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Martes 23 Septiembre 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 23.09.08 a las 18:40
Archivado en: Críticas

Es una sensación curiosa la de acercarse a la obra de un realizador al que creemos conocer, que ha abandonado las coordenadas habituales en las que sitúa sus historias y que ha terminado convirtiendo en iconos (¿es que alguien puede ya imaginarse una Nueva York que responda a una perspectiva que no sea la del director de “Manhattan”?), para incrustarse en otras que nos resultan más cercanas y fácilmente identificables: Barcelona y, en menor medida, Asturias.

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Pues bien, el resultado no es demasiado satisfactorio: quizá la mirada que Woody Allen ofrece de la ciudad de los rascacielos se haya convertido ya en un tópico, pero, en todo caso, se trata de un tópico del que él, en gran parte, es creador. Sin embargo, en el caso de “Vicky Cristina Barcelona”, ha preferido abrigarse con toda clase de trivialidades preexistentes, no tanto sobre la capital catalana como sobre España y los españoles. Y, en el cambio, su universo, sus fábulas, sus personajes, han perdido profundidad, hasta quedarse en una bidimensionalidad con la que resulta difícil, por no decir imposible, identificarse o sentir siquiera una cierta empatía. … sigue >>

Jueves 5 Junio 2008

Estos días, a raíz de la muerte de Sydney Pollack, hemos vuelto a oír la melodía de una de sus cintas más famosas, “Memorias de África”, y a ver imágenes llenas de la luz de aquel continente (luz que se ha convertido en referencia para todos los directores de fotografía, como recordaba Javier Aguirresarobe en un artículo en el diario Público) con los rostros desde entonces icónicos de Robert Redford y Meryl Streep. Y los comentarios, claro, seguían los cauces habituales: “obra maestra”, “joya inolvidable”, etc., etc.

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Pues bien, uno no puede evitar sentirse un poco extraño cuando oye y lee estas cosas, porque lo cierto es que “Memorias de África” me ha parecido desde siempre un bluf, uno de los mayores pestiños de la historia del cine; y más aún si se tiene en cuenta el maravilloso original literario de Isak Dinesen, infinitamente más rico, complejo y sugerente que la larguísima postal que nos despachó Pollack. Y lo malo es que su influencia no se quedó ahí, sino que inauguró una larga cadena que nos trajo, entre otras, el ladrillo de “El paciente inglés” de su discípulo aventajado, Anthony Minghella; “El cielo protector” de Bernardo Bertolucci, sólo memorable por la extraordinaria banda sonora de Ryuichi Sakamoto; y, últimamente, la “Seda” de François Girard. Francamente, tanto empacho formalista me parece tan cargante como las explosiones del señor Michael Bay. Y es que en esto, como en todo, los extremos también se tocan.

En la imagen: Fotograma de “”Memorias de África” - Copyright © 1985 Mirage Entertainment y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

Viernes 1 Febrero 2008

La proximidad de los Goya y el reciente balance del pasado año invitan a reflexionar. ¿Por qué el cine español está permanentemente enfermo? ¿Por qué el público recela de lo nacional? Echando una mirada al panorama de nuestro cine, podemos sacar algunas conclusiones. Para empezar, no tenemos nada que envidiar en lo que se refiere a directores de fotografía, música, vestuario… Ahí están Alberto Iglesias, Roque Baños o Pablo Cervantes entre los músicos, y José Luis Alcaine, Javier Aguirresarobe o Paco Femenía entre los fotógrafos, por ejemplo. Parece que los aspectos artísticos no se nos dan mal, y que son apreciados también fuera de nuestras fronteras. En cuanto al componente interpretativo, no son muchos los que sobresalen y no se pueden comparar —en general— a los actores británicos, franceses, nórdicos…, pero no faltan algunos trabajos muy logrados cuando caen en manos de quien les dirija con acierto.

Otra conclusión a la que llegamos es que los directores y las películas más cuidadas triunfan fuera y en festivales extranjeros, pero no dentro. Ahí están Jaime Rosales y “La soledad”, José Luis Guerin y “En la ciudad de Sylvia”, o Javier Rebollo y “Lo que sé de Lola”, entre otros…, por no hablar del gran ignorado por la industria patria, Víctor Erice. Cine no comercial poco valorado, con apenas apoyo institucional en su promoción, que queda arrinconado para un sector minoritario. En el otro extremo están los que salvan la taquilla cada año: Juan Antonio Bayona y “El orfanato”Álex de la Iglesia y “Los crímenes de Oxford”… cine que suscita comentarios del estilo de «hasta no parece español», como si se tratase de imitaciones del más puro estilo norteamericano. Y eso por no hablar de quienes se labran el futuro lejos, con ambientación, equipo, producción… extranjera, como hace Isabel Coixet. Triste realidad la que atañe, por tanto, al mundo de la dirección, por cuanto habla de falta de respaldo o de personalidad en esta lucha por sobrevivir…

En conexión con lo dicho hasta ahora y como última conclusión, podemos advertir la carencia de buenos guionistas como clave de esta prolongada salud del cine español: no sólo faltan historias e ideas —algo común al resto de las cinematografías, como ya hemos apuntado en este mismo blog—, sino que tampoco vislumbramos buenos escritores para el cine, que conecten con la realidad de la calle, que sepan construir personajes e historias coherentes y verosímiles, que consigan mantener el interés del espectador. Quizá la tan traída y llevada Ley del Cine se haya olvidado de este aspecto, y bien podría gastar su presupuesto en fomentar estudios y escuelas de guionistas y no tanto subvencionar cine de dudosa viabilidad.

En las imágenes: Arriba, parte del equipo de ”En la ciudad de Sylvia”; abajo, rodaje de “La soledad” © 2007 Wanda Visión. Todos los derechos reservados.