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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Lunes 15 Septiembre 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 15.09.08 a las 21:27
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El Che es uno de esos personajes históricos que hace tiempo que han abandonado, en el imaginario colectivo, la condición de persona mortal para convertirse en algo más, en un símbolo adorado por unos, denostado por otros. Es, en sí mismo, la encarnación de unas ideas y, sobre todo, el espíritu de una época cuyo ideal sigue ejerciendo una enorme influencia en nuestros días. Y todo eso hace, antes que nada, prácticamente imposible confinar su tremenda personalidad en el ajustado traje de una película, por más que ésta tenga cuatro horas de duración y haya tenido que ser empaquetada en dos partes para que la distribuidora terminara de darle el visto bueno.

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Quizá consciente de ello, Steven Soderbergh afronta “Che: El argentino” con la intención de convertirlo en un documento lo más realista posible. Y lo hace no sólo en uno de los dos ejes argumentales, la visita de Ernesto Guevara a Nueva York para pronunciar un discurso en las Naciones Unidas cuando la rebelión cubana ya ha triunfado (segmento con un tratamiento documental y periodístico, en blanco y negro y un montaje casi de reportaje televisivo), sino en la parte del león de la narración, la crónica del desembarco de los insurrectos al mando de Fidel Castro y la lucha en Sierra Maestra para abrir el camino hacia La Habana. Pocas veces la pantalla ha sido capaz de crear una sensación mayor de veracidad, de encontrarnos integrados en la columna comandada por un hombre que nos transmite su carisma, su manera de actuar, y que nos va puntuando, con su voz en off, las razones de su lucha, su idea de la revolución, su profundo convencimiento de que algo se ha roto en la Historia y nada volverá a ser lo mismo. … sigue >>

Domingo 8 Junio 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 08.06.08 a las 11:45
Archivado en: Críticas

Visto lo visto, no deja de resultar curioso que George Clooney buscase la protección del guionista Charlie Kaufman para iniciar su camino como director, con aquella meritoria aunque irregular “Confesiones de una mente peligrosa”. Sobre todo, si tenemos en cuenta que su posterior carrera siguió, para sorpresa de muchos, por senderos mucho más clásicos, tanto en su anterior cinta, “Buenas noches, y buena suerte”, como en la que ahora nos ocupa, “Ella es el partido” (horrorosa traducción del original “Leatherheads”). Aquí, los referentes son las comedias ligeras y un tanto alocadas que, inevitablemente, se encarnan en la memoria del cinéfilo en los rostros de actores como Cary Grant, Katharine Hepburn o James Stewart; unas películas basadas en diálogos de ritmo endiablado y llenas de ingenio, con un punto de sofisticación que en realidad no estaba reñido con la inclusión de momentos de pura comedia física, tal vez herencia del por entonces aún reciente cine mudo.

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Estos mimbres son los que adopta Clooney para levantar su largometraje, un típico triángulo chico-chica-chico ambientado en la mitad de la década de los años veinte, justo el momento en que el fútbol americano profesional inició el despegue que lo convertiría en el fenómeno (y negocio) de masas que es hoy en día. Sin embargo, y al contrario de lo que ocurría en otro reciente título, también de (sólo) aparente hechura clásica y protagonizado por Clooney, “El buen alemán”, de Steven Soderbergh, aquí la receta sí que se aplica al pie de la letra, sin intenciones revisionistas ni de apuesta estética. Desgraciadamente, tan loable intención no da el resultado apetecido, y no deja de resultar curioso y aleccionador el que dé la sensación de que parezca más fácil dejarse llevar por las locas construcciones de los guiones de Kaufman que seguir un libreto estrictamente respetuoso con un género tan fijado y establecido como el de la screwball comedy, en el que nada funciona si uno solo de los elementos de su preciso mecanismo de relojería se desajusta. … sigue >>