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Martes 15 Julio 2008
Escrito por José Arce el 15.07.08 a las 19:09
Archivado en: Críticas

Ante los parcos tiempos creativos de la industria cinematográfica actual, no son pocos los guionistas que han virado sus intereses enfocando su trabajo en la pequeña pantalla, con un resultado realmente notorio en cuanto a calidad e interés del público se refiere, de suerte que ya son incontables los seriales convertidos en fenómenos de masas en los últimos años. Y curiosamente, la monstruosa maquinaria de Hollywood está dando la vuelta a la tortilla, disparando revisitaciones hinchadas en presupuesto y duración de triunfos de la caja tonta, con resultado dispar en calidad, pero la mayoría de las veces incontestable en taquilla. Ahora llega a nuestras salas la adaptación de una leyenda por méritos propios, transformada en una producción tan exitosa —ha superado la barrera de los cien millones de dólares en Estados Unidos— como satisfactoria en la materialización de sus objetivos.

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Maxwell Smart (Steve Carell) es el mejor analista de la Agencia CONTROL, sucursal gubernamental equivalente a la CIA o el FBI, centrada especialmente en hacer frente a las amenazas de la misteriosa organización KAOS. Su sueño es dar el salto de los despachos a la acción de campo, y poder involucrarse en peligrosas y emocionantes misiones a la misma altura que el carismático y encantador Agente 23 (Dwayne Johnson); su oportunidad llegará cuando el malvado Siegfried (Terence Stamp) articule un plan destinado a asesinar al presidente de los Estados Unidos (James Caan). La gran apuesta de “Superagente 86 de película” —¡dichosas coletillas!— es doble: por un lado, respetar en la medida de lo posible lo que hizo grande al personaje original creado por Mel Brooks y Buck Henry, dotado de un aura jocosa, sí, pero elaborada con mimo y con gran inteligencia en sus tramas y situaciones; por otra parte, captar una audiencia nueva, dispuesta a aceptarle como un habitual de cara al futuro, caso de abrirse el camino de una nueva franquicia cinematográfica —tiene, si no todas, un buen montón de papeletas para ello—. Y a la hora de lograr ambos propósitos el peso fundamental recae sobre la espalda del propio Carell, uno de los cómicos norteamericanos más en forma de los últimos años, que acepta el reto y lo salva de manera notable con una interpretación comedida y entregada, decidida, seria y descacharrante por su propia convicción, generadora de un más que generoso e impagable catálogo de situaciones hilarantes. Leer más >>