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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Lunes 18 Agosto 2008

Broadway es y seguirá siendo una cantera de inspiración para ese Hollywood que parece herido de muerte en lo que a originalidad se refiere. Lo vimos el año pasado con “Hairspray”, la adaptación a la pantalla grande del famoso musical, y lo volveremos a ver el año que viene con “Nine”, el ambicioso proyecto que unirá en la pantalla a dos ex de Tom Cruise: Nicole Kidman y Penélope Cruz. Y si no hubiera bastante con lo que ofrece la calle por excelencia del teatro musical, parece ser que los productores están comenzando a volver sus ojos también hacia lo que se cuece en este lado del océano.

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“Mamma mia!” es, qué duda cabe, uno de los musicales con sabor europeo más exitosos de la Historia. Tomando como base el repertorio del grupo sueco ABBA, el libreto giraba en torno a Donna, una madre soltera que está haciendo los preparativos para la boda de su hija Sophie. Pero lo que Donna no sabe es que su hija siente inquietud por descubrir quién podría ser su padre, y, a tal efecto, la futura novia decide invitar a su boda a los tres hombres que más probabilidades tienen de haberla engendrado. Una historia, en efecto, muy sencilla, casi rozando la simpleza, y que, aun siendo mejorable argumentalmente, no deja de funcionar como ensamblaje de las canciones de ABBA, que se integran perfectamente en la historia, como si hubieran sido compuestas expresamente para la misma. … sigue >>

Domingo 17 Agosto 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 17.08.08 a las 20:47
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Hay un hecho innegable: las canciones de Abba siguen teniendo un poder tremendo, por encima de modas y comentarios más o menos benévolos. Quizá por lo que tienen de símbolo generacional, de celebración más o menos desacomplejada, o porque simplemente son de una liviana perfección agradable para la mayor parte de los oídos, no es de extrañar que la idea de construir un musical a partir de ellas estuviese abocada al éxito. Y claro, para culminar el ciclo, era evidente que también tenía que llegar la película. Y aquí está.

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La verdad es que, si no fuera por las canciones del cuarteto sueco y del relumbrón de los nombres que figuran en el cartel, estaríamos hablando de muy poca cosa. Porque lo que sobre las tablas de los escenarios funcionaba sin problema, arrancando las palmas y la participación cómplice de las plateas, aquí aparece como un producto demasiado mecánico, demasiado consciente de que tiene que transmitir buen rollo a toda costa, y en el que todos los actores parecen obligados a ser simpáticos, poniendo en ello mayor o menor empeño. Pero sobre todo, se trata de un musical fatalmente dirigido, en el que los números musicales se resuelven con un montaje y una planificación verdaderamente mediocres (parece que a Phyllida Lloyd se le dan mejor los teatros que las salas de cine, pues fue también la responsable del primer montaje londinense) que convierten la narración en monotonía, una monotonía en la que el único aliciente es descubrir tras cada primer acorde cuál va a ser la siguiente canción que vamos a oír. Y, una vez que la descubrimos, poco más queda, porque no es que ni visual ni coreográficamente vayamos a ver nada que nos deje especialmente maravillados. … sigue >>

Viernes 4 Julio 2008
Escrito por José Arce el 04.07.08 a las 13:39
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Hay ciertas historias que el cine, arte continuamente tendente a la repetición de temas y proposiciones, disfruta contando una y otra vez, curiosamente entroncando con un público tan amplio como heteróclito que busca en la comodidad de una sala el efecto catártico que puede ─muchas veces, debe─ provocar el inicio de una proyección que da paso a una narración amable, sencilla, que permite volver a recuperar la confianza en la bondad del ser humano y en la capacidad de superación y recuperación de las personas. Esta pretendidamente sensible y otoñal road movie aparece, una vez más, como uno de esos casos.

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Arvilla (Jessica Lange) acaba de perder a su marido durante unas vacaciones en Borneo. Su adinerada hijastra, Francine (Christine Baranski), con la que no tiene una relación excesivamente cordial, insiste en depositar los restos de su padre en el panteón familiar; ante la presión de perder la casa en la que ha vivido durante las últimas dos décadas, la viuda cede a sus deseos y se embarca en un periplo que le llevará desde la pequeña localidad de Pocatello, Idaho, hasta la soleada Santa Bárbara. Ya el mismo argumento desvela en buena medida las tendencias, abiertamente benévolas y redentoras, de “El viaje de nuestra vida (Bonneville)”; si a este bosquejo añadimos que la mujer se acompañará de sus dos mejores amigas, la oronda solterona Margene (Kathy Bates) y la extremadamente cauta y responsable Carol (Joan Allen) en un viejo descapotable del 66 ─que da título a la película en su versión original─, tenemos ante nosotros un producto que juega sus bazas en la capacidad que el realizador y el reparto ostenten para tocar la fibra sensible de una platea que sepa encontrar, ya desde el primer instante, los puntos positivos de este nuevo ─y lamentablemente superficial en su resultado─ catálogo de escenas, situaciones y sentimientos agridulces, un abanico emocional que habla de regeneración, amistad, de las segundas oportunidades y de la necesidad que todos tenemos de aprovechar cada instante de nuestras cortas existencias. … sigue >>