lo visto, no deja de resultar curioso que George Clooney buscase la protección del guionista Charlie Kaufman para iniciar su camino como director, con aquella meritoria aunque irregular “Confesiones de una mente peligrosa”. Sobre todo, si tenemos en cuenta que su posterior carrera siguió, para sorpresa de muchos, por senderos mucho más clásicos, tanto en su anterior cinta, “Buenas noches, y buena suerte”, como en la que ahora nos ocupa, “Ella es el partido” (horrorosa traducción del original “Leatherheads”). Aquí, los referentes son las comedias ligeras y un tanto alocadas que, inevitablemente, se encarnan en la memoria del cinéfilo en los rostros de actores como Cary Grant, Katharine Hepburn o James Stewart; unas películas basadas en diálogos de ritmo endiablado y llenas de ingenio, con un punto de sofisticación que en realidad no estaba reñido con la inclusión de momentos de pura comedia física, tal vez herencia del por entonces aún reciente cine mudo.

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Estos mimbres son los que adopta Clooney para levantar su largometraje, un típico triángulo chico-chica-chico ambientado en la mitad de la década de los años veinte, justo el momento en que el fútbol americano profesional inició el despegue que lo convertiría en el fenómeno (y negocio) de masas que es hoy en día. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurría en otro reciente título, también de (sólo) aparente hechura clásica y protagonizado por Clooney, “El buen alemán”, de Steven Soderbergh, aquí la receta sí que se aplica al pie de la letra, sin intenciones revisionistas ni de apuesta estética. Desgraciadamente, tan loable intención no da el resultado apetecido, y no deja de resultar curioso y aleccionador el que dé la sensación de que parezca más fácil dejarse llevar por las locas construcciones de los guiones de Kaufman que seguir un libreto estrictamente respetuoso con un género tan fijado y establecido como el de la screwball comedy, en el que nada funciona si uno solo de los elementos de su preciso mecanismo de relojería se desajusta. … sigue >>

Cuando una obra se plantea como copia o imitación de otra, no esperamos de ella que se separe del original ni tampoco que lo supere. Eso es lo que sucede con “Ella es el partido”, película-homenaje de George Clooney a las comedias románticas del clasicismo americano, con la “Luna nueva” de Cary Grant y Rosalind Russell como principal referencia. No es que suspenda en el intento ni mucho menos, porque mantiene el aire fresco y el desparpajo feminista, los diálogos rápidos e inteligentes cargados de doble sentido y equívocos, y también la ambientación de los felices años veinte está muy conseguida en su atrezo y vestuario. Su estructura narrativa avanza con ritmo ágil y dinámico, apoyándose en la determinación de unos personajes que tienen siempre claros sus objetivos y las palabras oportunas con que replicar a su “adversario”, y también en anuncios de prensa y fotografías de época en blanco y negro que hacen avanzar la trama: en la alternancia de imagen y palabra está el oxígeno que la historia necesita, y también el dominio del tiempo fílmico del que hace uso Clooney, en una nueva demostración del oficio que posee, ya presente en “Buenas noches, y buena suerte”, aunque entonces tuviese tono y ritmo distintos pero igualmente medidos y precisos.

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La historia que se nos cuenta puede ser enfocada como la crónica de los comienzos profesionales del fútbol americano, y también como la sempiterna lucha de sexos. El primer enfoque se aprovecha de la conseguida ambientación y sirve de metáfora de lo que es la construcción de un país y de una sociedad, con más acidez de la que parece cuando critica tanta normativa que se impone hasta caer en el aburrimiento y la pérdida de lo esencial: astucia e ingenio frente a rutina y corrupción, ética y verdad frente al mito y al héroe inflado (”figura mediática” se diría ahora, y más en el caso de deportistas convertidos en imagen lucrativa), algo que a muchos les interesa crear para sus propios intereses. La segunda perspectiva apunta a otro juego, el de la seducción, con pretendidas y firmes determinaciones de futuro (fútbol o periodismo, encarnadas por la pareja protagonista) que sucumben ante el poder del amor, el principal partido que hay que ganar. Y entre la sociedad y la persona, encontramos al cuarto poder, a unos medios de comunicación que crean la noticia y el mito, tantas veces lejos de la realidad y que a veces acaban por suplantar y sustituir a la verdad (¡qué recuerdos de “El hombre que mató a Liberty Valance”): de nuevo Clonney que habla de lo que conoce, que reclama la ética y la independencia al informar.
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