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Miércoles 15 Octubre 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 15.10.08 a las 14:59
Archivado en: Críticas

Puede resultar un tanto desconcertante que Mike Leigh, quien tantos dramas nos ha despachado y sabido contar tan bien, haya optado por servirnos una comedia en la que, por decirlo de alguna manera, trae el espíritu de “Amelie” a su terreno particular. Y eso, para qué negarlo, desconcierta: ¿de verdad nos encontramos ante el Leigh que nos conmovió con “Secretos y mentiras” o “El secreto de Vera Drake”, el mismo que es capaz de mostrarnos cómo lo peor convive en medio de lo cotidiano? ¿De verdad es la misma persona que firma esta película en torno a Poppy (Sally Hawkins), la optimista extrema, la chica estridente que se ríe de todo y a la que nada es capaz de desanimar? Pues sí, es el mismo. Pero, si lo miramos más detenidamente, puede que en realidad no se nos esté contando algo demasiado diferente a lo que nos mostraban los anteriores títulos de Leigh.

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Y es que, si algo viene a decirnos “Happy: Un cuento sobre la felicidad”, es que el mundo no está preparado para encajar una actitud tan enormemente positiva como la de Poppy; es más, que el conocer a alguien que se manifiesta tan sumamente feliz, por más que enfrente la treintena sin atisbo alguno de estabilidad en su vida, puede resultar cargante, e incluso dañar, a las personas que se cruzan con ella. Si algún personaje ejemplifica esto último, es el profesor de autoescuela interpretado por Eddie Marsan, un tipo absolutamente reprimido y desencantado, un hombre que se siente ninguneado por la vida y que deriva su resentimiento y su furia contra los emigrantes, los jóvenes, contra cualquiera que se aleje de su cerrada (y un tanto extraña) concepción de la existencia. Así, las lecciones semanales que reúnen a los dos en el coche de la autoescuela van puntuando la narración, con dos extremos confinados en un habitáculo tan estrecho que el conflicto termina siendo inevitable. Pero es que nada de esa felicidad acaba contagiándose a las personas más cercanas a Poppy, como sus hermanas o, incluso, los pequeños a los que da clase. En cuanto ella baja la guardia, algo aparece que le recuerda que el mundo no es tan luminoso como ella se empeña en ver; y así, su felicidad termina lindando con la irresponsabilidad, como se muestra en la secuencia del vagabundo. … sigue >>

Un director como Mike Leigh no puede quedarse en una comedia ligera e inocente: su historia, cada plano, cada diálogo seguramente escondan una intención mordaz y crítica. Acostumbrados a unos personajes un tanto inseguros e inadaptados, solitarios o de carácter áspero, ahora en “Happy: Un cuento sobre la felicidad” nos presenta a Poppy, una treintañera soltera, jovial y optimista que vive con la misma frescura y buen humor que sus inocentes alumnos de primaria. Para ella no hay adversidad que le quite la sonrisa de la cara, ni problema que no encare con entusiasmo desbordante. De sus labios siempre sale un comentario jocoso que da aire al drama existencial, una broma que aligera la situación incómoda y embarazosa, unas palabras llenas de desenfado y desparpajo que confunden e irritan a los “maduros y responsables”.

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La actitud vitalista de Poppy queda reflejada en la primera escena, cuando entra en una librería y desprecia un grueso libro comentando que no está dispuesta a entrar por el camino de la realidad —ese es el título del volumen—, para irse a refugiar a continuación en la sección de cuentos. Dudamos que Leigh prefiera esa literatura infantil: más bien parece un dardo ácido e irónico que lanza a los hombres serios y circunspectos que creen conducirse con aparente seguridad, firmes en sus ideas y convicciones. Prueba de ello son algunos comentarios que deja caer en la película criticando actitudes racistas o intolerantes ante opciones vitales distintas a las tradicionales. Aparentemente, Poppy vive en una burbuja de ingenuidad y optimismo, en un mundo libre de prejuicios y con un comportamiento desinhibido, viste un poco estrafalariamente y con colores vistosos, sin importarle la opinión ajena pero sí mostrándose sensible ante las personas. Hay algo de frivolidad en ella, aunque cuando se le presenta un tema serio… entonces asume el problema del otro con comprensión. … sigue >>