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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Domingo 8 Junio 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 08.06.08 a las 11:45
Archivado en: Críticas

Visto lo visto, no deja de resultar curioso que George Clooney buscase la protección del guionista Charlie Kaufman para iniciar su camino como director, con aquella meritoria aunque irregular “Confesiones de una mente peligrosa”. Sobre todo, si tenemos en cuenta que su posterior carrera siguió, para sorpresa de muchos, por senderos mucho más clásicos, tanto en su anterior cinta, “Buenas noches, y buena suerte”, como en la que ahora nos ocupa, “Ella es el partido” (horrorosa traducción del original “Leatherheads”). Aquí, los referentes son las comedias ligeras y un tanto alocadas que, inevitablemente, se encarnan en la memoria del cinéfilo en los rostros de actores como Cary Grant, Katharine Hepburn o James Stewart; unas películas basadas en diálogos de ritmo endiablado y llenas de ingenio, con un punto de sofisticación que en realidad no estaba reñido con la inclusión de momentos de pura comedia física, tal vez herencia del por entonces aún reciente cine mudo.

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Estos mimbres son los que adopta Clooney para levantar su largometraje, un típico triángulo chico-chica-chico ambientado en la mitad de la década de los años veinte, justo el momento en que el fútbol americano profesional inició el despegue que lo convertiría en el fenómeno (y negocio) de masas que es hoy en día. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurría en otro reciente título, también de (sólo) aparente hechura clásica y protagonizado por Clooney, “El buen alemán”, de Steven Soderbergh, aquí la receta sí que se aplica al pie de la letra, sin intenciones revisionistas ni de apuesta estética. Desgraciadamente, tan loable intención no da el resultado apetecido, y no deja de resultar curioso y aleccionador el que dé la sensación de que parezca más fácil dejarse llevar por las locas construcciones de los guiones de Kaufman que seguir un libreto estrictamente respetuoso con un género tan fijado y establecido como el de la screwball comedy, en el que nada funciona si uno solo de los elementos de su preciso mecanismo de relojería se desajusta. … sigue >>

Martes 15 Abril 2008

Uno de los temas recurrentes en todas las discusiones de los cinéfilos cuando nos ponemos estupendos (o friquis, depende de quien lo diga), es el de si Michel Gondry es mejor o peor director desde que no cuenta con la asistencia del ensalzado guionista Charlie Kaufman sustentando sus largometrajes. Pues bien, uno, que de entrada ha de confesar que es un profundo admirador de la poderosísima capacidad visual del francés, sólo puede responder que no. Es cierto que “¡Olvídate de mí!” sigue siendo la cúspide de su filmografía, y que muy posiblemente un proyecto tan arriesgado como éste nunca hubiera llegado a buen puerto sin la asistencia de Kaufman, pero eso no quiere decir ni mucho menos que Gondry tenga que verse condenado a recurrir siempre a él.

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De hecho, la separación, sea por el motivo que sea, entre los dos talentos, ha permitido al director de “Rebobine, por favor” adentrarse en un mundo propio al que me temo es ajeno el guionista. Demasiada gente suele meter en un mismo saco a toda esta generación de cineastas (a los que habría que añadir los Spike Jonze, Wes Anderson y compañía) marcada por una cierta disposición a explorar nuevos caminos, incluso acercándose peligrosamente a la impostura cultureta. Pero es injusto: sólo por retornar al tema de este post, allí donde Kaufman levanta construcciones marcadas por un barniz mucho más intelectual, Gondry deja respirar la intuición, el juego, la celebración, un profundo amor por el cine y sus resortes que lo acerca más al tren eléctrico del que hablaba Orson Welles que a las exploraciones sobre la consistencia de la realidad latentes en los guiones del autor del de “Cómo ser John Malkovich”. Y a Dios pongo por testigo, cual Escarlata, de que este Gondry reconvertido en una especie de Méliès del siglo XXI nos hace mucha falta a todos.

En la imagen: Mia Farrow maquillando a Mos Def en “Rebobine, por favor” - Copyright © 2008 Focus Features y Partizan Films. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Viernes 11 Abril 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 11.04.08 a las 1:43
Archivado en: Estrenos

Cosa rara, sí señor: este fin de semana, las propuestas más interesantes de la cartelera no vienen de la corriente principal hollywoodiense, sino de sus márgenes o de otros países, empezando por el nuestro. En primer lugar, Manuel Gutiérrez Aragón se atreve con una historia dura, con un guión basado en la dura situación que se vive en el País Vasco, a través de dos personajes: un etarra que ha perdido la memoria, interpretado por Óscar Jaenada, y un profesor universitario amenazado por su posición crítica (José Coronado). “Todos estamos invitados”, una apuesta arriesgada que a priori despierta el interés.

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La otra propuesta viene desde un ángulo totalmente diferente, con el regreso de Michel Gondry a Estados Unidos para facturar su última marcianada, “Rebobine, por favor”, la prueba de fuego, tras “La ciencia del sueño”, para demostrar que hay vida en su filmografía más allá de Charlie Kaufman. El canadiense Denys Arcand busca cerrar con “La Edad de la Ignorancia”, por su parte, la estupenda trilogía iniciada por “El declive del imperio americano” y seguida por la exitosa “Las invasiones bárbaras”. Junto a ellos, dos títulos más, uno con barniz de calidad (“La banda nos visita”), y otro de comedia española que podría dar la campanada (“Fuera de carta”). ¡Ah!, y una cosilla con Kevin Spacey sobre matemáticas y Las Vegas: como los Pelayos, vamos, pero con más glamour.

En la imagen: Óscar Jaenada en “Todos estamos invitados” - Copyright © 2008 C. I. P. I. Cinematográfica y Telecinco Cinema. Foto por Antonio Suárez. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.