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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Miércoles 30 Julio 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 30.07.08 a las 20:41
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Si hay una película que de verdad puede tildarse de generacional, es ésta: pura enciclopedia del cine de acción ochentero, una amalgama de referencias a otras cintas que, además, en ningún momento se ocultan. Del John Carpenter de “1997: Rescate en Nueva York” (la protagonista, Rhona Mitra, es tan dura y tuerta como lo era el “Serpiente” Plissken que interpretaba Kurt Russell en aquélla, pero los milagros de la ortopedia del 2033, año en el que transcurre la película, posibilitan que ni se le note, salvo cuando se extrae el ojo para utilizarlo como cámara) a la saga de “Mad Max”, todo el metraje es un festín para el aficionado nostálgico, que se divertirá coleccionando referencias y menciones.

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Sin embargo, en manos de otro que no fuera Neil Marshall, el resultado hubiera sido una especie de tortilla paisana en la que la cosa tendría más o menos gracia, pero faltaría una unidad que le diera empaque. Y ahí es donde radica el principal mérito de esta cinta, en que su director sabe dar unidad narrativa y de estilo a esta historia de un comando en búsqueda desesperada, en la Escocia aislada por un nuevo Muro de Adriano del resto de Gran Bretaña por haber sido asolada por un virus letal, de una cura que evite que, quince años después, éste rebrote en un hacinado y decadente Londres. Una Escocia en la que el orden social se ha descompuesto a marchas forzadas, y en la que los supervivientes se encuentran divididos en dos grupos: una especie de neo punks que practican el canibalismo y la violencia extrema, y otro que se ha organizado siguiendo la estética y las formas medievales. … sigue >>

Viernes 25 Julio 2008
Escrito por José Arce el 25.07.08 a las 19:33
Archivado en: Críticas

A pesar de que el fantástico se fagocita a sí mismo continuamente, no deja de llamar la atención el que se echara en falta alguna propuesta que recuperara, al menos en parte, el espíritu apocalíptico que inundó buena parte de las producciones de los años setenta y ochenta, pequeños títulos en cuanto a medios pero grandes e inmortales en el recuerdo de los aficionados que anticipaban la llegada del nuevo milenio como un mañana atroz y ultra tecnológico, sumido en el caos, la anarquía y la desolación. Y ya que la cuarta entrega de las aventuras del loco Max parece que no va a ver jamás la luz, tendremos que conformarnos de momento con este coqueto homenaje/plagio/calco/broma que llega de la mano de Neil Marshall, simpático responsable de la sobrevalorada “Dog soldiers” y la mucho más estimable “The descent”.

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Nuestro planeta, dentro de no mucho tiempo. Un virus letal bautizado como El Segador ha diezmado la población de las islas británicas; los supervivientes viven aislados del resto del mundo por un muro de contención que separa los últimos retazos de civilización del páramo yermo y arrasado, un desierto sin fin poblado tan sólo por locos y víctimas mutadas de la plaga. Sin embargo, el descubrimiento por parte del gobierno de un grupo de personas aparentemente sanas más de allá de la zona de contención hace intuir la posibilidad de una cura; así, Eden Sinclair (Rhona Mitra) liderará un pequeño comando con el objetivo de hallar una solución a tamaña catástrofe. “Doomsday: El Día del Juicio” recoge, de manera honesta, franca y divertida, referencias prácticamente inagotables del imaginario de género popular, componiendo un retablo pluridisciplinar reconocible para el aficionado casi en cada plano de esta historia sencilla en sus formas y presentación, una fábula de regusto añejo plagada de punks con crestas de colores, vehículos oxidados, armamento tosco y mamporros a granel, un despliegue substancial y abiertamente deudor de “Mad Max” y “1997: Rescate en Nueva York” ─ahí están los soldados Miller y Carpenter, por si quedaba alguna duda al respecto─ que, si bien dibuja sonrisas cómplices en el observador en no pocas ocasiones, adolece de un excesivo ímpetu recopilador por parte de Marshall, de suerte que su ofrenda aturulla un tanto al pretender abarcar lo inabarcable. Y es que Tarantino sólo hay uno. … sigue >>