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Sábado 29 Noviembre 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 29.11.08 a las 22:00
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Si algo demostró Ed Harris en su debut como director, “Pollock”, fue que su carrera como actor, al igual que le sucediera a muchos otros antes que él (quizá el ejemplo más paradigmático de ese sorprendente salto de un lado a otro de la cámara sea el de Clint Eastwood), demuestra que mientras participaba en grandes producciones comerciales que le hicieron un rostro reconocible por el aficionado, hacía algo más que ofrecer un excelente trabajo interpretativo, cobrar el cheque e irse a casa. Sólo así puede explicarse que se atreviera con un terreno tan minado como el del biopic del pintor y genio incomprendido, y que lo hiciera demostrando un grado de madurez sorprendente en quien firmaba su primera obra.

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Para la segunda ha querido adentrarse en otro género que, aunque más codificado y aparentemente accesible, no deja de tener sus trampas, sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de un género que, oficialmente, ha dejado de existir: aunque nos siguen llegando dos o tres títulos cada año (recientemente pasó por nuestras pantallas la estupenda “El tren de las 3.10″), se ha convertido en un lugar común repetir que las películas “de vaqueros” ya no le interesan a nadie. Lo curioso es que se dice eso cuando, una y otra vez, y abandonada su obligación de ofrecer un espectáculo que otros géneros cinematográficos parecen en mejor disposición de dar al espectador, se revela como uno de los mejores vehículos para poner en pie guiones trazados con tiralíneas, en los que las relaciones entre los personajes, su psicología, son tanto o más importantes que el hecho de que los protagonistas sean perseguidos por apaches, pistoleros o el avance raudo de la civilización y el ferrocarril.
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Lunes 10 Noviembre 2008
Escrito por José Arce el 10.11.08 a las 17:00
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El western se resiste a desaparecer, por suerte para todos los amantes del séptimo arte. Y se mantiene firme gracias al amor y al respeto que grandes nombres de la industria sienten por el género cinematográfico por excelencia, resultando un goteo de títulos escaso ─quizá sea mejor así─ pero continuo, propuestas de calidad notable casi todas ellas que recogen el espíritu de las legendarias producciones que, a día de hoy, siguen copando parrillas televisivas y estanterías de coleccionistas sin perder un ápice de su fuerza y vigor.

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Virgil Cole (Ed Harris) y Everett Hitch (Viggo Mortensen) se dedican a mantener la ley allí donde sean necesarios. Mercenarios con placa, el primero dicta las normas y el segundo ayuda de manera definitiva a aplicarlas, pese a quien pese. Una forma peculiar de justicia, pero la experiencia demuestra que funciona; por eso, los atribulados habitantes de un pequeño pueblo sometido al yugo del inflexible Randall Bragg (Jeremy Irons) requieren sus servicios con urgencia, hartos de la tiranía del asesino. “Appaloosa” abandona un tanto el tono crepuscular de las últimas producciones centradas en el Oeste americano y aparece como un film de tipos duros, desde luego, pero en el que los papeles evolucionan de manera imprevisible, de suerte que el devenir de los acontecimientos deriva en la inversión de la práctica totalidad de los participantes. Con un ritmo tranquilo, centrado más en la relación de la pareja central que en lo que sucede a su alrededor, la trama discurre mansa, tocada por un halo de violencia permanente que puede explotar en cualquier momento y que todos están dispuestos a afrontar. … sigue >>

Domingo 8 Junio 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 08.06.08 a las 11:45
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Visto lo visto, no deja de resultar curioso que George Clooney buscase la protección del guionista Charlie Kaufman para iniciar su camino como director, con aquella meritoria aunque irregular “Confesiones de una mente peligrosa”. Sobre todo, si tenemos en cuenta que su posterior carrera siguió, para sorpresa de muchos, por senderos mucho más clásicos, tanto en su anterior cinta, “Buenas noches, y buena suerte”, como en la que ahora nos ocupa, “Ella es el partido” (horrorosa traducción del original “Leatherheads”). Aquí, los referentes son las comedias ligeras y un tanto alocadas que, inevitablemente, se encarnan en la memoria del cinéfilo en los rostros de actores como Cary Grant, Katharine Hepburn o James Stewart; unas películas basadas en diálogos de ritmo endiablado y llenas de ingenio, con un punto de sofisticación que en realidad no estaba reñido con la inclusión de momentos de pura comedia física, tal vez herencia del por entonces aún reciente cine mudo.

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Estos mimbres son los que adopta Clooney para levantar su largometraje, un típico triángulo chico-chica-chico ambientado en la mitad de la década de los años veinte, justo el momento en que el fútbol americano profesional inició el despegue que lo convertiría en el fenómeno (y negocio) de masas que es hoy en día. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurría en otro reciente título, también de (sólo) aparente hechura clásica y protagonizado por Clooney, “El buen alemán”, de Steven Soderbergh, aquí la receta sí que se aplica al pie de la letra, sin intenciones revisionistas ni de apuesta estética. Desgraciadamente, tan loable intención no da el resultado apetecido, y no deja de resultar curioso y aleccionador el que dé la sensación de que parezca más fácil dejarse llevar por las locas construcciones de los guiones de Kaufman que seguir un libreto estrictamente respetuoso con un género tan fijado y establecido como el de la screwball comedy, en el que nada funciona si uno solo de los elementos de su preciso mecanismo de relojería se desajusta. … sigue >>

Cuando una obra se plantea como copia o imitación de otra, no esperamos de ella que se separe del original ni tampoco que lo supere. Eso es lo que sucede con “Ella es el partido”, película-homenaje de George Clooney a las comedias románticas del clasicismo americano, con la “Luna nueva” de Cary Grant y Rosalind Russell como principal referencia. No es que suspenda en el intento ni mucho menos, porque mantiene el aire fresco y el desparpajo feminista, los diálogos rápidos e inteligentes cargados de doble sentido y equívocos, y también la ambientación de los felices años veinte está muy conseguida en su atrezo y vestuario. Su estructura narrativa avanza con ritmo ágil y dinámico, apoyándose en la determinación de unos personajes que tienen siempre claros sus objetivos y las palabras oportunas con que replicar a su “adversario”, y también en anuncios de prensa y fotografías de época en blanco y negro que hacen avanzar la trama: en la alternancia de imagen y palabra está el oxígeno que la historia necesita, y también el dominio del tiempo fílmico del que hace uso Clooney, en una nueva demostración del oficio que posee, ya presente en “Buenas noches, y buena suerte”, aunque entonces tuviese tono y ritmo distintos pero igualmente medidos y precisos.

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La historia que se nos cuenta puede ser enfocada como la crónica de los comienzos profesionales del fútbol americano, y también como la sempiterna lucha de sexos. El primer enfoque se aprovecha de la conseguida ambientación y sirve de metáfora de lo que es la construcción de un país y de una sociedad, con más acidez de la que parece cuando critica tanta normativa que se impone hasta caer en el aburrimiento y la pérdida de lo esencial: astucia e ingenio frente a rutina y corrupción, ética y verdad frente al mito y al héroe inflado (”figura mediática” se diría ahora, y más en el caso de deportistas convertidos en imagen lucrativa), algo que a muchos les interesa crear para sus propios intereses. La segunda perspectiva apunta a otro juego, el de la seducción, con pretendidas y firmes determinaciones de futuro (fútbol o periodismo, encarnadas por la pareja protagonista) que sucumben ante el poder del amor, el principal partido que hay que ganar. Y entre la sociedad y la persona, encontramos al cuarto poder, a unos medios de comunicación que crean la noticia y el mito, tantas veces lejos de la realidad y que a veces acaban por suplantar y sustituir a la verdad (¡qué recuerdos de “El hombre que mató a Liberty Valance”): de nuevo Clonney que habla de lo que conoce, que reclama la ética y la independencia al informar.
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Sábado 7 Junio 2008

No son pocos los problemas que han rodeado a la última propuesta de George Clooney como director tras la sobrevalorada “Buenas noches, y buena suerte”. Así, él mismo reescribió el guión de un proyecto que ya llevaba rondando por los estudios unos cuantos lustros. Además, su presupuesto se elevó hasta unos considerables 60 millones de dólares, ingresando en los Estados Unidos poco más de 30 (si no fuera por “La tormenta perfecta” y por las aventuras de Danny Ocean y sus colegas, la otrora estrella de la pequeña pantalla no tendría en su currículo excesivas producciones taquilleras de las que presumir, salvo que quisiera incluir en el lote a “Batman & Robin”).

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“Ella es el partido” está ambientada en los años 20, momento en el que se intentaba profesionalizar el fútbol americano. Dodge Connolly es el líder de un equipo de perdedores, de ahí que sus patrocinadores no estén dispuestos a gastar ni un centavo más en una inversión que no les reporta la publicidad que buscaban. Sin embargo, consigue que alguien acceda a fichar a un joven universitario que no sólo es una estrella de este deporte, sino que además es un auténtico héroe para el país, ya que luchó contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. La ambiciosa periodista Lexie Littleton ha de cubrir todo lo relacionado con este muchacho para su periódico, destapando una mentira que, de publicarla, sería un auténtico bombazo. … sigue >>