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Jueves 10 Julio 2008

Sí, ya sé que DreamWorks lo tiene muy difícil al intentar que “Kung Fu Panda” sea considerada la cinta de dibujos animados del verano (¿de verdad alguien cree que podrá hacerle sombra a “WALL·E”?), pero al menos el filme tiene mejor pinta que otras producciones de esta compañía. Porque, digámoslo con claridad, “Shrek Tercero” y “Vecinos invasores” estaban bien y servían para pasar el rato, mas… ¿acaso alguien se acuerda ahora de ellas? (y no digamos de títulos tan prescindibles como “Bee movie” o “Madagascar”, cuya secuela llegará a las salas de cine a finales de este mismo año).

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Y hablando de continuaciones, si hay una novedad en la cartelera que me produce verdadera pereza, ésa es “Dos colgaos muy fumaos: Fuga de Guantánamo” (desde luego, este tipo de comedias no son lo mío). Tampoco es que invite al entusiasmo “Posdata: Te quiero”, cinta en la que Hilary Swank repite con el director Richard LaGravenese tras la recomendable “Diarios de la calle” y en la que Gerard Butler intenta quitarse la fama de bruto que le ha reportado la exitosa “300″ (por lo que se ve, la mayoría de los espectadores ya se han olvidado de su presencia en propuestas como “Mi querido Frankie”, pero, en fin, es el precio de la fama). Ah, no me olvido del cine de autor, representado por el “Prométeme” de un Emir Kusturica que, personalmente, ya me dejó espantado con su aclamada “Gato negro, gato blanco” (vamos, que no me sorprende lo poco que le ha gustado a nuestro compañero José Arce).

En la imagen: Fotograma de “Kung Fu Panda” - Copyright © 2008 Paramount Pictures y DreamWorks Animation SKG. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Lunes 7 Julio 2008
Escrito por José Arce el 07.07.08 a las 18:21
Archivado en: Críticas

No son pocos los directores asfixiados por la responsabilidad que implica mantener sus trayectorias en lo más alto en el plano artístico y creativo. En un entorno cada vez más competitivo, infestado de jóvenes cineastas que saltan de los campos más diversos a la realización de largometrajes, los veteranos consagrados se las ven y se las desean para mantener su independencia profesional; en demasiadas ocasiones, sus carreras acaban defenestradas y devoradas por sus éxitos anteriores. Más o menos, es lo que le está sucediendo al prestigioso y multipremiado Emir Kusturica.

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El anciano Zivojin (Aleksandar Bercek) está convencido de que va a morir. Ante tal seguridad, obliga a su nieto, Tsane (Uros Milovanovic) a abandonar el recoleto pueblo en el que viven y marchar a la capital para cumplir tres promesas: vender su apreciada vaca, comprar un icono de San Nicolás y encontrar una esposa; el muchacho, a cambio, ruega al abuelo que no fallezca hasta su regreso. La base argumental de “Prométeme” —incomprensiblemente nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2007— anuncia un nuevo dibujo humano que a través de lo particular trata valores universales, en la línea de títulos anteriores de la filmografía de Kusturica. El contraste entre la vida en el campo y la ciudad, el conmovedor retrato de unos personajes relacionados en lo más íntimo, encabezados por un joven inocente e ilusionado, que aterriza en una urbe en la que conocerá a seres variopintos que marcarán su existencia para siempre y le ayudarán a cumplir sus sueños. Al menos, esta es la teoría; en la práctica, la película aparece como un destartalado retablo lisérgico sin gracia, aburrido y cansino, extendido a lo largo de más de dos horas y que provoca un incómodo hastío en el observador a los pocos minutos de que arranque la proyección. … sigue >>

Jueves 19 Junio 2008

Por si alguien todavía no lo sabía, estamos en plena Eurocopa de fútbol. Las respectivas selecciones disputan sus encuentros y las aficiones hacen rugir sus gargantas. Todos aspiran a marcar más goles que el rival y a mejorar una imagen que, a la larga, les reporte beneficios económicos. Porque, en el fútbol como en el cine, la imagen y los ingresos son parte fundamental para mantenerse vivos. Y sin embargo, más allá de esta semejanza, el matrimonio cine-fútbol nunca se ha llevado muy bien, y el campo de juego apenas ha sido un territorio explorado con éxito por la cámara. Al margen de la mítica “Evasión o victoria” de John Huston, el cine estrenado en estos últimos años nos ha dejado una película como “Quiero ser como Beckham”, que se servía del balompié como excusa para trenzar una historia de amor y tolerancia, mientras que “Offside (Fuera de juego)” lo era para reflejar la discriminación de la mujer en el fundamentalismo islámico, o “La gran final” para recoger un mundo globalizado por la televisión y la pasión futbolística. Recientemente, el Festival de Cannes ha acogido un documental de Emir Kusturica sobre “Maradona”, figura que ya había sido mitificada en “El camino de San Diego”.

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Hay más películas que se han acercado al fútbol intentando aprovecharse de su popularidad para “hacer el agosto”. Sin embargo, rara vez lo han conseguido y cuando se ha producido cierta química, ésta provenía más de las historias personales de sus protagonistas que del favor del balón. ¿Por qué este rechazo sistemático? Para empezar, resulta evidente la dificultad para conseguir la naturalidad necesaria a partir de unos actores que no son futbolistas y que deben lidiar con el esférico; además, su carácter colectivo exigiría una cinta coral, y si el director consiguiera formar un bloque compacto y equilibrado, seguro que más de un equipo de fútbol lo ficharía a continuación, y hasta él ganaría más dinero que en el cine. También cabe la posibilidad de incorporar futbolistas al reparto (más de una vez se ha hecho: Ardiles, Pelé, Cantoná…), pero entonces lo que sufriría no sería la puesta en escena sino la propia historia, expuesta a perder el dramatismo que la interpretación aporta; por otra parte, estamos ante un deporte que, en principio, carece del valor metafórico de pelea y superación personal del que goza el boxeo —que sí tiene un amplio repertorio de buenas películas—, o al menos queda diluido entre su larga plantilla. … sigue >>