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Domingo 3 Agosto 2008

Cuando Stephen Sommers llevó a las carteleras en 1999 su personal revisitación de “La momia”, la película supuso ante todo un refrescante golpe de timón para el cine de aventuras. Y es que, lejos de intentar repetir los logros del clásico de Boris Karloff, Sommers optó antes más bien por reconducir la historia a lo que no venía a ser sino una aventura pulp de serie B, aunque claramente con revestimiento de serie A. En definitiva, con sus localizaciones exóticas, su héroe rudo y sus secundarios de folletín, el film rescataba descaradamente el espíritu de la añorada saga de Indiana Jones y lo acercaba a un nuevo público. El éxito de la cinta fue tal que, dos años después, se intentó repetir con “El regreso de la momia (The mummy returns)”, que adoptaba esencialmente las mismas coordenadas que la primera y conseguía perpetuar logros.

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Siete años han pasado desde las últimas aventuras de Rick O’Connell. Lapso de tiempo en el que, aparte de esa especie de spin-off descafeinado que resultó ser “El rey Escorpión”, hemos conseguido ver nuevas sagas y nuevas puestas al día en el cine de aventuras. Aun con todo, si me resulta particularmente interesante la llegada de “La momia: La tumba del emperador Dragón” a estas alturas es porque, a simple vista, podría parecer que la nueva entrega llega a rebufo de la cuarta de la saga de Indiana Jones, de relativamente reciente estreno en nuestras carteleras.  No creo que sea éste el caso, al menos no de forma inequívoca, pero dado el reciente estreno del film de Steven Spielberg, hay que admitir que las comparaciones son tan odiosas como inevitables… y, bajo la percepción de quien esto firma, desde luego redundan en beneficio del largometraje de Rob Cohen. Pues allá donde el nuevo Indy, anquilosado, fracasaba estrepitosamente, delatando una torpe incapacidad para retomar el camino abierto por su propia saga, la nueva momia sale airosa quizás no de forma brillante, pero sin duda discreta y prudente. … sigue >>

Sábado 12 Julio 2008

Desde un punto de vista económico, DreamWorks Animation no puede quejarse. Tras unos aceptables inicios (“El príncipe de Egipto”), la compañía creada por Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg y David Geffen fue dejando a un lado los dibujos en dos dimensiones y, después del descomunal éxito de “Shrek”, se centró en sacar adelante diversas cintas generadas por ordenador. Aunque se había conseguido un propósito, esto es, luchar de igual a igual con Disney en un género que una década atrás tan sólo tenía un rey, la calidad de la mayoría de los títulos que iban estrenando no es que fuera precisamente una maravilla.

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“Shrek Tercero” supuso un verdadero mazazo para el estudio, ya que, a pesar de sus soberbios ingresos en la taquilla mundial, la crítica y el público no es que recibiera el filme con los brazos abiertos (de hecho, los usuarios de la Internet Movie Database la calificaron muy por debajo de sus anteriores entregas). No es de extrañar, pues, que existiera cierto temor a lo que nos podían ofrecer con “Kung Fu Panda”, cinta en la que un oso sueña con ser un auténtico especialista en las artes marciales. Cuando se entera de que el maestro Oogway va a elegir al gran Guerrero Dragón, acude presto y veloz al evento, resultando ser él el seleccionado. Ahora deberá entrenarse para hacer frente a Tai Lung, quien se ha escapado de su prisión y, lleno de ira, se dirige al lugar en el que se encuentra Shifu, el mentor de los afamados Cinco Furiosos. … sigue >>

Lunes 9 Junio 2008

Hubo un tiempo, hace casi treinta años, en el que muchos niños y adolescentes querían ser arqueólogos cuando se hicieran mayores. Habían visto “En busca del arca perdida” y habían sentido el gusanillo de la aventura, la emoción del peligro y el triunfo de su héroe. Querían ser como él, emular sus audacias y adentrarse en el territorio de lo desconocido. Pero estos “arqueólogos de ficción” crecieron, y la realidad se impuso a sus sueños infantiles: hoy son médicos, amas de casa, comerciantes, profesores… Atrás quedaban unas hermosas aventuras, interrumpidas al cerrarse la trilogía del hombre del sombrero y el látigo, pero que permanecían en el imaginario de una generación. En estos días todos ellos han vuelto a querer ser arqueólogos, al menos durante un par de horas, y a recordar aquellos maravillosos años en los que todo era posible si Indiana Jones estaba involucrado en la aventura.

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Ahora le hemos visto en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, y lo hemos visto como siempre, igual de temerario e inconsciente, pero también igual de atractivo, con su humor y sonrisa desafiante. Indy es un icono, un mito, una leyenda…, y como tal debía tratarse. No era posible ni conveniente hacerle evolucionar con los tiempos. Su público exigía recuperarle con sus mismos atributos y en semejantes misiones. No querían otro Indiana Jones, sino el de siempre, el de sus años de infancia. Así lo entendieron Steven Spielberg, George Lucas y Frank Marshall, y por eso redujeron los riesgos al mínimo. Alimento en forma de nostalgia —distinta a la que alude Miguel A. Delgado en este mismo blog— para un espectador seguro, libre y gustosamente cautivo, y también éxito de taquilla con la misma fórmula de antaño… porque acción, misterio y un poco de heroísmo y glamour con final feliz es anzuelo para cualquier generación. ¿Qué hubiera pasado con un Indiana pixelizado o desprovisto de su atuendo tradicional? No sé, pero probablemente todos sus incondicionales se hubieran puesto en pie de guerra, porque con su ídolo no se hacen experimentos, porque con los recuerdos no se juega, porque la nostalgia es como una lluvia fina que cala hasta los huesos.

En la imagen: Harrison Ford caracterizado de Indy para “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” - Copyright © 2008 Paramount Pictures y Lucasfilm. Foto por David James. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Jueves 29 Mayo 2008

Después de un estreno tan fuerte como el de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, es lógico la mayoría de las distribuidoras apuesten por títulos comerciales de segunda categoría o por producciones dirigidas a un público minoritario. Quizás la película más atractiva de la semana para muchos espectadores sea “La niebla de Stephen King”, cinta que, casualidades de la vida, está dirigida por Frank Darabont, el mismo que escribió un guión protagonizado por Henry Jones Jr. que fue rechazado por George Lucas (y eso que a Steven Spielberg le encantaba). Lo cierto es que las adaptaciones cinematográficas de uno de los autores de novelas de terror más populares de nuestra época no tienen excesivo éxito en las salas de cine, un hecho que siempre me ha llamado la atención.

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Una película a la que quizás le vaya bien en la taquilla es “La boda de mi novia”, sobre todo después del inesperado éxito de “Algo pasa en Las Vegas”. La presencia de Patrick Dempsey, un actor televisivo que parece dispuesto a seguir los pasos de George Clooney (me refiero al hecho de dar el salto de la pequeña a la gran pantalla), y la de una actriz en alza como Michelle Monaghan, sin duda será todo un aliciente para aquéllos que se conforman con las comedias menores que se estrenan hoy en día. Por lo demás, también llega a nuestra cartelera “The dead girl”, una de esas cintas que, a pesar de contar con un magnífico reparto (Toni Collette, Rose Byrne, Marcia Gay Harden, Brittany Murphy, Kerry Washington, Josh Brolin, Giovanni Ribisi, James Franco, Mary Steenburgen, Bruce Davison), apenas ha sido vista por cuatro pelagatos en todo el mundo. Que alguien me lo explique…

En la imagen: Fotograma de “La niebla de Stephen King” © 2007 Notro Films. Todos los derechos reservados. Fotograma de “La boda de mi novia” © 2008 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

Sábado 24 Mayo 2008

Continuando con el interesantísimo tema que ha planteado mi compañero Julio (el de la irrupción cual elefante en cacharrería de la apisonadora digital en gran parte del cine de entetenimiento actual), me ha llamado muchísimo la atención leer la cantidad de veces que, como una letanía, han repetido los padres de la nueva entrega de Indiana Jones, George Lucas y Steven Spielberg (reconozcámoslo, Harrison Ford en entrevistas suele ser bastante soso y decir más bien pocas cosas interesantes), haciendo profesión de su nostalgia por las técnicas tradicionales de efectos especiales, y su preocupación por el peligro cierto de que el abuso de las nuevas técnicas acabe sofocando lo único que verdaderamente importa: la historia.

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Todo muy correcto y jaleable… salvo por un par de pequeños detalles: si alguien abrió las puertas al campo fue el propio Spielberg (recordemos la conmoción que todos sentimos cuando se estrenó “Jurassic Park: Parque Jurásico” y acudimos a las salas bajo el aviso, digno de barraca de feria de las de antes, de que por primera vez íbamos a ver a dinosaurios realmente vivos), que si bien no fue el primero, sí que consiguió convertir en fenómeno lo que hasta entonces eran tímidos avances (con el permiso del James Cameron de “Terminator 2: el juicio final”, eso sí). Y si de asfixia de la historia por hipertrofia digital hablamos… ¿es que Lucas ha tenido un repentino ataque de amnesia y se ha olvidado de lo que perpetró en su segunda (se ponga como se ponga) trilogía galáctica? Uno, desde luego, es el primero que se sube al carro de esa reivindicación de lo tradicional… pero, no sé por qué, tiendo a creérmelo más cuando se lo escucho o se lo leo a alguien como Michel Gondry. ¿Por qué será?

En la imagen: Pura nostalgia “animatrónica” en una escena de “E.T. El extraterrestre” - Copyright © 1982 Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

Miércoles 21 Mayo 2008

Creo que, después de la saga de “Star Wars”, sólo la de Indiana Jones es la única capaz de producir similar expectación entre millones de espectadores de diversas generaciones (unos porque en su día vieron las películas originales en los cines y otros porque las descubrieron gracias a la pequeña pantalla, el VHS o, más recientemente, el DVD). Ni Terminators, ni alienígenas que escupen ácido, ni boxeadores capaces de subirse a un cuadrilátero aunque sea con un bastón… Ninguna, absolutamente ninguna franquicia cinematográfica que obtuvo un gran éxito en el pasado puede igualarse a estas dos (y no me olvido de los trekkies, lo que ocurre es que, a mi modesto entender, el nuevo largometraje de “Star Trek” no es que vaya a arrasar en la taquilla).

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“Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” llega mañana a la cartelera sin que ningún otro título comercial se atreva a hacerle frente, cosa que no les sucedió a “Iron Man” y, sobre todo, a “Speed Racer”, cinta que se ha llevado un buen varapalo en la taquilla (para goce y disfrute de la distribuidora de “Algo pasa en Las Vegas”). No es de extrañar que los que no tengan ganas de echarle un vistazo a la nueva película de Steven Spielberg… no encuentren demasiado donde elegir entre el resto de novedades que se estrenan en los cines este próximo viernes. ¿Quizás un filme español? Pues nada, vayan a ver “Abrígate” o “Cosmos” ¿Y qué me dicen de uno chino? Pues nada, ahí tienen “El último viaje del juez Feng”. Eso sí, encontrar una sala en la que proyecten uno de estos largometrajes seguro que es más difícil que buscar a Wally. Ah, y no me olvido de “Antes que el Diablo sepa que has muerto”, lo que sucede es que tengo miedo de que A.Zeta Cinema no se acuerde de estrenarla y la retrase por enésima vez….

En la imagen: Shia LaBeouf y Harrison Ford en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” - Copyright © 2008 Paramount Pictures y LucasFilm. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Lunes 24 Marzo 2008

El reciente fallecimiento de Arthur C. Clarke vuelve a poner sobre el tapete una discusión que viene a ser, más o menos, como la del huevo o la gallina: ¿quién es más verdadero creador de “2001: Una odisea del espacio”, el escritor o Stanley Kubrick, el director? Uno, secretamente, siempre ha pensado que en realidad el cineasta, tan déspota como sólo lo pueden ser los verdaderos genios, llevó el agua del cuento inicial de Clarke a su molino, expandiéndolo mucho más allá de lo que seguramente pensó el visionario inglés que podía llegar. ¿Pruebas de lo que afirmo? Ninguna, claro. Huelga decir que uno no estuvo presente en las sesiones de trabajo entre los dos creadores, y desde luego es algo que no cabría recomendar a nadie: no parece posible salir indemne del choque de trenes de dos personalidades tan complejas, de dos egos tan solemnes y de una pieza.

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Ahora bien, basta echarle un vistazo a las continuaciones de la novela original, ya sin el concurso de Kubrick, y especialmente a la primera, “2010, odisea dos” (igualmente llevada al cine) para darse cuenta de que la mirada de Clarke era más convencional, más ceñida al punto de vista de la ciencia-ficción tradicional (todo eso, claro, suponiendo que Kubrick supiera verdaderamente de qué estaba hablando, algo que, lo confieso, no siempre tengo el convencimiento absoluto de que fuera así, como me sucede por otro lado con el cine de David Lynch). Y además, porque algo así ocurrió con la adaptación del relato “Los superjuguetes duran todo el verano”, de Brian Aldiss, y que sirvió de base para la película “A. I. Inteligencia artificial”, un viejo proyecto de Kubrick que acabaría viendo la luz bajo la batuta de Steven Spielberg. Y que conste que, sinceramente, tampoco es que importe mucho; sólo espero que por fin David Fincher logre sacar adelante la adaptación de “Cita con Rama” para ver una genuina y poderosa obra clarkiana en pantalla… a no ser que Fincher sea efectivamente un Kubrick redivivo, como parece llevar camino de serlo, y vuelva a hurtarle al pobre Arthur su parte de autoría. Comprobarlo será, desde luego, apasionante.

En la imagen: Keir Dullea en “2001: Una odisea del espacio” - Copyright © 1968 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Polaris y Stanley Kubrick Productions. Todos los derechos reservados.

Martes 19 Febrero 2008

Por edad, yo no vi “Tiburón” en los cines cuando se estrenó. Eso sí, durante un tiempo, y hasta que por fin tuve la oportunidad (en vídeo, aunque más tarde conseguí revisitarla en pantalla grande), me construí una imagen a partir de lo que me contaba mi hermano, y que luego tuve que contrastar con la realidad. Por supuesto, no todo coincidía; y, de hecho, tardé un tiempo en ver la película tal y como Steven Spielberg la había creado porque, en mi imaginación, yo ya la había hecho a mi medida. Sin embargo, cuando por fin la vi, hubo una frase que no me sonó nada nueva, pues para entonces la había oído hasta la saciedad: «¡Todo el mundo fuera del agua!». Para alguien que, como yo, tenía además miedo a ahogarse en la playa, no podía haber sentencia más contundente.

Quien la gritaba, Roy Scheider, fallecía hace pocos días. Y entonces es cuando me doy cuenta de hasta qué punto le teníamos olvidado, por más que hubo un tiempo en que su nombre era garantía de que lo que íbamos a echarnos a los ojos tenía más que interés: no sólo la cinta de Spielberg, también le vimos en “Contra el imperio de la droga” junto a Gene Hackman y Fernando Rey, o en aquella maravilla de Bob Fosse titulada “Empieza el espectáculo”. Un rostro que lograba hacer interesante, incluso, una absurda secuela como aquella olvidable “2010, odisea dos” (claro que no sucedía lo mismo con la que pretendió rebañar los escasos dólares dejados de recaudar por el escualo gigante, pero bueno). O sea, unos años en los que yo empezaba a descubrir el cine, en que mezclaba churras con merinas; esa época en la que a uno se le va formando el gusto (si es que eso se consigue alguna vez), tiene muchos rostros, y uno de ellos nos gritaba que, de una vez, saliésemos del agua, por más que todos nos hiciéramos los remolones: en realidad, nos iba la marcha y queríamos ver al bicho de cerca.

En la imagen: Roy Scheider, a punto de lanzar su famoso grito en “Tiburón” - Copyright © 1975 Universal Studios. Todos los derechos reservados.

Jueves 29 Noviembre 2007
Escrito por José Arce el 29.11.07 a las 19:23
Archivado en: Estrenos

Último fin de semana antes de meternos de cabeza en el mes cinematográficamente más familiar del año. Y la cartelera no es que luzca especialmente esplendorosa. Comercialmente hablando, lo más llamativo es, tal vez, la nueva fantasía digital de Spielberg y compañía, esta vez unida al talento netamente neoyorquino del cómico Jerry Seinfeld: “Bee Movie”, una parábola sobre lo importantes que somos todos en la cadena de la sociedad global. Divertida y surrealista, es la única opción para los más pequeños este fin de semana. Por otra parte, parece que ahora sí, por fin llega cierta película sobre el drama del SIDA cuyo título no mencionaremos para no gafar el estreno…

Beckinsale y Wilson tratan de escapar de una “Habitación sin salida” que ni chicha ni limoná, mientras que Timothy Olyphant, el enemigo más soso de John McLane, sigue sin convencer en la pobre “Hitman”, enésimo videojuego defenestrado en su salto a la gran pantalla. Aranda, con “Canciones de amor en Lolita´s Club”, y Pascale Ferran, con “Lady Chatterley”, caldean el frío ambiente  de este extraño fin de semana, a la espera de tiempos más interesantes en los que la cartelera nos proponga algo poderosamente apetecible —qué ganas de que llegue “American Gangster”…—.

En la imagen: Chris Rock y Jerry Seinfeld (disfrazado de abeja) durante la presentación de “Bee Movie” en Cannes - Copyright © 2007 Dreamworks Animation LLC. Foto de MJ Kim. Todos los derechos reservados.