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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Lunes 7 Abril 2008

Lo confieso: lo mío con Charlton Heston es ambivalente. Para empezar, nunca he sido muy amigo de las súper-superproducciones de las que el recientemente fallecido actor se convirtió en icono imprescindible (particularmente, he de confesar que de “Ben-Hur” sólo me gusta la secuencia de la carrera de cuadrigas), con la única y curiosa excepción de “Los diez mandamientos” (la de 1956, se entiende), tal vez porque ésta siempre me ha parecido más una cinta de superhéroes que otra cosa, con esa travesía del Mar Rojo que puede hablarle de tú a tú a cualquier efecto digital de hoy en día.

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Sin embargo, es también el rostro inseparable de dos de las joyas que más aprecio como cinéfilo: “El planeta de los simios” (la buena, claro, no el engendro alumbrado por Tim Burton) y “Soylent Green: Cuando el destino nos alcance”, esa delicatessen (dicho sea, por cierto, con segundas) de la ciencia-ficción. Y eso, dejando a un lado su imagen pública, que es harina de otro costal (y de la que ya nos habló Michael Moore en su estupenda “Bowling for Columbine”, antes de que su ego desbocado perjudicase gravemente su carrera como documentalista). Así que uno se encuentra atrapado por un sentimiento contradictorio: por un lado, apenas siente nada por la pérdida de El Cid o Ben-Hur; sin embargo, se ve obligado a despedirse mentalmente de Moisés, el astronauta George Taylor y el detective Robert Thorn. ¿Qué quieren? Rarito que es uno…

En la imagen: Charlton Heston escucha divertido a un veterano Edward G. Robinson en “Soylent Green: Cuando el destino nos alcance” - Copyright © 1973 Metro-Goldwyn-Mayer. Todos los derechos reservados.

Jueves 20 Marzo 2008

En una semana en la que tradicionalmente se celebra la muerte y resurrección de Jesucristo, el cine ha aprovechado esa circunstancia para tener sus propios pases de Semana Santa, adscritos a tantas “cofradías” como escuelas y épocas. La temática religiosa, con la historia de la Pasión en primer término, siempre fue uno de los lugares más frecuentados por el cinematógrafo. No en vano, sus comienzos están ligados a esa voluntad de acercar esos hechos históricos al pueblo creyente en una labor catequética, la figura de Jesucristo ha sido la representada con mayor frecuencia en la historia del cine —hasta 212 películas—, y en torno suyo han surgido festivales como la primitiva Seminci o la actual Semana de Cine Espiritual de Barcelona.

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En la pantalla, auténticos artistas han dejado su impronta junto a escenas de la vida de Jesús, intentando volver a contar lo ya conocido por todos, sin buscar un suspense ante un final ya conocido, sin sorpresa en unos diálogos fijados de antemano. Con ese material como punto de partida, ¿qué puede mover al cineasta a volver sobre un terreno tan trillado? ¿por qué directores de la talla de Carl Theodor Dreyer tenían como su proyecto más ambicioso y atractivo —que no pudo finalmente llevar a cabo— hacer una vida de Jesús? Parece que el tema se presenta como un reto para el cineasta, que puede profundizar y bucear un poco más en el alma de alguien que asume todo lo humano para llevarlo a la infinitud divina —esa es la creencia cristiana—, y donde descubrir alguna riqueza más acerca de la propia identidad del hombre. Por eso, siempre se puede volver a contar “La historia más grande jamás contada”, que diría George Stevens.

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Unos preferirán la fisicidad y realismo de Pier Paolo Pasolini en “El Evangelio según San Mateo”, otros el esteticismo del “Jesús de Nazareth” de Franco Zeffirelli, y otros la espectacularidad de Hollywood recogida por Nicholas Ray (“Rey de reyes”) o Cecil B. De Mille (“Los diez mandamientos”). Más recientemente, Mel Gibson sorprendió a todos con “La Pasión de Cristo”, construida en un difícil equilibrio entre el hiperrealismo de sus escenas y la profundidad de unas miradas que trasmitían verdadera vida interior. Sea como fuere, la Semana Santa —como la Navidad— ha sido siempre un momento adecuado para este cine religioso, y la Pasión su filón cinematográfico más importante. Podría seguir siéndolo, en la dosis adecuada, también en nuestra sociedad actual, un poco secularizada, paganizada o laicista, porque hablar de Jesucristo supone también hacerlo del hombre…, y eso no se pasa de moda, aunque la espiritualidad pueda diluirse y adopte formas no del todo canónicas.

En las imágenes: Arriba, ”El Evangelio según San Mateo” - Copyright © 1964 Arco Films y Lux Compagnie Cinématographique de France. Todos los derechos reservados. Abajo, “La Pasión de Cristo” - Copyright © 2004 Aurum. Todos los derechos reservados.