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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Miércoles 9 Abril 2008

¿Por qué Laura Linney no forma parte del Olimpo de las actrices populares? Cuando en las conversaciones cinéfilas se pregunta por el nombre de las mejores intérpretes del momento, suele ocurrir que el de esta prodigiosa actriz brilla por su ausencia, al menos, en la primera relación. Poco parece contar el hecho de que acumule ya tres nominaciones al Oscar®… de hecho, ante casos así, parece inevitable preguntarse por la justicia de que, por ejemplo, Hilary Swank tenga dos estatuillas (ojo, merecidísimas), mientras que la Linney aún no haya sido considerada como merecedora de tan siquiera una. No, no parece justo.

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Quizá el problema es que hay algo en ella absolutamente normal; o, mejor dicho, cotidiano. Frente a lo que sucede con otras actrices más hermosas, más aparentemente perfectas, todos podemos decir que alguna vez hemos conocido, o conocemos, a alguna mujer como las que suele interpretar: de la esposa fingidora de “El show de Truman (Una vida en directo)” a la manipuladora maquiavélica de “Mystic River”; de las hermanas atascadas, tiernas y vulnerables de “You can count on me (Puedes contar conmigo)” o “La familia Savages”, a las desquiciadas madres de “The nanny diaries (Diario de una niñera)” o “Una historia de Brooklyn”, todos sus personajes están hechos de realidad. Y nos devuelven, como un espejo, sensaciones, miedos y esperanzas que podemos reconocer. Frente a otras diosas del celuloide, difícilmente nos hará soñar; al contrario, nos obligará a mirarnos a nosotros mismos. Y eso, que sólo está al alcance de la estirpe de grandísimas actrices y actores a que pertenece por derecho propio, no es la mejor vía para ser una estrella popular. Da igual: todos los amantes del cine seguiremos adorando en secreto a Laura Linney, aunque al resto le cueste saber de quién hablamos.

En la imagen: Laura Linney en “Jindabyne” - Copyright © 2006 April Films, Film Finance Corporation Australia, Babcock & Brown y Redchair Films. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

Miércoles 14 Noviembre 2007

Las comparaciones parecen inevitables. No sólo porque “Adiós pequeña adiós (Gone baby gone)”, la primera y estupenda película como director de Ben Affleck, está basada en una novela del mismo autor de “Mystic River”, Dennis Lehane, sino porque llegan a compartir escenario (un barrio conflictivo y de clase baja de Boston) e, incluso, algún tipo de personaje muy parecido (sin ir más lejos, el del policía interpretado por Kevin Bacon en la cinta de Clint Eastwood, y el del detective protagonista incorporado por Casey Affleck en la película de su hermano). Igualmente el fondo de las historias resultan parecidas, por cuanto un hecho criminal, en el que el abuso de menores aparece como un elemento fundamental, acaba sacando al aire una sociedad podrida que se sostiene solamente de cara a la galería, un colectivo en el que nada es lo que parece y donde todo el mundo mira para otro lado porque no quiere saber.

Y, sin embargo, lo verdaderamente genial es que Affleck ha conseguido entonar su propia voz, algo sumamente complicado si tenemos en cuenta que la sombra de esa obra maestra que triunfó en los Oscar® es más que alargada. Y lo ha conseguido por una diferencia de tono, porque Eastwood y Brian Helgeland, su guionista, impregnaron a sus personajes, pero especialmente a los de Sean Penn, Tim Robbins y Laura Linney (soberbia su conversión en un trasunto de lady Macbeth en el tramo final de la película), de un halo trágico, casi shakesperiano, que en cierta forma dotaba a sus actos, su sufrimiento y su muerte de algo trascendente. Sin embargo, en la ruta trazada por Affleck (con la ayuda de Aaron Stockard) no hay nada que eleve a los personajes, más atrapados por la necesidad de no estrellarse contra un horizonte asfixiante. No hay nada épico, no hay nada shakesperiano, no hay nada trascendente: sólo el afán de sentir que el día a día no se les escapa de las manos, por más que haya que transgredir las leyes y difuminar los límites morales. Sinceramente, buen pack harían estos dos largometrajes: son la demostración bien palpable de que, aunque todo esté contado, aún existen muchas formas de aproximarse a las viejas historias, las mismas que aún nos siguen cautivando.

En las imágenes: Casey Affleck en “Adiós pequeña adiós (Gone baby gone)” © 2007 Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados. Kevin Bacon en “Mystic River” © 2003 Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.