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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Sábado 14 Junio 2008

Un matrimonio, él médico de un geriátrico y ella directora teatral, atraviesa un periodo de crisis y se enzarza en una discusión ante un hijo que graba fríamente sus reproches. En la residencia de ancianos, una frágil y apática enfermera parece deambular por un abismo existencial, sólo soportable por los somníferos y los crucigramas. Todos buscan la felicidad y todos buscan “pretextos” para seguir creyendo que pueden encontrarla en la triste realidad de sus vidas, y también para matar sus penas en el alcohol, en un amante ocasional o entre el sopor del sueño. Son seres a la deriva que necesitan oír que importan a alguien aunque sepan que es mentira —como la otra Viena, la de “Johnny Guitar”, cuya melodía suena una y otra vez—, individuos en medio de la nada y con el corazón frío que viven aislados en su mundo, como el adolescente obsesionado con capturar los sonidos o la anciana enferma de Alzheimer.

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En “Pretextos” nos encontramos con ambientes fríos en los que se mezclan de manera artificiosa la realidad de algunas criaturas con su representación. No en vano, Viena está poniendo en escena una obra de Chéjov trasladando su propia soledad y carencia afectiva, mientras que su propio hijo se ocupa de recoger el ambiente que respiran para completar el gélido cuadro vital. Una galería de personajes que suben al escenario del teatro o al de la vida —unos y otros representan la misma realidad— para hablar de los inevitables tropiezos de la convivencia que se alternan con breves momentos de felicidad. Unas vidas llenas de sombras y aristas que la fotografía de David Omedes recoge para generar atmósferas broncas y desoladoras, con una puesta en escena entre lo teatral y lo cinematográfico, y un guión deslavazado que mira con pena a la enfermera desesperanzada, a los ancianos que reclaman cariño, al matrimonio confundido… para acabar componiendo un disco recopilatorio de sonidos que sea un bonito regalo de cumpleaños o un exitoso estreno teatral con momentos llenos de autenticidad, en las dos escenas que recogen el espíritu de la película. … sigue >>

Lunes 28 Abril 2008

El cine indie siempre ha sido, o al menos así parece que lo hemos querido ver desde esta orilla del Atlántico, lo que los norteamericanos hacían cuando se ponían a rodar como si fueran franceses. Bueno, más o menos. Pero, últimamente, incluso esta división de plata del gran conglomerado industrial cinematográfico-estadounidense parece vivir momentos difíciles. Cuando por las calles de Sundance se mezclan los supervivientes de Seattle con gente como Paris Hilton, es que algo pasa. Y cuando los grandes estudios crean sus divisiones para hacer películas de bajo presupuesto (eso sí, muy arties, que no es lo mismo ser cutre en plan serie B que creativo a lo John Cassavetes), con sus logos calculadamente desmañados, nos reafirmamos en la pregunta: ¿qué le pasa al cine independiente?

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Es más, ¿por qué la versatilidad de fórmulas que antes existía para presentar una mirada alternativa a la del grueso de la producción más comercial parece haberse reducido en los últimos tiempos a un esquema mil y una veces repetido? Es decir, el del friqui inserto en un contexto más o menos tradicional, a ser posible nevado y aislado (lo que parece devolver a la tal comunidad la condición de representativa del núcleo originario de lo que luego ha venido a llamarse Estados Unidos de América), y que por contraste acaba revelando la verdadera esencia de esos habitantes. El último ejemplo en llegarnos es “Lars y una chica de verdad”, pero hemos tenido últimamente nuestras buenas dosis con “Juno”, “Pequeña Miss Sunshine”, “Thumbsucker”, “Ghost world”, “La peligrosa vida de los Altar Boys”… Al final, uno se pregunta si la cosa no tendrá trampa: como nos demuestra la experiencia, llegado el caso los friquis pueden ser perfectamente absorbidos por el sistema y, por tanto, ver su potencial revulsivo desactivado. Y si no, que se lo pregunten a Tim Burton (que ya sé que nunca fue exactamente indie, pero friqui sí… al menos en una época).

En la imagen: Bianca y Ryan Gosling en “Lars y una chica de verdad” - Copyright © 2007 Sidney Kimmel Entertainment y John Cameron/Sarah Aubrey Productions. Distribuida en España por Versus Entertainment. Todos los derechos reservados.