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Lunes 18 Agosto 2008

Los amantes del cómic y de la serie Batman están de enhorabuena. Christopher Nolan nos ofrece una película de impecable factura visual, narrativa sólida y dinámica, interpretaciones sobresalientes, y personajes de gran hondura antropológica cargados de matices y recovecos. Uno de los superhéroes más humanos de DC Comics continúa su labor como justiciero en las calles de Gotham, donde la Mafia ha encontrado en el psicópata Joker un aliado ocasional para su actividad criminal. Mientras unos luchan por mantener el orden y la legalidad, otros aspiran a controlar el submundo de droga y corrupción, pero ¿qué pretende el siniestro individuo de la sonrisa permanente?, ¿quiere sólo la anarquía y el caos o maquina algún plan retorcido de malévolas intenciones?

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Al director de “Memento” hay que reconocerle el haber conseguido una película de ritmo trepidante, con una puesta en escena espectacular y una precisa narrativa. Entretiene y capta la atención del espectador desde la escena inicial con el robo al banco, pero no se conforma con ello y sabe dotar a sus protagonistas de una profundidad psicológica que va más allá de la persecución y la violencia. En una historia de personajes con identidades ocultas y dobles caras, donde la traición y la venganza se entremezclan con el odio y las convicciones morales, al final todo se reduce al dilema de vivir con o sin principios, de conformarse con la verdad y la justicia social o aspirar a vivir con fe y esperanza en el individuo. Nolan busca penetrar en lo más profundo del hombre con una y otra vuelta de tuerca: se sirve de continuos giros narrativos para una historia con varios finales consecutivos que hubieran resultado igualmente válidos, y fuerza un último encuentro de héroe y villano… hasta alcanzar el núcleo de la cuestión. Es el director quien verdaderamente quiere quitar a Bruce Wayne su máscara de murciélago, quien está interesado en descubrir los móviles de Joker, quien no acepta la integridad moral del nuevo fiscal del distrito de Gotham. Y por eso tanta vuelta y revuelta, tanto cuestionamiento de las apariencias, tanta caída a los infiernos y resurrección de quienes querrían ser “normales” pero que —cara a la ciudadanía y al espectador— son héroes sin mácula o villanos sin posible redención.
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Escrito por Miguel A. Delgado el 18.08.08 a las 5:32
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Esto sí que es demoler una franquicia para construirla de nuevo a partir de cero. Una vez vista “El Caballero Oscuro”, ya no tenemos duda alguna: lo que se apuntaba en “Batman begins” se ha consolidado en ésta, y no queda nada del universo Burton de las dos primeras entregas del anterior ramillete de cintas dedicadas al hombre murciélago (piadosamente, haremos como si las otras dos nunca hubieran llegado a existir). Aquí ya ha desaparecido el universo retorcido, de circo extremo, con que el creador de “Eduardo Manostijeras” revistió su aproximación al personaje de Bob Kane. No, los hermanos Nolan, con la complicidad de David S. Goyer, han arrumbado cualquier deriva fantástica: bienvenidos a un Batman que, más que nunca, muestra su condición de creación medida y estudiada, de impostura. Y sus enemigos no podían ser menos.

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¿El resultado? Una tragedia casi operística, que se cuece a fuego lento y acaba sublimando al héroe en el tramo final. Señores: Christopher Nolan, una vez más, vuelve a rozar la perfección. Si no lo consigue del todo, quizá sea porque la película va de menos a más, de la luz a la oscuridad, pero ese recorrido se hace en algún momento demasiado moroso, como si la trascendencia de lo que se quiere narrar lastrara el ritmo. Pero no es un problema grave, como tampoco lo es que Nolan, como ocurriera en la primera entrega, parezca despachar las escenas de acción con desgana, como un canon que inevitablemente tiene que pagar para que su largometraje sea comercial (uno está convencido de que este hombre sería capaz de hacer una entrega de Batman en la que sus personajes apenas hicieran otra cosa que hablar y reflexionar, como alguna de las más rompedoras propuestas que hemos visto en cómic); no, porque esta película atesora los suficientes momentos grandes como para quedar marcados a fuego en la retina. … sigue >>

Domingo 17 Agosto 2008

Desconozco el motivo por el cual “El Caballero Oscuro” se ha convertido en una de las películas más taquilleras de todos los tiempos, al menos en los Estados Unidos. Si nos fijamos en las recaudaciones de “Batman begins”, éstas fueron muy buenas pero, desde luego, para nada comparables a las de otras grandes producciones de Hollywood (así, en Norteamérica rebasó los 200 millones de dólares, si bien en el resto del mundo no tuvo tanta suerte y se tuvo que conformar con unos 166 millones).

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Ciertamente, la cinta recibió elogiosas críticas y una espléndida acogida por parte de los seguidores de este personaje de DC Comics, pero ello creo que no es la razón principal que ha propiciado el desmedido éxito de su continuación. Mucho me temo que no pocos espectadores habrán acudido a las salas de cine para observar la interpretación de Heath Ledger, quien murió a principios de este año y sobre el que no cesaron de hablar los medios de comunicación durante no pocos meses. Si no es así, ya veremos entonces cómo le va en la taquilla a “The imaginarium of Doctor Parnassus”, película que rodaba cuando falleció. … sigue >>

Jueves 24 Julio 2008
Escrito por José Arce el 24.07.08 a las 15:00
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Afortunadamente, el género de adaptaciones del mundo de la viñeta a la gran pantalla está atravesando un momento delicioso. No deja de resultar irónico que la pretendida vuelta de tuerca a los tópicos recurrentes que llegó hace unos días a nuestra cartelera haya sido el ejemplo más flojo de todos los que han surgido últimamente, en un año salpicado de estrenos que pueden calificarse de estupendos en algunos casos y de entretenidos en otros, lo que no es poco. Y ahora, en este entorno de bonanza para los súper poderosos defensores de la justicia, desembarca en todo el mundo la confirmación definitiva de que el defensor de Gotham sigue en estado de gracia desde que su saga se revitalizara hace tres años con la reorientación de su franquicia hacia terrenos más suculentos y apetecibles, tanto en lo argumental como en lo estético, tanto en el fondo como en la forma.

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La batalla que libra Batman (Christian Bale) está dando sus frutos, con una considerable reducción de la actividad criminal en la ciudad y con los capos mafiosos totalmente desquiciados ante la continua amenaza del murciélago y el acoso del ambicioso y prometedor fiscal Harvey Dent (Aaron Eckhart). Así las cosas, Bruce Wayne (evidentemente, también Bale) se está planteando el retiro definitivo de su alter ego, convencido de que su papel ya está cumplido y de que el dolor interno que le impulsa podrá acallarse definitivamente; sin embargo, un nuevo personaje entra en acción, un loco psicótico que bajo el nombre de Joker (perturbador, entregadísimo Heath Ledger) llega a escena con un solo objetivo: sembrar el caos. La verdad es que cuando se tiene talento, algo que ha demostrado sobradamente el realizador Christopher Nolan, es mucho más fácil sacar adelante proyectos que interesen al público. Pero si además se cuenta con medios prácticamente ilimitados a la hora de materializar una película de estas dimensiones y ambiciones ─artísticas y económicas─, las posibilidades se multiplican hasta el punto de poder disponer de dos titanes como Michael Caine y Morgan Freeman en papeles muy secundarios y de tener la capacidad de colocar como alcalde al televisivo Nestor Carbonell, de otorgar el poder del crimen organizado a Eric Roberts o Michael Jai White, o de regalarle al enorme ─en todos los sentidos─ Tommy ‘Tiny’ Lister una secuencia clave destinada a demostrar las bondades del ser humano en situaciones excepcionales.
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Miércoles 2 Abril 2008

El otro día estaba ojeando el periódico con un amigo, y nos topamos con la página de obituarios (esa sección que ahora tienen casi todos los diarios y que resuelve la papeleta de colocar las informaciones sobre difuntos, al parecer poco atractivas para los lectores). Había dos: uno, muy destacado, a tres columnas y con una gran foto, dedicado a Richard Widmark; y la columna restante, a un juez. El comentario de mi amigo fue demoledor: «Mira, esto es lo que define a un país: cómo valoramos la importancia real de las cosas». Desde su punto de vista, un juez era mucho más importante que un actor, por más que este último fuese un rostro inseparable de la memoria de varias generaciones como era el caso de Widmark.

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Y lo curioso es que últimamente me ha sucedido en varias ocasiones. Una amiga me recriminó que de verdad me entristeciera la repentina muerte de Heath Ledger. Todos los días se muere gente, me vino a decir, que ha hecho cosas mucho más valiosas, trascendentales o importantes para el mundo que un actor (o un director, o un guionista…). Los dos amigos, como se ve, vienen a coincidir en el mismo argumento: el que se ha ido no forma parte de tu familia, no es tu amigo, no sabe de tu existencia, y como sea lo bastante famoso y las circunstancias en que se produjo su muerte medianamente turbias, su historia será carroñeramente aprovechada por los medios. Y una parte de mí sabe que tienen, al menos, cierta razón; pero también, para quien esto escribe, es cierto que su desaparición sigue teniendo una trascendencia simbólica, por supuesto incomparable con la pérdida de alguien que de verdad me sea cercano o me importe… pero, a su manera, no deja de ser triste. ¿O es que podemos habernos dejado llevar tantas veces por sus interpretaciones, por los sentimientos que despiertan en nosotros sus personajes, sin que nos quede la más mínima huella? Sinceramente, eso no me pasa. Y espero que nunca me pase.

En la imagen: Richard Widmark en “El Alamo” - Copyright © 1960 Batjac Productions y The Alamo Company. Todos los derechos reservados.

Jueves 24 Enero 2008

Ante la noticia del fallecimiento de Heath Ledger, independientemente de las especulaciones sobre la causa de su muerte (que a mí, personalmente, me interesan bien poco), uno no puede sentir un mazazo parecido al que sintió cuando supo de la muerte de River Phoenix. Sobre todo, cuando este actor, que parecía llamado a ser uno más de la larga lista de guaperas adorados por las quinceañeras (¿qué sentiría cada vez que se viese, si es que se había vuelto a ver, en “Destino de caballero”?), había empezado a decirnos que era inquieto, que no le importaban las decisiones arriesgadas (porque tan atrevido, no nos engañemos, puede ser interpretar una séptima parte de Bob Dylan, como componer un nuevo Joker bajo la alargada sombra de Jack Nicholson).

El hecho de haber casi coincidido con el fallecimiento de otro joven, Brad Renfro (que, a diferencia de Ledger, vio declinar su carrera tras su arrollador debut en “El cliente”), ha dado pie a la prosa fácil y apresurada, reseñando una vez más cómo Hollywood devora a quienes conocen el éxito rápido y precipitado. Demasiado fácil, pero a la vez muy tranquilizante; ahora sólo nos queda esperar el estreno de “I’m not there” y, sobre todo, de “El Caballero Oscuro”, de Christopher Nolan. Inesperadamente, la nueva entrega de Batman se ha vuelto más oscura que nunca; y, aunque no queramos, escrutaremos tras la máscara, buscando algo parecido a un motivo. Aunque, sinceramente, dudo que lo encontremos.

En la imagen: Heath Ledger en “El secreto de los hermanos Grimm” - Copyright © 2005 Dimension Films, Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Daniel Bobker Productions y Mosaic Media Group. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.