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Sábado 18 Octubre 2008
Escrito por Manuel Márquez el 18.10.08 a las 13:52
Archivado en: Estrenos

CaminoDesconozco si “Camino”, el último film de Javier Fesser, y uno de los dos estrenos del cine español de esta semana —el otro es “Diario de una ninfómana”, del poco conocido Christian Molina—, levantará, o no, demasiada expectación en base a sus valores estrictamente cinematográficos; lo que sí tengo bastante claro es que, a priori, goza de todos los elementos necesarios para despertar una polémica de calado social bastante profundo, tanta como la generada por su compañera de cartel en el reciente Festival de San Sebastián, “Tiro en la cabeza”, de Jaime Rosales, aun cuando su enfoque y temática se sitúen en territorios bastante lejanos a los del film del director barcelonés. La de Fesser es, además de un giro radical respecto a sus precedentes —tan radical como para poder calificarlo, más que de giro, de auténtico revolcón—, una apuesta arriesgada y que, sin duda alguna, de no haber mediado el actual ambiente de paranoia colectiva basado en la situación de crisis económica generalizada, hubiera levantado una polvareda espectacular: no en balde, el Opus Dei sigue siendo una institución con una capacidad de influencia y maniobra que, difícil de calibrar (dado lo oscuro de sus movimientos), nadie cuestiona a día de hoy.

Camino

Y es que, en “Camino”, a tenor de todos los referentes disponibles —recordemos que la película ha podido ser vista por buena parte de la crítica en la cita donostiarra a la que antes aludíamos—, Javier Fesser no sólo apuesta por un dibujo dramático de tremenda dureza, basado en una historia con suficientes elementos argumentales sobrecogedores como para acogotar al más templado de los mortales, sino que lo hace tan extensa (el metraje se acerca a las dos horas y media) como intensamente (alguien ha llegado a calificar las imágenes que recogen las operaciones quirúrgicas sufridas por la protagonista como auténtica pornografía —sic—); algo, evidentemente, que nada tiene que ver con la mirada amable que, sobre los territorios de la enfermedad, posó hace algunos años Antonio Mercero con su “4ª planta”, y que hacen de su propuesta, más allá del morbo (obvio) que pueda generar, un producto de resultado comercial bastante incierto. Es la apuesta de Fesser, así la respaldan sus productores y así hay que respetarla: sólo habrá que ver si esa tan proclamada (por su parte) intención de asepsia valorativa (tan complicada, incluso para los que nos somos alumnos godardianos: la mirada de la cámara difícilmente es neutra…) y de buceo profundo en los sentimientos ha llegado a buen puerto. … sigue >>

Domingo 13 Julio 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 13.07.08 a las 23:19
Archivado en: Críticas

Nunca creí que escribiría esto, pero tengo que reconocer que, por una vez (y sin que sirva de precedente, o eso espero), he echado de menos que una película fuese un pastel. Habitualmente, tengo tendencia a alabar aquellas cintas que cogen un tema con riesgo a despeñarse por la vertiente del exacerbamiento sentimental y le rebajan varios grados, pero en este caso mi deseo sería, directamente, el opuesto. Basada en una novela de gran éxito de la joven (tenía 21 años cuando la publicó) Cecelia Ahern, la historia de una joven viuda (Hilary Swank) que comienza a recibir cartas en las que su difunto marido (Gerard Butler) la va guiando para salir del duelo y volver a disfrutar de la vida, tenía todo el potencial para ser una de ésas a las que no hay que acudir sin el correspondiente paquete de kleenex.

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Seguramente consciente de ello, el director Richard LaGravenese (no en vano, guionista de esa joya del cine de emociones que es “Los puentes de Madison”) aplica a la narración una dosis de enfriamento, de pegarse a la realidad (la secuencia de la discusión inicial es, a este respecto, toda una declaración de intenciones), que aleja la lágrima fácil del escenario. El problema es que no hay gran cosa que venga a sustituirla y, así, la película va avanzando de una manera tediosa, en la que ni siquiera llegan a funcionar los momentos en los que sí tendría que resultar emocionante: si ya es demasiado plana la manera en que el espectador recibe la noticia de la muerte de Gerry, el personaje de Butler, aún resultan menos estimulantes los pasajes en los que, una y otra vez, Holly (Swank) rememora el pasado. De este modo, se llega a la desgracia narrativa de que instantes que se supone son el plato fuerte (como el recuerdo de cómo se conocieron en Irlanda) terminan siendo irrelevantes y más un lastre que otra cosa. … sigue >>